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Oleadas de Sentimientos

_Miau_The_Return_

El que aplaude en los discursos Zhent
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Las palabras aún flotaban en el aire, como un veneno invisible que se filtraba en cada mirada de sospecha, en cada paso que se alejaba de ella.

—¿Qué mejor disfraz para un seguidor del Dios Loco, que una sacerdotisa de Sune?

El murmullo se había convertido en eco.

Calistia sintió el peso de la acusación en el pecho, como si le hubieran arrancado el aire con una daga invisible. Ella, seguidora de la Belleza y el Amor, comparada con un mentiroso, con un asesino, con el Príncipe de las Mentiras.

Se llevó una mano al colgante en forma de labios, su símbolo sagrado, buscando consuelo en su tacto dorado. Pero el calor de la fe no ahuyentó la frialdad de la duda en los ojos de algunos.

¿Cómo pueden siquiera pensarlo?

Había amado sin reservas, como Sune enseñaba. Y aun así, una simple frase, dicha con el tono justo de veneno, bastó para teñir sus acciones de sospecha.


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El repudio llegó como un golpe físico.

—¡No permitiré que un seguidor del Tirano ponga sus manos sobre mí!

Retrocedió un paso. La acusación era otra, distinta, pero igualmente absurda. Ahora era una herramienta del Tirano de las Cadenas, de Bane, el opresor.
¿Cómo podía ser al mismo tiempo Cyricista y Banita?

Pero no importaba. El miedo no necesitaba lógica para enraizarse.

El mundo se estaba volviendo un espejo roto.

Si la verdad podía retorcerse tan fácil, ¿entonces qué quedaba?

Con el alma desgarrada, Calistia supo que no bastaba con ser la luz en la oscuridad.
No, tendría que luchar por ella. Tendría que demostrar que la verdadera Belleza nunca podría ser una mentira.


Y eso dolía más que cualquier herida.
 

_Miau_The_Return_

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-Deberiais aprender de la Dama Fery-

Calistia se quedó inmóvil por un instante, sintiendo cómo las palabras resonaban en su interior. La acusación, sutil y cargada de una crítica velada, había tocado fibras muy sensibles. Durante segundos, su mente se llenó de un torrente de emociones: vergüenza, duda, pero también una profunda admiración y un ardiente deseo de superación.

Y con voz suave pero llena de convicción, respondió:


—Sé que tengo mucho que aprender de ella. Es una persona a la que admiro, respeto y quiero mucho.-

Al pronunciar aquellas palabras, un torrente de sentimientos se derramó en su pecho. Recordó las incontables horas en que había observado a la Dama Fery, cuyas vestimentas siempre parecían bailar con la gracia de la diosa, y se sintió pequeña ante su magnificencia. Pero al mismo tiempo, esa humildad no era señal de debilidad, sino de la pasión que la impulsaba a crecer, a perfeccionarse, a abrazar el ideal de belleza y amor que Sune encarna.

Era una lucha constante por equilibrar su esencia con el ideal de elegancia y perfección. Pero también comprendió que la verdadera grandeza no radica en imitar ciegamente, sino en aprender, en moldear su propio estilo a partir del ejemplo, en dejar que la admiración y el amor por la Dama Fery se transformen en inspiración para forjar su propia identidad.

La respuesta había sido un acto para admitir sus carencias, y al mismo tiempo, reconocer el profundo cariño y respeto que sentía por aquella figura que la impulsaba a ser mejor. Mientras hablaba, su voz se impregnó de una calidez genuina, y en cada palabra se percibía la fuerza de su convicción. Esa oleada de sentimientos no era solo una respuesta, sino un juramento silencioso de seguir aprendiendo, de crecer en fe y de honrar a Sune a través del amor y la belleza que emanaba de su interior.

Con cada latido, Calistia sentía que sus dudas se disipaban, reemplazadas por una renovada determinación. La crítica se había convertido en una semilla de cambio, en un empuje para redoblar su esfuerzo y abrazar, sin reservas, la pasión y el aprendizaje que Sune ofrecía.

En ese instante, la sacerdotisa supo que, a pesar de las dificultades y las imperfecciones, cada día era una nueva oportunidad para acercarse al ideal divino. Y mientras el eco de sus propias palabras se desvanecía en el aire, un suave destello de luz parecía anunciar que, en cada acto de amor y en cada esfuerzo por mejorar, se revelaba la verdadera esencia de la belleza que Sune había enseñado.
 

_Miau_The_Return_

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-Eres demasiado ingenua, Calistia-

Escuchar estas palabras de alguien a quien le importa, de quien quiere, de alguien a quien desde el primer momento, recibió con los brazos abiertos, sin importarle para nada su físico. Fué recibir un mazazo. La joven sunita recibió aquella frase como un jarro de agua fria, como si una gema de inestimable valor y belleza, se rompiese dentro de su alma.

-Deberias de no ser tan confiada-

A cada frase que le llegaba a sus sentidos, hacia que su alma se encogiese.
Cada frase la sentía como si fuese una acusación. Sin embargo...
No. Jamás lo haría.
Era algo superior a ella misma.


-La belleza no es solo superficial, sino que emana del alma y se refleja en las acciones. La compasión, la empatía y el amor son expresiones de esa belleza interior.- Reflexionó la joven,

Tras dejar que el rescoldo de aquellas palabras se las llevara el viento, la joven comprendió que su aparente ingenuidad era, en realidad, una fortaleza. Su capacidad para ver lo mejor en los demás y brindar amor sin reservas era un reflejo de su fe inquebrantable.


- Mi corazón late con la certeza de que el amor no conoce condiciones. Si llamar ingenua a mi capacidad de amar sin sospechas significa renunciar a la confianza, ¿Qué me quedaría en su lugar, sino un caparazón de recelo? Prefiero mil veces errar por bondad, que acertar con amargura.-

Tras sentir cómo su espíritu se endereza como un pétalo que se abre al sol; no pudo evitar reflejarlo con palabras.

- Mi devoción no es ceguera, sino elección. Elijo ver la chispa de esperanza en los ojos ajenos, y esa visión es mi guía. Si en mi sinceridad algunos ven debilidad, entonces mostraré con mis actos que en la luz del amor reside la mayor fortaleza. Porque en cada gesto generoso habita la verdadera belleza, y en cada acto de fé, Sune contempla su imagen en mí.-

Tras un buen rato de reflexión, pudo gritar a los cielos:

- ¡Oh Diosa mía! ¡Guíame siempre para que mi ingenuidad sea antorcha en la oscuridad, y mi amor, ofrenda que nunca se extingue!-
 

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Cierta jornada en los Llanos;

- Si queréis sobrevivir, no hagáis ninguna tonteria -
- Si puedo, ayudaré -
- En vuestra situación, yo no lo haría -


- ¿Acaso no entienden que lo hago por el Bien común? ¿Porqué tantas trabas? -
Se preguntaba la joven Calistia.

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Los pensamientos de la joven empezaban a moverse en su cabeza.
Tras los terribles acontecimientos de Crimmor, la joven Sacerdotisa, estaba experimentando un cambio.


... Algunas heridas no son físicas ...

Algunas pueden ser de índole espiritual. Otras pueden ser de carácter anímico.

Entonces, comenzaron las pesadillas....

Se encontraba en un campo de batalla cubierto de niebla, donde los rostros de sus amigos se desvanecían entre la bruma, acusándola con miradas de decepción. Intentaba correr hacia ellos, pero sus piernas estaban pesadas, inmóviles, mientras las voces se alejaban, llenas de dolor y traición.
Y de repente, el escenario cambiaba: el altar de Sune del Templo de Athkatla, se alzaba ante ella, majestuoso y resplandeciente. Pero al acercarse, las flores se marchitaban, el mármol se agrietaba y la imagen de la diosa se desvanecía, dejándola sola en un templo en ruinas. Una voz tenue voz, susurraba:
"Has fallado en tu devoción."
Su mente, daba otro bursco vuelco. De repente, se encontraba en su pueblo, mientras veía con estupor y horror, a sus padres, atrapados en una casa en llamas. Ella, una niña impotente, gritaba y extendía las manos, pero una barrera invisible la mantenía alejada, obligándola a presenciar su pérdida una y otra vez.


Las jornadas durante aquellos acontecimientos, y los posteriores fueron duros.

Sentir el desprecio de algunos, el ninguneo de otros.
Y una de las peores cosas; la propia impotencia.


La vida en Amn, día a día estaba haciendo mella en la Sacerdotisa; a pesar de sus continuos esfuerzos.

Sus continuos esfuerzos por ayudar a la gente, por intentar hacer que la gente pudiera vislumbrar la vida de una manera más optimista. Nada parecía resultar efectivo.


Su ánimo, empezó a ennegrecerse, su mirada vidriosa y finalmente cayó.
 

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