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Palabras y más palabras...desde Suldanessalar.

Finnereg

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Día décimo.

Hoy he amanecido optimista. El aire trae energía renovada y la brisa mañanera me inspira buenos augurios. Ha estado lloviendo toda la noche, y es un verdadero placer acurrucarse bajo la manta mientras se escucha llover en el bosque. El aroma a tierra mojada invade mi alcoba. Me encanta dormir cuando llueve con las ventanas abiertas de par en par.

Una energía especial me empuja a canturrear mientras recojo con esmero la habitación. Hoy es el último día de mi retiro voluntario. Toca regresar a Amn y atender las relaciones con los otros pueblos.

Me he dedicado unos minutos más frente al espejo y he sonreído a la elfa que me miraba, te veo bien, le he dicho amablemente, sin disimular mi total momento de coquetería, me he peinado con calma, dedicándole tiempo a los adornos en plata de mi cabello. Porque por fin, el cielo se ha despejado y no veo nubes sobre mí. Solo hay luz brillante y vida. Y hoy se derrama y sale a mi encuentro. Tengo que repetir esto, me ha venido muy bien desconectar del mundo exterior.

Justo cuando he acudido al despacho ha venido Azh'yan a hablar conmigo, mientras escribía la correspondencia que me faltaba por enviar. Me ha sorprendido, es muy distinta a cómo me había imaginado. Es por esto tan importante conocer y dejar hablar a las personas antes de juzgarlas. Y sin duda hay un tema que le apasione, ya lo he encontrado. Espero que haga un gran trabajo, tengo el armario medio vacío.

Tras hablar con ella, sobre el concilio de la noche anterior me he sentido mejor aún, me ha mostrado cuanta nobleza porta en su interior, y las ganas por mejorar que siente. Será el optimismo que me envuelve hoy, será que vivir en Suldanessalar es un regalo cada día.

Pero llega el momento de regresar, y retirándome el vestido de seda, vuelvo a ponerme las botas y los pantalones. Y descolgando el carcaj y el arco de nuevo, así como el pequeño petate. Me encamino a Caravassar para hablar con el mago.

Empezaré por Purskul, tengo ganas de ir a la posada de Halden, y sentarme a tomar una copa de vino. Escuchar las voces de los viajeros y las nuevas de las ciudades humanas. Quizás, charlar un rato con algún buen amigo, sin que se entere el gigante de que tengo alma de bardo, no sea que mi cabeza peligre, y quizás volver a sentirme dichosa siendo una canija a su lado.
 

Finnereg

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A Dhaunae​

Acala recitó unas palabras a la luna, tocando su violín suavemente. Tras éstas palabras, comenzó a cantar en solitario, solo para ella.
Contigo aprendí a no juzgar por la apariencia ni razón
Fue por causas de los pecados de tu raza que ocultabas quien eras
Mas no podías ocultar la bondad y la alegría de tu corazón
Ocultabas tu rostro con una máscara y tu cuerpo en telas

Mas el brillo de la luna, y la belleza de las estrellas eran tu ojos y tu cabellera.
Y a todos eso nos deslumbró, antes incluso de tu piel conocerla
Una promesa te hice mi querida amiga, que a tú regreso yo cantaría
Siempre bromeabas con que te debía una canción,

Y Hoy mi amiga, yo te despido, y cumplo mi deuda.
Te juré cantarte a la vuelta, pero nunca pensé en ésta situación.
Te digo adiós con el alma, y te brindo mi sincera emoción.​

Tocó un instante en silencio para recomponerse, y comenzó a cantar la melodía con la letra escrita para su amiga fallecida.

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Offtopic :
Sé que hoy la Luna brilla con más fuerza
Son nuestras miradas que la observan y la elevan
Pero también sabemos que es tu presencia que vibra en ella.

Orgulloso está el firmamento Y orgullosa la Doncella Oscura de ti está Dhaunae
Ayudaste a los débilies y fuertes, agradecidos y desagradecidos por igual.
Siempre fuiste alegre y amable, salvo en la lucha contra el mal

Y con tus hermanos elfos con creces, todos los días desde que llegaste, lo has venido a demostrar.

Sé que hoy la Luna brilla con más fuerza
Son nuestras miradas que la observan y la elevan
Pero también sabemos que es tu presencia que vibra en ella.

Hoy mi amiga, yo te despido, y canto así mi canción
Bailas ahora en tu hogar con las estrellas
Bailemos nosotros bajo esa luna con Dhaunae plena
Que sienta nuestro amor
Bailemos pintando en la arena
Dejemos huella de nuestra esencia

Sé que hoy la Luna brilla con más fuerza
Son nuestras miradas que la observan y la elevan
Pero también sabemos que es tu presencia que vibra en ella.​
 

Finnereg

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El Campamento Gur del Lago​

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Recuerdo la primera vez que pisé el campamento gur, encontrarlo y llegar hasta ellos no fue nada fácil, aún así Cass me guiaba y hacía de embajador de su pueblo. No fue una visita de placer, el patriarca estaba muy enfermo, y éste quería hablar a solas con él, antes de fallecer. Nunca pregunté por qué quiso que le acompañara, no era necesario, para aquel entonces él ya era mi familia, y me sentí honrada de poder hacerlo.

El Pueblo de Selune es alegre y ruidoso, eso es algo que no se puede negar. Conociendo a Cass y sabiendo que cuánto más nervioso se pone más parlotea, tuve que admitir que el campamento hervía en nerviosismo esa fría mañana de otoño.

Varias carretas en pequeños semicírculos se repartían junto a la vereda del lago. Algunas tiendas de tela, e incluso hamacas en el suelo junto a la hoguera servían de refugio para aquellas gentes.

Al cruzar la primera zona vigilada me hicieron entregar mi arco y mis armas, sentí ese escalofrío en la nuca que te dice que no volverás a ver tus pertenencias, pero por suerte no fue así, se que mi compañero tuvo que aplicarse a fondo para que no ocurriera.

Pasamos unos días con ellos, en los cuales Cass se entrevistaba a solas con el patriarca. Las conversaciones que mantuvieron entre ellos ahí quedaron, nunca le pregunté y tampoco me parecía respetuoso hacerlo.

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Durante esos días mi amigo estaba más serio que de costumbre, no hablaba ni bromeaba, tampoco se metía conmigo, y con los niños que siempre me rodeaban allá donde fuera. Sin duda yo era la atracción del momento, una elfa lunar invitada entre ellos.

Y fue un atardecer, cuando vi por primera y última vez al patriarca del clan. Un anciano ajado y con gesto agotada, salía de su carreta ayudado por dos de sus hijos. Los otros tres aguardaban bajo los tres peldaños para ayudarle a descender, mientras las mujeres llamaban al pueblo para que se reuniera, pues el patriarca tenía algo que contarles.

Allí acudí, como siempre rodeada de los niños y allí oí como los hijos discutieron con su padre, algunos protestaron, otros se pelearon. Poco pude entender, pues usaban muy deprisa su dialecto gurrí. Pero los gestos y el tono de voz, eso era universal ante mi entendimiento. Habló entonces en anciano, haciendo acopio de sus últimas fuerzas, señaló a Cass y tras decir unas palabras, se hizo un silencio profundo alrededor.



Hubieron aplausos y protestas, pero parecía que respetaban la palabra del cabeza del clan, y yo intentaba leer el en el rostro de mi amigo qué podía estar pasando. Pocas veces le había visto así, cansado, preocupado y dolido por la pérdida que se avecinaba.

Y así fue, no pasaron ni dos días cuando se anunció la muerte del patriarca, y se prepararon los ritos para su funeral.

Fue en ese mismo momento, cuando colocaron la bufanda del patriarca sobre los hombros de Cass Bellamy, y cómo éste inscribió en la lapida del anciano, las últimas palabras que le acompañarían hasta la eternidad. “Aquí yace Basilio Mostrulo, hijo del Pueblo e Selune, padre, gur y líder, no te olvidaremos."

Para luego dirigirse al su Pueblo: “Ojalá yo pueda ser la mitad de buen hombre que lo fue vuestro querido patriarca, pero haré todo lo que mi alma de de sí, para honrar su memoria y por hacer de vuestra vida, que siempre sea dichosa.”

​

Así es como a Cass le nombraron patriarca del Clan de Lago, cargo que ostentó durante un breve tiempo. Y así es como me otorgaron en deferencia la bufanda de colores, por la cual me distinguieron como persona allegada al clan y con mayor rango de familiaridad al patriarca.

Desde aquel día Acala tomó por costumbre acompañarle al campamento de tanto en tanto.

Quien sabe si el calor y la intensidad en la forma de vivir de esa gente hacía que su alma se sintiera dichosa, lo que sí sabía es que nunca se habia sentido tan acompañada. Poco a poco comenzaba a entender más palabras sueltas de su idioma, aunque aún le quedara mucho para comprenderlo.
 

Finnereg

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Un día más en Narskel (De Salamandras y portavoces).

........................................Narskel............

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La lluvia y la nieve azotaban con fuerza los cristales de la ventana de la alcoba en la que descansaba Acala en La Luz del Norte. La elfa se negó a cerrar los postigos, dejando la mejilla apoyada sobre el cristal, notando el frío atenazador de fuera, en contraste con el calor de la chimenea de la habitación. No podía descansar, después del horror del último combate, era cerrar los ojos y las imágenes la golpeaban sin cesar en su mente, los gritos de las banshees, los de sus compañeros, el ruido de armas y armaduras golpeando y siendo golpeadas, el conjurar de los arcanos, todo le martilleaba con un estruendoso palpitar las sienes sin permitirle el descanso ni un instante.

Se encontraba en una alcoba grande, habían dispuestos varios camastros en ella, ya que la posada estaba atestada de gente, por lo que compartida cuarto con sus compañeros de aventuras, pero en ese momento estaba sola. Hacía unos días que había recibido la respuesta del Portavoz de los árboles, y aún la conservaba, leyéndola una y otra vez, en cuanto tenía un momento de paz. No comprendía muchas cosas de lo que ocurría en Suldanessalar últimamente, pero todo lo que estaba viviendo fuera del bosque, sumado al peligro de los intentos de raptos por parte de los Salamandras, amenazándola con un rescate por ser alguien respetada en su Pueblo, la llevó a tomar la decisión más dura pero más conveniente para todos en estos momentos.

Era bien sabido, que esa banda de Calimshan, habían engañado a todos, incluso a ella misma. Ishal se había presentado como el bueno, como el cooperador, su novia Aisha igual, se mostraba como una amiga que necesitara ayuda, utilizando la buena fe de los que la rodeaban, y riéndose de ellos cuando llegó el momento de no tener que utilizarlos más.

Cuando Ishal contó que el veneno era artífice suyo, cuando no quiso compartir la fórmula del antídoto, comenzaron a sospechar. Entonces fue cuando decidieron no contarle todo lo que iban descubriendo. Es más, cuando su hermano Khalim llegó a la ciudad, y puso rumbo a Minsor, ha presentarse ante el Príncipe, como seguidor de Tyr, fue cuando Acala pidió referencias sobre él, tanto al principado como a su superior. Pues la elfa supo que la Legión de las Arenas era conocida en Tezhyr, y pensó que el Dendravoz de la Reina, podría conseguir algún tipo de información cuando fuera de viaje.

El representante de Minsor respondió de inmediato, corroborando que era de fiar, y que quien engañaba en éste caso era Ishal, líder de los Salamandras y a quien había que dar caza, pues estaba en busca y captura por la muerte de un infante noble, en su tierra. La respuesta del Portavoz de los Arboles, no fue tan cercana ni colaboradora cómo ella esperaba, lo recordaba muy distinto y solícito cuando le pidió que aceptara el cargo. La elfa se sintió decepcionada y tomó al pie de la letra el consejo que la ofrecía.

Así pues, tras conseguir más antídotos dando con la fórmula y haciendo un viaje al sur para conseguir los ingredientes. Volvieron con la determinación de acabar con ellos, y así lo hicieron. La Rueda Feliz viajó y volvió, y luchando con fiereza junto al resto de implicados, acabaron en los humedales con la amenaza de los Salamandra y con su líder Ishal para siempre.

La joven quedó unos días agotada fruto de las secuelas del veneno que por desgracia portaban en sus armas, y que gracias a los antídotos no fue mucho peor.

Volvió a apoyar la mejilla en el cristal de nuevo, sintiendo un escalofrío casi congelado al notarla sobre su piel pálida y pecosa. Ni siquiera ante los treinta mil soldados de Amn, en las fronteras de Riatavin intentando mediar para que los ejércitos no entraran y masacraran se sintió tan sola, como el día en que recibió esa misiva. Siete años había dedicado a reavivar relaciones políticas de su Ciudad con el resto de pueblos vecinos, siete años que son pocos, y volvería a retomarlo sin dudarlo, pero no ahora. Ahora necesitaba tiempo de libertad, de sentirse fuera del bosque, de respirar esos aire humanos que le recomendaban abandonar en la carta. Hasta ahora no podía hacerlo con la libertad que goza un civil siendo Dendravoz. No podía estar exenta de comentarios o poner en entredicho la Ciudadela si sus actos eran más o menos ridículos en un escenario, o no podía relajarse en una fiesta por el qué dirán.

Así pues, el día que recibió la misiva del Rothormir, le contestó de inmediato, con su broche en el sobre y una carta de renuncia, sin enfados, sin recelos sin ningún tipo de acritud, tan solo pena, una pena profunda de no sentirse arropada por él. Pero era una elfa afortunada, sí había gente que la valoraba y sí los había que luchaban por ella y la acogían como uno más entre ellos.

Volvió a mirar a la calle, y vió correr a un grupo de lugareños refugiarse en sus casas cerrando con fuerza y atrancando las puertas por dentro. Parece que en el cementerio volvía a haber revuelo, se oían trompetas y ruidos de batalla. Sin pensarlo dos veces, y con gesto agotado, dejó la carta sobre la mesa, se puso las botas y se colocó las protecciones de cuero. Descolgando el arco y abrigándose se detuvo un instante, aferró su colgante con tres piedras lunares engarzadas y lo besó, luego sacó un segundo con una hoja de roble tallada en madera, se la llevó a los labios y murmuró una leve oración a Solonor.

¿Qué hacía defendiendo Narskel, tan al norte de su ciudad natal, porqué estaba dando su vida por aquellos que no conocía?.

Porque ahora su familia había crecido, y si bien siempre regresaría al bosque cuando se la reclamara, ahora parte de ella vivía ahí, en carretas de jugadores de cartas y apuestas, con un pelirrojo pegado a una guitarra e inventiva suficiente para sacar una sonrisa en el peor momento. Un gur protector de los invisibles y olvidados, que desde el primer día que le conoció supo que podía fiarse de él y que siempre estaría a su lado. Un tercer hombre peculiar y callado hasta que le conoces con más cercanía y comprendes lo increíble que puede llegar a ser. Y el cuarto firme y educado, de los mas gentiles que había conocido en Amn en mucho tiempo, fuerte en batalla como noble en su corazón. (Por no hablar de las tartas que hacía su madre).
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Por ellos estaba en Narskel, por cada uno de ellos y sin más explicaciones.
La Rueda Feliz impera.

Offtopic :
Mis agradecimientos a DM Ragnaros, por la Trama de los Salamandras y la desconfianza en el server durante toda su duración sin saber dónde y cuándo saldría el malvado de Ishal. Gracias a DM Suerte, por la trama aún a medias de Narskel, y a DM Auva, por toda su ayuda con el cargo y la oportunidad brindada para el rol Diplomático, que he disfrutado tanto.
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Finnereg

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Entre sus papeles, esa carpeta desordenada que lleva siempre con ella entre sus cosas, asoma un pergamino antiguo, algo de hace tiempo, que parece que ha sido releído más de una noche. (Adaptación de Stand by me)

 

Finnereg

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Entre el Deber y la Libertad.​

casa tada.jpg


En la frontera sur de la ciudad de Purskul, donde los campos comienzan a ondular suavemente hacia el este y las arboledas centellean bajo el sol del mediodía, se alza la nueva morada de Tada, paladín de Torm y Maestre de la Orden del Guantelete, y de Acala, diestra arquera de Suldanessalar, y ahora de la noble Casa Galdrim.

La vivienda, de piedra clara y tejado inclinado cubierto de tejas rojizas, reposa sobre una pequeña colina cubierta de hierba silvestre, desde donde se alcanza a ver, en los días despejados, el humo tranquilo alzándose desde los mercados de Purskul.

El terreno que rodea la casa es amplio, pero no ostentoso. A un lado se extiende un pequeño campo que Acala ha comenzado a sembrar con hierbas curativas y algunas flores traídas del bosque de Tethir. Al otro, se abre una arboleda de álamos y robles jóvenes, refugio de ciervos tímidos y de pájaros que saludan cada amanecer con su canto.

Allí vive también Agallas, el perro de Tada, un compañero inesperado que se convirtió en parte de su vida durante uno de los últimos eventos que ambos organizaron junto al resto de miembros de la Rueda Feliz, la singular casa de apuestas que fundaron años atrás un grupo de amigos de espíritu generoso.

En aquel festival celebrado en Agujas de Oro, las carreras de perros fueron uno de los mayores atractivos, no solo por la emoción de la competición, sino por la causa que las motivaba: recaudar fondos para los barrios más pobres de la ciudad.

Al terminar la última carrera, cuando el bullicio de los espectadores comenzaba a disiparse y los puestos se recogían, Tada se encariñó de uno de los perros, el más cobarde y temeroso que uno pudiera imaginar. Un perro que corría sin más objetivo que escapar de un peligro inexistente, y que no paró hasta refugiarse bajo una de las carretas atemorizado por los gritos y los aplausos. Le costó bastante a Tada conseguir que confiara en él, pero desde ese momento, el perro le siguió allá donde él fuera.

Ahora corre libre por los campos que rodean su nuevo hogar, juega entre los árboles y se recuesta a la sombra del porche con Acala o cerca del taller que Tada ha instalado junto a la casa. Allí, el paladín forja espadas, herramientas y utensilios para los vecinos de la región. El repiqueteo del martillo sobre el yunque ya es parte del paisaje sonoro del lugar, tanto como el canto de los pájaros o el crujido de las ramas al viento. Agallas lo escucha medio dormido, con la lengua fuera y el pecho en calma.

La distancia hasta el centro de Purskul no es grande; pueden caminar hasta la sede de la Casa Galdrim en menos de una hora, atravesando senderos bien mantenidos y puentes de madera sobre arroyos cantarines. La ciudad está lo suficientemente cerca para no sentirse aislados, pero lo bastante lejos como para que el bullicio urbano no perturbe la paz de su retiro.

La casa, aunque modesta para los estándares de algunas familias nobles, está construida con firmeza y elegancia. Tiene grandes ventanales orientados al sur, que llenan el salón común de luz durante todo el día, y una pequeña torre anexa que sirve de biblioteca y sala de meditación. Fue Acala quien insistió en esa torre, buscando un rincón donde los pensamientos pudieran volar tan libres como sus flechas. Tada, por su parte, ha instalado un pequeño santuario a Torm en la parte trasera, donde cada noche eleva oraciones por justicia y por la paz que ahora intenta construir con sus propias manos.

Entre ellos hay amor, paciencia, y también cierta melancolía, como la de dos mundos que se han encontrado a medio camino, sin dejar del todo de mirar hacia atrás y en todo lo vivido. Pero en esta casa, entre campo y ciudad, entre deber y libertad, han encontrado un equilibrio valioso. Y lo más importante, ganas de mirar hacia el futuro.

Y mientras la brisa agita las hojas del bosque cercano y las campanas de Purskul suenan a lo lejos, Tada y Acala comienzan su nueva vida no como dendravoz ni maestre, sino como compañeros en un hogar que han escogido juntos.

Agallas, desde su rincón junto al taller, alza una oreja al oír los pasos de sus dueños, menea la cola con entusiasmo… y vuelve a acostarse, satisfecho de saberse feliz de por vida habiendo elegido esta vez, la dirección correcta.
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