Finnereg
Discípulo comegemas
- Registrado
- 14/3/09
- Mensajes
- 683
Día décimo.
Hoy he amanecido optimista. El aire trae energía renovada y la brisa mañanera me inspira buenos augurios. Ha estado lloviendo toda la noche, y es un verdadero placer acurrucarse bajo la manta mientras se escucha llover en el bosque. El aroma a tierra mojada invade mi alcoba. Me encanta dormir cuando llueve con las ventanas abiertas de par en par.
Una energía especial me empuja a canturrear mientras recojo con esmero la habitación. Hoy es el último día de mi retiro voluntario. Toca regresar a Amn y atender las relaciones con los otros pueblos.
Me he dedicado unos minutos más frente al espejo y he sonreído a la elfa que me miraba, te veo bien, le he dicho amablemente, sin disimular mi total momento de coquetería, me he peinado con calma, dedicándole tiempo a los adornos en plata de mi cabello. Porque por fin, el cielo se ha despejado y no veo nubes sobre mí. Solo hay luz brillante y vida. Y hoy se derrama y sale a mi encuentro. Tengo que repetir esto, me ha venido muy bien desconectar del mundo exterior.
Justo cuando he acudido al despacho ha venido Azh'yan a hablar conmigo, mientras escribía la correspondencia que me faltaba por enviar. Me ha sorprendido, es muy distinta a cómo me había imaginado. Es por esto tan importante conocer y dejar hablar a las personas antes de juzgarlas. Y sin duda hay un tema que le apasione, ya lo he encontrado. Espero que haga un gran trabajo, tengo el armario medio vacío.
Tras hablar con ella, sobre el concilio de la noche anterior me he sentido mejor aún, me ha mostrado cuanta nobleza porta en su interior, y las ganas por mejorar que siente. Será el optimismo que me envuelve hoy, será que vivir en Suldanessalar es un regalo cada día.
Pero llega el momento de regresar, y retirándome el vestido de seda, vuelvo a ponerme las botas y los pantalones. Y descolgando el carcaj y el arco de nuevo, así como el pequeño petate. Me encamino a Caravassar para hablar con el mago.
Empezaré por Purskul, tengo ganas de ir a la posada de Halden, y sentarme a tomar una copa de vino. Escuchar las voces de los viajeros y las nuevas de las ciudades humanas. Quizás, charlar un rato con algún buen amigo, sin que se entere el gigante de que tengo alma de bardo, no sea que mi cabeza peligre, y quizás volver a sentirme dichosa siendo una canija a su lado.
Hoy he amanecido optimista. El aire trae energía renovada y la brisa mañanera me inspira buenos augurios. Ha estado lloviendo toda la noche, y es un verdadero placer acurrucarse bajo la manta mientras se escucha llover en el bosque. El aroma a tierra mojada invade mi alcoba. Me encanta dormir cuando llueve con las ventanas abiertas de par en par.
Una energía especial me empuja a canturrear mientras recojo con esmero la habitación. Hoy es el último día de mi retiro voluntario. Toca regresar a Amn y atender las relaciones con los otros pueblos.
Me he dedicado unos minutos más frente al espejo y he sonreído a la elfa que me miraba, te veo bien, le he dicho amablemente, sin disimular mi total momento de coquetería, me he peinado con calma, dedicándole tiempo a los adornos en plata de mi cabello. Porque por fin, el cielo se ha despejado y no veo nubes sobre mí. Solo hay luz brillante y vida. Y hoy se derrama y sale a mi encuentro. Tengo que repetir esto, me ha venido muy bien desconectar del mundo exterior.
Justo cuando he acudido al despacho ha venido Azh'yan a hablar conmigo, mientras escribía la correspondencia que me faltaba por enviar. Me ha sorprendido, es muy distinta a cómo me había imaginado. Es por esto tan importante conocer y dejar hablar a las personas antes de juzgarlas. Y sin duda hay un tema que le apasione, ya lo he encontrado. Espero que haga un gran trabajo, tengo el armario medio vacío.
Tras hablar con ella, sobre el concilio de la noche anterior me he sentido mejor aún, me ha mostrado cuanta nobleza porta en su interior, y las ganas por mejorar que siente. Será el optimismo que me envuelve hoy, será que vivir en Suldanessalar es un regalo cada día.
Pero llega el momento de regresar, y retirándome el vestido de seda, vuelvo a ponerme las botas y los pantalones. Y descolgando el carcaj y el arco de nuevo, así como el pequeño petate. Me encamino a Caravassar para hablar con el mago.
Empezaré por Purskul, tengo ganas de ir a la posada de Halden, y sentarme a tomar una copa de vino. Escuchar las voces de los viajeros y las nuevas de las ciudades humanas. Quizás, charlar un rato con algún buen amigo, sin que se entere el gigante de que tengo alma de bardo, no sea que mi cabeza peligre, y quizás volver a sentirme dichosa siendo una canija a su lado.
