Fiesta de Cumpleaños. Su Mayoría de Edad.
Acala corría nerviosa con su vestido nuevo colgado al brazo rumbo a Musgolito, sin saber aún quién acudiría a la fiesta. La buena de Valeria, había seguido con el plan de organizarle ella el cumpleaños, aun habiendo acabado de romper con su hermano, se mantuvo fiel a su palabra. Es por ello que Yendar se había disculpado y no acudiría a aquella celebración tan especial para ella, su mayoría de edad.
Cuando entró en el salón, el padre Rahan sonrió a la joven con su característica mueca divertida y cercana con la que la saludaba cuando acudía allí a descansar. La sala estaba preciosa, Valeria había trabajado mucho en la decoración, guirnaldas de flores pendían del techo de lado a lado, farolillos iluminaban tenuemente la estancia y un gran pastel de chocolate descansaba en la mesa principal. Los ojos de la joven brillaron intensamente, al contemplarlo todo. Habían incluso organizado un pequeño escenario, para la música y el baile.
Pasó rauda a la habitación que había reservado para toda la noche y dispuso el vestido sobre la cama, estirándolo con las manos, intentando remediar alguna arruga del transporte por el bosque, sin cuidado por su puesto. Lo contempló un instante de pie, en silencio, y una imagen vino a su mente.
La noche antes, tras un duro entrenamiento, como ya era costumbre entre maestro y discípula, acabaron sus lecciones junto al lago, charlando brevemente de la historia de la ciudadela. La imagen de Nuadha lavándose relajado en el lago, mientras ella se cambiaba para enseñarle ese mismo vestido que hoy luciría, hizo que sonriera recordando ese momento con calidez en su corazón.
Realizó un paseo con él puesto, teatralmente como siempre solía bromear en los momentos en los que podría sentirse algo abrumada, Lo hizo por la orilla del lago, iluminada por pequeñas lucernarias que pendían de varias ramas de árboles cercanos, así como las luciérnagas y candelas flotantes que iluminan tenuemente el lago de la Reina.
Caminaba descalza, alzando el vestido para que no se manchara de barro, y sonrió al ver la mirada de aprobación que su maestro depositaba en ella. Momentos antes le había pedido que le mostrara el vestido, cuando ella le hablaba de sus nervios y preparativos para la fiesta.
Tras cambiarse de nuevo, se acercó al lago a lavarse los pies y retirar el barro de ellos, con cuidado volvió a sentarse junto a Nuadha y sacando un paño de lino, los secó sin prestarles mucha atención, dejándolos desnudos un rato.
El arquero observaba en silencio los movimientos de Acala entretenido, mientras descansaba de las horas de entrenamiento, pocas veces la muchacha cerraba la boca en completo silencio, parloteaba de todo y de nada, de cada idea que se le pasaba por la cabeza, cada sensación.. y lo mismo al sentarse, parecía que algo le impidiera estarse quieta del todo. Negaba lentamente en su fuero interno, aún tenía mucho camino que recorrer.
Así pues, cuando ya estuvo sentada un rato a punto de romper el silencio que les separaba, fue el elfo el que preguntó ¿tienes frio?- Señalando los pies mojados de la joven.
Ella enmudeció de pronto mirándole sin comprender, y al mirar sus pies, si se dio cuenta del tono que tenían pálidos y que realmente, sí los sentía helados. Con lo cual, esbozó una tímida sonrisa bajando la mirada. Sin más y sin esperarlo, Nuadha se acercó y tomó los pies de la elfa, con un gesto completamente natural, se los secó y calentó con sus propias manos. Acala no pudo más que sorprenderse, y tensarse muchísimo, aunque hizo todos los esfuerzos para que no se le notara. Desde siempre el contacto físico había supuesto un problema para ella. Tan solo su familia más cercana, llegaban a tocarla y acariciarla. Que él, le tomara los pies de esa manera, supuso un reto para ella. Su primer impulso era retirarlos rápidamente, pero no quería hacerle sentir rechazado de esa forma, le apreciaba, aún no sabía cuánto.
La relación con Nuadha había pasado poco a poco, de ser meramente un maestro, a ser un compañero, un confidente y por último ¿un buen amigo?, no lo tenía claro, ni siquiera lo había pensado. Poco a poco comenzó a relajarse ante su contacto, y lo logró del todo, justo momentos antes de que él se los soltara.
-Gracias… -consiguió decir titubeando. Si Nuadha notó algo raro en ella, nunca lo dijo. Pero en aquel momento, el corazón de Acala comenzó a brincar como nunca ántes lo había hecho, y pasó el resto de la velada sumida en silencios, metida en sus propios pensamientos. Que si bien, Nuadha lo notó, respetó éste momento sin romperlo.
Todo esto le vino a la mente, mientras estiraba el vestido azul y procedía a ponérselo de nuevo, con sus mejillas enrojecidas si bien por la emoción o bien por el recuerdo.
Se entretuvo en peinarse con sumo esmero, quien conocía a la joven, sabía lo importante que era su cabello rojizo para ella, y con un medio recogido, dejó que los bucles pelirrojos cayeran enmarcando sus hombros y cayendo sobre su espalda y pecho. Adornados con cuentas e hilos de plata. Se puso algo nerviosa, pues comenzó a escuchar ruido fuera de personas entrando.
La joven se miró un instante en el espejo y sonriendo, inspiró tres veces profundamente, igual que le enseñaron para disparar sin temblar el pulso, y cuando expulsó por tercera vez el aire de sus pulmones, abrió la puerta y cruzó el umbral para recibir a sus invitados.
Aquella noche fue de las más intensas que puede recordar de toda su vida. Sus antiguos maestros acudieron Eltharion el cuál le entregó en custodia un grimorio que habría escrito con sus conjuros favoritos y detallados para encantar las flechas, Aralhel que tan poco es dado a estas cosas, también hizo el esfuerzo de acudir, y estar justo el tiempo para felicitarla y entregarle varios carcajs de flechas negras que él mismo había confeccionado. Madeleine de la eterna con su magnífica actuación, Onofer de Argluna con el primer poema que le habían recitado en su vida, Ethain con varios invitados masculinos, como siempre con su gentil sonrisa y su buen hacer, alumbró la fiesta con sus bailes. Erven, Liam, Dranek, Jack, Ilira, un pirata borracho, que se coló incluso. Como no Valeria, quien estaba organizando que todo fluyera con buen hacer, y por último Nuadha, sentado sin moverse, fuera de lugar, pero aislado y atento al momento de caos que reinaba a su alrededor y la algarabía tan lejos de su mundo habitual, en los bosques y patrullas. O eso quiso pensar Acala cada vez que sus miradas se cruzaban y ella sonreía abiertamente.