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Persiguiendo un sueño

Akisha

El que aplaude en los discursos Zhent
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La fuerza de la joven es grande al igual que sus ansias por aprender a mejorar a canalizar su energía, aquello a lo que el monje llamado Titano llama Ki.

Días y días de entrenamiento tanto en solitario como en su compañía, no conseguía terminar de dominarlo y su frustración se notaba cuando el se lo pedía y no era capaz de hacerlo.

*Una mañana después de una salida llena de accidentes el monje negó y dijo que le acompañase, probarían otra táctica para intentar que Kaia despertase*

Sus pasos les llevaron a la zona de entrenamiento situada en Agujas de Oro, el monje la miro y sonrió.

-Saca tu guadaña e intenta golpearme, recuerda todos los meses de enseñanza y concentraté.

*Kaia asintió no muy segura de si misma y tras dudar unos segundo sacó su arma dispuesta a golpear*


Los dos eran buenos amigos, habían atravesado innumerables contratiempos en su viaje de Riatavin hasta la ciudad de la moneda y eso había creado un vinculo casi irrompible o al menos eso era lo que creía la joven.

Estuvieron horas y horas entrenando en la arena, sus cuerpos golpeados y llenos de heridas.

Kaia cuando se concentraba y dejaba atrás sus miedos era capaz de acertar, parecía que llegaba a tener esa unión con el arma de la que el monje le hablaba.

Y cuando no solo era un trozo de carne a la que atizar.



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Akisha

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Antes de amanecer la joven ya estaba imaginando como sería su entrenamiento, si sus pasos le llevarían a algo importante o si solo seria alguien mas dentro de Athkatla. Su instrucción en la guardia estaba siendo difícil, no tenia experiencia y se notaba un poco perdida en algunas facetas, no sabia mantener la boca cerrada y eso le metía en algún que otro problema.

Al llegar al cuartel después de un largo día de patrulla junto a sus compañeros soldados, le llego la noticia de otra nueva partida , esta vez tenían que escoltar a un grupo numeroso para la obtención madera.

El camino no era desconocido para Kaia, sabia que era un lugar rondado por bandidos y otras alimañas. Las horas se hicieron interminables, cansada, no había parado en todo el día y su costado aun se resentía. Al terminar, el sargento Tark comento que quería visitar la aldea mediana y le ofreció a Kaia acompañarlo.

Ella asintió sin apenas pensárselo y juntos iniciaron su caminata. Estuvieron revisando la zona cercana a Gambiton.

Kaia fijo su atención en el sargento, era capaz de mover su mandoble sin apenas esfuerzo, como si aquel arma fuese una extensión de sus extremidades. Su forma de luchar le recordaba a aquel magnifico maestro de armas con el que se cruzo años atrás, nunca antes había visto nada igual, al menos desde que llego a tierras Amnianas. Ese era el sueño de la joven, algún día alcanzar esa seguridad y profesionalidad en combate, así se lo hizo saber al sargento.

El sargento que había visto la forma de moverse de la joven en combate le aseguro que si seguía tratando a su guadaña como un simple arma, no sería capaz de conseguirlo. Tras una larga charla en la que salio el nombre de Titano, el sargento le explico que lo que el monje llamaba Ki es una energía que fluye por nuestra energía vital y esta en todas las cosas que les rodea y le hizo una pregunta.

-¿Como quieres que fluya la energía a través de tu arma si solo la blandes como si fuese un trozo de metal?, Tras esta pregunta le aconsejo que empezase a verla como algo mas de ella, de su esencia, que la mirase e intentase ponerse en armonía con ella y dejase fluir sus sentimientos, comparte tu carga y tus deseos mas ocultos. No es solo un trozo de metal afilado sujetado por un palo de madera, deberías pedirle perdón por tratarla como tal. Recuerda a tu familia el porque este arma es tan importante para ti, si lo deseas puedo ser tu guía en esta senda.

Kaia acepto inmediatamente el ofrecimiento y le prometió que entrenaría a diario, con el fin de mejorar y que algún día se sintiese orgulloso de ella.
 

Akisha

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El día empezó como cualquier otro, Kaia tenia deberes pendientes. Tras una patrulla un poco accidentosa con el resto de sus compañeros y un moratón que cubría gran parte de su costado la joven cansada, había sido un día largo y solo deseaba poder tener un rato para descansar y como no comer, era uno de sus mayores placer, el alimento.

No podía descansar, una cita importante la estaba esperando en Crimmor, el sargento Tark, su maestro. La joven había llegado pronto, deseosa de empezar su primera clase y la que seria el inicio de algo maravilloso.

Se detuvo en uno de los cruces de Crimmor, apoyada en uno de los escalones de las caravanas que descansaban fuera la ciudad, aprovecho el parón para comerse un gran bocadillo de carne con tomate. Contenta por ese gran manjar, sonreía y daba grandes mordiscos, parecía que nada mas existía en ese momento para ella. Los minutos iban pasando aunque a ella no le parecía importar, esperaba paciente, con una gran sonrisa dibujada en su rostro.

Al girar vio aparecer al Sargento Tark y con un gran salto despego su trasero de los escalones, inclino su cabeza en señal de respeto y tras una leve conversación ambos de dirigieron dentro de la ciudad. La joven lo siguió a paso rápido mientras terminaba de darle los últimos mordiscos a su bocadillo.

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Akisha

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La noche parecía tranquila o al menos eso es lo que pensaba la joven guardia. Se detuvo delante de varios conocidos cerca de la Luz de Alandor, la conversación era bastante amena, por un momento Kaia pensó que podría ir a descansar y comer algo antes de su nueva clase de entrenamiento junto al sargento Tark. Detrás de ella una voz conocida llamaba su atención, era la magistrada Shiphae, requería de los servicios de la joven, la cosa se estaba poniendo fea por la crisis del grano y varios mendigos estaban acampando cerca de los muros de la ciudad de Athkatla.

La joven negó, no creía que la pobreza y el desconsuelo llegase tan pronto, era una situación que apenaba su corazón, sobre todo el pensar que la comida escasearía, un bien muy preciado para Kaia. Fueron paseando por en medio de ellos mientras la magistrada le contaba la situación y daba nuevas ordenes, mantener la zona sin altercados debería ser una de las prioridades de la guardia, el orden debe prevaler por encima de todo.

Poco a poco el lugar se fue llenando de gente, todos querían saber el porque de aquella situación tan terrible, la magistrada en medio de todo dio una explicación. Las reservas de grano habían sido agotadas, no se sabia el porque, quizás había sido por culpa de las sequías, mala administración, malas cosechas, influencias oscuras…. Todo estaba en el aire y había muchas ideas al respecto, no era cuestión de buscar culpables si no buscar soluciones alternativas a corto plazo y por eso cualquier idea o ayuda sería bien recibida.

En principio la guardia se encargaría de organizar el alimento, llevar patrullas mucho mas seguidas por la cuidad y sus alrededores, cualquier acto hostil sería penado con la cárcel con intención de velar por la seguridad.

Las tripas de la joven resonaban aunque ella intentaba disimular, no era plan de ponerse a comer en medio de los llanos con esta situación de hambruna tan grande. Había escapado de su hogar buscando una vida mejor y se topa de frente con la crisis, siendo una buena glotona se veía comiendo cucarachas, grillos… cualquier cosa que saciase su hambre, por suerte no tenia escrúpulos y en momentos de escasez no se iba a poner quisquillosa. Las horas iban pasando y la situación se hacía cada vez peor, la noche caía sobre sus cabezas al igual que la lluvia.

A escondidas le dieron alimento, era sabido por todos que la mujer no era capaz de pasar tanto tiempo sin alimentarse, su piel era pálida y la tristeza era visible en su rostro, tampoco hacia falta ser un lince, sus tripas hablaban por ella. Miro hacia los lados e introdujo rápidamente la comida en uno de sus bolsillos mientras agradeció el gesto con una sonrisa cómplice hacia su compañero.

El sargento ya estaba por el lugar, informándose de la situación actual gracias a la magistrada y buscando medidas de actuación. La joven cuchicheaba con Ross, era alguien que la entendía a la perfección y al que Kaia tenia afecto, siempre llevaba los mejores bocadillos de la región fabricados por su santa madre, no hay mejor forma que conquistar a una mujer como Kaia que por su estomago, afición que comparte con su compañero soldado.

Ansiosa por irse del lugar y comerse lo que Ross le ofreció a escondidas, miraba al sargento de vez en cuando, su clase estaría apunto de empezar y deseaba clavar el diente a ese jugoso manjar que guardaba en su bolsillo.

Las horas pasaron entre conversación y conversación, el sargento la miro y le dijo que lo acompañase mientras se despedía del resto, algo tenían pendiente en la sala de entrenamiento. La joven camino detrás del sargento en compañía de Ross y los tres se dirigieron al cuartel.

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Brokilon

Pornorroleador oldschool
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- Venga. Otra vez. - Dijo el Sargento mirando a la soldado.

" Aquella mujer, que sin realizar esfuerzo físico alguno, estaba sudando. Arrodillada en lo que el sargento le dijo que era una postura cómoda. Este, le corregía con la punta de su espadón cuando deformaba la posición.
Kaia se quejaba por las correciones ".


- No puedo, joder. - Mascullaba en voz baja.
- La fase de conflicto. Ya la tienes dominada. Deja la mente en blanco.

" Trató de recuperar la respiración con parsimonia. Cerró los ojos acompañando el gesto y logró calmar sus pulsaciones "


- Notas la energía brotando. La fase del conocimiento... Estas a la puerta de la Fase de la guía. Ya me golpeaste una vez.... Vamos, levántate.

" Sin despegar los párpados aún, la mujer se alzó usando solo sus extremidades inferiores. Una vez conocedora de la Energía Vital que fluye por ella, sus movimientos comenzaron a ser más gráciles y continuados. Tomó su guadaña, aquella que la acompañó desde su infancia "

- Tienes que llevar el Ki de tu pecho hacia la mano. Hacia los dedos. Hacia la guadaña. Ella es parte de ti. Sois uno ahora.

" Una ligera luz blanquecina emergió de los dedos de la joven. La sesgadora se impregnaba de este brillo "

- Y estás en la fase de control. Te estás conociendo. Eres tú, Kaia. Vamos. ¡Golpea!

" Soltó el aire en el golpe, seco y descendente que produjo al estafermo de la sala de entrenamientos de los cuarteles de la puerta este. Abrió los ojos tras el golpe, perfecto, moviendo el arma por el aire como si fuese su brazo, como una extremidad más.
El segundo golpe, esquivo y torpe hizo que el Sargento negase con la cabeza en un gesto de desaprobación "


- ¡Venga! De nuevo. ¡Otra vez!.
 

Akisha

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La joven paseaba por la ciudad de la moneda ajena al tiempo, sin darse cuenta la oscuridad se poso sobre su cabeza, tenia la mente perdida en pensamientos de los cuales nunca imagino tener. Al alzar la vista al cielo fijo sus ojos azules en la profundidad de la noche, quedando perdida en ella por unos minutos, una estrella iluminaba con mayor intensidad que el resto y la joven disfruto de su belleza hasta que un ruido de tripas le recordó que la cena estaría al caer, estaba tan sumergida en sus recuerdos que no era capaz de pensar en nada mas.

Agarro del bolsillo de su uniforme una pieza de fruta, que justo minutos antes le había entregado un muy buen amigo de la joven, la mordió con pesadez y suspiro al recordar que nada era tan bello como aquella estrella que brillaba en el firmamento, y que por mucho que le costase moverse de aquel lugar tenia un entrenamiento pendiente, el ultimo de aquel día.

Giro a paso lento y entro por la puerta este, con un leve cabeceo saludo a sus compañeros soldados que vigilaban la entrada de la ciudad hasta llegar al cuartel, una vez allí sus pasos la llevaron hasta la sala de entrenamientos.

Miro el estafermo, posando toda su atención, aquel trozo de madera que tanto le había ayudado en mejorar su confianza, estaba un poco deformado, muchos soldados pasaban horas entrenando sobre el y el tiempo empezaba hacer mella en su aspecto.

Kaia, descolgó una de sus guadañas, llevaba varias colgando en su espalda, era raro verla sin ellas puesto que era uno de sus bienes mas preciados, una parte de la joven que le hacia ser quien era.

Agarro la empuñadura con firmeza, al hacerlo los músculos de su cuerpo se tensaron, su respiración era lenta, cerro los ojos durante un segundo intentando recordar todas las enseñanzas del sargento Tark, dejándose llevar por sus sentimientos mas ocultos noto como la energía comenzaba a frotar del interior de su pecho hasta las manos, al notarlo y sin pensarlo soltó un golpe certero al estafermo, los movimientos de la joven eran precisos, se movía con soltura y se podía ver como su arma se fundía con ella, siendo una extensión de las extremidades de la mujer.

Un golpe tras otro, en busca de la perfección, Kaia estaba sudando, con el cuerpo pesado después de tantas horas de entrenamiento, sin abandonar, sus ansias de mejora le hacia olvidar cualquier tipo de cansancio, incluso el rugir del estomago no le parecía importar en este momento.


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La puerta de la sala de entrenamiento se abrió, era el Cabo Ewan, miraba a la joven en silencio y observaba cada uno de sus movimientos. A veces Kaia era capaz de conseguir dominar su Ki, pero en otras ocasiones sus golpes eran torpes y poco acertados, en estos momentos se le podía escuchar maldecir por su falta de concentración, la joven imaginaba al sargento por detrás con su cara típica de critica cuando algo no le salia bien y sin pensarlo volvía nuevamente a intentarlo hasta que finalmente llego la hora de su turno dentro del cuartel.
 
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