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Relatos de dos almas destinadas a encontrarse

Akisha

El que aplaude en los discursos Zhent
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Inicio de algo inesperado
La joven soldado solía patrullar a diario por la ciudad de la moneda y sus ciudades vecinas, no tenia descanso, sus ansias de mejora eran constantes y nunca se planteo que el amor pudiese llegar a su vida. De la forma mas inesperada, una noche uno de sus amigos le pidió ir a la arena de agujas de oro, Kaia no vio inconveniente en seguirlo, ajena a lo que encontraría allí.

Un tipo unos años superior a los de la joven estaba enseñando a otro joven espadachín, los movimientos del hombre llamaron la atención de la mujer, esta desde arriba lo observaba mientras se comía un rico sándwich de jamón con tomate, al estar cotilleando no se dio cuenta y la comida cayo en la arena. Rauda corrió hasta bajar al foso de lucha y sin apenas pensarlo agarro el alimento, le soplo y lo llevo nuevamente a su boca dándole un fuerte mordisco.

El hombre sorprendido por la falta de delicadeza de la mujer, sonrió fijándose en ella. Kaia no le dio importancia al asunto, la comida era algo muy importante para la joven y no iba a desperdiciar el sándwich por nada ni nadie. El espadachín de forma galán se presento, Hernan Saldivar, para lo que usted guste.

Kaia sonrió, y tras varios minutos de charla se batieron en un duelo, el espadachín solo con la compañía de sus espadas cortas y la guardia junto a dos de sus compañeros, no fueron rivales para el, sus movimientos eran rápidos, casi sin dar tiempo a reaccionar fueron cayendo al suelo uno tras otro. La mujer se lo tomo bastante bien, pensaba que la derrota le llevaría al éxito en un futuro y sonriendo acepto invitar al hombre a una cena, se lo habían apostado y Kaia siempre cumplía con su palabra.
 

Akisha

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La cena
Tiempo había pasado desde que Kaia había perdido en combate a manos del espadachín, una noche el cielo estaba despejado, se podía palpar la tranquilidad en las calles de la ciudad de Athkatla, los pasos de la joven le llevo hasta el distrito de la gema, una cita importante le había llevado hasta aquel lugar.

Espero junto a una gran fuente, llevaba la capucha bajada intentando cubrir gran parte de su rostro, roja y muerta de vergüenza por si alguien la encontraba allí. El espadachín se hizo esperar durante unos minutos, que a la joven le parecieron horas, al llegar lo agarro con fuerza del brazo y tiro de el mientras le susurraba.

Vamos, no venga el sargento Tark y nos pille aquí….

El hombre sonreía, incrédulo por la situación, la siguió y en cuanto tuvo oportunidad le gasto una broma.


-Sargento Tark, buena noche, ¿Que hace usted aquí?

La Joven se cuadro al momento, mas recta imposible y rápidamente intento excusarse.

-Sargento, señor, no es lo que parece, me encontré con Hernan aquí y….. *Alzo una de sus cejas al ver que no había nadie, miro al hombre con el ceño fruncido. Ja ja ja, no sabia que eras tan gracioso, me parto contigo.

Kaia la lio varias veces por las calles de la ciudad, incluso cayo rodando por unas escaleras, la joven era un desastre, no sabia donde meterse con las mejillas rojas como un tomate. La verdad es que la cita no estaba yendo como se esperaba, la inocencia y torpeza de la mujer parecían divertir al espadachín.


Se dirigieron a una habitación en la posada del distrito gubernamental, con intención de comer en una de sus habitaciones. Las acciones de Hernan parecían incomodar a Kaia, ella recordaba una conversación que tuvo días antes con la magistrada relacionadas con temas íntimos, curiosa pregunto, nunca había estado con alguien y Shiphae le recomendó un par de acciones que al recordar hacían a la joven ruborizarse.

Sin apenas hablar, levanto de la silla y se dirigió a una bañera que se encontraba tras un biombo, colo la cabeza en su interior sumergiéndola bajo el agua. El espadachín sin dar crédito a lo que estaba viendo se apresuro ayudarla, al sacarla tenia el pelo completamente mojado, parecía un perro de agua con esa mata de pelo sobre la cara, sus mejillas sonrojadas, no era capaz de aguantar la mirada al hombre.

Este la sujetaba entre sus fuertes brazos, la beso haciendo que la mujer quedase en shock, nunca antes la habían besado y no sabia muy bien como reaccionar, era como besar a un trozo de madera inerte. En silencio y roja como un tomate lo miraba, su cuerpo temblaba sin ningún tipo de explicación, y varios sentimientos encontrados comenzaron a dibujarse dentro de la joven.

La situación era bastante incomoda para ambos, Hernan había sido muy caballeroso y no quiso molestar a la joven, la cena termino sin apenas empezar y ambos decidieron aplazarla para otro momento.

Mientras veía como el salia por la habitación, ella acariciaba con lentitud sus labios, recordando aquel maravilloso beso y sin apenas darse cuenta no dejaba de pensar en el espadachín , anhelando su compañía.
 

Akisha

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Encuentro casual gracias al destino
Pasaron dekhanas desde aquel encuentro, evitándose mutuamente mientras seguían caminos separados en el ajetreo de la bulliciosa ciudad de la Moneda. Sin embargo, el destino, caprichoso, decidió reunirlos una vez más en Nashkel, cada uno por motivos distintos.

El espadachín, inmerso en asuntos de trabajo, se encontraba allí con la intención de adquirir unas minas de hierro, mientras que la soldado había sido destinada por el sargento para escoltar el mercado funebre del dhanter dorado y la orden de la balanza. En un momento de casualidad, se toparon el uno con el otro, sin saber bien qué decir en medio de la incomodidad del reencuentro.

Pero pronto, el tonteo que ambos sentían se hizo evidente cuando sus miradas se encontraron, y esas sonrisas tontas se dibujaron en sus rostros. Con el gélido frío de Nashkel abrazándolos y los sentimientos encontrados entre ellos, decidieron refugiarse en la posada de la Luz del Norte, donde compartieron una pata de cerdo asado y vino peleón, por un casual del destino acabaron de terminar la cena que tenían pendiente.

La conversación fluyó, y el espadachín, tratando de mantener su aire de dureza, se equivocó intencionalmente al pronunciar el nombre de Kaia, llamándola "Laia" con el fin de molestarla y provocar en ella alguna reacción. Para su sorpresa, pudo percibir que ella se molestaba, dando inicio a un juego de tira y afloja entre ambos, como el amor de dos adolescentes que comienzan a descubrirse y a sentir cosas el uno por el otro sin saber como ni porqué.

Luego de un tenso intercambio, la camarera apareció trayendo un tentador pastel casero de arándanos, sin embargo, la soldado seguía visiblemente molesta por la confusión del espadachín. Aprovechando el enfado de Kaia, él decidió continuar con su picaresca hacia la camarera, buscando hacerla sonreír con la intención de irritarla aún más a la soldado.
La situación llegó a un punto crítico cuando la soldado, incapaz de contener sus celos, arrojó el plato lleno de nata directamente al rostro del espadachín. Sin embargo, el remordimiento se apoderó de ella al ver el rostro embadurnado de nata en las mejillas del espadachín, y sin pensarlo dos veces, decidió lamerla limpiando su rostro con un gesto de disculpa y flirteo.

Con los postres consumidos y la tormenta arreciando afuera, el espadachín tenía una habitación reservada debido a los negocios que debía atender en Nashkel. Por su parte, la jornada de la soldado había concluido, pero el frío gélido y los efectos del vino habían hecho mella en ella, dejándola tambaleándose y chocando con las personas a su alrededor.

Viendo su estado de embriaguez, el espadachín, con gesto caballeroso, invitó a Kaia a pasar la noche junto a él, pero en camas separadas para no incomodarla y asegurarse de que descansara sin problemas, demostrando su preocupación por su bienestar incluso en medio de su juego de provocaciones y tonteo.
Tendió a Kaia en la cama, cubriéndola con las cálidas sábanas mientras ella, ruborizada por el reconfortante calor de la chimenea, balbuceaba cosas sin sentido bajo los efectos del vino; lo abrazaba con poca fuerza al sentirlo cerca. Hernan, tal vez movido por un atisbo de humanidad o por la inocencia que ella le transmitía, decidió no aprovecharse de la situación, apartando con suavidad los brazos de Kaia para dejarla dormir. Le dio un beso en la frente con un gesto protector antes de prepararse una pipa y acomodarse en el sillón junto a la chimenea, despojándose de su coraza y botas, quedando solo con su camisa de seda y pantalones.
La noche transcurrió como un silbido al viento, y Hernan se quedó dormido en el sillón mientras la pipa caía al suelo, las brasas consumiendo la madera. Los primeros rayos de Lathander iluminaron un nuevo día, marcando el momento en que la pareja debía separarse.

Kaia, confusa al despertar, se acercó al espadachín con curiosidad e inocencia, levantó la camisa de Hernan para satisfacer su curiosidad de una joven que empezaba a sentir como afloraban sentimientos en ella. Fue entonces cuando descubrió un cuerpo atlético marcado por cicatrices y quemaduras, revelando que el hombre no había tenido una vida fácil.

Permanecieron un rato más juntos, Kaia se acurrucó junto a Hernan, encontrando en su presencia una sensación de seguridad y calma que la envolvía. Ambos se sumergieron en un sueño reparador, dejando atrás las preocupaciones y los pesares de sus vidas, olvidándose de todo mientras el tiempo se detenía.

Sin embargo, el deber llamaba y, con la llegada del nuevo día, llegaba también el momento de separarse una vez más. Se despidieron con un gesto cargado de complicidad y promesas silenciosas.
 

Akisha

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El despertar de la bestia
Pasaron días hasta que el destino volvió a reunirlos, y esta vez el espadachín, desde una esquina del distrito de la Puerta Este, observaba con control visual mientras la soldado se despedía de sus compañeros y se cuadraba ante el sargento, después de un arduo día de deber, espiándola para luego fingir que era un encuentro casual.

Hernan se cruzó con ella, y Kaia, aún avergonzada por no ser vista por ninguno de sus compañeros, aceptó la invitación del gallardo espadachín para dirigirse juntos a la posada Biju. Una vez allí, él la sorprendió con una propuesta inesperada: adentrarse en las termas para que ella pudiera relajarse después de un largo día en la guardia.

Para sorpresa de Kaia, notó que el espadachín cojeaba ligeramente. Hernán tenía un pie herido, debido a un accidente en las minas de Nashkel una roca se desprendió destrozando su pie mientras realizaba esa expedición. Se apoyaba en un bastón para caminar, y la imagen de él, idealizada en la joven, al verlo en ese estado, le causó cierta compasión.

Hernan invitó a Kaia a sumergirse en las aguas termales, pero dada su incapacidad, le pidió un favor a la soldado, aprovechándose de su inocencia: que lo ayudara a quitarse la ropa, dado que el dolor y su invalidez se lo impedían. Aunque nerviosa por la situación, Kaia accedió, demostrando una vez más su naturaleza compasiva y gentil hacia el espadachín herido.
La soldado comenzó a desvestir a Hernan con cuidado, empezando por las botas para luego levantarse y desajustar las correas de su coraza hasta dejarla caer al suelo. Sus manos temblorosas continuaron desabrochando los botones de su camisa, mientras sus dedos delicados recorrían el cuerpo atlético del espadachín, trazando el camino de sus cicatrices con las yemas de sus dedos. Con cada contacto, Kaia se ruborizaba aún más, sintiendo una oleada de emociones nuevas y desconocidas que nunca antes había experimentado dado su juventud.

En un momento de lucidez, mientras continuaba desvistiéndolo, Kaia le comentó que tenía un pie herido, pero que no había nada malo en sus manos que le impidiese a continuar haciendole
él. A lo que Hernan respondió con una sonrisa traviesa, tomando delicadamente las manos de Kaia y llevándolas a su cinto, para que continuara respondiéndole con tan solo un cruce de miradas y una sonrisa. Mientras la rodeaba con sus brazos, ella, inocente e incapaz de mantenerle la mirada, prosiguió con su hacer, desatando el cinturón y dejando caer el pantalón al suelo, quedando así el espadachín desnudo.
Sin poder evitarlo, la mirada de Kaia descendió hasta las partes íntimas del espadachín, pero rápidamente apartó la vista, sintiéndose aún más ruborizada al notar que el espadachín se encontraba excesivamente contento al sentirla cerca, lo que solo aumentó el rubor en las mejillas de la joven soldado.

Con un gesto suave, Hernan giró a Kaia, dejando que sus dedos acariciaran la suave piel de su espalda mientras desabrochaba su vestido y su corsé, permitiendo que ambos cayeran al suelo con suma delicadeza. Al sentir la necesidad de cubrirse, instintivamente Kaia, alzó las manos para proteger sus pechos, pero el espadachín la abrazó, entrelazando sus manos con las de ella en un gesto de intimidad y protección.

Mientras sus cuerpos se fusionaban en un abrazo reconfortante, Hernan depositaba suaves besos en el cuello de Kaia, quien cerraba los ojos dejándose llevar por las sensaciones que inundaban su ser. Poco a poco, las manos del espadachín se separaron de las suyas, acompañando el vestido hasta el suelo antes de retirarlo por completo. Luego, con ternura, le quitó las botas, levantándose con ella de la mano para dirigirse juntos hacia las termas.

En aquel refugio de calor y vapor, se encontraban solos, con las paredes como únicos testigos de su encuentro íntimo.

Sumergidos en el calor reconfortante de las termas, Hernan y Kaia se refugiaron en una esquina, ocultos por los vapores que desprendían las aguas. Con complicidad en la mirada, comenzaron a explorar sus cuerpos entre besos y caricias, entregándose el uno al otro con una pasión desenfrenada que solo el amor mezclado con la lujuria puede inspirar.

Con la respiración acelerada y acompañado de gemidos de placer, ella se elevó sobre él, fundiéndose juntos en un encuentro íntimo y apasionado que los llevó a la cima del éxtasis. Un amor de una noche o quizá fue algo pasional lo que les llevó hasta ello, estaban alejados de los prejuicios del mundo,olvidándose de sus rutinas, de sus vidas entregándose por completo al amor o quizá, a la lujuria.
 

Akisha

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Confesiones de la joven soldado
El pasar de los días eran bastante melancólicos, el recordar como su cuerpo se fundía en los brazos del espadachín y el anhelo de un próximo reencuentro hacia que el sueño de Kaia fuese cada vez mas difícil.

Rodeaba con fuerza la almohada de su habitación en la luz de Alandor, con la mirada fija en el techo y su mirada perdida en recuerdos de aquel día en las termas, su cuerpo temblaba levemente al acordarse como las manos de Hernan recorría cada milimetro de su piel y soltando un suspiro, alzo su cuerpo incorporándose de la cama.

Agarro una pluma y pergamino con intención de plasmar sus mas profundos sentimientos por el. Al mojar la pluma en tinta, las palabras salían solas.​

Querido Hernan, hasta la simple mención a tu nombre me hace ruborizar, nunca se me a dado bien expresar mis sentimientos y por eso mismo me armo de valor, los plasmare en este papel el cual nunca te entregare.

Anhelo con ansias volver a ver tu rostro, aquel que difícilmente olvidare, el recordar como tus manos desnudas rodearon con tanta firmeza y cariño mi cuerpo, los besos y susurros que erizaron hasta el ultimo poro de mi piel, mi cuerpo vibra cuando te ve sin apenas poder evitarlo y mi corazón no deja de latir por ti.

Es la primera vez que siento algo parecido por alguien y me alegra que seas tu el dueño de mis sueños, cuando me miras con esos ojos color miel siento como se clavan en mi corazón, el tiempo se corta en tu presencia, las horas se vuelven minutos, incluso segundos y el deseo de no perderte no para de rondar mi mente.

Deseo mantenerte a mi lado hasta el ultimo suspiro de vida y agradezco profundamente a Tymora que me pusiera en tu camino. Alguien tan insignificante a tu lado, mi amor, si, mi amor, porque eso es lo que siento hacia ti, mi querido Hernan.

Se que nunca seré merecedora de tu amor, debería de ser una diosa para poder hacer frente a tu perfección, un ser tan puro ante mis ojos, el cual me abraza con fuerza y me hace sentir en casa, llevaba tiempo sin sentirme así, la protección que me brindas me hace olvidarme de todo.

Quizás algún día seamos capaces de formar una familia, algo que solo nos pertenezca a los dos, ajeno a todos incluso al tiempo, envejecer a tu lado nada me haría mas feliz, pero el tiempo decidirá cual sera nuestro destino, lo único que pido es que sea en tu compañía.
 

Akisha

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Una noche inolvidable
La noche caía sobre la cabeza de Kaia, ajena de lo que minutos mas tarde la oscuridad le traería, poso sus pies en los llanos y tras unos minutos en silencio alzo la cabeza viendo a Hernan, una sonrisa picaresca se puso en su rostro, nada mejor le podría pasar. Se apresuro, muriéndose de ganas por estar en su compañía, al mirar hacia los lados comprobó que nadie miraba y agarro su mano dándole una sutil caricia. La joven de aspecto jovial, lo miraba mientras un brillo se dibujaba en sus ojos perdiéndose en la mirada de el.

Buenos días Hernan, al decir su nombre se podía ver felicidad en el rostro de la joven, sin poder evitarlo, no era buena engañando y el espadachín la tenia embobada.

¿Que tal has pasado el día? Tras unos minutos de charla, Kaia lo invito a viajar hasta Kalathyr, nada le esperaba allí pero quería pasar tiempo a solas con el y fue el primer lugar que paso por su cabeza. Susurros de complicidad acompañaron sus palabras en los llanos, miradas furtivas a su alrededor, la joven nerviosa por si alguien venia e impedía su marcha.

Agarro la mano del espadachín y tiro con intención de que la acompañase, juntos comenzaron su viaje. Ella sonreía, saludando a los guardias que estaban vigilando la salida de la costa sur, deslizo sus manos hasta sujetar la empuñadura de una de sus armas, “susurro” así se llamaba la guadaña que le acompañaba, nombre que puso en honor a Hernan, había llegado a su vida mas o menos a la misma vez que el espadachín y a ella le había contado en susurros hasta el ultimo pensamiento oculto que le hacia vibrar al recordar a su amado.

El camino estuvo lleno de gestos de complicidad, ambos fueron exterminando cualquier amenaza con la que se topaban. Hernan con la ayuda de un arco, queriendo dejarle la fiesta a la joven y ella con la ayuda de una de sus fieles guadañas.

Kaia liberaba la energía de su cuerpo, haciendo que saliera de su pecho cualquier emoción que le hacia sentir, al hacerlo un pequeño brillo blanquecino se podía ver a su alrededor depositándose por los brazos de la joven, descendiendo hasta la altura de sus manos, este brillo recorría el cuerpo de la joven hasta fundirse en uno con su guadaña, al luchar parecía que las extremidades de la joven se convertían en uno solo con su arma, y esto hacia que pareciese una extensión mas de la mujer. Sus golpes eran certeros, incluso críticos en alguna ocasión.

La joven engañando a Hernan lo hizo tirar por delante, era mala orientándose pero el camino lo conocía de maravilla, cosa que el hombre desconocía. Ella sonriendo, se dedicaba a disfrutar de las vistas, con la mirada perdida en el trasero tan redondito y magnifico del espadachín, luchando por no agarrarlo tuvo que hacer varias tiradas de voluntad mentales por no lanzarse encima de el y comérselo a besos, al hombre no a su trasero.

Sin apenas darse ni cuenta ya estaban en Kalathyr, vieron rápidamente aquel pueblo pesquero, la verdad es que el lugar no tenia nada de interés para ellos y tras un visual rápido se dirigieron a la salida que se encuentra en la entrada de los dientecillos. Allí ajenos de las miradas ambos se fundieron en besos y caricias, juegos típicos de adolescentes de lo que Kaia no estaba acostumbrada, pero deseaba con todo su ser pasar la noche junto a su hombre.

La mujer guardaba con cariño en uno de sus bolsillos un regalo para Hernan, lo había conseguido en las maniobras de Esphurta que hizo junto al resto de soldados, nada mas verlo sus ojos se iluminaron y en su mente solo existía conseguirlo. Susurro al espadachín mientras una amplia sonrisa se dibujada en su rostro.


Cierra los ojos y confía en mi, tengo algo que estoy segura te gustara. Extendió su mano, en esta se encontraba el regalo envuelto en un pañuelo color rojizo.

Hernan al abrir los ojos, vio como Kaia sonreía y aguardaba paciente a que agarrase el regalo, con curiosidad, no sabia como tomaría el obsequio y con un tono de voz bromista le dijo.


Viendo que no eres capaz de pedirme matrimonio, tendré que hacerlo yo.

Al abrirlo se podía apreciar un anillo de color dorado con varias propiedades mágicas, era un regalo caro nada conseguido en ningún mercadillo de mala muerte, todo lo mejor para aquel hombre que había conseguir conquistar el corazón de la guerrera. El sonreía, algo contrariado con el regalo, lo agarro y pidió a la joven que hiciese los honores de colocarlo en uno de sus dedos. Lo puso en el dedo anular de su derecha, donde se ponen los anillos de compromiso. Lo miraba y sonreía de forma boba, al hacer aceptado su regalo.

La verdad es que hacían muy buena pareja, o al menos a ella se lo parecía. Hernan, miraba su anillo sonriendo y le pidió a Kaia que aguardase un momento, el también tenia un regalo para la joven. Ella lo miraba nerviosa, es la primera vez que le regalaba algo y sabiendo lo detallista que era esperaba algo espectacular. Tras un breve truco de magia, el espadachín saco de la nada una rosa, sus pétalos eran maravillosos, de color rojizo como la sangre y de una belleza inigualable, Kaia sorprendida, la agarro llevándola a su pecho, suspirando y en un hilillo de voz casi imperceptible le dijo.


Me encanta, la guardare siempre a mi lado aunque sus pétalos se marchiten, siempre sera parte de mi recuerdo y estará clavada en lo mas profundo de mi corazón.

Hernan saco una botella de vino, de la mejor que se podía conseguir en la región y ambos se dispusieron a pasar la noche en aquel lugar, disfrutando de la charla y muestras de cariño, las mejillas de la joven se sonrojaban, sin saber muy bien si era por el vino peleón o por la proximidad con su amado.

Aquella noche cuando las luciérnagas cantaban en el prado, dos jóvenes enamorados pasaban la noche perdidos entre el cielo estrellado, abrazos y besos. Kaia se perdía en la profundidad de los ojos del espadachín mientras disfrutaba de su compañía, daba gracias a los dioses por haber puesto a tan magnifico ser a su lado, sus cuerpos se fundían en en uno solo, con la complicidad absoluta que se tenían. Se podía escuchar algún que otro suspiro, al sentir el cariño que el espadachín le mostraba, la seguridad que le producía hasta el gesto de cariño mas simple, sentía que quería pasar hasta el último día de su vida en su compañía y rezaba a los dioses porque nada la alejase de Hernan, si sus caminos se habían cruzado nada los podía separar.



Hernan y Kaia.jpg
 

Akisha

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Confesiones entre bambalinas
En el coliseo de agujas de oro, bajo la atenta mirada de Waukeen, Don Saldívar y Liliana se entregaban a un duelo de esgrima que parecía más un baile pasional que un enfrentamiento de espadas. Sus movimientos eran fluidos, sincronizados, como si hubieran practicado juntos durante siglos, los aceros resonaban en el aire chocando entre sí.

Kaia, la soldado enamorada de Don Saldívar, observaba con admiración y celos al ver al espadachín junto con la otra, mientras el nuevo recluta Damian intentaba seguir el ritmo de los instructores con esfuerzo y dedicación. El coliseo estaba vivo con la energía de la lucha, el sonido de los pies que se deslizaban sobre el suelo y el choque metálico de las espadas.

Pero la tensión alcanzó su punto máximo cuando Helios, el monje netherino, hizo su entrada en el coliseo. Su presencia emanaba una serenidad peligrosa que contrastaba con la ferocidad de sus ataques. Kaia, que también tenía cierto vínculo con el Ki, se enfrentó a él, buscando aprender de su técnica y mejorar la suya propia.

Los golpes resonaban en el coliseo, cada uno más feroz que el anterior. Kaia luchaba con valentía, canalizando su Ki a través de su guadaña como una extensión de su ser. Cada movimiento era una expresión de su voluntad y su fuerza interior. Kaia cayó una y otra vez bajo los implacables golpes de Helios, hasta que el último puñetazo del netherino la derribó definitivamente. Su cuerpo yacía en el suelo del coliseo, exhausto y herido, mientras un fino hilo de sangre escapaba de su nariz como una declaración de su sacrificio en la batalla.

El ordenado, con la preocupación dibujada en su rostro, se apresuró a su lado. Con los dones otorgados por su dios, comenzó a sanar las heridas de Kaia, devolviéndole la vitalidad que había perdido en la lucha. Mientras tanto, Don Saldívar observaba en silencio, su corazón lleno de preocupación pero también de admiración por la valentía de la mujer que amaba.

Una vez que Kaia estuvo lo suficientemente recuperada, Saldívar decidió llevarla lejos del bullicio del coliseo y la ciudad. Quería distraerla, alejarla de los recuerdos dolorosos de la batalla y envolverla en una burbuja de intimidad y ternura.

Así, se perdieron juntos en las estrechas calles de Athkatla, bajo el manto de la noche que caía lentamente sobre la ciudad. Entre risas y susurros, compartieron momentos de complicidad y pasión, dejando atrás las preocupaciones y las heridas del día. En ese instante, solo existían ellos dos, Como dos adolescentes enamorados, Saldívar y Kaia se tomaron de la mano y se aventuraron juntos hacia las Cinco Jarras, un lugar mítico en la ciudad de la moneda.

Al entrar, se encontraron a un lado Magos encapuchados, al otro lado del local, aventureros curtidos compartían historias de sus hazañas, mientras civiles y guardias relajaban el cuerpo después de una larga jornada.

Pero lo más cautivador de todo eran los bardos y artistas que llenaban el aire con sus melodías y actuaciones, llevando la alegría a los corazones de los presentes. Hernán Saldívar y Kaia se dejaron llevar por el ambiente festivo, sumergiéndose en la magia del lugar y en la calidez del amor que compartían.

Entre risas y miradas complices, descendieron por las escaleras que conducían al majestuoso teatro de las Cinco Jarras, esperando encontrar alguna actuación de última hora que los deleitara con su arte escénico. Sin embargo, su ilusión se desvaneció al descubrir que los actores ya estaban desmontando el escenario, dejando el teatro en silencio y abandonado hasta el día siguiente.

Pero la travesura siempre encontró su camino en el corazón travieso de Saldívar. Sin dudarlo, tomó la mano de Kaia y la guió hacia una puerta cerrada, proponiendo un acto de rebeldía que los uniera aún más. Aunque Kaia se mostró reticente, su amor por Saldívar le hizo seguirlo sin protestar, dispuesta a embarcarse en cualquier aventura que él propusiera en ese mismo instante.

Con sus manos hábiles el aparente espadachín utilizó un alambre escondido en sus botas para abrir la cerradura, permitiéndoles entrar la zona de los camerinos.Con pasos cautelosos, recorrieron los pasillos oscuros hasta llegar a uno de los camerinos...

En la intimidad del camerino, el tiempo parecía detenerse mientras Saldívar y Kaia se entregaban a la pasión desenfrenada que Sharess, había encendido en sus corazones. A pesar de sus diferencias, de las brechas de edad y de las distintas trayectorias que habían seguido en la vida, algo poderoso los unía: su ardiente deseo mutuo.

Con un beso cargado de anhelo, Saldívar tomó a Kaia entre sus brazos, sintiendo el calor de su piel contra la suya mientras la colocaba con delicadeza sobre un baúl antiguo. Las caricias se convirtieron en una sinfonía de placer, mientras sus labios se encontraban una y otra vez en un baile frenético de pasión y deseo.

Los besos en el cuello de Kaia enviaban escalofríos de placer por todo su cuerpo, mientras sus manos exploraban cada centímetro de su piel con devoción y deseo. En ese momento, no existía nada más que el calor de sus cuerpos fundiéndose, una comunión de almas que se encontraban en la vorágine del deseo.

Los gemidos susurrados y los suspiros entrecortados llenaban el aire del camerino, mientras el fuego de su pasión ardía con una intensidad incontenible. En ese instante, Hernán Saldívar y Kaia se perdieron el uno en el otro, entregándose por completo al éxtasis del amor prohibido que los consumía con una voracidad insaciable.

Después de la vorágine de pasión y deseo, la pareja se encontraba exhausta, sus cuerpos entrelazados en el camerino mientras el eco de sus gemidos aún resonaba en el aire cargado de intimidad. Pero fue en ese momento de calma, de conexión íntima y profunda, cuando Kaia pronunció esas palabras que hicieron eco en el corazón de Saldívar:
"Te quiero".

El espadachín, que hasta ese momento había mantenido su corazón bajo llave, se vio sorprendido por la sinceridad y la pureza de las palabras de Kaia. En un instante, sus sentimientos encontrados se reflejaron en su mirada, sintiendo una mezcla de ternura, aprecio y, quizás, un atisbo de nostalgia por lo que nunca tuvo y anhelaba en lo más profundo de su ser.

Por un momento, se debatió entre la mentira en la que había construido su vida y la verdad que brillaba en los ojos sinceros de Kaia. Pero en ese instante, decidió abrir su corazón, aunque fuera solo por un breve instante, y le respondió con sinceridad que también la quería. Sabía que lo que tenían era especial, único, y que no quería perder esos momentos de autenticidad y conexión que habían compartido.

Con un gesto cargado de ternura, Saldívar prometió a Kaia que, si algún día las circunstancias cambiaban, ella recordara los momentos de felicidad y pasión que habían vivido juntos, como los más sinceros y auténticos de su vida. En ese instante, en medio de la oscuridad de su pasado y sus secretos, encontró un rayo de luz en el amor inesperado que había encontrado en los brazos de Kaia.
 

KapilloGremlin

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Pedida de Mano, nada es lo que parece.


El amor había llegado a la vida del asesino, dando pinceladas de color a su oscuro corazón. Dicen que lo que enamora a una mujer es la posibilidad de cambiar el corazón de un hombre, pero la realidad es que, al final, a pesar de los esfuerzos de la mujer, quien acaba cambiando es ella, transformándose en alguien que nunca imaginó ser.

Hasta que ese punto llegó, Saldívar merodeaba por los llanos, vigilando y espiando a lo lejos las patrullas en las que iba la guardia. Se quedó prendado de la inocencia que ella transmitía, un sentimiento que le había sido arrebatado hacía mucho tiempo y que solo fingía tener para aprovecharse de los demás como el sucio ratero que es.

Un día, mientras se deleitaba con un buen vino en el Alandor, se encontró con el viejo artesano Elrid. Le encargó que le forjara un anillo de oro, a cambio del pago correspondiente.

Luego, se dirigió a Caravassar en busca de la artesana de Gond, Rainde, cuyas forjas habían creado las espadas y armas de la gran mayoría de aventureros de renombre en toda Amn.
El viaje de Saldívar fue largo hasta Caravassar en su fiel corcel "Pendenciero".

Durante el trayecto, sus pensamientos se entrelazaban con recuerdos del pasado y visiones del futuro. Recordaba los días en que su corazón no estaba endurecido por la crueldad del mundo, cuando la esperanza aún brillaba en sus ojos. Sin embargo, aquellos días eran solo sombras lejanas, eclipsadas por los actos atroces que había cometido.

Al llegar a Caravassar, encontró a la artesana de Gond trabajando en su forja. El calor del fuego iluminaba su rostro, mostrando la dedicación y la fuerza de su oficio.

Mientras esperaba que su encargo fuera completado, imbuyendo el anillo de oro en magia, Saldívar comenzó a reflexionar sobre su propia vida. La dureza de su existencia, las decisiones que lo habían llevado hasta allí, y el extraño giro del destino que lo había puesto en ese camino. Se dio cuenta de que el anillo de oro no era solo un objeto, sino un símbolo de algo más profundo, una esperanza de redención, una promesa de cambio, pero la verdad es que... uno no puede ir en contra de su naturaleza.

Su vida era el robo, el asesinato, estaba tan acostumbrado a un mundo de disfraces y mentiras que no existía la posibilidad del cambio y mucho menos de la redención, ni sería justo para todas aquellas almas que habían sido asesinadas por el infame asesino.

Montado en Pendenciero, Saldívar dejó Caravassar con el anillo de compromiso en su bolsa.
Por primera vez en mucho tiempo, sentía que había recuperado esa humanidad que hace mucho ya creía extinta.

Saldívar se reencontró con su amada Kaia en Athkatla. Juntos decidieron emprender un viaje hasta Minsor, un destino desconocido para la guardia.

Saldívar, lo guió a través de unas cavernas, un atajo hasta la ciudad del Radiante Corazón. Este camino tenía un único inconveniente: debían enfrentar a los temibles tumularios que acechaban en la penumbra.

A medida que avanzaban por las cavernas, el coraje de Kaia y la destreza de Saldívar se combinaron de manera perfecta. Con cada paso, enfrentándose a los peligros del camino sus habilidades complementándose en un ballet mortal contra las criaturas que osaban interponerse en su camino.

Finalmente, tras superar numerosos desafíos, emergieron de las cavernas y llegaron a la brillante ciudad de Minsor.

Al llegar, se adentraron en una acogedora taberna. Allí, compartieron una cena y bebieron en compañía del bullicio y la calidez del lugar. El cansancio del viaje se fue disipando mientras disfrutaban de la compañía mutua.
Decidieron pasar la noche en la taberna y pagaron por una habitación. En la intimidad de su refugio, Saldívar decidió abrir su corazón. Con voz temblorosa y sincera, confesó algunos de sus secretos más oscuros a Kaia, revelando aspectos de su vida que nunca había compartido con nadie. Luego, con un gesto solemne, se arrodilló ante ella y le pidió la mano.

Kaia, con los ojos llenos de lágrimas, aceptó la propuesta de Saldívar. El anillo que le entregó era una obra maestra, forjado en oro por el artesano Elrid. Incrustados en él, los rubíes formaban una guadaña, simbolizando a Kaia y su arma predilecta, mientras que a su lado, una daga de plata representaba a Saldívar, reflejando su agilidad y un significado mucho más oculto que no debía ser revelado. El anillo no solo era un símbolo de su compromiso, sino también una representación de cómo sus vidas y destinos estaban entrelazados.

Pasaron la noche en Minsor, disfrutando de la paz y la felicidad de aquel momento en donde solo exístian ellos dos.
 

KapilloGremlin

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El templo que NO existe.

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Pasaron los días mientras vivían aquella ilusión que tarde o temprano llegaría a su fin. Kaia no quería ver la realidad e idealizaba al aparente espadachín que decía ser el mejor de la Costa de la Espada, aunque la verdad era muy distinta. Un día, durante una conversación, Kaia le confesó a Saldívar que un preso le había hablado de un templo oculto donde se compraba y se vendía en el fondo de las alcantarillas.

Saldívar, al escuchar esto, le dijo que ese lugar no debía ser revelado y que solo aquellos que ya sabían su ubicación podían encontrarlo. Confiando en ella, decidió abrirse y mostrarle el lugar, pero solo si Kaia aceptaba ocultar su rostro bajo una capucha y otras ropas, para no dañar su imagen como guardia. Ella, dejándose llevar por el aparente espadachín, aceptó.

Encapuchados, ambos se adentraron por el subsuelo. El sonido de las ratas a lo lejos y el eco de sus pasos resonaban en el conducto, mientras las constantes goteras rompían el silencio. El aire era denso y el ambiente húmedo, creando un ambiente cargado que apenas dejaba espacio para la conversación.

Mientras avanzaban, encontraron criaturas infectadas que, hace mucho tiempo, habían dejado de ser hombres para convertirse en viles hombres-rata, sucios licántropos que habían perdido el juicio y la cordura.
Sabían que una mordedura de estas criaturas podía convertirlos en uno de los suyos, por lo que debían acabar rápidamente con todos ellos.

La estocada certera de Saldívar y el coraje de Kaia se pusieron a prueba una vez más. Luchaban codo a codo, sus movimientos sincronizados como si hubieran sido entrenados juntos desde siempre.

En un momento, Saldívar le indicó a Kaia que cubriera sus espaldas mientras él accionaba uno de los ladrillos de la pared.
Al pulsarlo, las paredes comenzaron a moverse, revelando un pasadizo oculto.

Kaia, asombrada, decidió adentrarse siguiendo los pasos del ladrón. Allí encontraron gente de mal vivir, individuos sin escrúpulos que se escondían bajo las leyes de la ciudad.
Mientras avanzaban, llegaron al templo oculto, donde la opulencia era palpable en cada rincón. Incluso había una galería de arte llena de obras maestras sustraídas por los grandes maestros del latrocinio.

Saldívar parecía sentirse como en casa. Con un gesto sutil, mostró un símbolo a uno de los guardias, un detalle que Kaia no logró ver. Fueron conducidos a unas dependencias privadas, donde Kaia pudo comerciar y comprar lo que buscaba.

Sin embargo, la curiosidad la corroía. Quería saber por qué Saldívar conocía el paradero de ese lugar tan secreto.

Tras completar sus transacciones, Kaia se acercó a Saldívar, sus ojos llenos de preguntas. En la penumbra de la habitación, había tensión. Saldívar, sintiendo su mirada inquisitiva, suspiró profundamente.

-Kaia -dijo, con voz rasgada -hay muchas cosas de mi vida que no te he contado. Este lugar, y lo que representa, es parte de mi pasado. Un pasado del que no estoy orgulloso, pero que forma parte de lo que soy y al que le debo estar agradecido.

Kaia lo miró fijamente, buscando en sus ojos alguna señal de arrepentimiento o de esperanza.

-¿Cómo sabías tú el paradero de este lugar? ¿Y Por qué me traes a esta habitación?- preguntó ella.


-Porque confío en ti -respondió Saldívar-. Y porque quiero que entiendas quién soy realmente. No soy solo el espadachín que conoces. Soy alguien que ha vivido en las sombras, que ha cometido errores y que ha tenido que sobrevivir en un mundo donde la ley y el honor a menudo no existen.

-Si deseas saber más respuestas, deberás ir a los bajos fondos de la ciudad y preguntar por
aquel al que siguen las ratas. Pero antes de continuar quiero que sepas, mi amada Kaia, que a veces somos más felices en la ignorancia. A veces tomamos un viaje del que no somos conscientes y que conlleva no tener retorno.


Kaia bajó la mirada, sus pensamientos girando en torno a las palabras de Saldívar. Ella había conocido al espadachín como un hombre de honor y valentía o de eso presumía él, pero ahora veía en él a alguien con un pasado lleno de sombras y secretos. ¿Podía aceptar todo lo que él le había revelado? ¿Podría seguir a su lado, sabiendo lo que sabía ahora?

Finalmente, alzó la vista y, con firmeza, tomó la mano de Saldívar.

-Quiero seguir adelante -dijo-. Quiero conocer todo de ti, incluso las partes oscuras. Porque solo así podremos construir un futuro juntos, sin secretos.

Saldívar la miró, sus ojos brillando con una mezcla de alivio y gratitud.

-Entonces esto tan solo será el comienzo...

Y ante sus ojos, Saldívar desapareció, dejándola sola en aquel lugar con muchas preguntas y dudas, y ninguna respuesta salvo el deseo de sacrificarlo todo por amor.
 

Akisha

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Descubrimiento entre las sombras

La vida de Kaia había dado un giro drástico en los últimos meses, nada era como había planificado al llegar a la ciudad de la moneda, su deseo de prosperar se estaba mermando cada vez mas y no sabía si realmente la guardia era el trabajo de su vida o si su incorporación había sido un error, dudas comenzaron aparecer en la cabeza de la soldado. Al comentarle a su prometido las dudas este le intento dar calma, el pensaba que era buena en su trabajo y que podría acceder hasta lo mas alto, con tiempo, dedicación y esfuerzo.

La mujer, era un torrente de dudas, aparte de eso las confesiones del espadachín le estaban nublando la mente, aunque ella estaba dispuesta en confiar en el y arriesgar todo por el deseo de permanecer a su lado, lo único que deseaba es que el hombre se abriese por completo a ella y después de tanto tiempo la soldado lo estaba consiguiendo.

Todo no es siempre como se desea ni se espera, pero el amor nos hace tan ciegos que no le importaba sacrificar su vida entera por la persona que sería su compañera de viaje y aventuras, envejecer junto a el en aquella granja familiar rodeados de sus hijos y la felicidad que lleva una vida placida al lado de su ser amado, era el sueño que le hacia seguir adelante a la joven y por eso mismo armándose de valor se adentro aquella noche en los barrios bajos, en busca de las respuestas que le faltaba para conocer realmente a su chico.

Kaia no era la primera vez que se encontraba en un lugar así, en su pasado había estado involucrada en alguna que otra situación turbia, cosa por la que decidió dejar su hogar y seres queridos, alejarse de lo que le estaba corrompiendo. La verdad es que el destino es caprichoso, justo lo que deseaba dejar atrás era lo que ahora le estaba acercando nuevamente a un camino lleno de parches y mentiras.

Cambio sus ropas y coloco una mascara cubriendo su rostro con intención de que nadie la reconociese, bastante se estaba arriesgando pisando aquel lugar. La mujer se encontraba segura de si misma, caminaba por las calles mientras las palabras del asesino recorrían su mente, buscar a quien siguen las ratas, eso le dijo en el templo de Mask, el seria el encargado de desvelar los secretos mas ocultos de su prometido.

Sin apenas darse cuenta, tenia detrás a uno de sus esbirros, observando desde las sombras analizaba el actuar de la mujer, al poco salió colocándose frente suya.

¿Que desea?, esas fueron las palabras del hin, un tipo con ropajes oscuros y completamente cubierto la miraba desde la oscuridad de su mascara.

La mujer con voz neutra, relajada a pensar de la situación alzo la voz, su mirada estaba fija en el hombre que tenia frente a ella.

Estoy buscando a un hombre, me dijeron que viniese a los barrios en busca de respuestas y que preguntase por a quien siguen las ratas.


Este asintió y pidió a la enmascarada que lo siguiese, adentrándose en la corona de cobre, en una de las habitaciones.

Al llegar un tipo se encontraba de espaldas, con la mirada en un punto fijo de la habitación, ya no había marcha atrás y lo único que le quedaba a la mujer era mostrar su valía y convicción a la hora de obtener las respuestas que tanto anhelaba, de aquí solo existía la posibilidad de salir con lo que había venido a buscar sin importar lo que tendría que arriesgar para conseguirlo.

El enmascarado vestía con ropas elegantes y muy bien cuidadas, Kaia nada mas entrar fijo su atención en el escritorio, allí descansaban informes de todo tipo y un busto del señor de los ladrones, Mask, deidad a la que su prometido rendía culto. La mujer no le dio importancia, estaba centrada en aquel desconocido que paseaba por la habitación fumando su habitual puro, al girar poso su atención en la encapuchada y dibujo una fugaz sonrisa bajo su mascara, la cual no pudo ver la mujer al estar completamente cubierto.

¿Que te trae por este lugar? Debe ser algo muy importante para que vengas pidiendo audiencia conmigo. Dijo, el asesino.

La mujer armándose de valor dio unos pasos hacia delante y cruzo sus brazos con aire relajado.

Vengo a por respuestas y no me iré de aquí sin ellas, alguien importante para mi me dijo que viniese en tu busca si estaba interesada en abrir los ojos y saber realmente quien es la persona con la que dentro de poco uniré mi vida, y eso mismo es lo que deseo, odio las mentiras.

El hombre, sonrió. A veces es mejor vivir en una mentira, no todo el mundo es capaz de aceptar el lado oscuro de la persona a la que ama y mucho menos acompañarlo en su destino, si estas dispuesta a saberlo yo mismo seré el encargado de desvelar hasta su mas pequeña mentira pero después de eso tendrás que decidir si ser su compañera de viaje o dejarlo marchar para siempre.

La mujer no quería escuchar las palabras del enmascarado, no estaba dispuesta alejarse de su prometido y mucho menos abandonarlo, sin importar lo que el desconocido le dijese en aquella habitación en la corona de cobre, su decisión era firme, lucharía por el amor y haría lo que hiciese falta por mantenerlo a su lado.

El hombre dubitativo por unos segundos, sonrió y alzo la mano para retirar su máscara, al hacerlo Kaia abrió los ojos en señal de sorpresa, no era capaz de entender lo que estaba pasando, como era posible que el hombre al que le había prometido amor eterno fuese aquel tipo al que todos respetaban y odiaban por igual, la mujer no daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo y cansada, suspiro.

El hombre le dedico unas cálidas palabras, realmente quería estar con ella y por eso mismo le estaba haciendo participe de su mas oculto secreto, su identidad, aquella por la que muchos estarían dispuestos a pagar. La mujer agradecida asintió, aceptando su “regalo”, no temía a nada y seria capaz de luchar con quien hiciese falta por defender a su hombre aunque esto significase caminar entre las sombras.

 

Akisha

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Un amargo e inesperado final
Después de un largo y tormentoso día, la soldado con rostro cansado, tenia las pupilas dilatadas, rojas y lagrimosas, no había sido un día para recordar, si no todo lo contrario, una pesadilla de la que lastimosamente no podía dejar atrás. Su cabeza estaba apunto de estallar, un dolor horroroso recorría su nuca haciendo que este se ramificase por cada uno de los músculos del cuerpo de la mujer.

La gente que la conoce sabe que el semblante serio y la actitud distante no es normal en ella, ni la rabia que mostraba en combate. La soldado es una mujer jovial y alegre, que siempre esta lista para ayudar a cualquiera que la necesite, en estos momentos parecía que quería escapar de algo, descargar toda la ira que tenia contra sus enemigos era lo único que daba un poco de paz en su corazón roto y destruido en mil pedazos, al menos en ese momento era capaz de desconectar de toda la mierda que llevaba encima. Estaba tensa, patrullando sin descanso y sin llevarse ningún tipo de alimento al estomago.

La mujer distraída y sin rumbo fijo, se puso a caminar de un lado a otro con la única compañía que la oscuridad de la noche, perdida en sus pensamientos mas profundos, no sabía como gestionar lo que estaba ocurriendo en su vida. Primero la perdida de uno de sus hermanos, había perdido la vida demasiado joven y encima de aquella forma tan despiadada, y ahora el que creía era uno de los pilares mas importantes de su vida, su prometido y gran amor, la había dejado después de haberse entregado a el en cuerpo y alma.

Cansada de todo y sin saber muy bien como desquitarse de aquella rabia, paro.. sus pies quedaron clavados en aquel arenoso y hostil camino, alzo su rostro, lagrimas caían por las mejillas de la soldado y un gran grito de dolor salio de su boca, haciendo eco en el silencio de la noche, de golpe dejo caer su cuerpo al suelo mientras rompía a llorar sin consuelo ninguno.

La vida no siempre es como se espera, la gente te falla o te utiliza a su antojo cuando eres útil. El amor es un espejismo que nos creamos nosotros mismos con la esperanza de salir de la soledad que nos atormenta, bonito cuando existe y amargo cuando desaparece. Por suerte para Kaia siempre le quedara el anillo que el espadachín le entrego junto a multitud de promesas vacías, para recordar sus errores de juventud y poder centrarse en lo que realmente merece la pena, ella.

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Akisha

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// He visto oportuno poner este relato para cerrar un ciclo en la vida de la soldado, espero que lo disfrutéis gente ^^
 
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