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[Sythalria] Servicio e Imperitas

Galas

Vampiro que no usa azules
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El Imperio de las Bestias, conocido como Murannheim por aquellos que habitan en él, y el Murkulato por sus enemigos es una excepcionalidad en un mundo de singularidades. Una tierra arrancada a usurpadores y colonizadores humanos tras una campaña de liberación y conquista , se alza como una joya y refugio para numerosos pueblos que a ojos de muchos son el legado oscuro de una época pasada de barbarie y salvajismo, sin lugar en el mundo moderno.

El Imperio envejece, así como aquel que le dio nombre y forma: La pareja de Grandes Hechiceros que fundaron el imperio, aproximando una edad avanzada incluso para su longeva especie, contemplan en el ocaso de sus días como lo que a ojos de sus vecinos no seria más que otro reino bandido se ha establecido como una figura política sólida y permanente... ¿O no?

Muchos anhelan el poder en Murannheim. En Jotunheim, la alta ciudad, los rumores se extienden como veneno: ¿Como afrontará el Imperio de Sothillis su primera sucesión? ¿Saldrá reforzado de ella, o sucumbirá al conflicto civil y aquellos que buscan el poder para si mismos, con menos visión que sus fundadores? El veneno se extiende entre los túneles de la ciudad, y los pasillos de su palacio oscuro. Las palabras susurradas desde reinos vecinos resuenan por los pasillos, bolsillos llenos de oro amniano, tethyriano y calishita tintinean, buscando destruir desde dentro un enemigo que no han podido derrotar por la fuerza de las armas.

Pero hay aquellos que aun creen en el sueño de los Grandes Hechiceros. Algunos, aunque pocos, han abrazado y se han criado en la idea de tener una tierra que llamar propia, y su único deseo es servirla, verla prosperar.

Pero esa prosperidad solo se adquirirá de una forma: Acabando con todos los enemigos, tanto internos como externos, con puño de hierro y lengua venenosa. Y en esa empresa, una humilde ogra hechicera, de linaje manchado, se ha embarcado con la totalidad de su voluntad y energía.

Estos son sus escritos, guardados y protegidos, con no otro fin que tal vez guiar a aquellos que como ella, sueñen con mantener la llama, incluso cuando no quede nadie de los que la encendieron en su día.


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  • Índice
    • De la Gobernancia de razas inferiores
    • De la Diplomacia con razas inferiores
    • De la Diplomacia con Jotunn
    • De los Juegos de Poder de Murannheim
    • Del Campo de Batalla de la Política:
    • De las razas que habitan el Imperio
    • De los enemigos del Imperio: Los enemigos exteriores
    • De los enemigos del Imperio: Los enemigos interiores
    • Del juego de la economía
    • De la Religión y sus adeptos
 
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Galas

Vampiro que no usa azules
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XIV: EL VALOR DE LA INFORMACIÓN

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La información es a aquel que busca gobernar lo que la espada y el escudo son para aquel que busca de luchar. La información es el bien más preciado que alguien puede poseer: Lo vemos en las bestias salvajes, cada una, más capacitada para adquirir la mayor cantidad de información de lo que les rodea.

Fallar a discernir una sombra en movimiento es la diferencia entre vivir o ser devorado. ¿Por qué, entonces, se habría de esperar que nuestra existencia fuese distinta? Nuestras mentes son superiores a las de las bestias, pero nos someten las mismas reglas y normas. Solo somos más crueles a la hora de ejecutar nuestros deseos.


"Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas. Si te conoces a ti mismo pero no al enemigo, por cada victoria obtenida también sufrirás una derrota. Si no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en cada batalla."
- Voltusundrex - Señor de la Guerra del Cuerno Quebrado

Hubo una época donde hube de afrontar un desafío similar. No era yo más que una Hechicera de bajo rango, apenas comenzando mis andanzas en nuestro Imperio, al fin libre del yugo de aquel que hasta hacia poco era mi amo y señor: Entre los mios, mi linaje siempre ha sido motivo de burla si no directo odio. Era una mácula que jamás borraría el haber sido esclava en una raza de reyes y tiranos, pero en ese desprecio por mis superiores se encontraba la oportunidad de la sorpresa.

Nuestro imperio se encontraba
azotado por una serie de asesinatos rituales que se extendían desde los bajos túneles , ejercidos al parecer, en nombre de poderes superiores que resurgían tras siglos muertos. Simultáneamente, al norte, hordas de refugiados descendian sobre nuestro mayor rival y enemigo, el reino de Amn. Un suceso no del todo extraño, según los flujos de guerras y conflictos del norte azotasen las tierras más allá, pero no por ello ignorable en su posible impacto.

En aquel entonces mis deberes como Hechicera de bajo estatus eran poco más que supervisar algunas minas menores , y la producción de unas plantaciones de nabos en las tierras orientales. Una labor indigna a ojos de muchos, pero si algo has de aprender leyendo estas lineas, es que todo ejercicio en cumplimiento del objetivo final ha de ser ejecutado con la máxima de las eficiencias.

Mientras que las minas sufrían plagas e invasiones de nuevas especies,
labores que había comendado resolver a un guardián humano del Imperio, las granjas veían su producción incrementada gracias a haber sustituido a los capataces trasgos, vagos y poco fiables, por hobgoblins mucho más disciplinados. Aunque las muertes entre los esclavos se habían incrementado fruto de su política de castigos mucho más brutales, el incremento en el ritmo de trabajo de los demás compensaba con creces ese precio.

Pero pasado este contexto: Una asamblea había sido convocada a vistas de debatir sobre los eventos previamente mentados. Una reunión de la baja cámara a la cual disponia de ir, más no desarmada. Mi información sobre estos sucesos era en extremo limitada, y por ende vi de resolverlo acudiendo a unas figuras que por esa época moraban nuestro Imperio: Unos drows, elfos oscuros si desconoces el término, tal vez porque ese pueblo haya desaparecido de la superficie para cuando estés leyendo estos textos.


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Los drows son criaturas engañosas y manipuladoras, los ejemplares más crueles de su prole malformada, cuyas palabras jamás deben tomarse como ciertas, incluso si están diciendo la verdad, pues solo hacen esto para ocultar mentiras más profundas y dolosas.

Y por eso, funcionan como ejemplares asesinos, y en este caso, informantes. Ten en cuenta, sin embargo, que toda información filtrada por el prisma de un drow estará envenenada y manipulada, por ende, has de asegurarte de que el drow entienda que el entregarte la información de la forma más verídica será lo más beneficioso para él, si no, estarás entregándole una daga envenenada a tu futuro asesino.

Incluso así, su volubilidad, tan propia de los elfos, puede hacer que actúe en tu contra por motivos que a la mente de una raza superior, como un gigante, parecerían pueriles o absurdas. Por ello, jamás cometas el error de confiar enteramente en uno de estos elfos, y siempre busca otras maneras de corroborar la información adquirida de ellos.

Para mi desgracia, mis recursos y tiempo eran limitados en aquella época. Una reunión corta, y promesas de satisfacer sus demandas eran las herramientas que tenía para controlarlos, y fueron enviados pues, bajo mis órdenes, a proveerme de información sobre estos asuntos. Ambos fueron enviados a Athkatla, la capital de Amn, nuestro reino vecino.

Una tenía una misión simple: Obtener información sobre los refugiados. Su origen, su composición, y qué estaba haciendo nuestro rival para gestionar esta crisis, de la cual obviamente, buscaríamos sacar réndito.

Por su parte, el otro, varón y por ende más propenso al riesgo (Entre los suyos, los varones son considerados inferiores, por ello fuera de sus sociedades se muestran mucho más dispuestos a asumir grandes peligros bajo la promesa de obtener un poder y progresión social que en sus tierras de origen les era negado de nacimiento), fue enviado a los barrios de su capital. Su objetivo, reunirse con los gremios de ladrones y asesinos que entre las sombras gobernaban a nuestro rival, con no otro objetivo que obtener de ellos información sobre los asesinatos rituales que parecían azotar ambos reinos.

Sobre esos gremios, escribiré en otro tomo, pues uno siempre ha de estar preparado para que el enemigo que tiene enfrente no sea su verdadero rival.

Ahora, regresando de nuevo a las granjas de nabos...
 
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