Los rumores sobre la subasta benéfica corrieron por Amn más rápido que una deuda de juego. En apenas unos días, media nación parecía haberse vuelto completamente loca.
Las tabernas estaban llenas de apuestas sobre quién acabaría enamorado, quién haría el ridículo y quién acabaría pasando la noche en la habitación más lujosa bajo las sabanas de nuestros solteros.
Los sastres trabajaban hasta la madrugada ajustando escotes imposibles y pantalones peligrosamente apretados, mientras perfumistas y floristas agotaban existencias porque todos deseaban tener una velada romántica con su amor platónico, puesto al mercado como un trozo de carne en un puesto de venta ambulante.
Las madres amnianas se convirtieron en el mayor peligro de la ciudad. -
¡Vas a ir a esa subasta y vas a encontrar pareja aunque tenga que sobornar al Consejo de los Seis!.
La locura alcanzó niveles preocupantes casi de inmediato y las apuestas sobre los participantes ya eran el deporte oficial de Athkatla.
Alexander comenzó a atraer cantidades alarmantes de público a sus debates filosóficos. Las damas nobles acudían con libros al revés, los jóvenes intentaban hablar de forma intelectual usando palabras larguísimas que claramente no entendían y más de uno empezó a llevar lentes sin necesitarlas porque daba un aire misterioso.
Sével Aseir Puestaluna ya era oficialmente una amenaza pública. Las camareras peleaban por atenderle aunque el hombre ni siquiera hubiera entrado aún en la taberna. Una joven noble se desmayó al escuchar que el bardo quizá llevaría camisa abierta. Y un comerciante arruinó su matrimonio intentando aprender a tocar el laúd en tres días por levantar el interés intimo en su señora.
Con
Eclipse la situación era todavía peor. Como nadie sabía demasiado de él, cada persona imaginaba algo distinto. Medio Athkatla estaba enamorado de una versión inventada del ladrón. Algunas damas aseguraban que era un pecado mortal no caer desmayada al cruzarse con él. Otras más lujuriosas fantaseaban con posar sus labios sobre los del encapuchado y gritaban a los cuatro vientos.
-Si ese hombre me roba el corazón, que aproveche y se lleve también la ropa interior.
Retlin había despertado los instintos más salvajes de las mujeres. Una viuda se presento en el palacio de los seis y llegó a preguntar si el uniforme venía incluido en la cita y si era posible arrancárselo de un mordisco al terminar la velada.
Pero las solteras habían terminado de destruir la poca dignidad que quedaba en la ciudad.
La detective
Samira de Vaelmonte tenía a los hombres completamente desesperados. Los criminales menores comenzaron a cometer delitos ridículos solo para cruzarse con ella en la investigación del caso. Un idiota robó un trozo de pan y cuando la guardia lo atrapó, gritó:
-¡DECIDLE A SAMIRA QUE TODO ESTO FUE POR AMOR!
Vera Comstock estaba causando problemas físicos reales. Los hombres intentaban parecer más interesantes hablando de magia sin entender absolutamente nada. Uno pasó una hora explicando las energías arcanas masculinas antes de prenderse fuego accidentalmente la manga.
Talivia Ha'valen era directamente un fenómeno social. Los comerciantes ricos empezaron a perfumarse, aprender poesía y fingir interés por causas benéficas. Paseaban por Púrskul expectantes por cruzarse con la joven y que esta le dedicase unos segundos de su tiempo.
Adrasteia había hecho que los hombres de Athkatla perdieran completamente el juicio. Tras oír que era domadora de bestias, decenas comenzaron a intentar parecer salvajes. Algunos dejaron de peinarse. Otros hablaban gruñendo para transmitir presencia. Un mercader apareció cubierto de barro diciendo que estaba en contacto con sus instintos animales y lo atropelló una caravana.
Para finales de la semana, Athkatla ya no parecía una ciudad civilizada si no un enorme mercado de apareamiento en el que todo el mundo hacia esfuerzos sobrehumanos por parecer atractivos sin lograrlo en absoluto.
