unhearted
Restos de un PJ de Aharadad
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Un hermoso halcón, guiado por un conjuro mágico, sobrevoló las copas de los árboles hacia lo profundo del Wéldazh.
Parecía conocer el camino hacia la ciudad oculta de Suldanessallar y llevaba un mensaje para la mismísima reina Ellessime.
Lo había escrito un proscrito que había suplicado a los Seldarine por que el halcón llegara a su destino y la misiva fuera entregada. Su determinación se había reafirmado y su decisión precipitado por el reencuentro con una vieja amiga.
En hermosa caligrafía élfica, el escrito rezaba solemnemente de esta guisa:
Gran señora de todos los elfos del bosque y reina mía,
Soy Aravae Dispar y no me atrevería a dirigirme a vos si no conservara aún el regalo que me disteis cuando ayudé a rescataros de un demonio obsesionado con vos ya hace unos años.
Ya hace más de tres que fuí sentenciado como traidor y exiliado de vuestro bosque. Pero no puedo convivir con ello. Os juro que no soy un traidor, no colaboré voluntariamente con drows, me lanzaron un geas, y mis errores no fueron por motivos lascivos. Fuí confiado, insconsciente y estúpido, y por ello endeble y peligroso para los míos.
Pero aún así algunos no me han dado la espalda, aún me hablan y son bondadosos conmigo. Y no puedo dejar que mi culpa y verguenza salpique a aquellos, tan pocos, que a pesar de todo me tratan con bondad. Es por ellos, no por amor propio u orgullo, por lo que os ruego una oportunidad para resarcir y enmendar mi error, una prueba, una misión cuyo éxito compense mis fallos a vuestros ojos y tener hijos sin dejarles un legado de verguenza en un futuro, o bien que me permita morir con honor.
Os puedo llevar cien, mil cabezas de orcos, de drows, una sierpe... lo que deseéis.
En la tercera dekhana regresaré al Wéldazh a pesar de la pena que se me impuso. En vuestras manos pongo mi destino, ya sea con una respuesta o una flecha clemente.
Vuestro,
Aravae
Un hermoso halcón, guiado por un conjuro mágico, sobrevoló las copas de los árboles hacia lo profundo del Wéldazh.
Parecía conocer el camino hacia la ciudad oculta de Suldanessallar y llevaba un mensaje para la mismísima reina Ellessime.
Lo había escrito un proscrito que había suplicado a los Seldarine por que el halcón llegara a su destino y la misiva fuera entregada. Su determinación se había reafirmado y su decisión precipitado por el reencuentro con una vieja amiga.
En hermosa caligrafía élfica, el escrito rezaba solemnemente de esta guisa:
Gran señora de todos los elfos del bosque y reina mía,
Soy Aravae Dispar y no me atrevería a dirigirme a vos si no conservara aún el regalo que me disteis cuando ayudé a rescataros de un demonio obsesionado con vos ya hace unos años.
Ya hace más de tres que fuí sentenciado como traidor y exiliado de vuestro bosque. Pero no puedo convivir con ello. Os juro que no soy un traidor, no colaboré voluntariamente con drows, me lanzaron un geas, y mis errores no fueron por motivos lascivos. Fuí confiado, insconsciente y estúpido, y por ello endeble y peligroso para los míos.
Pero aún así algunos no me han dado la espalda, aún me hablan y son bondadosos conmigo. Y no puedo dejar que mi culpa y verguenza salpique a aquellos, tan pocos, que a pesar de todo me tratan con bondad. Es por ellos, no por amor propio u orgullo, por lo que os ruego una oportunidad para resarcir y enmendar mi error, una prueba, una misión cuyo éxito compense mis fallos a vuestros ojos y tener hijos sin dejarles un legado de verguenza en un futuro, o bien que me permita morir con honor.
Os puedo llevar cien, mil cabezas de orcos, de drows, una sierpe... lo que deseéis.
En la tercera dekhana regresaré al Wéldazh a pesar de la pena que se me impuso. En vuestras manos pongo mi destino, ya sea con una respuesta o una flecha clemente.
Vuestro,
Aravae