DM Kapillo
Sombrero perdido de Astrid
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Tras la conquista de Imnescar, el mago de la túnica negra se retiró en silencio...
Lohezet volvió a agasajar al Murkul con cuantiosos tributos, agradecido por la "hospitalidad" y por haberle permitido hospedarse en su palacio.
No tardó en manifestarse la señal de su presencia: una torre oscura e imponente, antaño conocida como la torre del Eterno Eclipse, ahora de su propiedad en lo alto de los Dientecillos, al borde de los húmedos y traicioneros pantanos de Zehorast.
El Mago de la Túnica Negra ha hecho de sus alrededores un infierno vivo: ríos de lava, trampas arcanas, criaturas extraplanares y muertos reanimados bajo su voluntad. Pero nada iguala el orgullo de su creación: los dracónidos, sus fieles y marciales guardianes, que patrullan incansablemente por tierra y aire, imponiendo su ley.
Se cuenta que arrastraron hasta la torre a un dragón de cobre y lo ejecutaron sin juicio. Su crimen: haber volado demasiado cerca.
Los sirvientes de Lohezet rastrean sin descanso huevos de dragón, criaturas vivas y cualquier materia digna de ser transformada. En las entrañas de la torre, aberraciones toman forma: horrores moldeados por la voluntad inclemente del nigromante. Todo lo creado es enviado al mundo con un único propósito:
Buscar algo. Algo que lo obsesiona. Algo que lo consume.
Aventureros, cazarrecompensas, curiosos... incluso animales extraviados: todos los que se han aproximado demasiado han desaparecido. Algunos han sido transformados. Otros, más afortunados, simplemente han dejado de existir.
Mientras tanto, el mago sigue confabulando en las sombras, acumulando poder.
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