SIETE ESTRELLAS
Se dice que, en una fatídica noche, siete estrellas cayeron del cielo.
Se esparcieron por todo Amn como un augurio, trayendo con sus estelas sueños y esperanzas.
Hubo quienes vieron en ello una prueba divina. Un signo inegable de la voluntad de sus dioses.
Otros, en cambio, como un augurio innegable de fatalidad. Una grieta en el firmamento, otro eco oscuro de la reciente Conjunción Planar.
Pero fuese cual fuese el juicio, todos, en algún rincón de Amn alzaron su mirada.
Y siete estrellas respondieron con su parpadeo inmóvil.
Durante los días siguientes, grupos dispares de aventureros, mercenarios, eruditos y sacerdotisas emprendieron caminos hacia los confines del mundo civilizado.
Cada uno de ellos respondía a una causa, a un sueño o a una promesa personal. Algunos buscaban poder. Otros, una misión. Pero todos, sin saberlo, fueron atraídos por una misma pulsión.
Y una a una, las estrellas comenzaron a ser encontradas.
En un lago envuelto en bruma, donde las aguas ocultaban una historia no contada, una esfera de plata etérea fue alzada entre cánticos y lágrimas.
Un espectro ahogado susurró desde el fondo del lecho, reclamando un aliento que le habría sido negado, repitiendo visiones de un pasado que vendría condenado a repetirse.
En los Dientecillos, entre nieblas y campos de guerra olvidados, se alzó una heroína de un tiempo ya olvidado.
Portaba cicatrices de mil batallas que jamás tendrían fin. Su tormento era saber que su lucha era inútil; su causa, irrelevante.
Y sin embargo, su estrella fue entregada sin ira, a quienes aceptaban la inevitabilidad del vacío. Solo entonces, pudo descansar.
En los Humedales de Zehoarast, un aliento rojo bulló bajo la superficie de las aguas estancadas.
Un hambre sin nombre se arrastró desde las profundidades, jadeando con un millón de bocas salivantes. Quienes osaron entrentarse a él conocieron el miedo. La prisión del instinto. Y casi, su final.
En las tierras bajas, en un laberinto de mil estatuas, un grupo de aventureros se enfrentó a pruebas místicas y visiones de un tiempo que ya fue, otro que ya es, y uno que aún estaría por llegar.
No hallaron respuestas concretas. Tan sólo preguntas que se bifurcaban como las ramas de un árbol milenario.
Se dice que, tras su extraña experiencia, un ente sobrenatural se les apareció, atraído por el poder que encontraron. Y algunos de ellos no salieron del todo indemnes de aquel encuentro.
En el Bosque de Alandor, el susurro de las hojas se convirtió en un lamento.
Los senderos se retorcieron y la floresta devino un laberinto cambiante.
La búsqueda superó en importancia a la meta. Y quienes acudieron en pos de aquella estela comprendieron mucho sobre sí mismos, y sobre la naturaleza del mundo.
Y hacia el norte, en un pico olvidado de las montañas, se alzó una torre de fe ciega y determinación. Tan sólo quienes perseveraron y mostraron una fe absoluta en si mismos pudieron resistir la prueba de la estrella, que los enfrentó al fuego, al juicio de la fe, y al reflejo de su propia voluntad.
Ya eran seis.
Seis fragmentos, reunidos por manos distintas.
Y con ellos, despertaron murmullos sobre nombres que ya no existían en la memoria.
Vehlarr. Myth Lharast.
Y sobre un ser. Una sombra entre sombras.
Una que observa.
Una de muchas.
Offtopic :
Fin de la primera parte. Las próximas escenas de trama tendrán lugar en momentos no fechables. Permanezcan atentos.