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Una lluvia de estrellas

Necio

Copia sin mente de un convocado
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4/6/22
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*El enano observa el luminoso haz que se interna en el Alandor y frunce el ceño*

...

*De su bastón multitud de pequeñas fatas del tamaño de libélulas se arremolinan emocionadas saliendo de sus escondites en las flores que germinan en el místico objeto*

- No es cosa nuestra... no insistáis *Gruñio el enano a las pequeñas fatas*

*Las fatas agarraron cada una uno de los pelos de la abundante barba del anciano y tiraron al mismo tiempo después de una cuenta atrás muy emocionada*


- Ay! oye!... pero... se puede saber... que... Oye! Para! por la sudorosa entrepierna de una afanada meretriz... queréis estaros quietas ya!?

*El enano a regañadientes se levanta y camina a trompicones mientras es guiado hacia el bosque, hacia el lugar donde se precipito el fulgor verde*
 

Meyares

Vampiro buceador de lagos
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*En su camino hacia el Sur, estando acampado y mientras se prepara la cena... Zahal observa el extraño fenómeno... nuevo en los cielos*(Uff... como sabe esto, a ver si llego a una posada... mmm. y eso...? pudiera ser un nuevo metal que trabajar...)*temprano empaca sus cosas y se pone en camino hacia el color azul oscuro*
 

Reluctant Hero

Minsorrano sin caminos
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Abandonando el cobijo de los ramajes del floreciente bosque de Alandor, una singular viajera tomó la senda con andar determinado y un especial brillo manifiesto en la mirada. De cabellos del color de la medianoche y de pálida tez, su herencia como hija del Pueblo de la Luna era incuestionable, y pese a que había escogido engalanarse con su ornamentada armadura de plateadas filigranas que hacían honra a la Seldarine a la que servía, eran escasos y selectos los pertrechos que cargaba consigo puesto que era conocedora de que el tiempo era escaso.

La Portadora de la Paz del Enclave de Tethir no viajaba en solitario, sin embargo, y a su vera la seguía el reducido grupo que la apoyaría en su búsqueda de respuestas. Miembros del Pueblo todos ellos, seguían como tantos otros los obsequios que habían descendido desde los cielos y se habían estrellado a lo largo y ancho del Dominio del Mercader.

Pero ellos solo tenían ojos y oídos para uno; aquél que con plateado brillo, había fulgurado como una estrella caída desde la inmensidad de la nocturnidad, como lágrima derramada por la Hija de los Cielos Nocturnos.

Sehanine Alt.png
 

Essex

Panfleto tirado de Shack
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*Revisaría el curioso fenómeno con interés por comprenderlo mientras miraba con el telescopio en la ciudad de las bestias.* Menos mal que hoy se despejaron las nubes y ya no nieva.​
 

DM Faith

Llanero del brasero
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Horas después, reinaba el silencio.

Las sombras se estiraban entre las raíces nudosas, trepaban por los troncos y se enredaban en las ramas desnudas. La luna las bañaba con su resplandor cruel, alto en el cielo, implacable.

Vigilante.

No era una luz bondadosa.

No era una luz compasiva.

Era una luz fría. Distante. Tirana.

Ellas también las vieron. Pero no actuaron. No aún. Observaron.

Y comprendían.

Las ramas se mecían con el viento gélido. Los matorrales se estremecieron con pisadas sordas. Se movieron ágiles en la espesura, ligeras, discretas.

No eran sombras, pero la oscuridad era su manto.

brujas.png Nadie habló al principio. Solo la noche susurraba, solo el viento musitaba su eterna letanía entre los árboles. Este tan sólo era perturbado por crujir de la hojarasca bajo sus pasos y por el roce de capas contra las cortezas.

Hasta que una voz, baja y firme, quebró el silencio.

- Todo sigue el plan.

Murmuraron y asintieron. Sus pasos no se detuvieron.

- Lo hizo.

- Como debía.

- Como queríamos.

Un silencio denso cayó sobre ellas. El viento ululaba entre los matorrales.

- Y ahora las estrellas han caído.

Sus cabezas se alzaron. La noche tragaba la luz poco a poco, insaciable. Un proceso inexorable, tan cierto como el paso de las estaciones.

Vacío. Así comenzó todo.

Así acabaría.

Los pasos continuaron, suaves, calculados. Llegaron a la cima de la colina, donde la brisa soplaba con más fuerza, donde la luna observaba sin pestañear. Lanzaron unos quijarros al aire, esparcidas con la meticulosidad de un ritual. Murmuraron palabras arcanas que vibraron en el viento.

De pronto ganaron ojos. Ojos que podían ver más allá. Ojos que perforaban el velo de la noche.

Entonces, una de ellas habló.

- No estamos solas.

- ¿Aventureros?

- Algunos. Pero también perros.

Algunas resoplaron con un tono cargado de desdén.

- Deben creer que es su voluntad.

- Pero no lo es.

El viento cesó de golpe. Algo en la noche se tensó. El mundo, por un instante, contuvo su aliento.

- Las estrellas deben ser nuestras.

No hubo dudas. Todas asintieron. Sus pasos se aceleraron. Sus capas ondearon en la penumbra.

No seguían mapas. No buscaban señales.

Sabían exactamente hacia dónde iban.
 

Quetzalcoatl

Receta de Popy
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*Madeleine observó el extraño fenómeno desde una de las ventanas del piso superior del Gremio de Aventureros. Estudió con atención los fragmentos brillantes que desgarraban aquel cielo nocturno tan extrañamente surcado por bandas de colores fruto de la Conjunción Planar. Cuando los fragmentos desaparecieron devorados por la línea del horizonte, la bardo extrajo pergamino y tinta de su mochila de viaje y comenzó a escribir.*
 

Lufram

Discípulo comegemas
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Lufram observo el cielo ya le habian dicho que el cielo estaba raro y que eso no era ni medio normal.

-Ultimamente el cielo esta inestable, ahora que le pasará o mejor dicho ¿ quien está detrás de estos cambios en el cielo? Nunca habia sucedido algo parecido.
 

Ithiriel

Cuenta secreta evidente
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La noche en el Álandor respiraba armonía. Hojas susurrando con la brisa, raíces abrazando la tierra, el lejano ulular de algún búho. Ithiriel avanzaba sin perturbar el equilibrio, su paso parte del bosque, su mirada atenta a los senderos donde errantes y viajeros hallaban refugio.

Entonces, el cielo se rasgó en verde esmeralda.

Un destello ardió entre las estrellas, su estela iluminando las copas de los árboles antes de hundirse en la espesura con un estruendo sordo. La tierra tembló bajo sus pies, pájaros alzaron el vuelo en una nube de sombras agitadas.

Ithiriel cerró los ojos un instante, escuchando el latido de la noche alterada. Aquello no era natural. Solonor guiaba sus pasos y el equilibrio debía ser preservado.

Sin vacilar, ajustó la coraza sobre su vestido de viaje, tanteó el peso de su arco y se adentró en la espesura con la determinación de quien protege no solo a su Pueblo, sino a todos los que caminan entre árboles y estrellas.
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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* Astrid estaba sentada en el
Alfeizar de la ventana del Gremio de Aventureros de Athklata cuando el cielo se ilumino con la estela de cada fragmento. Alzó la ceja mientras la piel del antebrazo se erizaba. Esa noche no pegó ojo. Por la mañana hablaría con Made y algunos aventureros que a diario se cruzaba*
 

Loreliel

Pirata sin barco
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rpg-5e-factions-emeraldenclave.jpg


La Lythari estaba dando una ronda de patrulla por los humedales de Zehoarast, moviéndose sigilosa como una sombra entre arbustos, como una hoja mecida por el viento, pero de pronto su agudo instinto salvaje le hizo voltear la mirada hacia el cielo para encontrarse con el fenomemo.

Algo me dice que no es solo un bonito evento de los cielos —se dijo así misma con preocupación—, iré a revisar que pasa luego le diré a los demás guardianes Esmeralda.

Y entonces se transformó en el alto y fornido espíritu lobo plateado y arrancó a correr a máxima velocidad en dirección al lugar.

Stunning-White-Wolf-Running-Through-Scary-Dark-Forest-50351728-1-1.png
 

DM Faith

Llanero del brasero
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El camino serpenteaba entre colinas bajas y bosques raquíticos, iluminado por el pálido resplandor de la luna. Selûne se alzaba en lo alto del cielo con un ojo vigilante entre las estrellas, derramando su luz plateada sobre la tierra. Era una noche clara, despejada, con el firmamento punteado de constelaciones que Rathen apenas recordaba de su infancia. Alguna vez, mucho tiempo atrás, su madre le había enseñado los nombres de las estrellas.

Dathchant, Tzavoone, Clavrellin...

Ahora, apenas podía recordar la mitad. Historias de su madre cuando vivió en Minsorran, cuentos de las sacerdotisas que ahora se difuminaban entre vagos recuerdos.

Habían demasiados años de alcohol y demasiadas noches como esta entre aquel niño soñador y el hombre cansado que era ahora.

Se detuvo un instante, al borde de un promontorio, y sacó su petaca de metal. Dio un trago, solo para descubrir que estaba vacía. Por supuesto. Tan sólo le dió para un último sorbo. Trastabilló y rezongó.

- Demasiado fuerte… O demasiado flojo. Nu sé, nu sé...

Farfulló y se ajustó la capa con torpeza. La brisa nocturna se colaba por su cuello, fría y persistente, como los susurros de los jugadores que le habían desplumado en los dados.

Lo peor no era el dinero malgastado. Lo peor era el orgullo. Y la sed.

Sacudió la petaca de su cinturón y la llevó a los labios. Nada. Vacía.

- Maldita sea - gruñó, dándole una patada a un quijarro.


Rodó unos metros por el camino y luego desapareció entre la maleza. Rathen parpadeó. Había algo extraño en la forma en que el sonido del impacto se había… apagado. Como si la piedra hubiera caído en un pozo insondable en vez de entre los arbustos.

Se detuvo un momento, ladeando la cabeza.

El bosque estaba en silencio completo. Como si se hubiese quedado sordo. No podía ni tan siquiera oír sus propios pensamientos.

Rathen frunció el ceño y chasqueó la lengua.

- Sí que me ha dado fuerte la cogorza...

Pero no oyó su propio farfulleo.

Se encogió de hombros y siguió caminando. El farolillo que colgaba de su cinto oscilaba con cada paso, proyectando sombras alargadas sobre el camino. Las sombras bailaban a su alrededor, alargándose, retorciéndose con el vaivén de la luz.

Una de ellas se movió.

Se movió sola.

Rathen se detuvo de golpe. Su respiración se volvió pesada, agolpándose en su garganta. Miró a su alrededor, pero el camino estaba vacío. Vacío,pero... no carente de compañía.

El viento sopló cargado de un desdén helado y las sombras temblaron como el reflejo de una llama sobre un charco de aceite.

Y entonces, lo oyó.

Un movimiento.

Lento. Crujiendo sobre la hojarasca.

No eran grebas ni pezuñas. Era... denso. Casi como si se arrastrase sobre el suelo.

Rathen tragó saliva y aferró la empuñadura de su daga.

- ¿Quién va? —intentó alzar la voz, lanzando su mirada hacia el vacío. Lo que le faltaba: bandoleros.

Pero allí no había nada.

Nada.

La llama de su farolillo empezó a temblar como si una rajada de viento empezase a soplar. Pero el aire no se movía. Nada se movía en absoluto. El aire era denso; se podía cortar con un cuchillo.

monster2.pngDesde la nada, algo apareció.

A un par de pasos. No podía decir cuánto medía, porque su forma era neblinosa, como si fuese humo atrapado en un molde incompleto. Parecía humano a ratos… y lluego no.

Rathen alzó el farolillo para ver mejor. La criatura entonces se cubrió el rostro, agarrando su manto negro hecho de pura sombra. Pero, para horror del nashkelí, hubiese preferido no hacerlo.

Pues... aquello no era un rostro.

Eran muchos.

Decenas de facciones flotaban dentro de aquella oscuridad que no era piel ni tela, sino un velo de sombras palpitantes. Unos lloraban. Otros sonreían. Algunos gritaban con dolor. Todos miraban.

Todos lo miraban.

Rathen sintió que algo tiró de su pecho, como si su corazón estuviese siendo succionado por un vacío. Trató de moverse, de gritar, pero su voz se quedó atrapada en su garganta. Exhaló en un jadeo entrecortado cuando la sombra avanzó hacia él, extendiendo sus... brazos.

Los rostros parpadearon. Se borraron y reaparecieron, como si la criatura estuviese eligiendo cuál mostrar.

Por un instante, vio entre aquellos el suyo.

El farolillo cayó al suelo, rodando hasta quedar boca arriba. La llama titiló un momento y luego se apagó.

Ni un sonido. Vacío. Y de pronto, el ulular de la noche volvió a escucharse.

El camino estaba vacío.


No había huellas. Solo la vaga sensación de que alguien, en algún lugar, había dejado de existir.
 

DM Faith

Llanero del brasero
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SIETE ESTRELLAS

handmoon.png
Se dice que, en una fatídica noche, siete estrellas cayeron del cielo.

Se esparcieron por todo Amn como un augurio, trayendo con sus estelas sueños y esperanzas.

Hubo quienes vieron en ello una prueba divina. Un signo inegable de la voluntad de sus dioses.

Otros, en cambio, como un augurio innegable de fatalidad. Una grieta en el firmamento, otro eco oscuro de la reciente Conjunción Planar.

Pero fuese cual fuese el juicio, todos, en algún rincón de Amn alzaron su mirada.

Y siete estrellas respondieron con su parpadeo inmóvil.

Durante los días siguientes, grupos dispares de aventureros, mercenarios, eruditos y sacerdotisas emprendieron caminos hacia los confines del mundo civilizado.

Cada uno de ellos respondía a una causa, a un sueño o a una promesa personal. Algunos buscaban poder. Otros, una misión. Pero todos, sin saberlo, fueron atraídos por una misma pulsión.

Y una a una, las estrellas comenzaron a ser encontradas.

En un lago envuelto en bruma, donde las aguas ocultaban una historia no contada, una esfera de plata etérea fue alzada entre cánticos y lágrimas.

Un espectro ahogado susurró desde el fondo del lecho, reclamando un aliento que le habría sido negado, repitiendo visiones de un pasado que vendría condenado a repetirse.

En los Dientecillos, entre nieblas y campos de guerra olvidados, se alzó una heroína de un tiempo ya olvidado.

Portaba cicatrices de mil batallas que jamás tendrían fin. Su tormento era saber que su lucha era inútil; su causa, irrelevante.

Y sin embargo, su estrella fue entregada sin ira, a quienes aceptaban la inevitabilidad del vacío. Solo entonces, pudo descansar.

En los Humedales de Zehoarast, un aliento rojo bulló bajo la superficie de las aguas estancadas.

Un hambre sin nombre se arrastró desde las profundidades, jadeando con un millón de bocas salivantes. Quienes osaron entrentarse a él conocieron el miedo. La prisión del instinto. Y casi, su final.

En las tierras bajas, en un laberinto de mil estatuas, un grupo de aventureros se enfrentó a pruebas místicas y visiones de un tiempo que ya fue, otro que ya es, y uno que aún estaría por llegar.

No hallaron respuestas concretas. Tan sólo preguntas que se bifurcaban como las ramas de un árbol milenario.

Se dice que, tras su extraña experiencia, un ente sobrenatural se les apareció, atraído por el poder que encontraron. Y algunos de ellos no salieron del todo indemnes de aquel encuentro.

En el Bosque de Alandor, el susurro de las hojas se convirtió en un lamento.

Los senderos se retorcieron y la floresta devino un laberinto cambiante.

La búsqueda superó en importancia a la meta. Y quienes acudieron en pos de aquella estela comprendieron mucho sobre sí mismos, y sobre la naturaleza del mundo.

Y hacia el norte, en un pico olvidado de las montañas, se alzó una torre de fe ciega y determinación. Tan sólo quienes perseveraron y mostraron una fe absoluta en si mismos pudieron resistir la prueba de la estrella, que los enfrentó al fuego, al juicio de la fe, y al reflejo de su propia voluntad.

Ya eran seis.

Seis fragmentos, reunidos por manos distintas.

Y con ellos, despertaron murmullos sobre nombres que ya no existían en la memoria.

Vehlarr. Myth Lharast.

Y sobre un ser. Una sombra entre sombras.

Una que observa.

Una de muchas.

Offtopic :
Fin de la primera parte. Las próximas escenas de trama tendrán lugar en momentos no fechables. Permanezcan atentos.
 

DM Faith

Llanero del brasero
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Offtopic :
Pequeño addenda off.

Mientras comienza la próxima fase de la trama se informa a los diversos grupos que tienen acceso a los siguientes recursos.

- Una investigación académica.
- Una investigación mágica (estudiando los objetos encontrados).

Sólo puede ser un esfuerzo grupal y se contabilizará así. Es decir, una escena de cada por grupo.
 
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