Zhay
Guerrero puro pero feliz
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La luna brillaba alta en el cielo mientras la suave brisa mecía los cabellos de sendos elfos, sentados uno frente al otro en aquel pacífico claro. El drow, con una sonrisa cálida, toma las manos de la elfa, con los ojos reluciendole con un brillo carmesí. Con timidez, la elfa le entrega ambas manos, colocandolas sobre las de el, palma contra palma, dedo contra dedo. Nizz, inspira aire, buscando serenidad para el corazón, que le latía con fuerza, mientras ella seguía observándole.
Nizzre'an'ar: Vandrielith... Estamos a punto de vivir uno de los hitos más importantes de nuestras vidas. [Una sonrisa aflora en sus labios cuando oye su nombre verdadero de labios de Nizz, acariciando muy suavemente sus manos.] Cuando hayamos terminado... estaré siempre allí, me sentirás como el latir de tu corazón, estés donde estés.
Maiev: Y yo estaré cerca de ti, por siempre.
Nizzre'an'ar sonrie ampliamente mientras acaricia las manos de la elfa con el pulgar, en un gesto tremendamente afectuoso. Ella asinte, sabe mejor que nadie cuan importante era aquel momento en las vidas de ambos. No solo estarían unidos para siempre, sino que la perdida del otro, sería un golpe difícilmente superable para cualquiera de los dos.
Nizzre'an'ar: Nuestras vidas serán largas y plenas, por lo que quiero para el recuerdo el como me siento ahora mismo, en mis últimos instantes de soledad. [Da un ligero beso en la mano de la elfa y cierra los ojos, como si ensoñara.]
Maiev.: Quiero que sepas que siempre serás libre. Jamas te ataré con cadenas de acero, aunque a veces lo haga con lazos de seda. Sabes que jamas permitiría que dejaras de ser tu. Eso... jamas.
Nizzre'an'ar: No son ataduras... no contigo.
El drow toma el rostro de su compañera entre sus manos, acercandose para besarla con lentitud. Agradece sus palabras con el mudo gesto, expresando a la vez su felicidad en aquel indescriptible momento. Mientras tanto, ella disfruta aquel beso como si fuera el último, descubriendo que su corazón late con tanta fuerza como el primer instante en que se miraran sin máscaras. El varón aprieta un poco mas sus manos.
Nizzre'an'ar: Mírame a los ojos... como hicimos siempre. Esta vez desearemos crear el lazo. [Rapidamente los ojos dispares de Maiev se clavan en los del drow, con muchísima intensidad. Aprieta también sus manos, en un mudo gesto de cariño. Y como al principio, se pierde en la intensidad de sus ojos escarlata, esta vez mucho mas allá, como si tuviera consciencia del cuerpo de el, como si pudiera tocar la superficie de su suave piel, cada pliegue, cada poro.
Pierden la noción del tiempo, hasta que el paisaje, los seres vivos, las plantas, todo alrededor deja de existir en su mundo. Solo esa calidez que inunda sus corazones y que cada vez es mas grande, existe ahora. Dejan libres sus recuerdos, fundiendose uno con el otro como si fueran un solo ser, hasta que sus mentes se confunden, hasta que uno puede ver los fragmentos de la vida del otro como si los guardase en sus propios recuerdos.
Acuden a ella fragmentos de sus recuerdos, como si viera las cosas desde su perspectiva. Todo parece enorme a sus ojos y su mirada rara vez se alza para sostener la de los demás. Siente los nervios, el odio, la ira… aunque siempre hay una constante: El miedo. Un miedo que acecha allí en un rincón de la consciencia, siempre. Miedo a la Tejedora, a los más poderosos que pueden matarle si no los complace, a los más débiles que pueden hundirle si no los oprime. Miedo al daño, al dolor, la debilidad y a infinidad de cosas. Tan joven y ya sabe cual es el orden de las cosas, el lugar que ocupa dentro del mundo. Los que no mejoran, mueren. Debe rendir pleitesía a sus superiores y arrebatarles el poder en cuanto puedan. Los que están debajo de ella han de ser aplastados para que no hagan lo mismo. Entonces nadie le dominará, estará a salvo, escapará del miedo.
Los recuerdos de la elfa vagan como rayos que traspasan sus ojos y se introducen en los del drow. Es una niña pequeña, muy pequeña, que pasa horas entre libros. La figura de una elfa anciana, de cabellos plateados que le observa como si fuera lo mas importante que hay en su vida. Aunque también con dolor. Dolor por tener que ocultar cosas, dolor por forzar así a su pequeña. Dolor por hacerla madurar antes de tiempo. Pero no es infeliz, al contrario, las interminables clases de su abuela la hacen dichosa. Tan solo hay algo que empaña su felicidad, su niñez... Las pesadillas. Y es entonces, cuando lo ve, el horror de cada noche.
Una silenciosa alcoba que de pronto se llena de gritos. Unas criaturas de alas rojas que acaban de una rápida lanzada con la vida de un elfo, también de pelo plateado. Se oyen gritos, los de una mujer que con horror ve morir a su esposo, y que en un momento dado, le mira directamente, con los ojos saliendo de sus órbitas. Entonces otro grito rompe el silencio, en el que los seres han vuelto a sumir la habitación. En la pared de al lado, se oyen los golpes de otra contienda, los gritos de un niño. No llega a verlo, pero los gritos cesan pronto. Es entonces cuando se despierta llorando, para ser abrazada por su abuela. Y el resto de su vida, sigue igual, buyendo entre la felicidad de los días y el terror de las noches. Lentamente olvida aquello cuando por fin aprende a ensoñar, ayudada por la infinita paciencia de su abuela.
El drow aprieta un poco mas las manos de la elfa dejando fluir sus recuerdos y tomando los de ella. Ahora sienten más que sus pieles. Notan no solo el pulso, sino como sus corazones se contraen y expanden, el aire que recorre sus pulmones y como se erizan los vellos de sus nuca. El parpadeo que ocurre cada vez más espaciadamente, los dedos de pies y manos que se contraen involuntariamente, la expectación bullendo libre.
Las hembras están allí, figuras inalcanzables de poder, crueles y dominadoras. Lloth, tu madre y el resto de mujeres. El miedo es más intenso frente a ellas, pero también despiertan toda suerte de pasiones. Están por encima de ti y debes complacerlas para sobrevivir, aunque ansías encumbrarte por encima de todas como grita tu sangre orgullosa… pero sabes que es imposible. Debes serles útil, hacerte importante frente a ellas. Obnubilarlas con placer y cegarlas en sus visiones de superioridad para distraerlas y utilizarlas. Y así ocurre con todos. No existe la amistad ni el amor. Es todo provecho y utilidad, una carrera constante por llegar a lo más alto y defenderte de otros aspirantes. Sientes la aplastante certeza de que la vida será así siempre, pero que hay algo que falta en el todo que se extiende a tu alrededor. Te sientes vacío.
Pero como todo en esta vida, la vida de la anciana toca a su fin. No hay gritos, ni dolor en esta ocasión, solo un triste y nostálgico adiós. La vida sigue su curso pero algo cambia, empieza a conocer la soledad. Es entonces cuando teme mas a las noches. Calurosas, frías, templadas, no importa, todas son igual de oscuras y silenciosas. Otras personas pasan por su vida como estrellas fugaces. Rápidas visiones de una pareja de porte real, quienes envían libros, comida y demas objetos de necesidad a la joven elfa, de no mas de 70 años.
El hechicero, casi sin parpadear, se acerca un poco mas, lleno de las impresiones y recuerdos de ella, embebiéndose en sus vivencias mientras el vinculo la hace experimentar sus propios sentimientos.
Ahonda un poco más hasta llegar a su espíritu, sintiendo como palpita y vibra buscando la resonancia con el tuyo. Nota ahora la magia que recorre todo su cuerpo, en sus venas y en su mente, llenándolo. Es una fuerza que fluye en armonía con su propia vida pero a la vez pugna por liberarse y expandirse, como si poseyera alguna clase de voluntad. Yace en ese momento reverberante y a la espera de ser soltada por el hechicero. No descansa, no se rinde, sino que siempre está ahí exigiendo que se le aplaque para no estallar, esperando un momento de debilidad para salir.
Y lo mas cercano al afecto, un joven que la visita cada luna llena para bailar en honor a Sehanine. Le late el corazón, es lo mas cercano al amor que experimentó en aquellos momentos. Pero tal como vino se fue. Y de nuevo la soledad. La elfa ve pasar los años, y estudia, lee, aprende, estudia... Toda su vida alrededor de los libros, convirtiéndose estos en sus únicos amigos. Hasta que siente la llamada, y espera paciente a cumplir la mayoria de edad.
En un momento hay algo que lo cambia todo, una persona con una idea que poco a poco quiebra la realidad que te habías formado hasta entonces. El vacío se suple con miedo cuando se pierde la certeza de que todo es como se pensaba. Empiezan las preguntas, las dudas, la rabia… hasta que se forma otra certeza. Ese no es tu lugar, está en otra parte. La tensión crece mientras te decides a dar el paso, a seguir la recién conseguida esperanza de un lugar donde todo es mejor, de
esa tal Eilistraee y de aquello que llaman felicidad. Un instante de confusión, un cuerpo tendido en un lecho de sangre y una desesperada carrera por inacabables túneles donde la muerte acecha a cada paso, solo. El terror es un lastre cada vez más denso y pesado en tu alma hasta que en un momento, la imagen de un cielo estrellado llena tu mente de forma tan vívida que sabes que ha sido un momento inolvidable.
La elfa abandona el flet que fue su hogar, y parte sin nada mas que recuerdos de su hermosa tierra crepuscular. Un viaje por un mundo totalmente extraño, con contratiempos mas o menos graves, se siente perdida y fuera de lugar. Buscando algo que no conoce, y sintiendo que jamas estudió lo suficiente, que aquellas horas no la prepararon para ese mundo nuevo y lleno de seres extraños para ella. En ese momento, los recuerdos que empiezan a fluir son comunes, recuerdos de Nizz, de aquel primer baile a la luz de la luna, de los besos furtivos y las caricias robadas. Todo empieza a resultarle familiar, aunque visto desde sus ojos.
Entonces descubres que ya no sientes miedo y lo asustado que habías estado siempre. Te sientes feliz. Estás solo y nada te importa salvo tú. En tu remanente egoísmo piensas haber escapado de tus perseguidores y te ves en un mundo nuevo, desconocido pero donde sin duda aguarda aquello de lo que te hablaron. Optimista, te crees libre y capaz de hacer lo que sea… esa libertad es lo más dulce que has catado hasta entonces y con esa sensación despierta una pequeña chispa en tu interior: La Magia. Sus recuerdos coinciden en ese momento con los de la elfa, pasando a compartir los mismos recuerdes desde el punto de vista del otro.
Y es cuando son capaces de sentir lo que el otro siente, lo que sintieron en el pasado, cuando pueden comprender todo cuanto ha ocurrido en sus vidas, todo aquello que ha forjado sus caracteres. Solo entonces, los filos hilos de plata del vínculo se van forjando. Todo se difumina a partir de entonces. Vagas imágenes fugaces pasan por sus consciencias a ritmo vertiginoso hasta que se ven uno al otro, sentados, en ese preciso instante con tanta claridad como si utilizaran sus propios ojos.Se entrelazan unos con otros, formando hebras fuertes y resistentes. Cadenas de plata que les unirian por siempre.
Pueden ver lo que significan para el otro, el todo que engloba de entre la arrebatadora pasión, inquebrantable amor, eterno cariño, dependencia, posesión y mil matices de sentimientos que convergen en un amor tan puro y sublime que expresan con toda su alma. Tan poderoso e intenso como la magia que lo compone. Un inmaculado sentimiento, perfecto a pesar de los miles de años de odio entre sus razas. Pueden sentirlo y sentirse, al igual que el vínculo que los une. Dentro notan la felicidad que les embarga, y saben que allí estarán siempre, como otra parte de su ser.
que estará allí siempre, como otra parte de tu ser. Sienten como si su alma se quebrase, pero no sienten pérdida.
Y la cadena termina de forjarse, irrompible, duradera, eterna como eternos serán los espíritus que la forman. Con un suave parpadeo, los ojos humedos de felicidad, porque lo saben, lo ven, lo sienten, es felicidad. Se miran diferente al lograr recobrarse, todo ha tomado un cariz diferente, como si viesen la vida desde otro prisma distinto. Y las lágrimas brotan de sus ojos, acompañadas de sendas cándidas sonrisas, como las de unos niños que jamás hubieran visto la maldad. Incapaces de decir nada, se quedan mirándose con una comprensión nunca antes sentida por nadie, una empatía que no han podido experimentar antes. En ese momento se da cuenta de que todo ha cambiado. Y se sienten plenamente felices, por primera vez en sus vidas.
Nizzre'an'ar: Vandrielith... Estamos a punto de vivir uno de los hitos más importantes de nuestras vidas. [Una sonrisa aflora en sus labios cuando oye su nombre verdadero de labios de Nizz, acariciando muy suavemente sus manos.] Cuando hayamos terminado... estaré siempre allí, me sentirás como el latir de tu corazón, estés donde estés.
Maiev: Y yo estaré cerca de ti, por siempre.
Nizzre'an'ar sonrie ampliamente mientras acaricia las manos de la elfa con el pulgar, en un gesto tremendamente afectuoso. Ella asinte, sabe mejor que nadie cuan importante era aquel momento en las vidas de ambos. No solo estarían unidos para siempre, sino que la perdida del otro, sería un golpe difícilmente superable para cualquiera de los dos.
Nizzre'an'ar: Nuestras vidas serán largas y plenas, por lo que quiero para el recuerdo el como me siento ahora mismo, en mis últimos instantes de soledad. [Da un ligero beso en la mano de la elfa y cierra los ojos, como si ensoñara.]
Maiev.: Quiero que sepas que siempre serás libre. Jamas te ataré con cadenas de acero, aunque a veces lo haga con lazos de seda. Sabes que jamas permitiría que dejaras de ser tu. Eso... jamas.
Nizzre'an'ar: No son ataduras... no contigo.
El drow toma el rostro de su compañera entre sus manos, acercandose para besarla con lentitud. Agradece sus palabras con el mudo gesto, expresando a la vez su felicidad en aquel indescriptible momento. Mientras tanto, ella disfruta aquel beso como si fuera el último, descubriendo que su corazón late con tanta fuerza como el primer instante en que se miraran sin máscaras. El varón aprieta un poco mas sus manos.
Nizzre'an'ar: Mírame a los ojos... como hicimos siempre. Esta vez desearemos crear el lazo. [Rapidamente los ojos dispares de Maiev se clavan en los del drow, con muchísima intensidad. Aprieta también sus manos, en un mudo gesto de cariño. Y como al principio, se pierde en la intensidad de sus ojos escarlata, esta vez mucho mas allá, como si tuviera consciencia del cuerpo de el, como si pudiera tocar la superficie de su suave piel, cada pliegue, cada poro.
Pierden la noción del tiempo, hasta que el paisaje, los seres vivos, las plantas, todo alrededor deja de existir en su mundo. Solo esa calidez que inunda sus corazones y que cada vez es mas grande, existe ahora. Dejan libres sus recuerdos, fundiendose uno con el otro como si fueran un solo ser, hasta que sus mentes se confunden, hasta que uno puede ver los fragmentos de la vida del otro como si los guardase en sus propios recuerdos.
Acuden a ella fragmentos de sus recuerdos, como si viera las cosas desde su perspectiva. Todo parece enorme a sus ojos y su mirada rara vez se alza para sostener la de los demás. Siente los nervios, el odio, la ira… aunque siempre hay una constante: El miedo. Un miedo que acecha allí en un rincón de la consciencia, siempre. Miedo a la Tejedora, a los más poderosos que pueden matarle si no los complace, a los más débiles que pueden hundirle si no los oprime. Miedo al daño, al dolor, la debilidad y a infinidad de cosas. Tan joven y ya sabe cual es el orden de las cosas, el lugar que ocupa dentro del mundo. Los que no mejoran, mueren. Debe rendir pleitesía a sus superiores y arrebatarles el poder en cuanto puedan. Los que están debajo de ella han de ser aplastados para que no hagan lo mismo. Entonces nadie le dominará, estará a salvo, escapará del miedo.
Los recuerdos de la elfa vagan como rayos que traspasan sus ojos y se introducen en los del drow. Es una niña pequeña, muy pequeña, que pasa horas entre libros. La figura de una elfa anciana, de cabellos plateados que le observa como si fuera lo mas importante que hay en su vida. Aunque también con dolor. Dolor por tener que ocultar cosas, dolor por forzar así a su pequeña. Dolor por hacerla madurar antes de tiempo. Pero no es infeliz, al contrario, las interminables clases de su abuela la hacen dichosa. Tan solo hay algo que empaña su felicidad, su niñez... Las pesadillas. Y es entonces, cuando lo ve, el horror de cada noche.
Una silenciosa alcoba que de pronto se llena de gritos. Unas criaturas de alas rojas que acaban de una rápida lanzada con la vida de un elfo, también de pelo plateado. Se oyen gritos, los de una mujer que con horror ve morir a su esposo, y que en un momento dado, le mira directamente, con los ojos saliendo de sus órbitas. Entonces otro grito rompe el silencio, en el que los seres han vuelto a sumir la habitación. En la pared de al lado, se oyen los golpes de otra contienda, los gritos de un niño. No llega a verlo, pero los gritos cesan pronto. Es entonces cuando se despierta llorando, para ser abrazada por su abuela. Y el resto de su vida, sigue igual, buyendo entre la felicidad de los días y el terror de las noches. Lentamente olvida aquello cuando por fin aprende a ensoñar, ayudada por la infinita paciencia de su abuela.
El drow aprieta un poco mas las manos de la elfa dejando fluir sus recuerdos y tomando los de ella. Ahora sienten más que sus pieles. Notan no solo el pulso, sino como sus corazones se contraen y expanden, el aire que recorre sus pulmones y como se erizan los vellos de sus nuca. El parpadeo que ocurre cada vez más espaciadamente, los dedos de pies y manos que se contraen involuntariamente, la expectación bullendo libre.
Las hembras están allí, figuras inalcanzables de poder, crueles y dominadoras. Lloth, tu madre y el resto de mujeres. El miedo es más intenso frente a ellas, pero también despiertan toda suerte de pasiones. Están por encima de ti y debes complacerlas para sobrevivir, aunque ansías encumbrarte por encima de todas como grita tu sangre orgullosa… pero sabes que es imposible. Debes serles útil, hacerte importante frente a ellas. Obnubilarlas con placer y cegarlas en sus visiones de superioridad para distraerlas y utilizarlas. Y así ocurre con todos. No existe la amistad ni el amor. Es todo provecho y utilidad, una carrera constante por llegar a lo más alto y defenderte de otros aspirantes. Sientes la aplastante certeza de que la vida será así siempre, pero que hay algo que falta en el todo que se extiende a tu alrededor. Te sientes vacío.
Pero como todo en esta vida, la vida de la anciana toca a su fin. No hay gritos, ni dolor en esta ocasión, solo un triste y nostálgico adiós. La vida sigue su curso pero algo cambia, empieza a conocer la soledad. Es entonces cuando teme mas a las noches. Calurosas, frías, templadas, no importa, todas son igual de oscuras y silenciosas. Otras personas pasan por su vida como estrellas fugaces. Rápidas visiones de una pareja de porte real, quienes envían libros, comida y demas objetos de necesidad a la joven elfa, de no mas de 70 años.
El hechicero, casi sin parpadear, se acerca un poco mas, lleno de las impresiones y recuerdos de ella, embebiéndose en sus vivencias mientras el vinculo la hace experimentar sus propios sentimientos.
Ahonda un poco más hasta llegar a su espíritu, sintiendo como palpita y vibra buscando la resonancia con el tuyo. Nota ahora la magia que recorre todo su cuerpo, en sus venas y en su mente, llenándolo. Es una fuerza que fluye en armonía con su propia vida pero a la vez pugna por liberarse y expandirse, como si poseyera alguna clase de voluntad. Yace en ese momento reverberante y a la espera de ser soltada por el hechicero. No descansa, no se rinde, sino que siempre está ahí exigiendo que se le aplaque para no estallar, esperando un momento de debilidad para salir.
Y lo mas cercano al afecto, un joven que la visita cada luna llena para bailar en honor a Sehanine. Le late el corazón, es lo mas cercano al amor que experimentó en aquellos momentos. Pero tal como vino se fue. Y de nuevo la soledad. La elfa ve pasar los años, y estudia, lee, aprende, estudia... Toda su vida alrededor de los libros, convirtiéndose estos en sus únicos amigos. Hasta que siente la llamada, y espera paciente a cumplir la mayoria de edad.
En un momento hay algo que lo cambia todo, una persona con una idea que poco a poco quiebra la realidad que te habías formado hasta entonces. El vacío se suple con miedo cuando se pierde la certeza de que todo es como se pensaba. Empiezan las preguntas, las dudas, la rabia… hasta que se forma otra certeza. Ese no es tu lugar, está en otra parte. La tensión crece mientras te decides a dar el paso, a seguir la recién conseguida esperanza de un lugar donde todo es mejor, de
esa tal Eilistraee y de aquello que llaman felicidad. Un instante de confusión, un cuerpo tendido en un lecho de sangre y una desesperada carrera por inacabables túneles donde la muerte acecha a cada paso, solo. El terror es un lastre cada vez más denso y pesado en tu alma hasta que en un momento, la imagen de un cielo estrellado llena tu mente de forma tan vívida que sabes que ha sido un momento inolvidable.
La elfa abandona el flet que fue su hogar, y parte sin nada mas que recuerdos de su hermosa tierra crepuscular. Un viaje por un mundo totalmente extraño, con contratiempos mas o menos graves, se siente perdida y fuera de lugar. Buscando algo que no conoce, y sintiendo que jamas estudió lo suficiente, que aquellas horas no la prepararon para ese mundo nuevo y lleno de seres extraños para ella. En ese momento, los recuerdos que empiezan a fluir son comunes, recuerdos de Nizz, de aquel primer baile a la luz de la luna, de los besos furtivos y las caricias robadas. Todo empieza a resultarle familiar, aunque visto desde sus ojos.
Entonces descubres que ya no sientes miedo y lo asustado que habías estado siempre. Te sientes feliz. Estás solo y nada te importa salvo tú. En tu remanente egoísmo piensas haber escapado de tus perseguidores y te ves en un mundo nuevo, desconocido pero donde sin duda aguarda aquello de lo que te hablaron. Optimista, te crees libre y capaz de hacer lo que sea… esa libertad es lo más dulce que has catado hasta entonces y con esa sensación despierta una pequeña chispa en tu interior: La Magia. Sus recuerdos coinciden en ese momento con los de la elfa, pasando a compartir los mismos recuerdes desde el punto de vista del otro.
Y es cuando son capaces de sentir lo que el otro siente, lo que sintieron en el pasado, cuando pueden comprender todo cuanto ha ocurrido en sus vidas, todo aquello que ha forjado sus caracteres. Solo entonces, los filos hilos de plata del vínculo se van forjando. Todo se difumina a partir de entonces. Vagas imágenes fugaces pasan por sus consciencias a ritmo vertiginoso hasta que se ven uno al otro, sentados, en ese preciso instante con tanta claridad como si utilizaran sus propios ojos.Se entrelazan unos con otros, formando hebras fuertes y resistentes. Cadenas de plata que les unirian por siempre.
Pueden ver lo que significan para el otro, el todo que engloba de entre la arrebatadora pasión, inquebrantable amor, eterno cariño, dependencia, posesión y mil matices de sentimientos que convergen en un amor tan puro y sublime que expresan con toda su alma. Tan poderoso e intenso como la magia que lo compone. Un inmaculado sentimiento, perfecto a pesar de los miles de años de odio entre sus razas. Pueden sentirlo y sentirse, al igual que el vínculo que los une. Dentro notan la felicidad que les embarga, y saben que allí estarán siempre, como otra parte de su ser.
que estará allí siempre, como otra parte de tu ser. Sienten como si su alma se quebrase, pero no sienten pérdida.
Y la cadena termina de forjarse, irrompible, duradera, eterna como eternos serán los espíritus que la forman. Con un suave parpadeo, los ojos humedos de felicidad, porque lo saben, lo ven, lo sienten, es felicidad. Se miran diferente al lograr recobrarse, todo ha tomado un cariz diferente, como si viesen la vida desde otro prisma distinto. Y las lágrimas brotan de sus ojos, acompañadas de sendas cándidas sonrisas, como las de unos niños que jamás hubieran visto la maldad. Incapaces de decir nada, se quedan mirándose con una comprensión nunca antes sentida por nadie, una empatía que no han podido experimentar antes. En ese momento se da cuenta de que todo ha cambiado. Y se sienten plenamente felices, por primera vez en sus vidas.