LAMENTOS…(quinceava parte)
Por fin, podíamos abandonar aquella isla. La dragona, pese a no acompañarnos había cumplido su promesa y había reparado nuestro barco. Aun así, decidimos navegar en el barco de los mercaderes. Era un barco más grande que el nuestro y gozaba de mayores comodidades, además era un barco conocido en el puerto de Luskan por lo que levantaría menos sospechas. Tres nuevos pasajeros nos acompañaban, las gemelas y un huevo de dragón negro
Navegábamos de noche con el mar en calma y un viento suave del sur que sacudía las velas impulsándonos hacia el norte, hacia nuestro destino final, Luskan.
En una esquina del barco, Likazu trataba de hablar con las gemelas.
- Quiero ofreceros algo a ambas.- Dijo mientras apoyaba su mano en el hombro de una de ellas.
-¿Ofrresernos?- Dijeron ambas al unísono, girando sus cuerpos hacia el Segador.
- Sí así es. Tengo trabajo para vosotras dos en Crimmor.
- Clarro, querrido, ¿qué tienes que ofrecer a las Hermanas? ¿Mm?
- A ver si ahora somos el hospicio de San Amur y vamos recogiendo asesinos y poniendo la otra mejilla.- Protesto Arastor al oír a Likazu.
- Tiene rrrazón. Nada se nos ha perdido en Crimmor. – Respondió una de las gemelas.-
Nosotrrras somos de lejos, muy lejos. Y nuestra ciudad para los negocios siempre ha sido Luskan.
-¿Os marcharéis sin más?- Les pregunto Likazu.
No conseguía entender porque el Segador Likazu estaba tan emperrado en ayudar a esas dos mujeres, a no ser....que quisiese que se lo agradeciesen de algún modo….sacudí la cabeza quitando aquel pensamiento.
- Clarro, ese era el trato. Aunque antes... hemos pensado que…que quizá, dado que nosotrrras conocemos mejor estas tierras podemos guiaros allá donde vais. – Se ofreció a ayudarnos.
-¿Qué opináis vosotros?- Nos preguntó Likazu.
-¿Por qué queréis ayudarnos?-Les pregunte acercándome a ellas algo extrañada por aquella proposición.
- Parra ganarnos nuestra libertad.- Fue su respuesta.- N
o somos más que unas mujerres del sur que vienen a ganarrrse la vida en el Norte. Y va muy bien por allí, ¿Mm?
-La pregunta es ¿podemos fiarnos?- Pregunte clavando mi mirada en ellas, intentando averiguar sus intenciones.
- Ah,ah, no fiarros si queréis. Krissna es sincerra. Vosotrros sabréis, siemprre he sido una mujer de palabra, para lo que me interesa.
- Yo las dejaría en la primera ciudad que encontráramos antes de llegar a nuestra meta.- Sugirió Maddy.
- Déjalo, Krissna. Se perrrderán y nos perderán con ellos. – esta vez era la hermana más silenciosa la que hablaba.
Mi mirada seguía clavada en las gemelas, no me fiaba de ellas y menos en un asunto tan importante como el que teníamos entre manos, pero ellas conocían Luskan. No tenía ni idea de cuantas cuevas podía haber en los alrededores, pero sospechaba que unas cuantas, quizás ellas pudiesen darnos alguna pista de hacia dónde dirigir nuestros pasos. Era lo único que teníamos y debíamos aprovecharlo.
-Está bien.- Cerré los ojos esperando no equivocarme con aquella decisión.-
lo cierto es que necesitamos ayuda,…
-¿Y qué sse os ha perrrdido en Luskan, encanto? – Dijo cruzándose de brazos y esbozando una leve sonrisa.
- Una cueva....en la costa ¿sabéis de alguna?- pregunte intentando no dar demasiada información sobre lo que buscábamos.
- Cueva en la costa…- Al oír aquello su sonrisa desapareció de su rostro y sentí como se ponía tensa.-
Depende. ¿Sserrá aquella?- Pregunto a su hermana que permanecía callada...-
La cueva de los lamentos…
-Hablamos de esa cueva.- la inste a que continuase.
- Todoss entrran, nadie sale. Sólo ess un cuento. Allí donde naufragan los barrcos desde hace unos años. Muchos barrcos que han osado desviarse demasiado del puerrto han acabado rotos e inserrvibles en las marismas. Con la suficiente destrrreza se puede parar allí.
-Y sospecho que vosotras poseeis esa destreza ¿cierto?- les pregunte, convencida de que aquella era la cueva que buscábamos.
- Es prrobable que vuestro capitán la tenga. – Respondió cabeceando hacia Sten.
-¿Podéis guiarle?
- Es un terreno bajo, casi pantanoso. Nosotrrras hace mucho que no llegamos allí. Demasiado tiempo. Nuestrro capitán se hacía pipí en las calzas, ya sabéis. Está bastante a las afuerras. Claro que también hay otrras cuevas... pero distintas. De cangrejos, por ejemplo. Ssí, ¿verrdad? . Si buscáis leyendas y misterrio esa es vuestrra cueva…-Asintió.
- Esa cueva de los lamentos ,...¿desde cuándo se conoce con ese nombre?.
El hijo de la Liche llevaba apenas muerto diez años, y si lo que creíamos era cierto no hacía mucho que aquel lugar había sido erigido como su tumba.
- Ah, no muchos añoss. Desde que varrios marinerros murieron. O... no volvierron de ella. Antes los barrcos poco legales como este iban a pararr allí... Nosotros tomamos un permiso para atracarr en Luskan. Pero los que no, allí se fuerron. La desgrracia llegó y muchos hombrres desaparecieron... pero ya sabéis cómo son las leyendas.
Cuanto más sabía de la cueva de los lamentos, más segura estaba que esa era la cueva que andábamos buscando.
-
No me fio de estas. Decidme, que no soy el único.- afirmo Raith frunciendo el ceño hacia ellas.
-Está bien.- Tampoco me fiaba mucho de ellas , pero parecían conocer el lugar y ser capaces de guiar a Sten hacia esa cueva.
- Eso sí. Nosotrrras nos quedaremos en el barrco. No pienso entrar a esa cueva. Atadnos si querrréis. Pero a la cueva no. No quiero tener nada que ver con ella. La cueva, clarro.
- Es curioso, siguen hablando como si fueran invitadas, como si fuera una democracia.- Raith no parecía estar muy dispuesto a escucharlas.- E
n mi opinión... son esclavistas, son piratas... y conocen los mares.¿ Tienen conocimientos? Sí. ¿ Los usaran a nuestro favor? lo dudo.
- No fiarros. Nosotrras decimos la verdad... si queréis ir a la muerrte allá vosotros. Nosotras queremos irr a Luskan. Guiarré a vuestrro capitán. No queda mucho parrra tener que girar hacia el Oeste.
-Está bien,…guiar al capitán hasta la cueva.-Pedí a las hermanas.
- Guiarlo, pensaremos en qué hacer respecto a vosotras. – Likazu también parecía estar de acuerdo, no así el resto de nuestros compañeros.
Una de las gemelas, aquella que parecía conocer mejor nuestra lengua se colocó a la derecha del timón, al lado de Sten y fue desde allí guiándole. Antes de llegar al puerto de Luskan, el barco viro hacia Oeste siguiendo la línea de la costa. Arold se subió al palo mayor y desde allí, hacía las veces de guía, mientras Aravae y Raith trataban de ayudar en las operaciones de fondeo.
- Es posible que nos engañen pero atracar en el puerto creo que hubiese sido peor,..no queda más que confiar.- susurre a mis compañeros que parecían no estar de acuerdo con la situación.
Mientras bordeábamos Luskan , la noche nos cubrió de nuevo con su manto, el ambiente comenzó a enrarecerse como presagio de que nos aproximábamos a la cueva de los lamentos. El rostro de las gemelas palideció. Cuando me asome por la borda puede ver unos muelles viejo, llenos de algas, a la vista parecía que hacia siglos que no eran usados. Sten decidió fondear a cierta distancia de aquella playa empantanada que teníamos delante de nuestros ojos por miedo a encallar. Intente buscar desde el barco la entrada de alguna cueva, pero todo lo que lograba ver eran los árboles que cubrían el horizonte.
- La cueva está al Norrrte. – Explico la gemela.-
Eso crreemos. Adentraos en la marisma y lo encontraréis.
Mire hacia el norte momentos antes de desembarcar. Las gemelas se quedarían en el barco atadas hasta nuestro regreso, si es que regresábamos. Junto con ellas se quedarían los niños y la escasa tripulación que nos era fiel.
- Metedlas al camarote, cerradlo con llave, si quieres me encargo de atrancarlo con el mástil del barco.-Ordeno Likazu antes de bajar a tierra.
Él fue el encargado de hacer el nudo que atase a las gemelas, algo me decía que debería ir a comprobar ese nudo, pero las ganas de abandonar el barco y encontrar la cueva ganaron la batalla. Solo esperaba no arrepentirme de no haberlo hecho.
Bajamos los botes y nos dirigimos a la parte baja de las marismas. Una espesa bruma y extraños olores nos envolvieron a medida que nos acercábamos a la costa. Apenas se oían ruidos, ni pájaros, ni animales, solo el crujir de las maderas a nuestro pasó. De repente, surgidos de la nada, aparecieron sobre los puentes de madera unos extraños cristales que brillaban con el mismo color de las aguas, un color verde envolvía todo a su alrededor. Liss adelanto sus pasos para observar de cerca los cristales y ver qué tipo de magia encerraban en su interior.
- Creo que sería mejor evitar ese cristal.- Sugirió Ecneo después de examinar el cristal.-
deberíamos de lanzar cuerdas al medio del puente .
- Lissandra, disipa su magia.. .- Propuso Raith.-
y sigamos.. Sea lo que sea, no juega en nuestro favor,¿ verdad?.
- Si todos estáis a favor, voy a intentar disiparlo.-Afirmo Lissandra preparándose para lanzar un conjuro sobre el cristal.
- Si intentas disiparlo, será mejor que nos alejemos, no sabemos cómo puede reaccionar.-Sugirió uno de los Segadores
Haciendo caso a Likazu nos alejamos unos pasos del cristal dejando que Lissandra conjurase sobre él. Al intentar disipar le magia del cristal, este estallo en miles de pedazos que cayeron como gotas de lluvia sobre las aguas del pantano, de ellas , poco a poco comenzaron a surgir seres de hueso. Hombres que algún día tuvieron vida pero que ahora descansaban en el fondo de la marisma despertaron ante nuestros ojos. Como si de un ejército se tratase , vestidos con viejas armaduras, oxidadas por las aguas, se alzaron a nuestro alrededor y comenzando su ataque. Conseguimos resistir su embestida y acabar con ellos. Pero unos pasos más a delante otro cristal nos aguardaba. Mientras avanzábamos hacia él, fije mi mirada en las aguas y puede ver cientos de rostros cubiertos por las algas, miles de cuerpos descansaban bajo las marismas, cuerpos que parecían mecerse con el leve movimiento de las olas. Las cuencas vacías de sus rostros contemplaban nuestros pasos, vigilantes a nuestros movimientos.
Nuevamente Liss , intento disipar la magia del cristal y nuevamente este volvió a estallar en miles de pedazos que como estrellas caídas del cielo cubrieron las aguas y nuevamente los hombres del fondo del pantano, se alzaron para acabar con nuestras vidas y una vez más, les hicimos frente acabando con ellos.
Los cristales desaparecieron, pero no así los miles de rostros que desde el fondo del agua nos observaban. A lo lejos, entre hierbas y algas pudimos ver la entrada a una gruta. La cueva de los lamentos. Una densa bruma nos rodeó al traspasar la entrada. El aire se tiño de un color azulado que nada bueno presagiaba. Pese a ello, si la cueva contaba con protecciones mágicas, no dieron señales de existencia. Gotas de lluvia que caían incesantes del techo nos golpeaban a nuestro paso. Un ambiente pesado, nos envolvía, las respiración se hacía costosa debido a la humedad reinante. De repente vimos en una esquina de la galería otro cristal, esta vez azulado. Antes de que decidiéramos que hacer con él, un fuerte temblor hizo que parte del techo de la galería se desplomase sobre el cristal sepultándolo, de la oscuridad y del polvo levantado, comenzaron a surgir guardianes, regresados de la muerte para cumplir su cometido, acabar con nuestras vidas. Fue una pelea encarnizada, donde el único sonido que se oía era el chocar de espadas, poco a poco los no muertos iban cayendo a nuestros pies hasta que no quedo ni uno en pie.
Tratamos de recuperarnos de las heridas sufridas lo más rápido posible, antes de que otro ejército de no muertos cayese sobre nosotros, cuando oímos una voz.
-¿Quién va? Es nuestra casa, son nuestras normas. ¿Lo habéis olvidado?. ¡Ah! Ya no reconocéis a este viejo. Bien, jugaremos a un juego. Hay dos caminos... el de ida o el de ida y jamás vuelta. – Era una voz familiar la que nos hablaba.
-¿Silvius?- Pregunte.
-
¡Thrasilvius para ti, señorita!.- Me respondió.-
Cuántos sois, ¿Mm?¿O tengo que contaros?. Vamos decidme cuántos sois, sí. Tendré que preparar el té. Id, id y no volváis. Bajo las algas dormiréis y a mi Reina, mi dulce Reina cuentas debéis.-comenzó a canturrear. -
Dormiréis y veréis, cada noche y amanecer el rostro del ser más bello, del más bello ser . Caminad y vuestro destino sentenciaréis. Diez más uno. No se nos escapa...
- Viejo, serás el último de los tuyos en pie para mirar cómo se os hace añicos todos vuestros nauseabundos planes...- Le amenazo Arastor.
Mientras avanzábamos en guardia, con las armas preparadas, oímos una nueva voz.
- Dulces los ojos que velan por el descanso de Nuestro pequeño Señor. – Esta vez se trataba de la voz de una mujer.-
Dulces son, querida. Dulces son…- Canturreaba.-
Derecha o Izquierda, ¿qué más da? Todos los caminos ante ella os llevarán... y mientras… cientos de ojos os velarán.
-¿Cuántos caerán rendidos ante tu belleza y tus dotes? ¿Cuántos de estos bandidos no saldrán por propio pie esta noche? .- Las voces de la mujer y de Silvius iban alternándose mientras avanzábamos por las oscuras galerías.
- Diez más uno, ¿le gustará? Mi señor, ¿qué me decís? .
Sentí un escalofrió que recorrió toda mi espalda al oír aquella voz. Trampas y ejércitos de no muertos trataban de impedir nuestro avance.
- Dulce dolor, dulce lamento. Cuando vosotros gritáis yo también lo siento... Puedo daros amor, puedo daros ternura... y la muerte más dulce... la de la locura. Cuántos sois, ¿cuántos seréis? Adivinadlo y tal vez vivos de aquí saldréis. ¡Haha, me encantan las rimas de Silvius!
No sé el tiempo que pasamos, descendiendo por aquella cueva, acompañados de aquellas incesantes voces, defendiéndonos de los ataques constantes de ejércitos cada vez más fuertes.
- Calmémonos y demos paso a la diplomacia. ¿Qué os parece? Allí, tras de mí está vuestra última oportunidad.-Dijo la voz de mujer de repente.-
No encontraréis más que muerte. Yo tenía un corazón bondadoso. ... Y mi corazón bondadoso a veces vuelve a latir. Marchaos o tomad una decisión. Vida, saliendo de esta cueva. O muerte si seguís.
Llevábamos meses esperando este día, meses investigando, meses viajando en busca de pistas que nos llevasen a destruir a aquella que se había coronado como reina de Caravassar. Todo aquello nos había conducido a aquel lugar y a aquel momento. Sabíamos que al final de la cueva un gran peligro nos esperaba, quizás la mismísima muerte estuviese aguardándonos, pero existía una pequeña posibilidad, la posibilidad de acabar con aquella que tanto dolor había causado. Era tarde, era tarde para rendirnos, para dar la vuelta y alejarnos de aquel lugar. Sin dudarlo todos seguimos adelante.
A nuestras espaldas fue formándose una gruesa pared de arena bloqueando el camino de salida. Ante nosotros la estrecha galería se ensancho dando paso a una caverna en cuyo centro se alzaba un portal. Raith conjuro a un aliado para que atravesase el portal y nos dijese que había tras él, minutos después regreso.
- Otra sala. Un círculo de convocación en su centro.- Fue su respuesta.-
Creo que hay una salida. Una puerta más allá del círculo. No hay ataúdes en esa sala. No los he visto... sólo lo que describo.
Todos nos miramos, estaba claro que debíamos cruzar, no teníamos ya camino de retirada y solo podíamos avanzar hacia delante. Descansamos unos minutos y nos preparamos para afrontar aquello que se ocultase tras el portal.
- O continuar, o morir. –Nos advirtió la voz.-
Y algunos pereceréis igualmente...
Uno a uno fuimos cruzando el portal. Como el aliado conjurado por Raith nos había advertido, el portal desembocaba en una pequeña sala en cuyo centro dibujado en el suelo había un círculo de convocación. Nada más cruzar el último de nosotros, el suelo del círculo se abrió y de una llamarada procedente de él, nació un ser. En el centro del círculo una hermosa mujer comenzó a contonearse.
- Os encontráis ante Sharia'narelk. Es, sin duda, un placer para vosotros. – se presentó a la vez que pasaba su lengua por sus labios, relamiéndose mientras contemplaba a los hombres. -
Veamos, veamos... ¿Qué estaríais dispuestos a hacer por mí?.
-
No intentes nada, súcubo.- La increpo Lissandra.-
Todos en guardia.
-¿Y tú?¿Qué estarías dispuesto? Elige a uno de los tuyos para morir... .- Dijo la súcubo alzando la mano hacia Arold que parecía embelesado contemplando a aquel ser.-
… Y te daré lo que quieras.
-¡¡Arold espabila!!.- le grite acercándome a él.
- Tapadle la boca a Arold si es necesario. Evitad que pronuncie palabra…- Dijo Likazu al ver a su compañero hipnotizado por la súcubo.-
Así no le seguirá el juego a la furcía.
-¡Mi acertijo es el siguiente...! Poderoso y fuerte, vil entre los viles... – Dijo girándose hacia Likazu.-
Caeréis bajo sus manos, pues es lo que habéis pedido.
De repente la tierra bajo nuestros pies comenzó a temblar, al alzar de nuevo la mirada hacia la súcubo , comprobamos que esta se había trasformado en un Balor. De una rápida estocada Arold consiguió acabar con él.
-¿Os ha parecido poco? Veremos qué más os podemos ofrecer... – Nuevamente era la voz de mujer que nos había acompañado en nuestro descenso por la caverna. -
Era fácil, ¿eh? Muy bien hecho.
- Desdibujad el puto circulo- Grito Raith mientras con el pie trataba de borrarlo.
El círculo desapareció, y no solo el círculo, por primera vez en nuestro descenso, el silencio nos acompañó. Nuestras pisadas era lo único que resonaba en la estancia hasta que un siseo procedente de algún lugar a lo lejos, nos indico que no estábamos solos. En frente de nosotros una fila de cristales se alzaba como un muro, interrumpiendo nuestro avance. A través de ellos pudimos ver una gran estancia. Nada de lo que habíamos intentado antes para desactivar aquellos cristales había funcionado, así que solo había una forma de abrirnos paso, destruirlo y enfrentarnos al ejército que se alzase una vez hecho. Rompimos unos de los cristales y nuevamente, de las paredes y tumbas de los lados despertaron combatientes para defender el lugar y nuevamente tras una encarnizada lucha conseguimos abatir hasta el último de ellos.
De esa forma entramos en la enorme sala. Un muro de luz dividía parte de la sala en dos, al otro lado, entre los pilares , un alto monumento en forma de espada coronaba un trono. En ella se podía leer una inscripción,
“Caíste y te alzaras en mi nombre”. A los pies del trono descansaba lo que parecía una tumba de oro y plata, vacía. La piedra de mármol formaba un lugar de descanso digno de cualquier Rey.
-Oh, oh,..-Fue todo lo que alcance a decir al ver aquella tumba vacía.
La tierra comenzó a moverse bajo nuestros pies, un nuevo derrumbe cayó sobre la entrada de aquella sala. Estábamos atrapados. La cortina de luz nos separaba dela tumba vacía. Los arcanos intentaron atravesarla pero no había forma posible. Un sonido rompió el silencio, el sonido de un cascabel que nos recordó a todos al gato.
-El gato….-dijimos al unísono.
Una risa femenina y sensual , seguida de un aplauso resonó en la sala. De detrás del trono una mujer hizo presencia. Una mujer vestida de coloridas ropas que se contoneaba mientras no paraba de reír. En uno de sus brazos múltiples pulseras de cascabeles repiqueteaban.
- Soy Shatiria "Mil Ojos" la mujer que tanto tiempo ha disfrutado con la visión de vuestros cuerpos y vuestras... almas.- Era la voz que nos había acompañado todo el camino.-
Quizá no seáis lo suficientemente astutos como para comprenderlo. Su Majestad Ssavrasileia tiene que delegar ciertas tareas, ¿por qué no? Somos muchos sus fieles seguidores. Estamos aquí para traeros un mensaje. En un abrir y cerrar de ojos estaréis muertos... Si no tomáis una decisión.- Dijo alzando su dedo índice frete a nosotros.
-¿Otra vez con el "huir o morid"?-Murmuro Lissandra a mi izquierda.
- Creo que aún no habéis entendido de qué va el juego. La Reina pide, la Reina tiene.– Dijo con una sonrisa malévola -
No. Ya no es momento de huir.
-¿Y que pide la Reina ? .- Pregunte temerosa de oír la respuesta.
- Nueve más uno habéis entrado en esta sala. Y sólo nueve pueden salir.
-Mi niña..-murmure, llevando mis manos a mi incipiente barriga intentando proteger a mi pequeña.
-¿Quieres que dejemos a alguien atrás?.- Le pregunto Lissandra.
- Así es. A alguien que aún no ha abierto los ojos. A cambio, todos los demás saldréis con vida.
-¡¡Y un cuerno !!.- La grite.
- Si no queréis entregárnoslo...- se quedó pensativa mientras con sus dedos golpeaba rítmicamente sobre la tumba vacía.-
Uno de vosotros habréis de morir por él. Sólo nueve podrán salir. El décimo... o el niño o una de vuestras almas. No hay más opciones.
- ¡¡Atrévete a quitármelo!!
- Contaré hasta diez. Si no. Lo tomaremos a la fuerza.
-Falta alguien Lhyta ..falta el gato..- Oí que murmuraba Likazu a mi derecha.-
Puede ser él, que esté manteniendo el escudo en marcha. Están activando el escudo y no es ella, es el gato...
- Cuanta hostilidad tan mal canalizada.
Una voz se alzó a nuestra espalda. Un hombre consumido por los años apareció detras nuestro.
-Os hemos avisado. Entregaréis al pequeño y os marcharéis con vida. La madre incluida, ¿sí?¿qué os parece?.- Dijo Silvius señalándome.
- Bah, me pareces un negociador francamente malo. – Le respondió Sten , cruzándose delante de mí.
-Vuestro orgullo os llevará a la muerte. Recordad que estáis ante Thrasilvius Lathir. Alguien probablemente más anciano que vuestros propios bisabuelos así que procuradme desprecio. Lhyta, es hora de tomar una decisión. O tu vida o la de uno de tus compañeros... o la de tu hija.- Dijo clavando aquella mirada fría sobre mí.
- Me quedo con la vida de todos.-Fue mi respuesta.
-Si no decidís moriréis todos. Y creedme. ¿Es lo que decidís?¿Todos entregáis vuestra vida por su retoño? . Que empiece el juego.
- Lo siento por ti, gatito. Si hubieras dedicado tu vida a maullar en tejados hoy no morirías.-Dijo Raith.-
Matadlo, me quedo su bastón.
Alzando un simple dedo de su mano, Raith cayó fulminado a nuestros pies. Intentamos defendernos, pero todos acabamos en el suelo con un simple gesto del Nigromante. Mire el rostro de mis compañeros y en todos solo pude ver impotencia, estábamos a merced de Silvius y nada podíamos hacer para evitarlo.
-¿Alguien más va a seguir cuestionándome? ¿Negociaremos ya?.- Dijo alzando la mano para contemplar un anillo rojo como el fuego. Desde el interior del anillo un rostro de mujer nos contemplaba.
-¿¡Qué demonios quieres!?.- Le pregunto Lissandra fuera de sí.
- No podemos darte a su hija... ¿para qué la queréis?.- esta vez era Madeleine quien hablaba.
-Queremos su hijo para la Reina. Aprenderá las artes mágicas como ha de ser. Y nadie más podrá darle una vida más plena.
-Sí, ya he visto lo que tu reina hace con los niños.- Le respondí recordando las pesadillas que cada noche me enviaba Ssvrasileia.
- Os daré de nuevo a elegir. O uno de vosotros o la pequeña. Y no me vengáis con el cuento de que ya tengo a uno. –Dijo cabeceando hacia Raith,-
Puedo traerlo de vuelta cuando quiera. ¿Qué dices, querida? Que nada le complace más que el pequeño.-Dijo como si hablase con el anillo.
-
Podemos entregaros ese guardapelo por nuestra libertad, si tanto lo deseáis. –Sugirió Madeleine.
-No quiero el estúpido guardapelo. ¿Ahora queréis dármelo? Ahora que ya no hay remedio para vuestra desgracia. Que dé un paso adelante la vida que se entregará a la Reina. Y el muerto no. No me vale... Para él tengo otro destino...
Vi como Sten se quitaba lentamente su sombrero y me lo lanzaba al tiempo que daba un paso hacia delante.
-¡¡¡¡NOOO!!!!.- grite al ver lo que Sten pretendía hacer.
-
¡Qué divertido! Lo pasarás muy bien con Ssavrasileia, su Alteza, claro.
-Se de lo que es capaz Raith, y no ha durado nada.- Dijo con voz temblorosa.-
Pero…a cambio… dejaras a su hija y devolverás a Raith a la vida.
-
¿Lo hare?.. ¡Ah! ¡Qué bonito! Creo que voy a llorar. Es tan conmovedor...
-
No , no voy a permitir que te sacrifiques por mí, Sten.- Dije dando un paso adelante. Yo los había metido en aquel lio y no podía permitir que ninguno se sacrificase por mi.-
no puedo dejar que lo hagas.
-
Entonces entréganos a tu niña y nadie sufrirá daño. Yo también he sido...–Carraspeo antes de continuar.- …
padre, si eso es. Dejaré que la veas... una vez, dentro de veinte años.
-
Mi niña se viene conmigo ,moriré con ella,..Pero no te la daré.- Solo de pensar la vida que le esperaba a mi pequeña en compañía de aquellos engendros me ponía los pelos de punta.
-
Lhyta. Si es lo que quieres adelántate y salvarás a tus compañeros.- Dijo esbozando una pérfida sonrisa.-
Lhyta. Soy misericordioso.
-
Tienes que ver a tu hija nacer, y crecer fuerte, no hay mayor galardón que ese para una madre.- Afirmo Ecneo dando a su vez una paso a delante.
-¿Vais a tenerme aquí esperando todo este tiempo? Os lo recuerdo. – Silvius comenzaba a impacientarse.-
No tengo tanta paciencia para esto, como me gustaría. Decidíos. Uno u otro.
- Déjate de juegos y termina ,..¿Quieres mi vida y la de mi hija?,..Acaba con ellas y déjalos ir.
-
Y entonces para que hemos venido aquí y ¿para qué ha muerto Raith?.- Me increpo Sten dando una patada al suelo.
-
Y que quieres ¿que no haga nada mientras ofreces tu vida? yo os metí en esto…
-
Nunca he visto una pelea por morir, es gracioso.-Silvius parecía cansado con la escena.
-
Llévame a mí, deja al pirata, no te servirá de nada.-Dijo Ecneo con rotundidad.-
vamos.. ¡Llévame a mí! pero déjales a ellos..
-
Bien. Lo echaremos a suertes…- dijo resoplando.-
¡O no! ¡Yo decidiré! Quiero a Lhyta!. Lo ha dicho su Majestad. Y su Majestad tendrá lo que desea.
A mi espalda oí a Lissandra recitar a una velocidad endiablada palabras que latían con poder arcano, Silvius también la oyó y comenzó a su vez a murmurar palabras a borbotones. Por unas milésimas de segundo creí que Lissandra lo conseguiría, que nos sacaría de allí. Pero mientras Lissandra recitaba un conjuro de tele trasportación,..Silvius conjuraba sobre mí. Ante mis ojos todos desaparecieron, solo yo y Raith, que permanecía inmóvil en el suelo, nos quedamos retenidos en aquella sala. “Mil Ojos” se acercó con movimientos insinuantes hacia donde yacía Raith, con suma facilidad alzó su cuerpo del suelo, en ese momento pude oír un gemido, Raith seguía vivo, débil, demasiado débil para conjurar, pero vivo.
- Por fin solos. Acaba con mi vida de una vez...-Le pedí.
-No será necesario. Os presentaré ante la Reina y ella sabrá qué hacer... ¿Cómo quieres que llamemos a tu pequeña?.
-
¡¡Vete a la mierda!! No la tendrás.- le grite.
-
No estás en disposición de decir eso, Lhyta.
Sentí un fuerte golpe en la cabeza y la oscuridad me rodeo. Había llegado el final, no habia tiempo para lamentos...