II - De jefes, mentores y protectores.
El caballero Boris había acomodado uno de los divanes para mí, ahuecando incluso uno de los cojines para que estuviera perfecto. Tomé asiento, claro, pues tampoco era menester hacerle ese feo. Unos segundos después, volví a ponerme en pie, paseándome de...