El cuerno de caza de los Ffolk volvió a rugir a través del Paseo de los Graneros, surcando el aire al galope de Azogue, leal montura de Sulion Suravar de las Tierras de los Valles.
Se adentró en la ciudad, aminorando el aire de su caballo, reuniendo a cuantos pudo hasta la Plaza de la Fuente. A la vista de todos ellos, desde la altura de la silla de montar, se aupó en toda su estatura sobre los estribos. Azogue sería su estrado.
«Veo en vosotros la misma incertidumbre que pesaría en mi alma sino estuviese convencido de la verdad. Ninguna mano ni voluntad de la Casa Gáldrim conspiraría contra Púrskul ni contra el Pueblo de Amn, ¡y mucho menos la firmaría!
Con maniobras arteras, arrojan contra nosotros acusaciones, cometiendo innumerables delitos con la vil esperanza de enturbiar estas elecciones libres y acabar con la concordia en nuestra comunidad. Qué meritorio debe ser para ellos haber sustraído un contrato y creer que esto es un juego. Pero ellos no mostrarán sus rostros. Nosotros sí, y les digo:
¡Salid, salid, donde quiera que estéis!»
En su intento de dirigirse a todos y cada uno de los que allí se habían reunido, el medio-elfo hizo trotar su corcel alrededor de la fuente, mirándoles a los ojos.
«Duele la duda, no os engañaré, pero lo que dije entonces, lo repetiré ahora. Pedid que demos un paso al escrutinio de una
zona de verdad y preguntadnos
"¿Habéis conspirado para haceros con el control de Púrskul?" y la respuesta será
"No". Pedid que demos un paso al escrutinio de una
zona de verdad y preguntadnos
"¿Habéis conspirado en el intento de asesinato del candidato Buenospanes?" y la respuesta será
"No". Quizás preguntéis
"¿Estáis dispuesto a ser un títere?", y podéis tener la certeza que la respuesta será
"Absolutamente no".
Aparecen estas aciagas noticias poco después del ofrecimiento público que me hiciera el candidato Buenospanes. Noticias de una conspiración para la que, qué casualidad, tan sólo existimos tres piezas en el tablero: Isabella DeLarochelle, quien se retiró; Bulok Buenospanes, para quien todo son lisonjas y buenas palabras; y Sulion Suravar, el títere de idos a saber quiénes. ¡Qué oportuno! Parece que sólo importaran tres y, con esas cartas, ¡tres se convierten en uno!»
Desenvainó su espada, señalando a unos y otros, siempre al trote y continúo hablando, incansable:
«Muchos me habéis oído decir que no pido apoyo para mi candidatura. Os he dicho que lo importante es hacer lo correcto, y soy al primero que me lo exijo. Nada puedo pediros, Pueblo de Púrskul, Pueblo de Amn. Pero, por todo aquello que amáis de esta buena tierra, si en alguna ocasión habéis pensado que la Casa Gáldrim ha luchado por lo que es justo y bueno, aquí os imploro:
¡Dad un paso al frente y salid, salid, donde quiera que estéis!»
Y como el rugido de un león y el aullido del lobo, Sulion Suravar alzó hacia los cielos de la primera primavera del decimosexto siglo el filo de Ivae'nul, la Luz de la Eternidad, refulgiendo con el candor del sol de la mañana.