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Anith Sella

Krystäl

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Pasé entre las estanterias de la biblioteca del templo de Oghma hacia la sección que una de las bibliotecarias me había indicado hasta encontrar entre dos grandes volúmenes forrados de cuero, un par de libros de una anchura no muy superior a dos dedos, que quizás, aunque no muy detallados, podían servirme de base de lo que buscaba.

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Conocimiento​

Es por ello que cogí ese par de libros y me senté en una de las sillas del templo, cogiendo uno entre mis manos y abriendo la cubierta para desentrañar lo que entre sus páginas se escondía.

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Aunque la Seldarine sehanine tenía entre sus ámbitos la lucha contra la no-muerte, mis conocimientos al respecto se podrían considerar básicos, lo que cualquier sacerdote aprendía durante su estancia en el templo, la propia experiencia o a través de lo que gente mucho más veterana y versada en dicha lucha te enseñaban. En mi caso, siempre había tenido más inclinación por la rama de la adivinación y el mensaje que se esconde tras los sueños, pero ya fuese por un motivo u otro fuera de mi control, nunca había podido avanzar en dicho campo. Bien pensado, nada de lo que tenía planeado había ido como yo tenía pensado.

Y aquí me encontraba ahora, en tierras humanas, buscando información sobre la no-muerte tras una charla que dio una mujer seguidora de Yerkal. Aún no ando muy familiarizada sobre ciertas deidades humanas pero intuí que se movía por dicho ámbito y, aunque había puntos en que quizás no coincidía con ella, necesitaba saber mucho más para poder hacerme una idea real y propia.

Al fin y al cabo, era otro viaje a recorrer. Un camino que se bifurca, otro que no tiene salida y debes retroceder, senderos estrechos donde debes viajar solo, anchos donde tu viaje se une al de otras personas para nuevamente encontrar una bifurcación y separarse.

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La única condición es no detenerse, sin importar cual oscuro se torne el sendero, o cuánto te duelan los pies de caminar. No importa si estás rodeado de un lugar iluminado por el sol, ni si caminas por verdes praderas. Siempre es un pie detrás de otro, detrás de otro, y de otro, y de otro, y de otro...

¿Y el destino?​
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Lo sabrás cuando llegues.​
 

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No había ningún techo de cristal, ni estaba tumbada sobre el prado perdido de ningún bosque junto a un riachuelo. Aún así, si me concentraba lo suficiente era capaz de ver todo aquello en mi mente, ver las estrellas tintineantes en el cielo nocturno, las hojas balanceándose por la brisa helada y escuchar el murmullo del riachuelo junto a mi.

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Cuando cierra los ojos solo veo ese maldito fuego azul.​

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Ya ni recuerdo cuántas veces traspasó mi mente para convertir en cenizas cualquier momento de quietud que pudiese encontrar, pero sí recuerdo la primera vez que lo vi, pues tengo ese momento grabado a fuego en mi alma, cortándome la respiración y estrangulando mi corazón.


Ese maldito fuego azul de hielo​
 

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Apenas ponía escuchar algo más que mi respiración y el corazón encogiéndose con cada paso que daba, con la mirada fija en esas llamas azules del fondo y mis pasos caminando hacia ellas hasta que sentí mis piernas flaquear y tuve que buscar apoyo en un árbol junto a mi, sintiendo como las lágrimas se agolpaban en mis ojos y terminaba arrodillada, faltándome el aliento y las fuerzas ante la imagen que ahora me acompañaría toda mi vida.

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Qué habéis hecho...​


Música

El sonido metálico de las armaduras pasando cerca de mi me despertó de aquel duermevela en el que me había sumergido y abrí los ojos contemplando los miles de soldados que se movian por el campamento, asegurando las piquetas de las tiendas, vigilando la zona, bebiendo agua continuamente con el sudor perlando su rostro en todo momento.

El calor era insoportable y cada bocanada de aire parecía quemarte los pulmones mientras las horas y los dias pasaban en una interminable oscuridad bajo miles de metros bajo tierra. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Qué momento del dia era? El tiempo en aquel sitio parecía detenerse, escuchando el incesante murmullo de los rios de lava más adelante.

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La gente no se encontraba bien, eso era evidente, y aquel lugar no era una ayuda para aliviar sus males. Demasiados problemas al mismo tiempo, demasiadas cosas que resolver, demasiado dolor que no encontraba cura... y yo solo podía repetirme "solo un poco más de tiempo, solo necesito un poco más de tiempo", mientras veía, escuchaba y callaba.

No era ningún soldado entre mi gente, ese no era mi cometido o al menos nunca pretendí que lo fuese, pero llevaba años teniendo que adoptar ese papel, enfundándome en una armadura que al principio me incomodaba y ahora me sentía desnuda sin ella. Ya ni tan siquiera me reconocía si me ponía el vestido que tantos años porté, era como si viese a otra persona diferente a la que ahora soy. Pero debía parecer un soldado en aquellas tierras, debía comportarme bajo una disciplina militar sintiendo que estaba en todo momento bajo un continuo escudriño esperando un tropiezo o un error para derribarme, y eso era agotador, posiblemente era lo más agotador... esa continua sensación de tener que estar alerta.

Me pasé las manos por el rostro y tras unos pocos segundos para reordenar mis pensamientos me levanté.

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"Solo un poco más de tiempo, solo dadme un poco más de tiempo"​
 

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No me costó reconocer en aquel tel'quessir que se detuvo frente de mi a un seguidor del arquero negro. Su mirada relataba una historia que había endurecido su corazón, y su forma de mirar a izquierda y derecha de forma sútil ante cualquier movimiento de soldados que considerase que estaba demasiado cerca le delataba.​

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- Estáis lejos del weldath – musité en élfico al tel'quessir aceptando la cantimplora con agua que me tendía. Mi acento me sonó incluso extraño para mi cuando me escuché hablar mi lengua natal.
- Y vos también – respondió en un gesto serio alerta a un par de soldados que avanzaban entre charlas a su puesto. Di un trago a la cantimplora y se la devolví.
- ¿Qué estáis haciendo aquí?
- Ningún tel'quessir debería estar bajo tierra. Demasiados peligros, demasiados enemigos del Pueblo, demasiados dhaerows que podrían aprovechar la oportunidad para atacar.
Alcé la mirada hacia el Shevarashita, sentada sobre los troncos frente a la carpa de los mandos.
- No es que tengamos muchas más opciones – le respondí, y con un gesto cordial le invité a tomar asiento, más lo rechazó, mirándome fijamente.
- No estáis bien – sentenció con firmeza.

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- Nadie está bien, es mucho tiempo aquí, demasiado calor, problemas y cosas pendientes que aún no han encontrado su solución para apalear el dolor– le expliqué -. Pero dentro de todo eso, yo estoy bien, no tenéis que preocuparos – le sonreí en un intento de calmar al shevarashita.
- Tenéis un tic sacerdotisa... - dijo arrodillándose frente a mi para mirarme a los ojos y, con un pequeño gesto apuntó con el mentón mi diestra. Desvié la mirada hacia la mano apoyada sobre mi regazo. No veía nada extraño hasta que un par de segundos después vi ese movimiento involuntario de mis manos, una flexión apenas perceptible. En un gesto instintivo me tomé la mano para detener aquel movimiento y repetir que me encontraba bien.

El elfo no dijo nada en un primer momento. Miró una vez más a su alrededor y se sentó junto a mi en silencio, con sus armas bien cerca.

- No os dejaré sola rodeada de enemigos – dijo con seguridad -. Quedaré con vos.

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Ambos permanecimos en silencio largo tiempo viendo solamente el ir y venir de soldados, quizás porque él no requería que le contase nada o puede que sencillamente fuese capaz de comprenderlo aunque yo no hablase, ofreciéndome compañía y apoyo en aquellos momentos.
 

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Y aquí es donde finalmente termina el viaje de más de una década​

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Nací en Suldanessalar, una ciudadela élfica escondida en las profundidades del Weldath. Crecí rodeada de tel'quessir, aprendiendo lo que era la cultura de mi pueblo, sus tradiciones, su historia... Aprendí a sentirme orgullosa de dónde provenía y de mi raza. Corrí descalza por verdes prados y escuché la música de las estrellas. Me bañé en el lago del cisne entre risas y juegos, entre secretos y sueños. Hasta que poco a poco mis amigos fueron desapareciendo y tuve que enfrentarme a la falsedad del mundo fuera de la ciudad que amaba, descubriendo que mucho de lo que había aprendido era una mera ilusión, y que la propia hipocresía de los n'tel'quessir habitaba entre los mios.
 

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Las aguas de un lado del lago comenzaron a tornarse negras y candentes, bullendo como si un volcán de lava se alzase ardiente, y entonces vi una llama oscura y perversa... el símbolo de un ente que comenzó a hablar una lengua que no comprendía, pero era como garras dentro de mi cabeza hasta que esa lengua profana de los nueve infiernos empezó a cobrar sentido.

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"¿Crees poder alterar el curso del destino sin pagar el precio, mortal?"​

....................................​
Abrí los ojos despacio. A mi alrededor todo era quietud. ¿Había sido un sueño? No... era uno de tantos recuerdos que ahora me debían acompañar durante mi existencia.
 

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¿Y qué es lo que había aprendido durante todo este tiempo lejos de su hogar?​

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Más de lo esperado pero no lo que otros hubiesen deseado.​
 

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Hace tiempo me preguntaron si estaba haciendo todo lo que podía, aunque realmente era una pregunta que me hicieron en varias ocasiones y solo me hacía sentir que no hacía nada bien y que todo era culpa mia y, la última vez que me preguntaron hará tres años frente a una chimenea de una posada, recuerdo una oleada de tristeza en mi alma y responder con un tono bajo “que quedaba una última cosa… pero que esa iba a ser dolorosa”

Sin duda mi interlocutor no sabía a qué me podía estar refiriendo. Tampoco me pregunto.

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Pero finalmente hoy lo hice, y no sentí tristeza alguna en mi alma... solo una gran decepción.​
 

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Hubo un tiempo en que tuve un hogar​

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Mis pies se hundían en la nieve con cada paso que daba mientras el frio me provocaba un leve dolor en los pulmones con cada bocanada de aire que tomaba y, aun así, mis pasos no se detenían ni mis fuerzas decaian. Continuaba subiendo por el monte nevado, sorteando a los trasgos que me salían en al paso hasta llegar a aquellos dolmenes. Me acerqué enfundando mi espada y posé la mano sobre la piedra central cubierta de nieve.

Recordaba cuando en mis primeros viajes a aquellas tierras buscaba dónde debía haber vivido la tribu de tezhyr, sabiendo que era muy posible que estuviesen cerca de ese lugar antes de que los dragones rojos les hiciesen huir hacia el sur o que incluso viviesen en ese mismo sitio. Así que para mi ese lugar, era el único contacto que me quedaba con mis raices tras mi marcha, junto con milenios de historia en mi cabeza y la Nube Luminosa en las horas nocturnas.

Respiré profundamente y apoyé mi frente en el dolmen, pasando la mano por la piedra para retirarle la nieve que se había acumulado en sus grietas. Tenía agua, animales para cazar y el Mirtul suavizaría las temperaturas de aquel monte nevado. Así que tenía tiempo para construir un refugio en algún árbol antes de que llegase las frias noches del Noctal.


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Esperaba recordar las enseñanzas de mi padre, pues ahora las iba a necesitar.
 

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El frio salía a través de sus labios en forma de vapor, mientras las llamas danzaban frente a ella con chisporreantes luces que se elevaban unos segundos antes de apagarse.

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La sacerdotisa se llevó las manos unidas a los labios y exhaló aire caliente tratando de desentumecerse los dedos. No era una nche muy fria, al menos no tanto como las primeras, cuando la lluvia aún caía en forma de copor de nieve sobre la capa de sus hombros. Pero afortunadamente esa noche el cielo estaba despejado y lejos de la ciudad, se podría contemplar la bóveda celeste en todo su esplendor.

Anith inspiró el aire helado de los picos y miró a su alrededor. Hacia dekhanas que los goblins hacían dejado de molestarla, e incluso el enorme oso invernal se había acostumbrado a su presencia lo suficiente para no gruñirla amenazadoramente siempre que no se acercase. Despació y con ayuda del báculo se puso de pie, acercándose al dolmen central de la construcción. Las últimas lluvias habían derretido la nieve que había cubierto durante todo el invernal la piedra y ahora se mostraba frente a ella imponente. Anith no dudaba que milenios atrás, esa piedra se alzaría orgullosa mostrando símbolos antiguos de los sy'tel'quessir de Keltormir tallados con esmero. Pero el tiempo avanza para todos, incluso para aquellas ruinas olvidadas.

La teu'tel'quessir posó la mano sobre la roca, sintiendo el poder que despertaba a través de sus dedos.
- Por aquí vivió el Clan de tezhyr – se decía -. Quizás bailaron alrededor de los dólmenes en dias especiales, puede que se bañasen en el lago de enfrente...


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Música
Anith cerró los ojos un momento y por un momento le pareció escucharlo, los ecos del pasado... un idioma familiar al suyo pero que no llegaba a entender, con ese tono que parecía que cantaban con cada frase. Despacio se giró, temiendo que cualquier movimiento brusco pudiese provocar dejar de escucharles... dejar de verles danzar alrededor de una gran hoguera encendida en el centro del valle.


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Veía cómo se reían a través de una vaporosa neblina, moviendose al son de una música tribal, con el torso destuno mostrando tatuajes y sus cabellos oscuros y largos, trenzados, adornados con hojas y plumas que se movían al son de sus movimientos. Los pequeños intentaban seguir a sus mayores mientras unos metros más lejos, los ancianos permanecian sentados juntos, hablando entre ellos en un tono inaudible para ella, observando con diversión en sus ojos cómo su Clan permanecá unido en aquella festividad.

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Anith se sintió embriagada por aquella música que le incitaba a unirse al baile del Clan, a formar parte del Pueblo al que pertenecía, a danzar alrededor del fuego con los demás, a unir su voz en un solo cantar mientras sus pies sentían la tierra fria y su cuerpo buscaba esa armonia de sus movimientos, como un escultor que trata de dar forma a algo que no ve. Y bailó alrededor de la hoguera, entre aquellas canciones olvidadas en el tiempo, bajo el cielo estrellado y con la luz de la luna como único testigo de un tiempo y un secreto que guardó milenios atrás hasta que un fuerte rugido hizo silenciar todo y dos enormes gradones rojos sobrevolaron el valle hacia lo alto de la montaña...

La sacerdotisa se detuvo con la mirada puesta en el cielo, pero aquellos dragones se desvanecieron como la niebla en el amanecer. Cuando la volvió a bajarla mirada no había nada ni nadie... Solo ella con la quietud de la noche y la luna llena guardando por los misterios del tiempo.


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Krystäl

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EL MAL QUE REQUERIAN​

La joven teu'tel'quessir se arrodilló frente a ella, colocando sus manos sobre su regazo. La fina lluvia caía sobre su efímera figura sin llegar a tocarla, pues yo sabía que aquella visión estaba en mi mente.

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Si algo había tenido desde hacia meses era tiempo para pensar, viendo transcurrir los dias en noches, las mañanas en tardes, la nieve en lluvia, todo repitiéndose en el ciclo natural de la vida con el rumor de la cascada como el eterno compañero.

Eldarask de vez en cuando venía a traerme alimentos, Tharador al saber de mi situación mandó a Kamia a que me hiciese compañía para no estar sola, y aún así... pasaba tantas horas a solas conmigo misma que ya no era extraño ver ecos del pasado o la joven sacerdotisa que existió antes que yo, con su vestido largo y blanco y un cabello largo semirecogido por un par de trenzas alrededor de la cabeza.

Ya me había acostumbrado a verla en momentos puntuales, cuando un pensamiento brotaba de mi alma y que requería de guía o al menos, alguien a quién contárselo. En cierta forma me imaginaba que era la forma en que la Seldarine sehanine tenía para que explorase mi alma más profundamente y creciese.


- Un lugar frio, pero especial para ti... - sonrió con dulzura la joven sacerdotisa, posando sus ojos esmeralda sobre los mios. Le devolví la sonrisa.
- Todas estas tierras ocultan lugares especiales para aquellos que saben dónde mirar y dónde buscar – le respondí.
- ¿Y qué es aquello que me ha traido aquí? - quiso saber -. La última vez nos vimos en el mar enbravecido de vuestra alma herida... ]- su tono se tornó triste, como la sonrisa que surgió de mis labios.
- Y nunca será suficiente... - me dije más para mi apartando la mirada mientras ella pasaba sus dedos por uno de sus mechones plateados. La lunar no respondió a mi afirmación, solo me observó en silencio, concediéndome unos momentos para que mi mente regresase al ahora -. Pero ya no importa...
- Entonces ilustradme Anith... - me invitó a hablar -.Ya sabéis cómo funciona... el primer paso es el dificil y, aunque penseis que vuestros pensamientos no tienene lógica al principio irán adquiriéndolo cuando lo digais en voz alta – casi podía ver aquellas motas doradas en sus ojos cuando se acercó a mi, sabiendo que, aunque no estuviese ahí en realidad, su mera presencia me reconformaba.
- Los deseos – dije. La sacerdotisa ladeó la cabeza y se mantuvo en silencio.
- ¿Os preocupan los deseos?
Negué.
- No me preocupaban, hasta ahora... - respondí -. Dicen que en ocasiones cuando deseas algo con todas tus fuerzas terminan convirtiéndose en realidad, y también dicen los mayores que hay que tener cuidado con aquello que se desea.
- Los ancianos son sabios – apuntó.
- Lo son – le concedí -. Ten cuidado con lo que deseas, quizás se haga realidad... Eso es lo que suelen decir, y ahora veo bien a qué se referian – alcé la mirada hacia el cielo, viendo las nubes pasar veloces bajo el manto estrellado. La sacerdotisa esperó paciente a que continuase.
- ¿ y cuál es el ese deseo que se ha convertido en realidad? - preguntó finalmente.
- El mal que requerían para que otros consiguiesen lo que deseaban... - dije. La joven lunar me miró sin comprender.
- ¿Y qué mal es ese?
- Uno por el que muchas vidas se han puesto en peligro, donde centenares de vidas sin nombre se perderán... Un mal acorde a lo que necesitaban pues su único primitivo fin es ser una amenaza sin sentido para la vida y así poder concederle a otros el deseo que querían, pervirtiendo un honor en un mero premio...., y que tras esto sin duda lo conseguirán. ¿cómo no hacerlo? Salvarán a toda una ciudad, a todo un bosque... porque deseaban tanto poder otorgarles su egoista deseo, que llamaron al mal que requerian para ello...

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Krystäl

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Sé que la desesperanza se ha instalado en vuestros corazones, sé que creéis que nadie se acuerda de vosotros, pero yo os tengo cada dia en mis pensamientos... así que aguantad, ¿Me escucháis? Aguantad... pues yo no os olvido.​
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Krystäl

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- ¿y bien? ¿cuál es vuestro veredicto final? - pregunté a Eldarask cuando dio el primer bocado a la manzana asada. Una pequeña sonrisa asomó en su rostro pero pronto volvió a ponerse serio.
- Bien – respondió firme en un porte que podía recordar a los solares donde mostrar una excesiva emoción era propia de los jóvenes.
- ¿Y qué dice vuestro lado lunar? - volví a preguntar sonriendo mientras tomaba un trozo de la manzana para llevármelo a la boca. El sabor de canela la daba un toque especial, y el calor que desprendía y su aroma ayudaba a combatir el frio. Eldarask rió.
- Sorprendentemente delicioso – dijo.

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Asentí agradecida y alcé la vista cuando dos figuras se acercaron corriendo. Uno con una espada desenfundada y otro con una ballesta. Dejé la manzana a un lado y tomando el báculo me levanté para que notasen mi presencia. Eldarask al ver que me levantaba buscó el motivo de aquel repentino movimiento y, al ver a los dos hombres deteniéndose delante de mi se levantó, cogiendo el arco y permaneciendo tras de mi.
- Esto... ¿Vais tras el oso? - preguntó uno de los hombres. Por sus ropajes no sé si sería un guerrero, pero de ser así haber comenzado ese viaje hacía poco.
- ¿El oso? - pregunté yo en común -. Hay un oso por estos lares, pero nunca ataca sino es molestado... - le respondí. El hombre señaló al enorme oso blanco tras de mi y yo giré un poco el rostro para verlo. Sí, por desgracia no me cabía duda que iban a por el Oso Blanco, pero nunca había visto a ese oso ser agresivo ni atacar, incluso me había acostumbrado a su presencia y él a la mia.
- Tengo la mision de acabar con el, ha hecho destrozos a inocentes – dijo el hombre enfundando el arma.
- Nos encargaremos de él – respondió su compañero con la ballesta.

Eldarask miró al oso un instante y luego miró a los hombre, apoyándose en el arco y alzando una ceja extrañado por lo que escuchaba.
- Pues, yo no lo he visto ser hostil nunca – le respondió el elfo.
- Una vida vale más que destrozos materiales... - añadí yo. El hombre sacó un pergamino de la trafilquera y yo me acerqué para verlo.
- Se hace saber que se ha divisado cerca de los caminos de ascenso a los Picos de las nubes un oso de pelage blanco y gran embergadura que esta atacando caravanas y viajeros y bla bla bla. El resto ya es recompensas – dijo -. ¿Necesitais ver el informe? - preguntó mientras su compañero cargaba un virote en la ballesta.
- Todo listo socio.
Tome aire con cierta tensión.
- ¿Y estáis seguro que es ese oso? - les pregunté. Eldarask permaneció alerta con un porte cuasi militar, sin apartar la mirada de los hombres -. Llevo aqui dekhanas y nunca me ha atacado... y ni siquiera se muestra hostil con vosotros...
-Es ese oso seguro, según la descripción es ese, seguro seguro – afirmó.
- ¿y os parece hostil maese?
- Quizá ahora esté no hostil... pero la ley es la ley... - dijo mientras guardaba el informe -. Yo no soy quien la hace -
- No me hablais de ley, sino de recompensa..- inquirí -. Os pido que marcheis sin dañar al oso.... puede que el que busqueis esté más al norte, pues os aseguro que este no es hostil al menos que se le acerquen...
- Yo, solo estoy cumpliendo con mi trabajo My Lady.
- De algo tenemos que comer – replicó su compañero.
- Y cuánto os van a pagar por ese trabajo?
- No te voy a negar, que la recompensa es suculosa, pero es trabajo... Unas 3000 monedas más o menos. Pero no solo es por dinero...

Apoyé el bastón en el suelo manteniéndome tranquila, ganando algo de tiempo mientras trataba de encontrar una solución y evitaba el derramamiento de sangre innecesaria.
- ¿Entonces? - les pregunté.
- Yo cumplo con las Ordenes... - aseguró antes de pedir a su compañero Suri que guardase la ballesta -. No son hostiles, somos civilizados y podemos dialogar – aseguró -. Mira My lady, yo soy comerciante, ni si quiera soy guerrero. Pero tengo que cumplir con las normas de esta sociedad en la que viv. Como ciudadano de Amn... hay cosas que puedo estar o no deacuerdo, pero es lo que hay . Esto es algo de honor conmigo mismo.
- Os ofrecieron un trabajo maese... - le respondí cuando vi que se escudaba en el honor y la ley -. Aceptais ese trabajo pero aún no cobrasteis el dinero, por lo que podéis rechazarlo.
- Si me marcho y digo que el oso no fue hayado y ataca o suceden ataques se tomaran repesalias contra mi – miré al hombre extrañada por tales afirmaciones.
- Es un animal, no mata por placer, solo si alguien es tan necio de ir a molestarle – apuntó Eldarask educadamente -. Además, decís no ser guerrero...No le recomiendo enfrentar un oso señor, sus zarpas pueden arrancar la cabeza de una persona.
- No soy guerrero, pero mi compañero Suri, sabe como ayudarme y hacerme más fuerte que uno
- Nos podemos encargar de esto perfectamente – aseguró Suro.
- Si me marcho, y pasa algo sabes que cabeza estará colgada? La mia... Y mi vida vale más que la del oso... Si pasa algún incidente dile tu a los guardías de la ciudad que esque el oso parecia tranquilo.

Negué despacio sin poder dar credibilidad a tales palabras.
- No creo que sea asi maese... Vos estais viendo con vuestros propios ojos que no es hostil – esta conversación iba a ser dificil, pues no parecian dispuestos a marchar sin matar al oso -. No sé en qué escena se pudo dar tales ataques, si entraron en su territorio sin saberlo o cómo sucedió... Os pido que me dejeis intentarlo.... dadme un par de dias.
- Eso da lo mismo. Nos tenemos que encargar de él – dijo Suri.
- Mira, ¿de verdad crees que me gusta matar osos? - me preguntó -. Repito, yo solo soy un mandado y no voy a arriegar mi vida por vosotros que no os conozco o menos por el oso que es un animal...
- Yo solo veo meras excusas para sacar dinero, nada más – dedicó educadamente Eldarask a ambos. - No deseo que se derrame sangre.... ¿Crees que solo es dinero? Se trata de jugarme el cuello Lady.
- ¿Por un oso que vive en un terreno inhóspito y alejado de toda civilziación? - alzó Eldarask las cejas sin dar credibilidad alguna a sus palabras -. ¿De verdad cree que a la guardia de Amn le importe lo que le ocurra a algún desafortunado en su mayoría aventureros que pasen por aquí?
- Ha Amn solo le importa el dinero... seamos sinceros. Y aquí hay dinero por medio... Y no digo el mio ni el que me van a dar – respondió al hombre -. Alguien ha pagado para que se mate ese oso ¿Quien? No lo sé, yo soy un mandado, aí que... tengo que cumplir con mi trabajo...
- Alguien puede ofreceros dinero, pero sois vos quien decidis si deseais hacer ese encargo o no... -respondí.
- Claro que queremos – aseguró su compañero.
- Yo creo que aquí no hay mucho más que hablar... - aseguró el cazador -. Yo tengo esta misión y tengo que hacerla, es sencillo... Hemos hablado como personas civilizadas, y hemos expuesto puntos de vista diferentes pues, se os han dado facilidades y no la habéis aceptado – dedicó de forma educada pero firme -. Más a mi pesar, no hemos llegado a un a cuerdo, pero mi misión es esta. Si fuera por mi, me hubiera gustado no tener que aceptar la mision
- Y yo os dije que no deseo que se derrame sangre – le miré sin moverme ni un ápice de mi lugar -.
- Vamonos de aquí socio, esto está quemado – le indicó Suri con un gesto de desprecio hacia nosotros.
- Si nos vamos nos van a cortar el cuello... Y ni esta ni el otro nos van a salvar – y realizó un susurró a su compañero que no pude escuchar bien.
- No pasa nada, entregaremos el de estos dos.
Tanto Eldarask como yo desviamos nuestra atención hacia Suri ante dicho comentario.
- ¿Eso debo tomarlo como una amenaza? - preguntó eldarask colocando la diestra junto a su carcaj.
- Si nos metemos en problemas sereis los culpables – nos respondió Suri.

Durante un momento temí que tras dicho comentario esta situación solo pudiese ir a peor y la tensión creciese. Ellos venían por el oso, yo no deseaba quedarme mirando impasible mientras asesinaban a un animal que nada había visto hacer y derramaban su sangre por el capricho de algún comerciante que deseaba su piel.
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- Os pido que marcheis.... - dije -. Si sale de esta zona, sois libre para cazarle para evitar que haga daño y nada haré.
- No se quienes sois, así que no tengo que fiarme de vuestra palabra.
- Anith sella... - me presenté -. ¿y vuestro nombre maese?
- Nullat, Nullat el Comerciante – se presentó con una reverencia. Cabeceé en respuesta mientras su compañero escupía a un lado con desprecio.
- Maese Nullat, debeis entender que este es territorio del oso. Si alguien entró aqui y le molestó, no dudo que le atacó como cualquier persona defendería su hogar. Si sale de aqui.... podéis cazarle para que no dañe a otros, pero este es su hogar y es un lugar sagrado para mi gente, no deseo que se derrame su sangre innecesariamente.
- Pues si es su hogar largaos de aquí vosotros también – soltó Suri. Mis ojos se posaron sobre Suri. Aunque Nullat aseguraba que era fuerte y que podía ayudarle a luchar contra el oso, no le veía especialmente fuerte, así que debía tener otras cualidades que desconocía. El problema que yo también las poseía y aún así, sabía que debía tener cuidado en esa situación.
- Ya está bien Suri, no intentes probocar un altercado – le recriminó su amigo antes de añadir un -. No matamos humanos...- dijo refiriéndose a lo que él intuía diriamos nosotros.
- Pero el Seldarine tiene enemigos entre ciertas deidades humanas – añadí buscando quizás el símbolo del Tyrano en aquella persona que mostraba tras despecio hacia mi raza, pues sus palabras y gesto me recordaban incesantemente a de los banitas zhetarim.
- Lady Anith, ese oso ya está mayor, que no por ello merezca menos vivir, pero si la cabeza de ese oso salva la mia debo matarle.
- Os pido entonces.... dos dias.... Si sale de aqui para buscar comida podreis cazarle – le ofrecí -.¿Podéis esperar al menos dos dias maese? Solo os pido eso. Si desea cazar, o marcha al bosque o saldra al oeste.... de ser lo segundo, es vuestro para que no dañe a nadie. ¿Os parece un trato justo?
- Está bien le dejo un par de horas... - Aceptó la propuesta. Asentí con un suspiro -. Si hace algo raro en un par de horas, Su cabeza es mia.

Ambos hombres marcharon y cuando ya estuvieron lo suficientemente lejos me giré hacia Eldarask, el cual ya tenia un par de flechas sutilmente agarradas en caso de que la cosa hubiese sido subiendo. Por fortuna no fue así. Le miré y con seguridad dije:

- Llevemos al oso al bosque. Pues hoy no será cuando consigan su vida...

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Krystäl

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El collar con el símbolo de la hija de las noches oscuras permanecía enroscada en mi muñeca mientas mi mano sostenía su símbolo en lo alto, tal como aprendí casi una decana atrás, manteniéndome frente al cementerio aquella larga y solitaria noche.

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No recordaba las horas que llevaba, solo que comencé con el ocaso y aún las estrellas brillaban sobre mi cabeza. Entonces escuché pasos tras de mi y al girar un poco el rostro vi una mujer con una armadura azul. No sabía su nombre pero la reconocí de horas antes, una de las mujeres que estaban ayudando con los no-muertos.
- ¿Qué haceis aqui sola? - me preguntó colocándose unos pasos tras de mi.
- Asegurarme que nada salga – le respondí.
- Un poco tarde para eso – resonó una voz enfrente de nosotras -.Teniendo en cuenta que la mayoria de nosotros volamos...

Desvié mi atención a las dos figuras que salieron del cementerio deteniéndose a varios metros de nosotroa. Un hombre con ropajes negros y oscuros con una máscara que ocultaba su rostro y otro que le acompañaba. La mujer colocó la mano en la empuñadura de su arma, asegurándose que estuviese lista.
- ¿No estara entre vosotros Sir Erik Langley, verdad? - preguntó el hombre enmascarado.
- ¿De parte de quién? - pregunté posando mis ojos en aquella persona.
- De un admirador que quiere felicitarle por derribar al baron Castigo – me respondió. Permanecí con el símbolo en alto con tranquilidad, sabiendo que no podría acercarse mientras el símbolo permaneciese en mi mano, pero al tiempo siendo consciente que eso no les impedian atacarme a distancia de ser necesario.
El hombre que acompañaba al enmascarado le susurró.
- Le haré llegar vuestro mensaje si asi lo deseais... - fue la única respuesta que obtuvo de mi.
- Que se acerque – pidió entonces el hombre.
- ¡Seria maravilloso, si! - respondió en enmascarado.
- No mordemos.
- En teoria yo si muerdo – replicó el otro.
- Bueno, él sí.

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Fruncí levemente el ceño, no por el hecho de no ser aún consciente de que tenia delante a un vampiro y a uno de sus esbirros, sino porque tal conversación entre ellos me recordó a aquellos teatros de comedia que en ocasiones hacian en las tierras humanas. Miré al esbirro mortal y éste señaló al enmascarado.

- ¿Como os llamais, señorita? - me preguntó el vampiro.
- Lo siento... temo no conocerle... - dije sin dar nombre alguno.
- Venga di tu nombre que te encanta – dijo su esbirro riendo.
- He cambiado mis titulos por uno mas simple.
- Vaya
- Soy el hijo de Ireth Cantoscuro – dijo. Recordé a la elfa, conocía su historia y a lo largo de estos meses había momentos que comprendí el sentimiento de sentirse traicionada por su propio pueblo y por la reina y el dolor que ello conlleva. No había tenido una vida sencilla y se había sentido olvidada, eso podía entenderlo... demasiado bien. Pero sabía que los vampiros no tenian hijos y yo había conocido a la traidora de Kelemvor Brynh, aquella por el cual Shamaelthalar no deseó más aprendices tras su traición, alguien convertida por Ireth y con quien había combatido en mi juventud y mi Diosa le había hecho huir durante el combate. Él debía ser aún era mortal cuando todo eso ocurrió, y cuando vi a Ireth por primera vez añós atrás. A ojos de los suyos debía ser un niño.
- Sencillo sin duda – asintió su esbirro.

La mujer tras de mi permanecía atenta a los dos desconocidos en silencio tras de mi. Podía sentir que de ser preciso presentaría batalla a mi lado aunque ni siquiera nos conociamos o supieramos nuestros nombres. Saber que podía contar con alguien en aquellos momentos era agradable, pero también me hacía ser consciente que había dos vidas que había que proteger por encima de todo, la suya y la mia.

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- Los vampiros no pueden tener hijos... Así que supongo que sereis su amante – dije sin poder esconder cierto gesto de repugnancia al pensar solo en aquel hecho.
- Hmm no – dijo -. Descendiente por linaje
- Es su hijo – explicó su esbirro -. ¿Podeis avisar a Erik?
- Creo que no esta – se autorespondió el vampiro.
- Antes estaba, será que solo se acerca de dia – aseguró. Fue un comentario interesante, pues eso me indicó que ese hombre además de ser un esbirro mortal de un no-muerto, se paseaba por el hospicio de dia durante los preparativos.
- Debe ser triste que se deba vivir del linaje de otros... - dije, pues intuí que usó el nombre de una vampira reconocida en aquellas tierras para poder darse más importancia de la que seguramente poseía o un mero intento de provocar temor en los corazones de sus adversarios usando la fama de otros, pues sinceramente, ni siquiera sabía quién era.
- No sabria deciros, señorita. Todos dependemos de algo. Yo de un linaje. Vos de un simbolo – replicó no conforme con mis palabras -. Hagamos algo. Combatiremos singularmente, yo sin mi linaje y vos sin vuestro simbolo ¿Os parece? Si ganais, nos rendimos

La mujer tras de mi avanzó unos pasos hasta colocarse a mi lado.

- Soy una sacerdotisa de Sehanine Lunarco –
dije con firmeza manteniendo mi símbolo en alto -. No voy a dejar mis armas porque vos deseis un combate singular.

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Realmente no entendía cómo un sacerdote o cualquier otra persona sería capaz de entrar en los juegos que podía ofrecer un no-muerto. Su raza contaba ya con una ventaja que ninguna otra raza mortal poseía al menos que pudiese deshacerse de esa inmortalidad, pero yo no era ningún N'tel'quessir que precisase demostrar cómo de fuerte era yo o mi fé ni sentía necesidad alguna de obedecer sus peticiones. La unión es lo que nos hacía fuerte para combatir a esos engendros no-muertos, no la sobervia de considerar que nuestros Dioses nos protegerian de ellos solo porque nos conceden su poder, menos si alguien era tan ingenuo de aceptar sus reglas en un combate.

- Ahhh, comprendo... - dijo entrecerrando los ojos levemente, despidiendo un leve brillo de energia negativa -. Que triste es que alguien que se aferra a su fe como unica arma hable de linajes. En la otra ocasion tambien lo rechazaron

Avancé unos pasos hacia ellos junto a la mujer y entonces el vampiro retrocedió.

- Astro, diviertete con cualquiera de las fulanas. Avisame si aparece Erik – dijo marchándose sin más una vez comprobó que yo no era dada de incrementar su ego.
- Paso – dijo su esbirro antes de marcharse con él y desaparecer en el cementerio.
Murmuré entonces unas plegarias pasándome la mano por los ojos para asegurarme que no permanecian o regresaban ocultos, entonces tome aire y miré hacia la mujer.
- ¿Estáis bien dama? - pregunté. La mujer apoyó su mano en mi hombro, en un gesto de apoyo.
- Sí lo estoy, pero solo os oí a vos hablar.
- Habia un vampiro y un hombre que sabia que sir Erik estaba aqui de dia – le expliqué -. Querian ver a Sir Erik... pero marcharon al ver que no cedia a su deseo de combate singular sin mi símbolo. Solo se dedicaron a alardear... pero me reconfortó saber que vos estabais cerca de mi.
- Creo que sir Erik marchó del hospicio cuando llegue y os vi aqui sola y no os iba a dejar sola.
- Mi nombre es Anith... por cierto.
La mujer sonrió tratando de darme ánimos.
- Teresa es mi nombre

Solo saqué dos conclusiones de aquella noche, una, que aquella mujer que permaneció junto a mi parecía alguien en quien se podría confiar y la segunda, que los humanos de aquellas tierras habían malcriado a los vampiros durante demasiado tiempo.​
 

Krystäl

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Estaban siendo unas noches demasiado largas, pero permanecía en la entrada del cementerio, vigilando desde la puerta como otras tantas noches para impedir que los no-muertos y sus esbirros saliesen al exterior o intentasen atraer a incautos al interior, cosa que ya había pasado.

Hacía varias noches Shack había sido atacado con ácido por alguien que salió del cementerio y la noche anterior a esa nueva vigilancia, un pequeño brujo se movió invisible en forma de un animal y pude sentirle cuando se acercó a la puerta, quizás tratando de salir pero mostrándose abiertamente en el pasillo que da al interior del cementerio al verse descubierto, enseñándome con su magia que él había sido quien provocó esos tentáculos que nos impidió ir a restacar a los miembros del Radiante a tiempo.

Traté de detenerlo sin éxito, pues cuando escapó volando al interior del cementerio no le seguí, eso hubiese sido una necesidad por mi parte. Así que solamente regresé nuevamente a la puerta, esperando que Sir Erik regresase del juicio en Minsor para dar aviso de ese nuevo altercado.

Pero apenas comenzar la vigilancia nocturna escuchamos unos pasos acercarse tras nosotros.

- ¿Qué hacen aqui? - preguntó el guardia Dazai. Le reconocí de la guerra de Inmescar y seguía notando esa sensación en mi interior que no era alguien en quien yo pudiese confiar.
- Buenas noches señor – se dirigió Eldarask hacia él con un tono educado -. Pues vigilar el paso que lleva al cementerio.
- ¿Y vosotros os llamais? - le preguntó.
- Eldarask, de la familia Finwall – dedicó educadamente apoyando su arco en el suelo.
- Sir Erik sabe de nuestra presencia aquí, así como lo saben todos aquellos que custodian el hospicio – respondí yo -. Vigilamos por si vemos algo que sale y damos la voz de alarma.
- Entiendo... ¿teneis permiso de enterrador?

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Alcé las hojas confusa ante semejante comentario, pues bien sabía que no lo éramos.
- ¿Cómo decís?
- Pues eso, que me mostréis vuestra ciudadanía, permiso de enterrador o a qué organización pertenecéis que tengáis – pidió sin andarse con rodeos. ¿Estaba de broma?
- Estoy colaborando con Sir Erik en la Cruzada – repetí presintiendo que ese cabo estaba ahí ya sabiendo lo que quería de nosotros -.Sabe que vigilamos ambos aquí en la entrada y le hemos avisado de los altercados que han acontecido.
- Entiendo ¿Sir Erik es guardia de Amn? - preguntó entonces.
- Creo que sabeis perfectamente quién es Sir Erik... - respondí despacio apoyando el arco en el suelo desconfiando ya de ese guardia. No me agradaba su tono, menos la prepotencia que mostraba en una situación así -. Podéis buscadle y preguntarle. Anith Sella y Eldarask, los gentiles apostados en la entrada del cementerio.
- Entiendo, entiendo - señaló entonces su placa -. Soy el cabo Dazai de la guardia de Amn.
- Entiendo señor – Eldarask miró al guardia mostrándose tranquilo -., más como veis solamente estamos aquí vigilando como tantas otras noches se ha hecho en conjunto de los miembros de la Orden que actualmente residen en el lugar.
- Bien - señaló hacia arriba, donde la placa de Kelemvor permanecía en la entrada de la puerta -. ¿Veis la placa y la inscripción de ahi arriba?
- Así es, pero como se puede apreciar en este paso en el que nos encontramos es un mero pasillo sin una lápida, cripta o elemento funerario, pues es solo un acceso – respondió Eldarask.

Por entonces yo ya era consciente de sus intenciones, tanto por su tono como por cómo iba dirigiendo las conversación. Iba a usar la ley amniana de forma tan escrupulosa y cerrada posible para, no solo poder sacarnos de ahí, sino para asegurarse que permaneceríamos lejos. No importaría lo que le dijéramos.
- Eso es lo que señala el inicio del campo santo, nadie... y digo nadie, puede entrar, permanecer, salir de él así que... si queréis vigilar que sea en estas bonitas entradas y, os recuerdo una cosa más. Aquí la ley la pone y la hace valer los trabajadores legales amnianos.
- ¿Habéis dicho Cabo Dazai, cierto? - pregunté. Él asintió -. Deseo hablar con el sargento Roxx cuando tengáis a bien de avisarle.
- Bien, mientras tanto, vais a acompañarme al cuartel ambos – dijo repentinamente -. ¿Tenéis la ciudadanía? Mostrármela.
- No, no nacimos en Amn – dije yo.
- Bien, ambos para el cuartel conmigo y por favor, espero que lo hagáis de forma civilizada.
- ¿Hemos infringido alguna ley o dado motivo para ello?
- Sí, marchando – dijo sin responder la pregunta de Eldarask.

Tanto Eldarask como yo nos miramos.​
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Aquel comportamiento no era normal, no en una situación así, no cuando ni siquiera se molestó en asegurar la información con ningún miembro del Radiante que estaban en el hospicio como hubiese hecho el sargento Roxx. Debía haber algo detrás de ese comportamiento, pero le acompañamos hasta la guardia, donde tras sentarse tras la mesa sacó un par de papeles. Parecía que tenía prisa por amonestarnos.

- Bien, vamos a ver -se acomodó en el sillón -. ¿Os ha dicho la orden que tenéis potestad para permanecer dentro del camposanto vigilando en la nocturnidad?
- Sir Erik sabe perfectamente dónde estamos vigilando y quienes durante la nocturnidad -dije -. Le avisamos de todos los movimientos extraños y damos la voz de alarma. Ahora cabo Dazai ¿Bajo qué acusación nos habéis traído aquí? - exigí saber.
- ¿Os ha dicho que tenéis potestad para permanecer dentro del campo santo en la nocturnidad vigilando? - volvió a preguntar.
- Deseo cabo Dazai, que Sir Erik del Radiante sea avisado y traído aquí, así como el sargento Roxx.
- ¿No vais a responder a mis preguntar?
- Nos habéis sacado de una vigilancia, os dijimos que Sir Erik lo sabía, os pedí llamarlo... y nos habeis traido para interrogarnos sin decirnos los cargos y sin molestaros en confirmar nuestras palabras con el Radiante. Deseo que Sir Erik sea avisado... - repetí por mi parte nada acostumbrada a que un soldado ejerciese la ley de forma tan deliberada por sus propios intereres.
- ¿No vais a responder a mis preguntas? Más cargos os caerán entonces.
Cogí aire despacio.
- Sí, estábamos bajo las órdenes de Sir Erik – respondí finalmente.
- Bien, bien... me alegra saber que la orden está tan comprometida... ¿sois miembros de la Orden del Radiante?
- No
-¿Bien, bien ¿ninguno tiene la ciudadania entonces?
- No
- Bien, pues veremos que dice el magistrado en esto señores – dijo sin más -. Tendréis que esperar en las celdas hasta que el magistrado decida.
- ¿Qué? - me levanté del asiento repentinamente. Había pasado suficientemente tiempo con Roxx para saber que ese proceder era del todo abusivo e ilegal. No..., nos quería sacar del cementerio, nos quería mantener lejos por algo. Y por el Seldarine que cuando dijo magistrado vi a ese banita enjuiciarnos para acabar esclavizados por su pútrida organización zhetarim y él asegurándose que ahí fuésemos -. Quiero hablar con el sargento Roxx y que sir Erik sea avisado de inmediato.
- Entiendo, entiendo. Tomaré en cuenta sus palabras – dijo. Pero yo sabía que no lo haría, pues no le interesaba ¿podría estar aliado con los no-muertos, con esa persona que traté de detener causante del rapto de cuatro ordenados en el cementerio justamente la noche anterior?-. Ahora por favor, acompañenme a las celdas – pidió mientras dos soldados se colocaban tras nosotros -. Confirmadme algo, no sois miembros del Radiante corazon ni del Alba argentea, ¿verdad?
- No, nos ofrecimos libremente al Radiante para ayudarles en la cruzada – respondí. Pero buscaba cualquier indicio, cualquier resquicio al que agarrarse para mantenernos lejos de la cruzada. -. Él os lo podrá confirmar. Pero podéis buscarme en la patrulla de no-muertos que la guardia creó años atrás si necesitáis situarme, o avisar a Sir Erik.
- Entiendo, entiendo... voy a tener que asegurarme, pues con lo delicado que es este asunto y a falta de una lista que la guardia no tiene paraseis un tiempo en el calabozo hasta que me asegure – dijo levantándose despacio de su sillón -. Guardias, llévenselos a la celda.

No fue sencillo para mi no resistirme. Toda la naturaleza primigenia de mi ser veía anti-natural ser enjaulada. Uno de los soldados cogió a Eldarask del brazo y otro se quedó frente a mi sin tocarme, esperando que colaborase. Cogí aire y alcé el mentón al guardia en silencio.
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Nos encerraron en celdas distintas, rodeados por tres paredes y unos barrones dejando de esa forma libre a los insepultos para moverse por la entrada.​
 

Krystäl

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Casi soy capaz de verle, con las botas sucias por la tierra y la hierba, moviéndose con agilidad entre los centenarios árboles, con los tatuajes de su piel iluminados por los rayos del sol que conseguían traspasar las frondosas copas de los árboles. Caminaba solo, con su arco largo cruzado a su espalda, sigiloso como un lobo en busca de una presa y, entonces, tras más de medio dia de caminar sin descanso llegaría al corazón del bosque, allí donde ningún hombre había nunca llegado, ni siquiera durante las cacerías contra los elfos.

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Él me había llevado a aquel claro cuando era pequeña para que descubriese la naturaleza y el mundo a mi alrededor, dejando que subiese sobre las rocas y persiguiese saltamontes bajo la atenta mirada de un animal que cuida por el bienestar de su cría. Aún recuerdo el aroma a hierba fresca y el sonido de los pájaros cantar. La tierra era blanda bajo mis pies, mullida por la espesa capa de hierba, y corría de aquí para allá con la seguridad de ser querida y protegida, por lo que nunca tenía miedo cuando él estaba conmigo.

Y ahora puedo verle arrodillándose en aquel mismo claro, introduciendo sus manos en la tierra y depositándola en un pequeño frasco de cristal en silencio, con una mirada vacía y un corazón roto. Él no lo demostraría, mi madre sin duda lo hizo cuando tomó semillas de los árboles ancestrales para que me fuesen entregados junto aquel frasco de arena.

Siempre pertenecerás al Weldath, ese fue el mensaje que me entregaron, y aún puedo sentir cómo mi corazón se encoge de tristeza y mis ojos se llenaban de lágrimas cuando poso mis ojos en la tierra que me vio crecer y las semillas que me alimentaron.


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Krystäl

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Puede que Sehanine sea la hija de las noches oscuras, pero no olvides que yo soy la dueña de la noche.​

Imaginaros un bonito y enorme escenario de treatro, uno de esos con un grueso telón color bermellón con cenefas doradas en los bajos. Los asientos permanecen totalmente vacios, el deslumbrante techo con pinturas de seres faéricos que observan ocultos entre hiedras y flores no es contemplado por nadie salvo por una solitaria figura con un vestido vaporoso que permanece de pie en medio del pasillo central, con una larga melena plateada cayéndole en cascadas sobre los hombros rozando su cintura. Su rostro permanece sereno mientras espera nuevamente aquella escena, cada noche la misma pero al tiempo distinta y, entonces, comienza a escucharse una débil música que poco a poco va subiendo de volumen.

En ese momento el telón se abre deslizándose por el escenario para mostrar a la solitaria espectadora a dos bailarinas. Una de ellas permanece con los ojos cerrados, con el rostro ligeramente inclinado hacia un lado y mostrando ese elegante y delicado porte de toda bailarina, como una estatua de marmol esculpida por las amorosas manos del maestro escultor a lo largo de su vida. Lleva un largo vestido blanco que le cae en sinuosos pliegues sobre su cuerpo y solamente espera... Su compañera está a pocos metros de ella, pero ésta tiene los ojos abiertos fijos en la primera bailarina, dirigiéndola una penetrante mirada y una apenas perceptible sonrisa en sus labios. Su vestido es similar al de la primera bailarina, pero tan negro como la misma noche durante la luna nueva y, cuando la música comienza a sonar y el escenario se abre, comienza a danzar alrededor de la primera bailarina, girando con un manto oscuro que se desliza por el aire por encima de ella con cada grácil movimiento como un amante.


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Hay algo seductor en sus movimientos, algo que incita a moverse a su compas a la primera bailarina a su propio son. ¿Es un baile o una lucha? Puede que ambas cosas, un baile que busca sincronizarse con la otra persona y atraerlo a seguirte sin romper la propia armonia, pues de otra forma, el espectáculo acabaría. Debe ser seductor, atrayente, delicado, un susurro en la noche, una caricia debajo de la sábana, una mirada en el momento indicado. La segunda bailarina lo sabe, la agresividad no es buena compañera cuando quieren bailar dos, debe seducir a la primera, atraerla a ella...

Gira sobre sus pies y se inclina behemente extendiendo su mano al son de la música. La primera bailarina toma su mano y gira hacia ella sobre sus pies hasta que esta le toma con la otra mano de la cintura. El manto de la noche cubre a ambas.


- Será rápido y sin dolor – le susurra de forma apenas audible. La espectadora avanza unos pasos sin hacer ruido para no romper ese baile iniciado -. Solo debes dejar de luchar.

La primera bailarina giró sobre la punta de sus pies, liberándose del manto y alejándose de su compañera de baile.

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Pero ésta no ceja en su empeño, vuelve a acercarse a ella, rodeándola, buscando acompasarse a los movimientos de la primera bailarina, cediendo para poder acercarse y, cuando está lo suficientemente cerca, baila junto a ella a su son. No debe asustarla y lo sabe, debe seducirla, debe ser ella quien le invite a su baile, así que baila junto a ella, copia sus movimientos para poder estar tan próximo a ella como le es posible, hasta que en un estudiado movimiento, el manto queda enredado en la cintura de la primera bailarina. No es agresivo, solo un gesto erótico. Entonces la toma nuevamente de la cintura, haciendo que ahora ella baile a su compás.

Faerun es su escenario y la noche su amante.​


- Albergar esperanzas es inútil, porque nunca dependerá de uno mismo, sino de otros que solo mirarán por su propio bienestar y sus propios deseos, y acabarán mintiendo y traicionando una vez más. Una rueda interminable de desesperanza y sufrimiento ¿Por qué seguir sufriendo? Ella no vendrá a sacaros de aquí.

La espectadora sube los escalones que le alejaban del escenario con una extraña tranquilidad, parándose en uno de los estremos del escenario y esperando el final del baile nocturno.

- Lo sé – respondió la primera bailarina en un susurro -. Creer que en la hora más peligrosa nuestro Dios bajará y nos salvará, es de necios – y su compañera sonrió deslizando el dorso de su mano por su mejilla -. Pero la fé no es una transacción comercial.

La primera bailarina dio un paso hacia su compañera de baile, lo que hizo que el manto entorno a su cintura se aflojase y, después, con un gentil movimiento pasa por debajo del brazo de la segunda bailarina cuya mano sostenia el extremo del manto, liberándose de aquel delicado abrazo.

- ¿Y cómo sabes que Ella te espera?

- Porque cuando estás parada en lo más profundo de los abismos, sola, sin esperanza ni ayuda y aún sientes hervir en la sangre la diferencia entre el bien y el mal, cuando lo has perdido todo y has caido, cuando sientes que no puedes ser salvada, ni premiada, ni juzgada... y aún así eres capaz de mirar al mal y decir: No, hasta aquí has llegado, pero no más... ¿De quién creeis que es esa voz que me mantiene en el camino?

La primera bailarina abrió los ojos hacia su compañera de baile y se alejó de ella con gráciles pasos.

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-La oscuridad y el mal pueden ser atrayente para todos, pero no llegareis más allá.- dijo mirándola fijamente.

La música comienza a decrecer. Cada una permanece en una punta del escenario, quietas, como figuras de un cuadro mientras la música desaparece y las luces del escenario comienzan a apagarse. El grueso telón se cierra dando paso a una completa oscuridad hasta la próxima sesión.

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