Krystäl
Multa de Rox sin firmar
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Música
Pasé entre las estanterias de la biblioteca del templo de Oghma hacia la sección que una de las bibliotecarias me había indicado hasta encontrar entre dos grandes volúmenes forrados de cuero, un par de libros de una anchura no muy superior a dos dedos, que quizás, aunque no muy detallados, podían servirme de base de lo que buscaba.
Conocimiento
Es por ello que cogí ese par de libros y me senté en una de las sillas del templo, cogiendo uno entre mis manos y abriendo la cubierta para desentrañar lo que entre sus páginas se escondía.
Aunque la Seldarine sehanine tenía entre sus ámbitos la lucha contra la no-muerte, mis conocimientos al respecto se podrían considerar básicos, lo que cualquier sacerdote aprendía durante su estancia en el templo, la propia experiencia o a través de lo que gente mucho más veterana y versada en dicha lucha te enseñaban. En mi caso, siempre había tenido más inclinación por la rama de la adivinación y el mensaje que se esconde tras los sueños, pero ya fuese por un motivo u otro fuera de mi control, nunca había podido avanzar en dicho campo. Bien pensado, nada de lo que tenía planeado había ido como yo tenía pensado.
Y aquí me encontraba ahora, en tierras humanas, buscando información sobre la no-muerte tras una charla que dio una mujer seguidora de Yerkal. Aún no ando muy familiarizada sobre ciertas deidades humanas pero intuí que se movía por dicho ámbito y, aunque había puntos en que quizás no coincidía con ella, necesitaba saber mucho más para poder hacerme una idea real y propia.
Al fin y al cabo, era otro viaje a recorrer. Un camino que se bifurca, otro que no tiene salida y debes retroceder, senderos estrechos donde debes viajar solo, anchos donde tu viaje se une al de otras personas para nuevamente encontrar una bifurcación y separarse.
La única condición es no detenerse, sin importar cual oscuro se torne el sendero, o cuánto te duelan los pies de caminar. No importa si estás rodeado de un lugar iluminado por el sol, ni si caminas por verdes praderas. Siempre es un pie detrás de otro, detrás de otro, y de otro, y de otro, y de otro...
Lo sabrás cuando llegues.
Pasé entre las estanterias de la biblioteca del templo de Oghma hacia la sección que una de las bibliotecarias me había indicado hasta encontrar entre dos grandes volúmenes forrados de cuero, un par de libros de una anchura no muy superior a dos dedos, que quizás, aunque no muy detallados, podían servirme de base de lo que buscaba.
Conocimiento
Es por ello que cogí ese par de libros y me senté en una de las sillas del templo, cogiendo uno entre mis manos y abriendo la cubierta para desentrañar lo que entre sus páginas se escondía.
Aunque la Seldarine sehanine tenía entre sus ámbitos la lucha contra la no-muerte, mis conocimientos al respecto se podrían considerar básicos, lo que cualquier sacerdote aprendía durante su estancia en el templo, la propia experiencia o a través de lo que gente mucho más veterana y versada en dicha lucha te enseñaban. En mi caso, siempre había tenido más inclinación por la rama de la adivinación y el mensaje que se esconde tras los sueños, pero ya fuese por un motivo u otro fuera de mi control, nunca había podido avanzar en dicho campo. Bien pensado, nada de lo que tenía planeado había ido como yo tenía pensado.
Y aquí me encontraba ahora, en tierras humanas, buscando información sobre la no-muerte tras una charla que dio una mujer seguidora de Yerkal. Aún no ando muy familiarizada sobre ciertas deidades humanas pero intuí que se movía por dicho ámbito y, aunque había puntos en que quizás no coincidía con ella, necesitaba saber mucho más para poder hacerme una idea real y propia.
Al fin y al cabo, era otro viaje a recorrer. Un camino que se bifurca, otro que no tiene salida y debes retroceder, senderos estrechos donde debes viajar solo, anchos donde tu viaje se une al de otras personas para nuevamente encontrar una bifurcación y separarse.
La única condición es no detenerse, sin importar cual oscuro se torne el sendero, o cuánto te duelan los pies de caminar. No importa si estás rodeado de un lugar iluminado por el sol, ni si caminas por verdes praderas. Siempre es un pie detrás de otro, detrás de otro, y de otro, y de otro, y de otro...
¿Y el destino?
Lo sabrás cuando llegues.