En uno de sus regresos a la habitación que el elfo compartía con la hechicera en la Luz del Alandor, Kosmo se le acercó y le tendió un sencillo pergamino enrollado. Lo mantenía sujeto una cinta con su nombre. Aravae desató la cinta y al reconocer la letra de Lissandra, su corazón se detuvo por un momento, luego empezó a latirle rápido. Se retiró los feos anteojos opacos de gnomo y no pudo esperar a llegar a la habitación para leer la carta.
Querido Vae:
Lamento haberme ido así, sin dar ninguna explicación. Te juro que no he dejado de pensar en ti ni por un instante, pero ha sido imposible ponerme en contacto contigo. Sé que no es excusa, pero quiero que sepas por qué me he ido de tu lado en contra de mi voluntad.
Mi magia está fuera de control. Fui a buscar por mi cuenta el elixir para devolver a Lomir a su peso habitual, y tras intentar comprarlo en varias ciudades sin éxito, seguí una serie de pesquisas gracias a las cuales logré dar con el fabricante, pero me dijo que necesitaba una serie de ingredientes especiales, entre ellas varias escamas de un dragón. Logré destruir a la bestia, pero yo misma no sé por qué, mis poderes empezaron a revolverse. Ni siquiera tuve oportunidad de llevar la poción hasta Athkatla, era como si mi cuerpo estuviese hecho de un fuego que no podía apagar, quemando todo cuanto había a mi alrededor y dañando a todo el que se acercaba.
De alguna manera, controlar mi magia parece ahora una imposibilidad, así que he pasado éstas dekhanas lejos de la civilización, en un lugar en el que no puedo hacer daño a nadie. No tienes de qué preocuparte, Bruma está conmigo, me guarda, me protege, y más importante, me mantiene cuerda.
Me sorprende que a estas alturas no haya derretido la pluma sin quererlo, y no me atrevo a escribir más por temor a que ésta calma que precede a la tempestad termine tan rápidamente como comenzó y empiece a destruir todo a mí alrededor una vez más. No sé cuánto durará, aunque Bruma ha estado investigando y parece ser que esto les ha pasado a más hechiceros a lo largo de la historia, es una especie de periodo de purga durante el cual deben expulsar cantidades ingentes de magia con catastróficas consecuencias para todo lo que les rodea. En algunos casos ha durado dekhanas. En otros, años.
Te lo suplico, no me busques ni temas por mi suerte, volveré cuando me encuentre en condiciones. Diles a Maddy y a los demás que estoy bien y que les echo de menos, pero que por el momento no puedo regresar.
Te anhelo, y sueño día y noche con el momento en que podamos volver a abrazarnos.
Te escribiré en cuanto tenga otra oportunidad. Estaré pensando en ti.
Lissandra
Aravae releyó muchas veces más la carta de Lissandra en la tranquilidad de su cuarto, tratando de controlar el aluvión de sentimientos que le había producido recibir al fin noticias suyas y resiguiendo con las yemas de los dedos las palabras escritas que confirmaban que aún lo amaba. Por un lado daba gracias a los Seldarine porque ella se encontrara más o menos bien y porque no le hubiera dejado, pero por otro le costó contener el nudo en la garganta al pensar que podía no volver a verla en años y necesitó bastante tiempo para asimilar la petición de que no la buscara.
Cuando lo hizo, le escribió una carta en respuesta:
Querida Liss,
Te echo mucho de menos. Estaba muy preocupado por tí. Te agradezco muchísimo que me hayas escrito esta carta. Pensé que me habías abandonado. No me juzgues duramente. Prefería pensar eso a reconocer que podías estar en peligro y morirme de preocupación. Los primeros días creía que iba a enloquecer.
Si tú lo prefieres y Bruma cuida de ti… bueno, no te buscaré. Pero te añoro tanto que no me importaría que me quemaras un poco. Ojalá pase pronto eso que te sucede... ¿Pero como comerás y dónde dormirás? Si necesitas cualquier cosa puedes pedírmela y decirle a Bruma que me busque.
He regado las plantas todos los días y he ido a pasear a la oveja. No te preocupes por nada más que no sea de cuidar de ti. Cuando vuelvas todo estará bien.
Hay algo importante que quiero decirte, pero debe ser en persona.
Te echo mucho de menos Liss. No puedo dejar de pensarte.
Aravae
Al terminar de escribir la carta se dio cuenta de que no sabía como hacerle llegar las respuestas Le suplicó a Kosmo que le avisara si volvía a aparecer el mensajero. Mientras tanto fue guardando las cartas de amor que le fue escribiendo cada día en una sencilla caja de madera.
A veces tenía muchas cosas que explicarle. En otras solo se lamentaba y acababa rompiéndolas.
Deckhanas después, mientras el elfo escribía el parte del día, Asterin se acercó a cotillear la carta.
“Y pensaba otra vez: si Liss estuviera aquí... Pero no te preocupes, ya hemos conseguido la planta para el brebaje para curarle la infección a Noelani. Y Armeís se está ocupando muy bien de todo. Le pedí que no dejara que nadie te arrebatara el puesto. Aunque me costó pedírselo, porque lleva una pesada carga a sus espaldas con todo lo que está sucediendo y es un humano muy joven, no lo hará si puede evitarlo.
También me preocupa encontrarme con Líre. No sé si me perdonará que llevara a intrusos a nuestro bosque para coger una planta que está en peligro de extinción. Ojalá estuvieras conmigo.”
- ¿Sabes dónde terminan la mayoría de cartas de ese tipo? –interrumpió la rana.
El elfo dejó de escribir y alzó la vista para mirarla.
- En el fuego de una chimenea – se respondió ella.
- ¿Tu no crees en el amor, verdad Asterin?
La rana croó, riendo a carcajadas. Después de secarse una lagrima y de recuperar la compostura contestó:
- Bueno, aún me dejo sorprender por el mundo. Eso me hace recordar que sigo viva.
El elfo decidió continuar escribiendo sin hacerle más caso.
“Me siento desarraigado y triste por tu ausencia. A veces me planteo que hago en esta ciudad de la moneda y la avaricia si tu no estás. Por suerte, está Asterin, que habla conmigo.”
Dos días después Asterin dejó de hablarle.