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Aravae Dispar

unhearted

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Wercheria Lusoria


Durante varios días el elfo se ocupó cuidadosamente de Wercheria Lusoria, prodigándole las mismas atenciones que el que pretende que la planta roja de navidad le dure hasta el año siguiente. Recreó el entorno húmedo y fresco de una cueva en uno de los sótanos de la Arcanum Scholla y varias veces al día Aravae iba a ver como se encontraba. La regaba con pociones de ilusión si la veía más pocha, lanzaba unos cuantos hechizos de la misma escuela en el ambiente (sonidos ficticios, boca mágica… ) y le hablaba, porqué le habían dicho que eso le gustaría. Pero una mañana se le fue un poco la mano y después de impregnar el ambiente de magia de ilusión con sus conjuros y los efluvios de las pociones, todo ello acabó afectándole. Entonces, en su estado de delirio mental, tuvo dos revelaciones. La Wercheria, disfrazada mágicamente e invisible, le dijo:
- No me quites todos los bulbos que me siento desnuda.
- Pero es que los necesitamos para curar gente – se justificó el elfo.
- Pues al menos déjame dos o tres para que pueda reproducirme asexualmente.
- Vale.
- Calzonazos.

El elfo se quedó en silencio mirando la planta. Se sentía mareado y no respondió para defenderse. La planta continuó:
- Tu concepto de persona endeble salió de la décima página de la Quintaesencia del elfo.

El elfo se sintió ofendido y al fin le dijo:
- Deberías plantearte huir ahora que aún puedes.
- Si te hubieras pintado la cara de negro como er Papa Lazarou y al salir de tu bosque te hubieras ido a enrolarte a Brinnley, formarías parte de la tripulación del Galeón Sangriento y no te habrías convertido en un elfo ñoño que suspira por una mujer ausente.

Entonces el elfo fué consciente de los múltiples derroteros que podría haber tomado su destino y no pudo evitar pensar que la planta tenía parte de razón.


Música para acompañar:
[BBvideo 425,350:1uklpiav]

La segunda revelación fué más dolorosa.

Afectado, el elfo se fué a su habitación de la posada. Allí, su rostro se relajó a una expresión vacua y distante, como si estuviera viendo otras tierras u otro tiempo, y entró en ensoñación. Desgraciadamente para los elfos, ensoñación no supone descanso igual que lo es el sueño para los humanos.

Cuando los elfos entran en ensoñación, reviven vívidamente recuerdos pasados, tanto agradables como dolorosos, pero no tienen control sobre qué recuerdos surgen a primer término. En un sentido muy real, la ensoñación explica el deseo élfico de llevar vidas felices y alegres. ¿Quién desea revivir recuerdos desagradables cada noche?

Después de horas recordando y recordando a Lissandra mientras ensoñaba, Aravae soltó algunas moscas que había cazado sobre la palangana dónde nadaba Asterin como una rana cualquiera. Cuando terminó de ver cómo se las comía, sacó la cajita de madera que guardaba todas las cartas.
Encima del montón estaba la más reciente:

Querida Liss,
Hace días que el ensueño no me brinda descanso porque te echo de menos y porque estoy preocupado por el tema de la planta. Me molesta pensar que algunos no dan mayor importancia a su vida y a lo que significa. En cuanto Frido extraiga todos los bulbos la devolveré a su sitio. Hasta Anhol cree que no hice bien. Le vi hace unos días cuando viajaba para visitar a su familia a Nashkel. No puedo pedirle a nadie que me acompañe porque se ha prohibido la entrada al Weldazh a cualquier n’tel’quessir. Nuestra reina Ellessime ha muerto después de todo. Ni siquiera la búsqueda de las tres savias dió resultado. Quiero que sepas que si consigo salir de la cueva me someteré al juicio de mis hermanos. Así que cuando vuelvas, si no me encuentras, quizá esté en el Weldazh.


Sin terminar de leer la carta, el elfo la dejó dentro de la cajita, sobre la cama, y se sentó a un lado pensativo. Luego sacó una daga oculta en su bota y se la quedó mirando como si fuera a hacerse el hara kiri con ella. La daga mágica de preciosa manufactura había sido un regalo hermoso y muy útil para protegerle de la magia de Lissandra, pero ahora pensar en la protección mágica que proporcionaba le producía una herida más dolorosa que la que pudiera hacerle su propio filo.

Aravae volvió a enfundar la daga en el hueco oculto de su bota y arrojó las cartas al fuego. De nuevo Asterin parecía tener razón. Pero esta vez la rana no hizo ningún comentario jocoso al respecto, continuó flotando en el agua de la palangana como una rana cualquiera.

Aravae recogió sus cosas y tomó una prenda de Lissandra de su armario, preparó su mochila y se fue a buscar al mago blanco. Aunque fuera como un criminal a través de una bola mágica, necesitaba verla antes de partir al bosque.
 
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unhearted

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[BBvideo 425,25:1kibmti1]

Se despidió de Lissandra a la entrada de la cueva. Sus pies volaban ligeros como si acabara de aterrizar del cielo y su corazón latía henchido de amor y felicidad, pero pronto se obligó a prestar atención al entorno y a preocuparse de los peligros que pudieran aguardar en la gruta. Al adentrarse, el ambiente se volvió frío y húmedo. Afortunadamente las arañas no habían tenido tiempo de reproducirse o reagruparse de nuevo. Los espejismos y las ilusiones hacían de la cueva un lugar misterioso e inquietante, pero el elfo trató de ignorarlas y siguió avanzando con paso decidido por los pasadizos. A pesar de su gesto humilde y de su confianza de nuevo quebrada, su voluntad y ahínco eran fuertes y asía con cuidado la maceta mientras se internaba sin vacilación por los túneles.

Conocía el lugar y los acertijos que lo custodiaban, así que no encontró más dificultades que algunos obstáculos del camino; saltó algunos fosos y tomó precauciones para no tropezar ni perderse.

Llegó sin problemas al falso abismo y caminó por su superficie sin miedo a los demonios que pudieran aparecer. En el lugar que consideró más apropiado, replantó cuidadosamente la Wercheria junto a sus semejantes y, después de un rato atareado haciendo de jardinero, se sentó a su lado a descansar.

Se sentía aliviado y satisfecho. Aunque salvar una planta no parece demasiado glorioso, si los demonios habían sido de mentira y el cracken también, probablemente esa era una de su mayores hazañas.

Apartó molesto, de un manotazo, las falsas ilusiones que se le acercaban y se puso en pie. Luego se ajustó la capa y salió de la cueva con la rana muda. Aún tenían que encontrar las curas.
 
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unhearted

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Hola desde la caracola - edición revisada

Varios días antes del plenilunio Aravae se encaminó una noche a un prado verde y tranquilo bajo las estrellas, se sentó sobre la hierba y extrajo de su zurrón una caracola vacía que había rescatado de entre la arena de las playas de Brinnley.

Se había pasado toda la tarde entre los fogones de la cocina (que quizá le había dejado utilizar Uda a cambio de que le presentara a Madeleine) y había hecho un montón de caramelos de azúcar quemada, miel y leche, sin wercheria original, con sus viejos moldes en forma de estrella.

Con los caramelos, el mensaje en la caracola atrapado con un conjuro de “Boca mágica”, era el primer presente que quería entregarle a Lissandra a través del mensajero que ella había prometido enviarle en cada luna llena.

Estaba nervioso pero, tras un rato pensando qué le iba a decir, empezó a hablarle a la caracola:

- Amor mío… -empezó lentamente- te quiero.

Asterín seguía muda y por eso no quedaron grabadas con el conjuro las risas de fondo.

El elfo guardó silencio por unos instantes, conflictuado porque por un momento tuvo la sensación de que se lo había dicho todo. Sus pensamientos volaron y su mente se quedó en blanco. No podía enviarle un mensaje tan escueto, se dijo el elfo. Se sintió algo ridículo y sus labios vacilaron antes de continuar, apresurado:

- Madeleine me ha dicho que te diga que te echamos mucho de menos, pero que no te preocupes; que cuidará de mí como yo cuido de ella.

Una vez ordenados sus pensamientos, siguió hablando con voz más clara y segura:

- Yo… te echo mucho de menos. Te añoro entera y por partes. Echo de menos tus labios, tu boca, tu sonrisa… Echo de menos tus cabellos que brillan siempre y vuelan con el viento, tu mirada, tus galletas. Echo de menos hacer el amor contigo y poder abrazarte, tus palabras, tu voz, tu olor…

Cuando la voz empezó a temblarle se dio cuenta de que no podía continuar por ahí. Su voz vaciló y dijo:

- ¿Porqué dijiste que no me hubieras reprochado que no te esperara?

Luego se quedó en silencio. Su pregunta había sonado más reprochadora de lo que había deseado.

– Tengo muchas ganas de verte… te necesito. Pensé… -continuó guardando sus palabras en la caracola- que podía contarte un cuento por si estás aburrida allá dónde estés. Es uno de mis cuentos favoritos.

Se aclaró la garganta y empezó a relatar:

- Encanto de los ojos, tormento del corazón, luz del espíritu; no beso o el polvo de tus pies, porque no andas a pie o si andas, pisas o rosas o tapices del cielo. Para ti hice la versión de un libro de un sabio de la antigüedad, que siendo tan feliz que nada tenia que hacer, gozó la dicha mayor de divertirse con escribir la historia de Zadig, libro que dice más de lo que parece. Ruégote que la escuches y la aprecies en lo que valiere; pues aunque todavía está tu vida en su primavera, aunque eres tan hermosa, y tu talento elogian día y de noche, motivos son más que suficientes para que no tengas pizca de sentido común, con todo eso tienes agudeza, discreción y finísimo gusto, y te he oído discurrir con más tino que ciertos sabios viejos de luenga barba y gorra piramidal. Eres prudente sin ser desconfiada, piadosa sin flaqueza, bienhechora con acierto, amiga de tus amigos, sin granjearte enemigos. Nunca buscas zaherir con el chiste, ni dices mal de nadie, ni a nadie se lo causas, aunque tan fácil cosa te seria lo uno y lo otro. Tu alma siempre me ha parecido tan perfecta como tu hermosura. No te falta cierto caudalejo de filosofía, por lo que he supuesto que te agradaría más que a otra este escrito de un sabio…

Y así, bajo las estrellas y un cielo despejado, comenzó a relatar para su amada una historia con la que pretendía aliviarle las horas de ociosidad y lo que quedó de noche, consiguió, al menos, amenizar su propia espera.

Lo que no sabía el muy ignorante, a pesar de repetir y repetir clases en la Arcanum Scholla, es que se pasó la noche hablando solo y el conjuro únicamente guardó las primeras 25 palabras.


Nota de revisión:

Offtopic :
Boca mágica
Ilusión (engaño)
Componentes: V, S, M
Objetivo: una criatura u objeto
Duración: permanente hasta ser descargada

Este conjuro infunde al objeto o criatura elegido con una boca encantada que aparecerá de repente y comunicará un mensaje la siguiente vez que suceda algo concreto. El mensaje, que debe tener un máximo de 25 palabras, puede estar en cualquier idioma que conozcas y ser transmitido durante un periodo de 10 minutos.
 

unhearted

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En esas ocasiones lamentaba no haberse licenciado aún.

Colocó la botella de elverquiss sobre la madera pulida del piano de la taberna el Regalo del Mar, rezó a los Seldarine para que los magos encapuchados no interfirieran en esto y, tras lanzar un conjuro de "Arpa fantasma" sobre la botella, empezó a tocar:

[BBvideo 425,25:mafzw7kl]

Esa mañana, al levantarse, no se había puesto su ajada armadura blanca. Durante doce largos años prácticamente no había dejado de vestir el luto más que en contadas ocasiones y probablemente no dejaría de hacerlo en unos cuantos años más. Si el duelo entre los humanos solía durar unos dos años, los elfos tendían a alargar las cosas de forma proporcional a su propia noción del paso del tiempo. Pero esa mañana Aravae vistió el rojo. Se colocó el disfraz de pirata que le había regalado el capitán, se recolocó las solapas de la camisa y se miró al espejo con orgullo.

Los marinos de arraigadas supersticiones pensaban que un elfo daba mal fario a bordo, así que cuanto más debían pensar que lo daba uno de luto. Aravae no sabía si el capitán habría pensado algo parecido pero en deferencia a él, tras reflexionarlo, pensaba concederse la licencia del colorido. Pensó que, seguramente, aquellos que le amaban se alegrarían de ello. De alguna manera empezaba a renacer de nuevo.

Durante un siglo había permanecido a resguardo de las hojas de sus amados Hojazules, bajo las copas de los árboles ancestrales de Suldanessellar, y entre las recias paredes de la biblioteca que custodiaba el antiguo legado. Durante más de cien años se instruyó en ciencia, en poesía, literatura y música… pero se había dado cuenta de que la mayor parte de su conocimiento adquirido hasta entonces era puramente teórico y que apenas conocía el mundo fuera del bosque.

En los últimos diez años había descubierto innumerables maravillas de las que antes sólo había oído hablar a los ancianos o en los libros: el inmenso mar, las tortugas gigantes, las almejas y los tiburones, los hins, las enormes construcciones de piedra, los elfos de las estrellas, las enanas, el sistema de alcantarillado, los loros…

El capitán Sten le había brindado una oportunidad única de seguir descubriendo cosas a pesar de su nula experiencia sobre un barco. El elfo había invertido muchos de sus ratos de ocio leyendo viejos tratados náuticos escritos por los mejores capitanes de las fragatas élficas de las Lunshaes, manuales de navegación y documentos cartográficos de los océanos y los cielos de Faerûn, pero lo cierto es que jamás antes había podido poner a prueba sus conocimientos en ese campo.

Al salir del Wéldazh sus aspiraciones eran simples, aunque no sencillas: convertirse en agente arpista, en un caballero o un pirata. Ningún arpista había llamado a la puerta, ni ningún señor extranjero se había ganado el favor de su vasallaje…

- Dispar el Rojo -se dijo. Los piratas debían ejercer tanto su reputación como su espada.

El tiempo empezaba a correr más aprisa. Ya no suspiraba a cada momento y en cada rincón atormentado por la ausencia de Lissandra. Se sentía animado porque pronto sería luna llena y decidió que era el día perfecto para preparar la segunda ofrenda de plenilunio. Salió de la posada y se encaminó a los muelles llevando consigo una valiosa botella de elverquiss que había conseguido hacía tiempo. Le había puesto un bonito lazo y había cambiado la etiqueta por otra que decía: A veces te echo de menos y lloro, pero mi corazón te siente como el primer día. Di: "Reproduce".

Su intención era encantar la botella con un conjuro de Arpa fantasma para que al descorcharla sonara una melodía que había estado ensayando.

Colocó la botella de elverquiss sobre la madera pulida del piano de la taberna el Regalo del Mar. En esas ocasiones lamentaba no haberse licenciado aún en la Arcanum Scholla. Rezó a los Seldarine para que no apareciera ningún encapuchado, lanzó el conjuro y empezó a tocar el piano.
 
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unhearted

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Anthala

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Ains pobre Aravae.
( A ver si esta vez el barco le dura una temporadita a Sten y por lo menos distrae al elfo :D )
 

Guty

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jajajaajjajajaj me parto de risa, tu eres genial tio!!!!
 

Ragna

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E - P - I - C !! muy muy bueno XD
 

Kmos

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Graaagh!!! Dispar el rojo!!! Gruaaagh!! Dispar el rojo!!! xD

Que arte tienes jodio.
 

Zoroaster

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Poooooooooobre Vae (sí, con diez os :cry: )
 

unhearted

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Asterin descansaba sobre su barriga y un viejo diario sobre su pecho, mientras yacía tumbado ocioso sobre la hierba de aquel prado, sin prisa. La papada de la rana se inflaba y desinflaba lentamente, al compás del movimiento de su propia barriga que subía y bajaba con su respiración tranquila. El batracio no le estaba mirando. Apuntaba con un ojo al sur y con el otro al nordeste, con una expresión aparentemente ausente, y no hablaba. El elfo sí la miraba a ella, bastante despreocupado, como si agradeciera en parte que por fin se callara después de más de cien años oyendo sus críticos comentarios, sus opiniones jocosas y sus maternales consejos.

Empezó a recitarle en un susurro el Código, como si esperase que eso le hiciera recuperar el entendimiento o la voz a la rana:

Trabajar contra la vileza y la maldad, liberar a la gente del miedo y la tiranía, apoyar la ley y el orden para alcanzar la paz allá donde la ley sea justa y se haga cumplir con equidad, e impedir los extremos de poder e influencia y los desequilibrios de la riqueza y las oportunidades.


[goear]0fd9717[/goear]


Que el elfo pronunciara estas palabras con más convicción que el mismo código de Myt Drannor no era extraño. Las había oído de boca de su madre tiempo atrás, cuando le relataba sus aventuras de juventud y, ahora, al leer el diario, le habían vuelto a aflorar a la mente. Aravae no sabía por qué Laireth se lo había enviado con la última carta ni cómo su madre había dado consentimiento, pero ahí lo tenía. Quizá lo había hecho porqué sabía que estaba solo de nuevo, en esa ciudad humana. Y en verdad, el diario le reconfortó.

Volvió a releer el párrafo del juramento en silencio reflexivo. Tendido sobre la hierba, cruzó los brazos bajo la cabeza y, fijando la vista en una nube pasajera, pensó en la última vez que pronunció esas palabras, en Calimshan, a Lissandra. No le había hecho mucho caso entonces, pensó, pero qué hermosa estaba…

Las horas pasaron tranquilas mientras el elfo se regaló un tiempo feliz rememorando los recuerdos de ella, repasando frame a frame todos los instantes que había grabado en su mente cuando estaban juntos. Rebobinó desde la primera vez en que oyó su voz mientras hurgaba con la cabeza metida en el cofre de la universidad de oficios, repasó varias veces la imagen que fue impresa a fuego en su cabeza una noche en el bosque del Eldat, tiempo atrás, cuando, después de ver la banshee, ella se volvió con gesto noble y sus cabellos volaron a la par que el viento entre las hojas de los árboles como finas hebras de plata bajo la luna, rememoró cada una de sus sonrisas, el calor de su abrazo en el templo de Selune tras caer en el templo de la diosa del hielo, cómo sus cabellos cayeron en cascada cuando ella se inclinó sobre su asiento hacia adelante aquella vez que había reunido el valor suficiente para arrodillarse frente a ella y cantarle una canción de amor... En resumen: se pasó bastante rato friéndose el cerebro y luego pensó otra cosa.

El elfo también le había estado dando vueltas a otra idea, desde que empezó a leer el diario: quizá no hacía falta que fuera exageradamente bueno con la espada ni terriblemente poderoso con la magia.

- Esos amigos de madre tampoco eran tan fuertes… -dijo a la rana, que le hubiera llamado mindundi de poder hablar- pero son ingeniosos, audaces y precavidos, sí… eso son. Como el buen calamar que nada en todo tipo de mar. Quizá yo también pueda ser como el Zerion, o el Orlath.. Podría convertirme en un buen espía del arpa. Sólo tengo que practicar.

La rana parpadeó lentamente con un ojo y no dijo nada.

El elfo la cogió con cuidado y, tras acomodarla en su espacio mágico dentro del zurrón, guardó también el diario de Talindra Ádalmir y se incorporó.

- Empezaré a practicar.

Había quedado con el capitán Sten al cabo de unas horas, pero pensó que le daría tiempo antes de reunirse con él y se dirigió a la posada de la Luz del Álandor. Cuando salió de la habitación que allí tenía reservada, ya no parecía el mismo.

Se encaminó con pasos seguros hacia el Regalo del Mar. Cuando entró, Dana parecía discutir con un par de marineros. El capitán mostraba su expresión tranquila y risueña de siempre, mientras la contramaestre soltaba algunos improperios. Estaban también el marino Lev, y el profesor Armeís.

- ¡Enterus, siéntate con nosotros! -dijo Sten al verle.

Se sintió entusiasmado. Su disfraz había dado resultado. Se sintió tan feliz, que tras pedirse un zumo de lima con ron, se acercó por detrás a Armeís y le besó en la nuca.

Si le hubiera visto con la barba y con la bola, su madre se hubiera sentido orgullosa.


Offtopic :
¡Gracias Enterus, por prestarme la ropa y la imagen!¡Eres grande!
 

unhearted

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Su visita al Regalo del Mar disfrazado de Enterus terminó en una aventura inesperada.

Pocas horas después de presenciarse en la taberna del distrito portuario, el elfo, junto a toda la tripulación del Velanegra, navegaba rumbo al oeste, tras la pista del viejo tesoro de un tal Jharlak. Pero el Ojo de Beshaba parecía estar fijo en ellos porqué durante el trayecto se toparon con innumerables peligros; una peligrosa tormenta, una ola gigante, una tortuga marina gigantesca que lanzó bichos verdes asesinos sobre cubierta y una antigua enemiga de Dana, a quién esta regaló muchos insultos que Piticli memorizó.

La determinación del capitán y la contramestre, el arrojo de la tripulación y la magia del audaz Armeís permitieron a la tripulación llegar indemnes a destino y, a pesar de todos los peligros, alcanzar la isla del tesoro con éxito.

Tras desembarcar, dieron con el lugar que marcaba el mapa; la entrada a una cueva guardada por esqueletos no muertos. Acabar con los guardias fue fácil y adentrarse en la cueva también, pero los marineros de Sten no imaginaban cuán difícil les resultaría el trayecto de vuelta.

Dentro de la gruta el suelo estaba alfombrado de huesos y más huesos. Se adentraron con precaución y no hallaron dificultades hasta que llegaron al final de la cueva. Allí estaba el tesoro maldito custodiado por su dueño, Jharlak, que convocó a sus marineros esqueletos para hacerles frente. Los piratas de Sten resistieron la primera oleada de enemigos y Dana logró vencer a Jharlak con relativa facilidad. Pero cuando este cayó, empezaron a alzarse más y más esqueletos. Eran demasiados para soportar sus arremetidas y el techo de la gruta parecía querer venirse abajo en cualquier momento, así que empezó la atropellada carrera de los aventureros en busca de la salida y de un tesoro aún más valioso: salvar la vida misma.

Todo el mundo sabe que en las pelis de miedo el que muere antes es la rubia tonta o el negro. Todo el mundo sabe que en d&d lo hace el elfo pardillo. Pero esta vez se salvó de milagro… porque a Erevan Ilesere le gusta salvarle en lo más emocionante de las aventuras. Y esto fue, desde otra perspectiva, lo que sucedió…


[BBvideo 425,25:2yxmhkxj]

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Y así, gracias a la voluntad de la deidad de las bromas y los múltiples derroteros que toma el destino, de un DM que no contradice la voluntad de los dioses y del afán escapista del elfo por mantenerse con vida... consiguieron salir de aquella cueva sin más bajas que las que vendrían después en el barco.
Pero esa es otra historia...
 
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Kmos

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jajajaja muy buena tio! enhorabuena! como me he reido ^^ y lo necesitaba! un saludo!
 

Guty

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Jajajaja como siempre, me rasho de reir lendo sus relatos :p

PD: Gracias por dedicar un a Enterus, muchas gracias mismo :) y perdón por solo haber visto ahora :D
 

unhearted

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[BBvideo 425,25:28y7tz6h]

El viento aullaba con fuerza en el exterior, soplando con la furia del último aliento del frío invernal.

Aravae tomó algunos leños más de reserva y avivó las llamas de la chimenea. Al poco, los troncos empezaron a arder, caldeando la habitación. Pero por encima del crepitar del fuego, el elfo oyó un ruido junto al alféizar y se acercó a la ventana a investigar. Había vuelto Thimaer Tal, el halcón peregrino que hacía de mensajero, gracias al cual mantenía correspondencia con su familia. Anudada a su pata traía una nueva carta. El elfo tomó el pergamino enrollado con ilusión, cerró la ventana y, tras dar alimento al mensajero, se concentró en la lectura de la carta.

Querido hermano,
Estamos todos muy bien, y la niña crece sana y fuerte. Cada día hace cosas nuevas. Deberías ver la cara que pone ante los trucos de magia. Padre y madre están muy animados. Les conté tu hazaña en el Wéldazh y se sienten orgullosos, pero sobretodo satisfechos de que al fin hayas recuperado tu confianza y también el pueblo lo haya hecho. Nos inquieta un poco que hayas decidido embarcarte, el mar es muy peligroso, y no me atreví a contarles tu viaje al plano de la sombra porque eso les preocuparía aún más. Se fiel a tus amigos pero ve con cuidado.
Lamento que Uko te pidiera que te despidieras de él y que Lissandra se marchara sin despedirse, dejándote sólo la nota. Sé que estás sufriendo, Aravae Tan. Recuerda la canción que nos enseñó padre aquel invierno que te rompiste una pierna y aprendiste a tocar el piano; la canción del invierno. Creo que la aceptación y la superación de las cosas tristes es uno de los aprendizajes más duros de esta vida y aun así… el amor no duele, Vae.


- El amor no duele – se repitió el elfo en un susurro, y continuó leyendo la carta hasta el final. Luego la releyó un par de veces más y, con una sonrisa en los labios, la guardó junto a las demás
- Aillesel Seldarie, Nys.

El elfo aún esperaba con ilusión el día que pudiera presentar a Lissandra a su familia. Y, pensando sobre esto, recordó que aún no había preparado su regalo de luna llena. Así que se puso manos a la obra y engarzó a una piedra sencilla un conjuro de “arpa fantasma” con la canción de cuna que le había prometido. Lo hizo con total cuidado de que no le temblara la voz y luego le dibujó un corazoncito con tinta roja.

Y aunque esa misma luna pudo entregársela en persona, la preocupación de ella era encontrar la horquilla que le abriera la puerta a su pasado.
- Ahora no es el momento – le reprochó.

El elfo se sintió estúpido y se sintió menguar, porque aunque la luna llena brillaba hermosa en cielo, ella buscaba el camino hacia las estrellas.
 
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