Saber Historia o Saber Local CD 20.
Rasgo Erudito:
Antaño conocido como Urgash "El Sucio", este gran trasgo nació bajo la sombra roja de Maglubiyet, el Señor de las Profundidades, señor de los trasgos. En su juventud, fue un ejemplo perfecto de la teocracia hobgoblin un paladín oscuro temido, sádico y profundamente respetado. Ascendió rápidamente en la jerarquía militar de su legión original, demostrando una aptitud innata para la táctica y una crueldad despiadada que complacía enormemente al dios trasgo.
Durante décadas, Urgash creyó que la brutalidad era el fin en sí mismo. Lideró campañas de saqueo y conquista, arrasando asentamientos, esclavizando poblaciones y torturando a prisioneros como ofrendas vivientes. Bajo su mando, su compañía se ganó una reputación de eficiencia aterrorizante. Nunca perdió una batalla porque su fe fanática le impedía aceptar otra cosa que no fuera la victoria total y la aniquilación del enemigo. Era un martillo viviente de la fe de Maglubiyet, un ser que solo conocía dos estados: la guerra y la preparación para la guerra.
Hace unos años, el destino de Urgash cambió radicalmente con la llegada del Lord Brujo Morkruk. Morkruk no buscó destruir la legión de Urgash por la fuerza bruta, sino doblegar su mando mediante una demostración de poderío superior.
En una prueba de poder que duró tres días, Morkruk aniquiló a los generales supremos de la legión original de Urgash uno por uno, sin que ninguno pudiera oponer resistencia real. Cuando se enfrentó al propio Urgash y a su guardia de élite, el Lord Brujo no los mató. En su lugar, utilizó una proyección de poder infernal abrumadora para paralizar a los guerreros, dejándolos indefensos y conscientes. Urgash vio la muerte cara a cara y, en ese abismo, vio algo mucho más antiguo, aterrador y poderoso que Maglubiyet la disciplina implacable y el orden perfecto de los Nueve Infiernos.
Morkruk, en un gesto de sorprendente perspicacia, ofreció a El Sucio una elección morir como un fanático leal a un dios que no le había salvado, o arrodillarse ante un nuevo orden y servir a una causa mayor, la del Archiduque Asmodeo. Urgash, un pragmático ante todo, eligió la vida y el poder. Pero la elección no fue solo por supervivencia. En la fría disciplina infernal que Morkruk representaba, Goro-Khan vio la realización última de lo que su fe en Maglubiyet había prometido pero nunca cumplido: una conquista eterna, inquebrantable y perfecta. Así nació Goro-Khan.
Goro-Khan renunció públicamente a su antigua vida, a su nombre de pila y a su lealtad a Maglubiyet reemplazando su devoción al dios trasgo con una devoción absoluta a Asmodeo, el Archiduque de los Nueve Infiernos. Goro-Khan se convirtió en un paladín del orden infernal, un guerrero cuya alma estaba juramentada a los nueve infiernos, sirviendo a su nuevo amo incluso más allá de la muerte en las interminables Guerras de la Sangre.
Morkruk, satisfecho con su nueva adquisición, confió a Goro-Khan la reestructuración completa de la legión. Con una mano de hierro y sin atisbo de piedad, Goro-Khan llevó a cabo una purga brutal. Los débiles, los indisciplinados, los nostálgicos de las viejas formas de brutalidad sin sentido fueron ejecutados sumariamente o utilizados como entrenamiento vivo para los nuevos cuadros de mando. La legión se redujo a un tercio de su tamaño original, pero lo que quedó ya no era una horda indisciplinada: era una máquina de guerra perfeccionada, una falange de soldados fanáticos e implacables que operaban con la precisión de un reloj.
Goro-Khan se convirtió en el primer al mando de la nueva élite de la legión, los Espadas de Ébano. Se ganó a pulso el apodo de "El Segador" porque su solemne presencia en el campo de batalla marcaba invariablemente el comienzo de la aniquilación metódica y total del enemigo. Invicto en la era moderna, Goro-Khan encarna la disciplina absoluta, consumido por un ansia de expansión que va más allá de matar por matar: es la voluntad de los Infiernos manifestada en el plano mortal.