farraces
Bug de oscuridad
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- 19/9/06
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El Guantelete pesa hoy más de lo habitual en mi mano. Caalan y yo no esperábamos nada más que la rutina de patrulla, pero los páramos nunca son tranquilos para los que buscan la Luz.
La imagen de los ciudadanos corriendo, balbuceando sobre "el Crupier" y el destino de Sariel, me golpeó primero como un miedo frío. Un miedo egoísta que tuve que sofocar de inmediato. El sufrimiento ajeno es mi vocación, no mi carga.
Cuando los tres civiles regresaron, apareciendo de la nada como si el mismo Faerûn los hubiera escupido, sus historias solo confirmaron mi sospecha más oscura: no se trata de bandidos. Es algo que juega con la mente, algo que roba la voluntad. El "juego" que describieron... el mero concepto es una blasfemia contra todo lo que representa Ilmater. Usar el terror y la codicia para doblegar al espíritu.
Mi intento de comunicarme con Sariel fue inútil, pero sentí la vibración de mi mensaje, un eco hueco en donde debería haber estado su mente. Está allí, en alguna parte.
Y luego, ella apareció. No era la Sariel que esperaba, sino un caparazón. Su cuerpo estaba aquí, pero su alma... su alma había sido retirada o aprisionada.
Ver la sombra detrás de ella, una maldita sombra permanente custodiando su vacío, fue como recibir un golpe en el estómago. Un tormento sin piedad.
Y el responsable, El Crupier, un gigante oscuro que se permite hablar de "continuar el juego" y luego se desvanece. Sentí la furia justa de un Caballero.
No es un enemigo al que se pueda apuñalar con acero; es una plaga del espíritu que debe ser purificada.
El viaje al Hospicio fue lento y silencioso. Caalan mantuvo un ritmo firme, atento a cualquier emboscada, pero mis ojos no se apartaron de Sariel. Ella respira, vive, pero en un silencio total. Me recuerda a los mártires que no pueden gritar su dolor, solo que en su caso, el dolor la ha forzado a abandonarse a sí misma.
Como Sacerdote de Ilmater, mi fe me enseña a aliviar el sufrimiento. Pero esta vez, no sé cómo. El sufrimiento es interno y autoimpuesto por alguna magia abominable.
Ahora la hemos estabilizado. Caalan la vigila. Yo estoy aquí, rodeado de libros. La Iglesia de Selûne debe venir, pero mientras tanto, la respuesta debe estar aquí. No descansaré hasta que encuentre algo, cualquier cosa, que me permita tomar una medida. No podemos abandonar a Sariel al silencio.
Mi juramento al Guantelete exige acción; mi juramento a Ilmater exige compasión y cura.
Por la Fe y el Corazón Sangrante, buscaré el camino.
La imagen de los ciudadanos corriendo, balbuceando sobre "el Crupier" y el destino de Sariel, me golpeó primero como un miedo frío. Un miedo egoísta que tuve que sofocar de inmediato. El sufrimiento ajeno es mi vocación, no mi carga.
Cuando los tres civiles regresaron, apareciendo de la nada como si el mismo Faerûn los hubiera escupido, sus historias solo confirmaron mi sospecha más oscura: no se trata de bandidos. Es algo que juega con la mente, algo que roba la voluntad. El "juego" que describieron... el mero concepto es una blasfemia contra todo lo que representa Ilmater. Usar el terror y la codicia para doblegar al espíritu.
Mi intento de comunicarme con Sariel fue inútil, pero sentí la vibración de mi mensaje, un eco hueco en donde debería haber estado su mente. Está allí, en alguna parte.
Y luego, ella apareció. No era la Sariel que esperaba, sino un caparazón. Su cuerpo estaba aquí, pero su alma... su alma había sido retirada o aprisionada.
Ver la sombra detrás de ella, una maldita sombra permanente custodiando su vacío, fue como recibir un golpe en el estómago. Un tormento sin piedad.
Y el responsable, El Crupier, un gigante oscuro que se permite hablar de "continuar el juego" y luego se desvanece. Sentí la furia justa de un Caballero.
No es un enemigo al que se pueda apuñalar con acero; es una plaga del espíritu que debe ser purificada.
El viaje al Hospicio fue lento y silencioso. Caalan mantuvo un ritmo firme, atento a cualquier emboscada, pero mis ojos no se apartaron de Sariel. Ella respira, vive, pero en un silencio total. Me recuerda a los mártires que no pueden gritar su dolor, solo que en su caso, el dolor la ha forzado a abandonarse a sí misma.
Como Sacerdote de Ilmater, mi fe me enseña a aliviar el sufrimiento. Pero esta vez, no sé cómo. El sufrimiento es interno y autoimpuesto por alguna magia abominable.
Ahora la hemos estabilizado. Caalan la vigila. Yo estoy aquí, rodeado de libros. La Iglesia de Selûne debe venir, pero mientras tanto, la respuesta debe estar aquí. No descansaré hasta que encuentre algo, cualquier cosa, que me permita tomar una medida. No podemos abandonar a Sariel al silencio.
Mi juramento al Guantelete exige acción; mi juramento a Ilmater exige compasión y cura.
Por la Fe y el Corazón Sangrante, buscaré el camino.































































