ACTUALIZACIÓN DURANTE EL TOQUE MARCIAL
La División Occidental, Comandancia
Desde los altos torreones de piedra del Cuartel de la Moneda, se oye la voz firme y sin titubeos de Zahra al-Hakim, la comandante de acero de Athkatla, guerrera leal al servicio de Amn y los Seis.
"Es con amarga decepción que he contemplado a tantos de los nuestros partir no hacia las fronteras donde la verdadera oscuridad avanza, sino hacia las filas del desacato y la rebelión. Quienes proclaman luchar por la libertad, olvidan que las murallas de esta ciudad fueron alzadas no solo con oro, sino con sangre. La sangre de quienes resistieron, entre otros, a las Bestias del Sur.
Athkatla no ha pedido ni servido otra cosa que obediencia a la ley y la fidelidad de nuestros juramentos y al pacto que nos une contra el caos. Aquellos que han marchado contra nosotros, lo hacen contra su propia casa, contra sus hermanos. Que el Norte lo sepa: el tiempo les hará arrepentirse de su error.
Pero aún hay camino para la rectitud. Llamo al pueblo, a nuestros aliados de Crimmor y Púrskul, así como a la neutral Ímnescar a hacer lo justo. No a alzar sus espadas contra Athkatla, sino a empuñarlas contra el Imperio de Muranndin, cuyas hordas han arrasado aldeas y ciudades en el pasado, han devorado y envenenado cosechas y asesinado a inocentes en su paso sombrío, y que no dudarán en hacerlo de nuevo si la Fortaleza de Kalathyr cae.
¿Quién defenderá entonces a los granjeros, a los niños, a los comerciantes de la Costa si no lo hacemos nosotros?
Respecto a la marcha de Arianne Brillalba, Obispo del Waukeenar, lamento profundamente su decisión y la que, con ella, nos ha obligado a tomar nosotros. No ha sido desterrada por su fe ni por su palabra, ni mucho menos por su falta de compromiso para con la Ciudad de la Moneda, sino por su proximidad a las fuerzas que se han declarado hostiles hacia Athkatla cuando ya nos enfrentamos a una guerra con las bestias.
Sin embargo, sepan que no se le ha prohibido el paso a Agujas de Oro, ni a ninguna otra ciudad bajo nuestra égida. Ha sido escoltada con el respeto y honor que merece, y sus derechos religiosos, así como el cargo que ostenta en la ejecución de los mismos, preservados. Esta no es solo una medida de protección para nosotros, sino para ella misma, pues no dejaremos que la sombra de la sospecha pese sobre ella si se efectuara una filtración de información sensible. Asimismo y por este mismo motivo, una vez se llegue a un acuerdo de paz con el Norte o las hostilidades se hayan resuelto de una forma u otra, será bienvenida de nuevo dentro de nuestras murallas, recuperando todos sus cargos anteriores si ese su deseo, por la Gracia de Amn y del Waukeenar.
La protección de Athkatla nos exige sacrificios dolorosos, y este ha sido el peor de todos ellos.
Gloria a Amn, a los Seis, a la Ley del Equilibrio Arcano y a la Reina Azul.
-Comandante Zahra al-Hakim, de la División Occidental de la Moneda.
La Posición Oficial del Waukeenar
Poco después del primer comunicado y desde las cámaras de mármol dorado del Templo de la Dama del Comercio, la Moneda Sagrada ha emitido su parecer al público.
"El Waukeenar da buena fe de que la Obispo Arianne Brillalba ha sido tratada con toda la dignidad que merece su rango y labor, y condena los rumores infundados que intenten mancillar su nombre sin pruebas suficientes.
Una investigación interna determinará si las sospechas que motivaron su destierro son sólidas o fueron precipitadas por la tensión del conflicto. De llegarse a un entendimiento con la División Occidental y el Consejo de la Tormenta, y por el bien de la armonía, la Obispo conservará todos sus derechos como representante de la fe desde Agujas de Oro y, una vez concluídas las hostilidades contra el Norte, donde se halla el foco de su conflicto de intereses, se exigirá la restitución de todos sus cargos anteriores así como una compensación al Waukeenar por los agravios cometidos.
Mientras tanto y para asegurarnos de que ninguna irregularidad procede en la ausencia de nuestra representante, se ha designado que un trono ha de cederse a la Honorable Jueza Isolde Callaghan como nueva Consejera del Waukeenar en la Alianza del Trueno. Su conocimiento de la ley y su devoción al equilibrio entre oro y justicia garantizan la continuidad de nuestro deber sagrado."
Los pasos que llevan al norte
Desde que partieran en silenciosa marcha desde el Distrito de los Templos, ha corrido por los patios y callejuelas un rumor que a día de hoy ya se confirma cierto. Dos capítulos enteros -uno de la fe de Llira, entre los que se cuentan sus Faranduleros Escarlata, y otro de la Dama de Cabellos de Fuego liderado por una de sus Altas Sacerdotisas- han dejado atrás Athkatla en dirección Norte, para unirse a la Alianza de las Tierras del Norte.
Sus estandartes ondearon por última vez sobre las fuentes doradas antes de desvanecerse más allá del gran portón. Han partido para unirse a El Último Umbral, afirmando que no pueden seguir sirviendo a sus Diosas mientras las voces del pueblo son acalladas a fuego y hierro.
En contrapunto, también se ha confirmado la salida de un escuadrón de la Orden del Guantelete. Aunque declaran permanecer neutrales en cuanto al conflicto con la Alianza del Norte se refiere, darán cumplimiento a su juramento con Kalathyr, sellado hace ya un año por el Maestre Tada, defendiendo la frontera y la fortaleza de los avances del Imperio de Murann. Así marchan sus paladines, no como amigos o enemigos de Athkatla, sino como hombres de honor que defenderán a los inocentes por encima de cualquier conflicto interno.
La Guantelete Negro de Perdición, en la frontera
Se dice que los vientos del sur traen un frío distinto, seco y fúnebre. Desde la frontera entre Kalathyr y Muranndin, la Orden del Puño Negro se ha incrementado en número bajo la implacable vigilancia de su Guantelete Negro de Perdición, Agarathea Narteha.
La ya madura semielfa no parece acusar el paso de los años, pues se la puede ver recorriendo senderos y lindes montada en su córcel que pareciera hecho de sombras, su armadura negra y verde adornada siempre con el rojo de la sangre de las bestias. Sus soldados, acompañados de dos oficiales y su mano derecha, El Cónsul de Hierro, no descansan. Los ataques de aquellas criaturas malditas e infectas que subsisten en el autoproclamado Imperio se han llevado numerosas vidas, pero las suyas han sido mermadas con la misma eficacia, férreos siempre en el implacable ejercicio de su fuerza y fe hacia Perdición.
Los cadáveres de las criaturas, empalados y expuestos en la frontera como una burla, se acumulan a modo de advertencia.
Cuando la Guantelete Negro se permite tomarse un respiro para descansar, alzará la voz para todo aquel que quiera escucharle -sea granjero, soldado, guardia o comerciante-.
"¿Os sorprende la traición de Selûne y sus lunáticos? ¿Qué otra cosa puede esperarse de una Diosa errante, flébil? ¿Qué de sus seguidores, siempre en conflictos, en el punto de mira, creadores de una Iglesia huérfana y desestructurada? Mientras sus fieles disputan sobre dogmas de luz, los inocentes mueren. Nuestro pueblo muere, nuestra gente sangra. No es esta una guerra sagrada, sino de voluntades. Quienes teman mirar a los ojos del Abismo y enfrentarse a sus Demonios, no merecen liderazgo ni admiración.
Pero no habréis de temer, buena gente de Amn, pues bajo la férrea voluntad de Perdición y la fuerza que con esta infunde a mi mano, ninguna Bestia osará poner un pie en nuestras tierras sin pagar el justo precio de sangre.
Yo, Agarathea Narteha, Guantelete Negro de Perdición, os doy mi palabra: Seremos una muralla entre el enemigo y vosotros, y con implacable determinación lucharemos hasta la victoria o la muerte."