Frankysan
Bolsa de la Bolsa Planar
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Espíritu Condenado
Primero oyeron su macabra risa, resonando por los pasillos del viejo colegio de magia y hechicería. Acostumbrados a esos recibimientos, no se detuvieron hasta llegar a una vieja sala de recepción cuyo techo se había derrumbado parcialmente, revelando el cielo nocturno que había sobre ellos, ausente de estrellas. La silueta del paladín caído Vaerie les esperaba tras un portón metálico, pero estaba difusa, como si las sombras que la componían estuvieran impacientes de saltar a por ellos y devorarlos, lamiendo el techo y las paredes a su alrededor como tentáculos de sombra. Al verles llegar, alzó su alabarda y con una voz potente anunció:
- ¡Los Muertos han venido! ¡Han venido a unirse a la Muerte!
Frederic desenvainó su espada, Noche de Tormenta, conforme avanzaba hacia el centro de la sala, mirando fijamente a Vaerie. El arma soltó un chispazo en la oscuridad, iluminando su serio rostro por un segundo. El ex-paladín sentía respeto y compasión por el espíritu del paladín, que había caído luchando valientemente contra el dragón que había arrasado aquella escuela años atrás.
- ¿Eres Vaerie? Hemos venido a liberar tu alma.- dijo, dejando de lado las habituales bravuconadas.
- ¡Yo no soy nadie! ¡Un siervo de la Muerte! ¡Habéis venido a uniros a mí!-dijo el espíritu caído, caminando de un lado a otro como un depredador esperando para saltar- Si cruzáis el umbral de esta puerta, moriréis.
Hubo un silencio sólo interrumpido por el descorchar de unos viales que llevaban los compañeros del Orbe Eterno en su botiquín. Frederic hizo una mueca al notar el sabor amargo de la poción que le protegería de la muerte y volvió a mirar al Paladín Caído.
- Procedemos a liberar tu alma- avanzó hasta el mecanismo que abría el portón y enfrentarse a Vaerie.
Avanzaron con decisión hacia la criatura no muerta, manteniendo el espacio entre ellos para no molestarse a la hora de combatir. Frederic iba el primero, con el escudo en alto con intención de detener la acometida inicial. Sentía que era su trabajo, como guardián y protector del resto del grupo. A su lado, Roxx se descolgaba la lanza de la espalda y la hacía girar son una ligereza y fluidez asombrosas, como si el arma fuera una extensión de sí mismo. Uko se les adelantó, impaciente por entrar en combate y sujetando con ambas manos el enorme mazo con runas azote de no muertos grabadas en la superficie plana del arma, siempre furioso, siempre con ganas de combatir. Raven les seguía, balanceando su guadaña y tarareando una canción para elevar el espíritu. Atrás se quedaron Sarah y Andros. La joven maga se posicionó buscando un lugar desde donde tener línea de visión clara del paladín caído, analizando la sala con una mirada buscando los espacios más aptos para ello mientras Andros la observaba con una sonrisa cargada de orgullo.
Vaerie no avanzó, en lugar de eso se mantuvo en pie en su sitio, con una postura desafiante heredada de su época de paladín. Sonrió bajo su oscuro yelmo, sin miedo ni dudas e invocó el poder oscuro otorgado por Sariel. Todas las debilidades de la carne, todas las dudas de los mortales y miedos purgadas de su cuerpo. Se sentía puro, preparado para derrotar a cualquiera que amenazase a su amo. Cerró el puño frente a él concentrando su poder y descargó una onda de energía golpeando el suelo, que se extendió por toda la sala.
La onda hizo que Frederic tuviese que protegerse con el escudo y desequilibró a los demás en su avance. Las luces de sus armas comenzaron a parpadear y se extinguieron durante unos segundos de incertidumbre. Un zumbido en el fondo de su cabeza le asaltó de repente y la imagen de Sariel le asaltó de repente en la oscuridad, alargando la mano para llegar hasta él y arrancarle el alma. Sorprendido, Frederic retrocedió intentando cortar la mano del ángel caído con su arma pero simplemente traspasó la fantasmagórica figura. Dio dos pasos atrás y Sariel volvió a aparecer en un parpadeo delante de él, sonriendo y transformándose en una versión oscura y maldita de sí mismo, mostrándole la mano izquierda rodeada de sombras y zarcillos negros.
A su alrededor los otros compañeros también se vieron afectados por el aura de miedo mágico, retrocediendo y luchando contra enemigos invisibles que les impedían pensar con claridad. Vaerie se echó la alabarda al hombro y observó complacido su obra, seguro de que su poder le permitiría acabar con ellos con facilidad. Sin embargo, cuando recorrió su mirada por todos sus enemigos, vio que Andros Acosta seguía de pie en su sitio, mirándole fijamente. El mago suspiró y con un gesto hastiado dejó caer su bastón al suelo para tener ambas manos libres.
-¡Ahá, hete ahí que mi pavorosa aura os paraliz…! -las palabras de Vaerie fueron interrumpidas cuando Andros disparó un orbe de energía sónica directamente a su rostro. El conjuro lo golpeó con dureza, haciéndolo retroceder aturdido unos segundos por el golpe.
Nuevamente palabras arcanas resonaron en la estancia mientras Andros recogía del suelo la espada de Frederic y como un titiritero la hacía quedar suspendida en el aire. Vaerie cargó furioso pero la hoja del arma detuvo el golpe, haciendo saltar chispas y dando espacio al mago para retroceder. Andros echó una mano hacia atrás y bramando otra palabra descargó un puñetazo que se amplió a un enorme puño verde fantasmagórico que empujó a su adversario hasta el final de la sala, manteniéndolo sujeto.
Con presteza intentó disipar el pavor intruso sobre Sarah, encogida detrás de Roxx, pero no tuvo resultado alguno. Varie se zafó de la mano y recompuso la postura, amenazante en su ominoso aspecto, alabarda en ristre hacia el arcano aún cuerdo.
- ¡Buen intento, pero tus palabras no son rival para mi poder, que ha trascendido el de las ataduras…!
No pudo terminar la frase porque tuvo que detener la espada flotante de improviso mientras éstas incrementaba la virulencia de sus ataques, haciéndolo retroceder hacia el pasillo por el que había venido. Cada paso que daba hacia atrás, era un conjuro más de margen que tenía Andros contra él.
- ¡No podré…!- trataba de decir cuando una lluvia de proyectiles mágicos le llovió encima.
- ¡Agmi esónisea! ¡Agmi esónisea! ¡Agmi esónisea!- los orbes de Andros iban golpeando al paladín caído como una sucesión de disparos de ballesta. Al parar, Vaerie se tambaleó.
- Voy a avanzar ahora… Y como oiga un puñetero Agmi esónisea más me voy a enfadar mucho.
- ¡Agmi írnia!
- ¡Argh!
Andros jadeaba sin aliento con la mano extendida hacia su enemigo, con una gota de sudor cayéndole por la sien.
- Chicos… Más os vale que os deis prisa que me estoy quedando sin orbes.- alguien le dio una palmada en la mano extendida, tomando el relevo.
- Agmi esónisea-dijo Sarah con una sonrisilla y disparó contra el Paladín Caído.
El único orbe sónico hizo estallar parte del yelmo que llevaba Vaerie, revelando un oscuro rostro deformado por el odio cuyo ojo visible brillaba con una luz enfermiza roja. Se puso en pie, desafiante mientras el resto de compañeros del Orbe Eterno caminaban tranquilamente hacia él. La espada de Frederic regresó obedientemente a su mano y soltó un chispazo mágico que iluminó la oscuridad de la sala.
- Se acabaron los juegos. ¡Soy el siervo de la Muerte, JAMÁS DERROTAREIS LO INEVITABLE!- golpeó con el suelo la alabarda y las sombras de la habitación comenzaron a arremolinarse alrededor de él, absorbiendo y reparando los trozos de armadura y rota y cubriendo de nuevo su rostro.- ¡Por la Muerte!
Echó a correr arrastrando la alabarda por el suelo dejando un reguero de chispas oscuras y cuando estuvo al alcance de sus enemigos saltó y giró sobre sí mismo,descargando un poderoso golpe vertical que Frederic detuvo poniendo el escudo sobre su cabeza. Tal fue la fuerza del impacto que tuvo que clavar la rodilla en el suelo para absorber el golpe. La parada hizo rebotar a Vaerie, que quedó suspendido en el aire una milésima de segundo que aprovechó Uko para golpearle con toda su fuerza con su enorme martillo, cuyas runas anti-no muertos brillaron como faroles al tocar al Paladín Caído. La fuerza del impacto retumbó por toda la sala y Vaerie impactó con fuerza contra una pared, haciendo saltar parte de la mampostería corroída. Raven corrió hacia él y haciendo girar su guadaña atrapó sus piernas y lo desequilibró, dejándole una apertura para que Roxx le empalase con su lanza de lado a lado. El maestro de armas sacó el arma del cuerpo de su adversario, que quedó a unos pasos de las escaleras a los niveles inferiores. Alzó la alabarda de forma defensiva y esperó. Uko se lanzó a por él y giró para esquivarle y asestar un golpe del asta en los riñones al cuarterón de orco. Uko gritó de dolor y cayó desplomado al suelo. Vaerie sonrió triunfal un segundo antes de que Roxx le metiese una patada en el pecho.
En la más profunda oscuridad de las catacumbas de la escuela élfica de magia y hechicería, los restos de los que antiguamente fueron orgullosos tel’quessir ansiosos de aprender magia yacían lánguidos a la espera del calor de los vivos para hacerlos moverse. Sentados en la oscuridad, con la dejadez inerte características de los cadáveres, dejaban pasar los años a la espera de algún cambio en su ecosistema. Entonces oyeron a Vaerie el Caído rodar escaleras abajo.
El espíritu oscuro quedó tendido en el suelo un segundo y su cuerpo parpadeó, convirtiéndose en sombras que avanzaron por la oscuridad de las catacumbas mientras los pasos de los miembros del Orbe Eterno le seguían de cerca, trayendo luz a las catacumbas. Los esqueletos alzaron la mirada anhelando el calor de sus almas. Vaerie entró en el salón de actos ondeando su capa raída con gesto contrariado arrastrando la alabarda. Se dirigió al gran abismo en el centro de la sala y golpeó el suelo con su arma.
- ¡Alzaos y pelead por la Muerte!- bramó y el quejido lastimero de decenas de no muertos respondiendo a su llamada.
El Orbe Eterno entró corriendo en la sala a tiempo para ver como los numerosos brazos esqueletos se aferraban al borde del abismo y trepaban unos sobre otros para salir de allí y correr hacia ellos, blandiendo enormes hachas oxidadas. Frederic frenó la carrera cuando el primero de los esqueletos le salió al paso, usando su espada para bloquear el hachazo. Noche de Tormenta pareció reaccionar a la frustración de su amo, ya que soltó un estallido eléctrico que quemó la cabeza del esqueleto que se enfrentaba a él. Intentó seguir avanzando, pero otros trataban de aferrarse a él, frenándolo y golpeándole con sus hachas. Uko aplastó dos esqueletos con su enorme martillo, pero rápidamente llamó la atención de los otros, uno logró alcanzarle en los riñones, haciéndole gritar de nuevo e hincar una rodilla, provocando que se le subiesen a la espalda y fuese sepultado en huesos reanimados.
- No es suficiente... -murmuró Vaerie, mirando al abismo del suelo. Alzó de nuevo la alabarda con fuerza, con intención de despertar al Gran Mal que habitaba en las profundidades.
Una nueva mano fantasmagórica le empujó contra el extremo de una habitación y le mantuvo sujeto a ella mientras forcejeaba, furioso. Andros y Sarah flotaron en el aire para sortear los esqueletos y juntos comenzaron a descargar una nueva andanada de hechizos contra la criatura, que no podía hacer nada para defenderse. Las sombras comenzaron a abandonar el cuerpo del espíritu, perdiéndose en el juego de luces de la sala.
- ¡ALTO!- bramó, cayendo de rodillas-¡Quien me mate,caerá conmigo!- bramó como advertencia, lo que hizo detener el avance de Frederic y Sarah, que eran los que habían terminado más próximos a él.
Se produjo una pausa en el combate solamente interrumpida por los esqueletos golpeando los riñones de Uko y Roxx tratando de quitárselos de encima. Frederic respiró hondo, sin ganas de plantearse la posibilidad siquiera de que hubiera que hacer un sacrificio, pero antes de que pudiera decir nada, Vaerie siguió hablando.
- ¡A menos que los conde...buagh- se desplomó muerto en el suelo.
Frederic y Sarah parpadearon y se volvieron a mirar a Andros. Andros se encogió de hombros con gesto de incredulidad.
- ¡¿Qué…?!- preguntó Uko, que apenas se veía entre los múltiples brazos esqueléticos que le sepultaban.
Frederic giró la cabeza y con una mueca se apresuró a aliviar la presión sobre el cuarterón de orco con la ayuda de Roxx. Sarah salió corriendo huyendo de un esqueleto con un hacha mientras Andros todavía preguntaba:
- ¿Se ha muerto solo?- se acercó hasta el cuerpo de Vaerie todavía sin creérselo.
Uko se quitó al último esqueleto de encima, aplastando su cráneo con la mano y haciéndolo polvo. El resto de los huesos de los esqueletos perdieron sus últimas reservas de energía negativa y se desintegraron también. Sarah y Fred se miraron la mano izquierda, todavía negra por los efectos de la maldición cuando el alarido de Andros los sorprendió. Se giraron y vieron como de la sombra de Vaerie se extendían negros zarcillos que se aferraban a los tobillos de Andros. El joven mago gritaba de dolor, doblándose y sujetándose la mano izquierda, con las venas de la frente hinchadas y tratando sin éxito de llamar a sus compañeros.
Paralizados, sin saber qué hacer se acercaron al joven para tratar de ayudarle y en un momento de claridad Uko conjuró luz sobre Andros. La sombra pareció recibir una descarga y retrocedió dando un respiro al joven. Hubo otro silencio y acto seguido el conjuro de luz fue repetido por el resto de los miembros del Orbe Eterno que rodearon a Andros y conjuraron sobre él para espantar a la oscura amenaza. Una vez los estertores de muerte del mago finalizaron, pudieron respirar aliviados con la certeza de que todo había acabado.
- Esperad… ¿Qué hay en el fondo de ese foso?- preguntó Frederic, acercándose al borde.
Raven conjuró luz sobre una piedra y la arrojó, iluminando la caída hasta dar con un fondo lleno de no muertos que seguían tratando de trepar hacia donde ellos estaban. Los magos reaccionaron casi instintivamente conjurando una explosión solar al foso, y la luz abrasadora arrasó a los no muertos, no quedando ni los restos. Sin embargo, pudieron vislumbrar una mazmorra anexa, bajo la misma escuela y que no parecía corresponderse arquitectónicamente a esta.
- ¿Bajamos a ver si hay algo?- preguntó Sarah.
Frederic miró el abismo y sintió un cosquilleo en la nuca, una mala sensación, un mal sabor de boca que había experimentado con anterioridad, cuando todavía era paladín y conservaba sus poderes. La sensación de que un auténtico mal acechaba en esa oscuridad.
- Bajaré solo, y os daré la señal para que me sigáis si veo que es seguro o necesito ayuda, ¿de acuerdo?
- ¿No deberíamos…?-intentó decir Sarah pero Frederic ya había saltado y conjurado volar para detener la caída libre.
Descendió por la oscuridad hasta llegar a una pasarela de roca que daba a un nuevo abismo y suspendido en el aire la siguió para intentar descubrir hacia donde conducía. En un principio no veía los extremos de la pasarela ni tampoco el fondo de lo que había bajo ella pero por alguna razón le parecía que los sonidos no se comportaban como se esperaría de una estructura de espacios tan amplios y vacíos. Llegó flotando hasta un puente roto y entonces se asomó tratando de vislumbrar en la oscuridad.
Lo que vio, le heló la sangre. No ya por el hecho del tamaño en sí, aunque una falange de la criatura fuese tan grande como él. Ni tampoco porque viese que estuviese despierta, había tenido esa suerte. Ni tampoco porque fuese un dracoliche. Le heló la sangre porque habían estado combatiendo, conjurando, bombardeando el foso sin ser conscientes de que aquella criatura, que a juzgar por el tamaño había sido un Gran Wyrm de un cromático de los grandes (rojo, quizás), podía despertar y pillarlos a todo por sorpresa y sin posibilidad de escape. Se dio media vuelta y ascendió a toda velocidad por el foso para volver con sus compañeros.
- Nos vamos, ya.
- ¿pero…?
- Ya es ya. A Amn. ¡Ya!