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El Último Susurro

Mirlo

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En los últimos días ha comenzado a aparecer un panfleto anónimo titulado "El Último Susurro" en algunos rincones de Athkatla. Su presencia es todavía reducida, pero cada jornada que pasa aparece un ejemplar abandonado sobre la mesa de una taberna, clavado discretamente en un tablón o deslizado entre barriles y mercancías en las callejuelas del Distrito del Puente.

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Es precisamente en ese distrito donde la distribución parece concentrarse con mayor intensidad. Tabernas frecuentadas por mercenarios, marineros, artesanos y viajeros se han convertido en el principal escenario de su difusión, como si quien lo reparte buscara que pasara de mano en mano y fuera comentado entre jarras de cerveza y conversaciones.


Aunque por el momento el número de copias es escaso y aún no puede hablarse de una circulación masiva, la constancia con la que nuevos ejemplares siguen apareciendo en diversos puntos de la ciudad deja entrever una estrategia deliberada. Todo apunta a que sus responsables pretenden que, poco a poco, el contenido del panfleto alcance al mayor número posible de ciudadanos de Athkatla, comenzando por uno de los distritos de paso donde es posible que los rumores viajen con mayor rapidez que cualquier pregonero.


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Offtopic :
Acciones llevadas a cabo en el juego, a continuación se publicarán los números del Último Susurro, si hay un lugar más adecuado en el foro solo tenéis que comentarnos. También se publicarán rumores de otras acciones, por eso el lugar de publicación elegido era este y no el tablón ¡Gracias!
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Mirlo

Cuenta secreta evidente
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CANCIÓN DEL CAMINANTE
Por un artista anónimo
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¡Escuchad, gentes de Amn, la canción del caminante,
que rasga cuerdas bajo estrellas y trae verdades por delante!
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La Sacerdotisa de la Luna, de Selûne, dama de fulgor,
fue tomada por los de Murann en una empresa sin honor.
Y mientras lloraban los templos y clamaban los altares,
el sentimentalismo tejió pactos en oscuros lugares.

La esposa, presa del duelo y del capricho del corazón,
buscó auxilio en viejos susurros, lejos de toda bendición.
Por capturar a un muranní, olvidó ley y juramento,
y el precio fue escrito en sangre sobre el pergamino del viento.

«¡No negociéis!», clamó el ejército. «¡No hagáis trato ni cesión!»
Así hablaron las espadas al servicio de la nación.
Mas hicieron oídos sordos a la orden y al deber,
pues quien sirve a sus pasiones pronto olvida a quién proteger.
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Amn pidió al cautivo vivo para la justa autoridad,
pero el preso fue entregado a Murann, sin escuchar la voluntad.
Todo por traer de vuelta a la sierva de Selûne,
mientras las lágrimas del pueblo caían una a una bajo la Luna.

Y aunque las fuerzas de Amn hablaron con el enemigo cruel,
para salvar a los esclavos y a la Sacerdotisa también,
muchos sabían la verdad que el tiempo no puede esconder:
que hubo quien prefirió su causa antes que al pueblo defender.

Hoy limpian nombres con gestos pequeños y con sonrisas de ocasión,
pero Nashkel aún recuerda los ecos de su aflicción.
Pues inocentes desaparecieron en la sombra de aquel pesar,
y los muertos no regresan cuando un héroe quiere brillar.

La justicia fue indulgente, mostró clemencia en su sentencia,
mas la ambición, como la hiedra, siempre encuentra otra presencia.
Siguen trazando nuevos planes bajo el manto del anochecer,
como si el destino de Amn fuese suyo para disponer.

EUS15.png
Dicen ahora: «¡A Imnescar! ¡Levantad estandartes al viento!»
Mas todos saben qué persiguen en tan noble juramento:
los restos de la Abadía Hydcond, perdida por propia torpeza,
ocultando bajo viejas glorias el peso de su flaqueza.

Escuchad ahora la caída de Imnescar, y retened bien la lección:
el clero de la Luna sembró discordia y sedición.
Al Norte tendió la mano, y contra Amn volvió su faz,
forzando a dividir las huestes que guardaban nuestra paz.

EUS16.png
Murann vio el cielo abierto y descargó su tempestad;
Amn resistió en las fronteras con acero y voluntad.
El Norte fue rechazado, mas Imnescar se hundió al final,
y las campanas de sus torres doblaron un réquiem funeral.

Hoy hablan de reconquista, de restaurar lo que cayó,
de rescatar viejas piedras donde antaño el incienso ardió.
Mas la historia gira en círculos, como rueda de carreta en el camino,
y quien desenvaina por egoísmo puede condenar a su vecino.

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Así que escuchad, ciudadanos de Amn, cuando el bardo vuelva a cantar:
si Murann recibe un golpe, Murann habrá de contestar.
Guardad agua, afilad hojas, mirad hacia el cielo también,
pues no toda luz de plata busca el favor de los hombres de bien.

¡Que Selûne alce su mirada sobre los justos y los prudentes,

y que los necios aprendan, antes de arrastrar al pueblo entre sus dientes!​
—Anónimo.​
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Esta publicación agradece a un artista anónimo el trabajo realizado para la difusión de tan importante poema. La verdad canta en las últimas notas de la noche. ​
—El Mirlo.
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​
Versión en imágenes (click para ver en grande), si hay variaciones se mantiene que lo publicado es lo que está por escrito en las líneas anteriores.
 

Essex

Hueso roído de Loreliel
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CANCIÓN DEL CAMINANTE
Por un artista anónimo
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¡Escuchad, gentes de Amn, la canción del caminante,
que rasga cuerdas bajo estrellas y trae verdades por delante!
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La Sacerdotisa de la Luna, de Selûne, dama de fulgor,
fue tomada por los de Murann en una empresa sin honor.
Y mientras lloraban los templos y clamaban los altares,
el sentimentalismo tejió pactos en oscuros lugares.

La esposa, presa del duelo y del capricho del corazón,
buscó auxilio en viejos susurros, lejos de toda bendición.
Por capturar a un muranní, olvidó ley y juramento,
y el precio fue escrito en sangre sobre el pergamino del viento.

«¡No negociéis!», clamó el ejército. «¡No hagáis trato ni cesión!»
Así hablaron las espadas al servicio de la nación.
Mas hicieron oídos sordos a la orden y al deber,
pues quien sirve a sus pasiones pronto olvida a quién proteger.
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Amn pidió al cautivo vivo para la justa autoridad,
pero el preso fue entregado a Murann, sin escuchar la voluntad.
Todo por traer de vuelta a la sierva de Selûne,
mientras las lágrimas del pueblo caían una a una bajo la Luna.

Y aunque las fuerzas de Amn hablaron con el enemigo cruel,
para salvar a los esclavos y a la Sacerdotisa también,
muchos sabían la verdad que el tiempo no puede esconder:
que hubo quien prefirió su causa antes que al pueblo defender.

Hoy limpian nombres con gestos pequeños y con sonrisas de ocasión,
pero Nashkel aún recuerda los ecos de su aflicción.
Pues inocentes desaparecieron en la sombra de aquel pesar,
y los muertos no regresan cuando un héroe quiere brillar.

La justicia fue indulgente, mostró clemencia en su sentencia,
mas la ambición, como la hiedra, siempre encuentra otra presencia.
Siguen trazando nuevos planes bajo el manto del anochecer,
como si el destino de Amn fuese suyo para disponer.

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Dicen ahora: «¡A Imnescar! ¡Levantad estandartes al viento!»
Mas todos saben qué persiguen en tan noble juramento:
los restos de la Abadía Hydcond, perdida por propia torpeza,
ocultando bajo viejas glorias el peso de su flaqueza.

Escuchad ahora la caída de Imnescar, y retened bien la lección:
el clero de la Luna sembró discordia y sedición.
Al Norte tendió la mano, y contra Amn volvió su faz,
forzando a dividir las huestes que guardaban nuestra paz.

EUS16.png
Murann vio el cielo abierto y descargó su tempestad;
Amn resistió en las fronteras con acero y voluntad.
El Norte fue rechazado, mas Imnescar se hundió al final,
y las campanas de sus torres doblaron un réquiem funeral.

Hoy hablan de reconquista, de restaurar lo que cayó,
de rescatar viejas piedras donde antaño el incienso ardió.
Mas la historia gira en círculos, como rueda de carreta en el camino,
y quien desenvaina por egoísmo puede condenar a su vecino.

EUS17.png
Así que escuchad, ciudadanos de Amn, cuando el bardo vuelva a cantar:
si Murann recibe un golpe, Murann habrá de contestar.
Guardad agua, afilad hojas, mirad hacia el cielo también,
pues no toda luz de plata busca el favor de los hombres de bien.

¡Que Selûne alce su mirada sobre los justos y los prudentes,

y que los necios aprendan, antes de arrastrar al pueblo entre sus dientes!​
—Anónimo.​
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Esta publicación agradece a un artista anónimo el trabajo realizado para la difusión de tan importante poema. La verdad canta en las últimas notas de la noche. ​
—El Mirlo.
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​
Versión en imágenes (click para ver en grande), si hay variaciones se mantiene que lo publicado es lo que está por escrito en las líneas anteriores.


*El oscuro mago elfo de lengua bífida y sulfurosa tomaría uno de los panfletos en una de las tabernas frecuentadas por mercenarios y demás gente “poco recomendable”, y lo leería mientras bebe una copa de vino, despreciando a aquellos que consumen lo que él llama “agua” y bebida de “bárbaros”: la cerveza.*

Así que, ¿por fin unos "arpistas" de verdad? No sé si me convienen, pero aprecio la literatura con “cojones”.

*Sea como fuere, tendrían un nuevo suscriptor, igual que ocurre con la “Gaceta del Mercader”, por parte de un amante de la "literatura" libre, inteligente, valiente y sin pelos en la lengua.*


Offtopic :
No sé si os molestarán las reacciones; si hay algún problema, la edito o pido que la borren, de manera natural y sin mayor problema.
 

Meivel

Minsorrano sin caminos
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La pelirroja, que frecuentaba muchas veces el distrito del puerto, leyó con gesto serio la hoja. Al terminar, la arrugó entre sus manos y se dedicó a buscar por el distrito más copias para destruirlas.​

Offtopic :
Lo mismo que Essex, si no queréis interacciones avisad y se borra ^^
 

Mirlo

Cuenta secreta evidente
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PRINCIPIOS DE ALQUILER EN LA TIERRA DE AMN
Por Mirlo
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Hay conversaciones que nacen para ser secretas y otras que, aun celebrándose a plena vista, confían ingenuamente en que la memoria de los hombres será más corta que sus lenguas. La reciente reunión entre la Orden del Guantelete y los Magos Rojos de Thay pertenece a esta segunda especie: no hubo celosías cerradas ni sombras que ocultasen a los comensales, y las palabras, apenas pronunciadas, alzaron el vuelo.
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Así, los pajaritos nos hemos enterado de que los representantes de Thay anunciaron su intención de enfrentarse directamente a Murann mediante incursiones, excusándose en supuestas amenazas del Imperio. Nada sorprendente viniendo de ellos; sin embargo, resulta alarmante que más de uno acepte semejante compañía sin reparar en el peligro que traen a las puertas de quienes les dan de comer.

Todos coincidimos en que Murann es enemiga de Amn, pero de ahí a llamar amigo (y dar comodidades a su enclave) a cualquiera que desee verla caer media un abismo peligroso. El enemigo de mi enemigo puede ser un aliado coyuntural, mas rara vez un hermano de armas. Quien confunde ambos conceptos descubre demasiado tarde que los favores se cobran y que la factura viene con letra pequeña. Además, Thay ya posee un enclave en Amn: la puerta no está por abrirse, lleva tiempo abierta de par en par. Lo que falta decidir es cuánto terreno cederemos a quienes ya conocen el camino. Se apela al comercio —excusas respetables para maquillar intenciones menos nobles—, pero sería iluso creer que los Magos Rojos solo buscan negocios o que su odio hacia Murann comparte la misma raíz que el de Amn.

Conviene recordar una lección elemental: no todos los que empuñan la misma espada persiguen la misma cabeza.

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El caso de Obara Alghul es ilustrativo. Nadie negará que tiene intereses legítimos, pues alguien debió dictar hasta los esclavistas más despiadados tienen derecho a sus ambiciones en estas tierras (¡já!); el problema radica en que su enemistad con Murann nació de algo mucho más mezquino: allí no le permitieron asentar su enclave. ¡Qué conveniente resulta envolver una rabieta de niño meón bajo el manto de una causa mayor! Si para blindar sus intereses está dispuesto a enlodar el suelo que pisa, cabe preguntarse cuánto de su pugna pertenece a un ideal y cuánto al orgullo herido de una víbora a la que le cerraron la entrada a una madriguera. No hace falta que los pajaritos dictemos sentencia: basta con ver qué pasaría si mañana Murann le ofreciera lo que ayer le negó. Sería fascinante comprobar cuánto duraría su rencor y qué tan rápido perderían ese brillo sus discursos de odio.

Así danza esta triste comparsa: unos dan el paso por fe, otros por no perder el sitio, y algunos simplemente porque prefieren bailar al son ajeno antes que mirar dónde pisan.

Y mientras unos bailan, otros trazan planes: Murann continúa rearmándose ajena a los debates amnianos; mientras las mesas se llenan de charlas estériles, las fronteras siguen desprotegidas y el enemigo se prepara. Por eso conviene mirar a todos cuantos juraron custodiar estas tierras frente a la oscuridad y ver en qué están ocupando su tiempo y en qué gastan su saliva.


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Para muestra, un botón: la Orden del Guantelete ha sumado hombres, escudos y ojos vigilantes, lo que bien debería celebrarse. Hubo un tiempo en que sus espadas encaraban sin dudar aquello que el resto temía: la no muerte, la nigromancia y el horror que engendran. Hoy, en cambio, a más de una hoja parece habérsele pegado el brillo del oro amniano. Una casa comercial reclama ahora los desvelos de algunos de sus miembros y, aunque no seré yo quien niegue que hasta las causas nobles precisan fondos, el contraste no deja de ser irónico: mientras las abominaciones aguardan en las criptas y Murann se arma, ciertos campeones prefieren el sosiego de los libros de cuentas y la compañía de los devotos de Waukeen. Quizá cambiaron las prioridades; o quizá la virtud, simplemente, se ha vuelto un vicio caro.


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Para colmo, un viejo nombre ha regresado a las filas del Guantelete y lo anuncia a bombo y platillo, pero no podemos evitar preguntarnos qué motivaciones arrastra consigo. Es prudente dudar de los intereses que defenderá cuando deba elegir lealtades, en especial cuando abundan las debilidades por los devotos de Selûne y es que no hay deshonra en el afecto ni en la camaradería, pero el conflicto estalla cuando esas simpatías te hacen olvidar el deber del guantelete. Si el regreso de ciertos veteranos sirve para anteponer la agenda de las seguidoras de Selûne al criterio de sus propios hermanos, cabe cuestionar si se vuelve para servir a la Orden o para servirse de ella, y si es que detrás del supuesto deber resulta haber un gusto por verse arropado por las faldas de sacerdotisas de Selûne.
Los pajaritos no pretendemos juzgar quién tiene razón. Thay tiene su agenda, Obara la suya, Murann sus ejércitos y los Guanteletes deberán asumir el costo de sus hombres díscolos. Lo fascinante es constatar cómo cada quien disfraza su conveniencia de deber moral y su ambición de necesidad imperiosa. Y para la iglesia de Selûne, su venerable diosa me perdone por mencionarla en estas lamentables líneas que sus seguidoras me han impulsado a escribir, habría que dedicar un artículo completo, porque no cabe en un panfleto el despropósito de sus erráticos movimientos.

Para finalizar, conviene recordar a los lectores que las guerras nunca estallan con el primer tambor: se fraguan mucho antes, cuando la conveniencia se disfraza de principios y el deber se negocia al peso. En la política, como en las danzas de taberna, el peligro no es tropezar con la música, sino dejar que te saque a bailar quien pretende pisarte los pies.

Y nosotros, desde las ramas, seguiremos mirando quién marca el paso y los pies traicioneros de los bailarines.
​

—El Mirlo.
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Se aceptan reacciones a este hilo.
 
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AmixuJoestar

Elfo que no discute
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Un kóbold de escamas color granate soltó un alarido para llamar la atención de su superiora. Al ver que no bajaba la mirada, decidió darle toquecitos con una lanza. Fueron segundos los que tardó la criatura escama en ser situada a escasos centímetros de las fauces de la oni, agarrado por su diminuta capa.

"Más te vale que sea algo importante para Kroeln o te haré sangrar de por vida".

"¡Gra-Graaaan Guardiana! N-No son tonterías. ¡N-Nuestro escuadrón ha escuchado co-cosas mi señora!"

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Tras una breve y temblorosa charla, la oni no pudo evitar carcajear con ganas. Miró fijamente al escamoso y sentenció lo siguiente:

"¡JAARHJ! Exquisito... nada que Kroeln no supiera ya. Inevitablemente retuerce mis entrañas de emoción y ansia...comunica a mis soldados que sigan entrenando su carne y fortaleciendo sus sesos. Me pregunto a qué sabrán las plumas de ese tal Mirlo".
​


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Essex

Hueso roído de Loreliel
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*El elfo de tez broncínea sonríe al escuchar que hay un nuevo número en la taberna de mercenarios que suele frecuentar y, tras pedir una copa de vino, se dispone a leer; casi podría decirse que su cara vinagrada —que observa con odio asesino el otro montón, el de los números del Amniano que no lee— se ha relajado.*

-Bien dicho: la virtud no debería venderse. *No lo diría tanto por los comerciantes, sino por la "alianza sacrílega" que parece insinuar el número.*

-Celebro que los bardos vuelvan a cantar y que la prensa libre contribuya a sanar el corazón de esta nación. ¡Por Corellon, quemen el jodido Amniano! *Dejaría unas monedas junto a los panfletos como pago a los supuestos “bardos”, siguiendo la tradición, si es que existe esa posibilidad.*​
 
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Gorrión

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EL ELFO QUE TRAICIONÓ A SU SANGRE
Por GorriónElultimosusurroseparador.png​
Hay luchas que nacen por una causa justa y otras que, aun a pesar de la intención final de su proclamador, distan de manera radical hasta el punto de diluirse y desviarse de su propio propósito, tomando el camino más corto, el del odio.​

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Esta es la situación en la que se encuentra, un solar, llamado Arthal en las tierras de Amn y en el Alandor, en los últimos tiempos ha proclamado un discurso de odio hacia aquellos que no comparten la sangre de los elfos, discriminando incluso a aquellos nacidos del mestizaje.

Una causa por y para los Tel-Quessir, especialmente los Ar-Tel-Quessir. Quienes siempre han sido considerados entre los elfos, como los altivos e inteligentes entre los suyos. Pero la realidad deja mucho que desear sobre lo que realmente representa Arthal.

El Ar-Tel-Quessir, siempre visto como un archimago conflictivo pero de buenas intenciones, defensor de la naturaleza, de los elfos, asistiendo a los seminarios de defensa de las portadora de Selune en el campamento del Alandor, en realidad esconde una faceta oculta, la nigromancia y empuñar la daga forjada por las ascuas de la traición.

Servidor y colaborador del imperio de Murannhein, miembro del Conclave de Shangalar, confabulador con criaturas inmortales, quien ha entregado secretos del Enclave Esmeralda y de otras instituciones de Amn, Kalkhizid, en este susurro os entregamos una historia, la vuestra.

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Érase una vez, en un lugar lejano, un elfo que tenía un nombre muy hermoso. Su nombre olía a hojas de arbol de Arthal, a agua limpia de arroyo y a las páginas de los manuscritos de universidades arcanas.

El elfo vivía bajo la sombra de los grandes árboles del Enclave Esmeralda, y los hombres y la naturaleza lo llamaban «Archimago».


Pero un día, el elfo miró su reflejo en el agua y suspiró:

—«Mi nombre es demasiado pequeño. Mi sabiduría es demasiado pequeña. La luz es una celda demasiado estrecha para mí».


Así que el elfo decidió irse de viaje para buscar un poder más grande. Se quitó la túnica verde, le dio la espalda a sus maestros y caminó hacia la noche. Caminó y caminó, hasta que llegó al reino de los huesos y la tierra fría. Allí vivía una cabala de monstruos que no respiraban.

1791066047430.png —«Dadme vuestros secretos oscuros» —dijo el elfo—. «A cambio, os entregaré mi lealtad».


Los no muertos, felices, abrieron sus tumbas y le enseñaron las palabras de la putrefacción y el lenguaje del polvo. El elfo escuchó, aprendió y se hizo muy, muy fuerte.
Pero mientras aprendía, su hambre crecía. Un día, el elfo miró a la cabala de no muertos y pensó:

«Ya me habéis dado todo lo que tenéis. Vuestro poder ahora es mío, y vosotros ya no me servís».

Entonces, el elfo los traicionó. Reveló sus guaridas a la luz, destruyó sus altares y pisoteó sus huesos hasta convertirlos en ceniza. Los no muertos gritaron en la oscuridad mientras el elfo sonreía y volvía a ponerse en marcha.
​
Caminó y caminó, hasta que llegó al gran castillo de terciopelo y cristal rojo. Allí habitaban los monstruos de la sangre, los vampiros.

—«Entra1791066124119.png, Archimago» —dijeron los vampiros con voces seductoras—. «Tú que has renunciado al bosque, a la escuela y a los muertos, ven a beber de nuestras copas de plata. De ahora en adelante Kalzhizid, serás uno de los nuestros».





El elfo entró en el castillo, se vistió de seda negra y bebió de la copa de rubí. Ahora era el dueño de la noche, una criatura terrible que infundía temor a vivos y muertos por igual. Pero una noche, el elfo se detuvo frente a un espejo de
plata.

Miró el cristal... pero no vio nada. No vio a la criatura de seda negra, ni al traidor de los muertos, ni al antiguo Archimago de la escuela de magia. Ya no recordaba el olor de las hojas de roble del Enclave, ni la voz del arroyo, ni siquiera su propio nombre original. El elfo se abrió el pecho para buscar su corazón, pero solo encontró un vacío oscuro y sin fondo. Se había comido el bosque, se había comido la sabiduría, se había comido a los muertos y se había entregado a la sangre, pero el hambre nunca se había ido.

El elfo echó a correr por los pasillos del castillo, gritando hacia la noche:

—«¡Miradme, miradme! ¡El monstruo que llevo dentro se ha hecho tan grande, tan grande... que me ha devorado por completo!». Pero nadie le contestó. Porque en el Norte y en el Sur, ya no quedaba nadie a quien pudiera traicionar.
​

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Para aquellos interesados en descubrir la veracidad de esta historia, sabed que Loreliel Colmillo de Plata cuenta con toda la verdad, documentos y testimonios que exponen a este nigromante como la verdadera amenaza. Buscadla.

-El Gorrión​
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Loreliel

Alfombra de Yaqen
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Dicen los rumores que un relámpago descendió sobre una roca cerca de la empalizada de Verdelinde ante el enojo, cuando la archiguardiana y Maestra de la Naturaleza Loreliel la Plateada, recibió tales documentos y pruebas. Ella gruñó fuerte apretando sus colmillos y entonces llamó a los guardianes del Enclave Esmeralda y pronto se reunieron en la sede del sagrado Claro Eldath para tratar tan apremiante asunto.

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