La Alta Sacerdotisa sería vista por distintos sitios de la capital, Kazad, la linde del Alandor, respetando el veto dado por los elfos, Crimmor, Purskul y como no en Imnescar dando el mismo discurso al parecer, siempre escoltada por un buen número de cruzados que llevaban rosas de plata grabadas en sus armaduras.
Hermanos e hijos de Amn, amigos, aliados y también aquellos que, aunque no compartáis mis creencias, habéis venido hoy aquí:
No os he convocado en mi nombre, ni en el de mi capítulo, ni siquiera en el de la Abadía de Hydcont, sino en el nombre de Selûne, pues se que mi diosa vería mis palabras con aprobación. Hoy hablo con la voz de nuestra fe y con la voluntad de quienes han visto suficiente sangre inocente derramada.
Es imposible ignorar lo que ha estado ocurriendo. Durante más de cien años, el Imperio Muraní ha sostenido un conflicto incesante contra nuestra tierra. No ha habido paz verdadera, solo treguas disfrazadas de calma. Hemos sufrido oleadas de violencia, grandes y pequeñas, que han segado la vida de soldados, selunitas, elfos, enanos, hins y toda alma de corazón noble que habite esta tierra.
Ya incluso entran en nuestros bancos y nos roban dejando irrisorios carteles que ellos mismos promueven, intentan derribar las figuras que van a hacerles frente, porque no saben cómo parar este avance, aunque lejos de dañarnos solo refuerzan nuestro espíritu.
¿Pero sabéis qué? Tienen miedo. ¿Por qué piden mi cabeza en vez de venir a tomarla demostrando ese poderío que dicen ostentar? ¿Por qué robos y triquiñuelas de niños? El Imperio está débil, y es el momento de asestar la estocada que termine con él, ya sea en forma de rendición o en forma de lucha.
Día tras día llegan a la abadía informes de escaramuzas, de aldeas arrasadas, de muertes sin fin en la frontera. La pasividad solo alimenta la osadía de nuestros enemigos y nos acerca al abismo. Pero si otros pueden aceptar la inacción frente al mal y la oscuridad, nosotros no. Yo no. Vosotros no.
Porque sé que, a pesar de nuestras diferencias, todos aquí reunidos compartimos un mismo deseo: preservar la justicia, la bien y la seguridad de nuestro pueblo. Por ello, se me ha encomendado buscar vuestra colaboración. Como dijo la pontífice de la abadía: "Al Imperio se le ofreció rendición o acero." Su silencio ha sido su respuesta, y nosotros debemos responder en consecuencia.
Mientras nuestros amigos caen, mientras nuestro ejército es diezmado, hay quienes prefieren mirar hacia otro lado, aferrarse a excusas y refugiarse en su inacción y en sus charlas con ancianas que promueven la violencia por violencia sin un objetivo más allá de querer "encadenar" a nuestra población. Pero no los nuestros. Nosotros hemos respondido ya.
Mientras otros titubean y hacen grandes cumbres sobre lo que van a hacer apoyados por una parte del ejercito influenciable y débil, nosotros hemos roto cadenas y liberado caravanas de esclavos. Mientras otros dudan, hemos reducido a cenizas los puestos fronterizos de las bestias. Y mientras el Imperio grita, llora y sangra, recibe su propia medicina y se retuerce en su ira, ineptitud e indefensión contra los nuestros, puesto que nosotros no "vamos a la guerra", nosotros YA ESTAMOS EN GUERRA. que aquellos que aún esperan comprendan que el tiempo de la duda ha terminado, es hora y actuar y junto a nosotros, el ejercito que realmente piensa no en fe o amistades, si no en lo que debe hacerse, como tantos años llevamos haciendo en colaboración en la frontera.
No marchamos hacia el sur, YA ESTAMOS EN EL SUR, dispuestos a no solo combatir, sino a poner fin a este ciclo de agresión de una vez por todas. Nos alzaremos hasta que la última de sus infames acciones sea erradicada, hasta que el último de los insepultos que deambulan por las calles como si fueran algo natural reciba el descanso eterno que merece.
Es por ello que os pido vuestra colaboración, no solo como Alta Sacerdotisa, sino como aliada, como amiga, como alguien que también ha luchado y sufrido por esta tierra. Cada uno de vosotros tiene motivos para combatir. Sé que en vuestras propias tierras hay dificultades, que este llamado implica sacrificios y el gasto de recursos. Pero os aseguro que la máquina de guerra del Imperio Muraní avanza, y no se detendrá ante nada ni ante nadie. Si no actuamos ahora, si no les enfrentamos aquí y ahora, no habrá un hogar al que regresar.
Pido mucho, lo sé. Pero a cambio, os prometo la asistencia de mi capítulo siempre que la necesiteis. Y estoy segura de que la iglesia tampoco olvidará a quienes le tiendan la mano en su hora de necesidad. Selûne recuerda a sus enemigos, pero también honra a sus amigos.
¡Hijas e hijos de Amn! Es hora de hacer historia. Es hora de luchar. ¡Que Selûne nos guíe en la batalla y nos ilumine en la victoria!

Tras varios días se ha podido ver a los miembros de la iglesia aceptar ayuda de quien buenamente quisiese aportarla, además de hacer un esfuerzo visible y constante en reforzar la frontera del sur.
