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Las Crónicas de Raylock Howles

Manny_LoneWolf

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Las Crónicas de Raylock Howles
(NOTA: El orden de lectura es el de la lista, no el de la fecha de publicación)


Diario de Vivencias
(Relatos generales)

- Primeros días -
- Primeros días (2a parte) -
- El inicio en la Orden -
- Entrevista con Numina -
- La Carta -
- Inflexión -
- Mentiras -
- Si... -
- La tormenta perfecta-


Libro de Juicios
(Entradas sobre la fe)

- El caso de Randal -
- La sacralización de LEM -
- Los Pilares -
- La Paz -
- La muerte de John Rash, servidor del Vigilante -



Tomo de Estudios
(Páginas sobre los conocimientos)

- El Devorador -
- Clase sobre Componentes -
- Clase sobre Defensa Arcana -
- Tesis 1: Arte y Poder -
- El linaje -
- Tesis 2: Escuela de Conjuración -
- Tesis 3: Planos Elementales y de Energía -
- Tesis 4: Teleportar a las masas -
- Tesis 5: Bestias mágicas -
- Tesis 6: Vista arcana mayor -
- Tesis 7: Escuela de Evocación -



Relatos Inconexos
(Cuando la escritura fluye sin orden)

- Adiós, Carla -
- El enemigo dentro -
- Pesadillas recurrentes -
- El viaje a Aguas Profundas, Parte I: Talia -
- El viaje a Aguas Profundas, Parte II: Diana -
- El viaje a Aguas Profundas, Parte III: Lanscroft -
- El viaje a Aguas Profundas, Parte IV: Hanscroft -
- El origen de «La Carta» -



Retazos del Pasado
(Recuerdos anteriores a su viaje)

- El Hurto -
- «M» -
- Desconocidos -​
 
Última edición:

Manny_LoneWolf

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Diario de Vivencias - Entrada 1: Los primeros días

[tab=15]Al final hice caso de aquel señor y su hija, y alargué un poco más mi viaje hacia el sur, obviando Candelero por el momento. Conseguí ser parte de una de las caravanas que viajaban hasta Amn gracias a las pocas gemas que me quedaban, obteniendo también protección para lo que quedaba de camino. El viaje se me hizo algo largo, pero al final llegamos Athkatla y quedé maravillado por la gran urbe; con la extraña sensación de ver algo nuevo, pero a la vez familiar, después de haber nacido y crecido en Aguas Profundas.

[tab=15]Era fácil mezclarse gracias al bullicio y el ir y venir de toda la gente, siendo una ciudad bastante polifacética. Algunos me advirtieron de que no pisara los Barrios Bajos, menos de noche, si no quería llevarme alguna sorpresa bastante desagradable. Al final, quedé bastante maravillado con todo lo que el lugar podía ofrecer en sus diferentes distritos.

[tab=15]Con la noche cerca, no me quedaba más remedio que buscar un sitio para descansar y tratar de ordenar las ideas. Al final, me ofrecieron cobijo en el Hospicio y también quedé asombrado del buen trato que me dieron las hermanas. Tengo que admitir y de manera honesta, que fue un poco duro tratar de conciliar el sueño, y fueron varias veces las que me dijeron que «no me levantara» cuando traté de echar una mano con las dolencias de algunos de los parroquianos. En apenas unas semanas había pasado de tener todos los privilegios a no tener prácticamente ninguno, salvo el de vivir, y el camino de la humildad parecía tan duro como gratificante para la paz interior. Tenía la sensación de que todavía me esperaban grandes y duras lecciones, pero esta vez sentía una pequeña ansiedad por descubrir más, y eso me hacía valiente.

[tab=15]Ya en la siguiente mañana, y tras asearme todo lo posible y arreglar un poco mi presencia, fue cuando tuve mi primera revelación: la caballero Carla Oliver. Ensimismado en mis pensamientos y con la sortija del sello de Tyr que me había regalado mi madre en las manos, fui sorprendido por la voz de una joven que me ofrecía unos espléndidos buñuelos para desayunar; y que, a su vez, había estado haciendo con el resto de los afligidos. Su figura era impecable, tanto como su porte y su presencia, no pudiendo quitar la vista de esos mechones rizados y la profundidad de su mirada; con una piel tostada, contrastando por completo con el tabardo blanco, el cuál mostraba el símbolo de un corazón estilizado acompañado de una corona de tres puntas, y unas alas de ángel. La caballero se presentó de manera cortés y yo hice lo propio, también pudimos conversar un poco sobre los caminos de los dioses ya que ella era paladín seguidora de Torm «El Leal», tras percatarse del símbolo que poseía entre mis manos.

[tab=15]Finalizada su pequeña pero humilde labor, ella instó en salir para poder seguir conversando y fue entonces cuando me habló de La Orden del Radiante Corazón; organización a la que ella pertenecía y que siempre tenía a disposición la entrada de más miembros que quisieran luchar por preservar el bien, la justicia y el orden. Claramente, debía de ser el grupo del cual aquel señor y su hija habían hecho mención en aquel mesón.

[tab=15]Por desgracia, y viéndome abrumado por mi recién llegada y desubicación a las «Tierras de Intriga», prometí meditar sobre la entrada la Orden.
 

Manny_LoneWolf

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Diario de Vivencias - Entrada 2: Primeros días (2a parte)

[tab=15]No había podido olvidar a Carla desde aquel momento que la vi en el Hospicio. Su tranquilidad, porte y manejo de la situación, hacía que me recordara siempre a mi madre: y quizá era eso lo que hacía que quisiera estar a su lado. Pude viajar con ella gracias a uno de los intentos de captación que hizo para que entrara en la Orden, pero todavía no me veía con valor de ser uno más en la institución.

[tab=15]Aquel día fue la primera vez que vi el gran castillo de la Orden del Radiante Corazón, también Valle Minsor, y Carla mencionó que en Edive era donde estaba ubicada la universidad Myrdon Salasker. En ese viaje pude conocer a dos escuderas: una llamada Charlotte, que curiosamente mencionó que también venía de Aguas Profundas como yo; y la otra, Maryam, una jovencísima y exótica venida de Calim, o al menos lo que parecía por su acento y rasgos. Ambas tan distintas como el agua y el aceite, pero, ¿quién iba a ser yo para hablar de cosas opuestas siguiendo la senda de la teúrgia?

[tab=15]Mencionaron algo sobre la seguridad de los caminos y decidieron hacer una batida para ver en qué situación se encontraban estos. Preso de mi curiosidad y con ganas de conocer más sobre estas tierras que me habían acogido desde hacía pocos días, no pude negarme a marchar con ellas. Nos topamos con una elfa justo al cruzar el gran arco de salida de la ciudad, o al menos me lo pareció por su altura y complexión, más su peculiar acento al hablar; que respondió al nombre de Dhaunae cuando Carla y las demás se dirigieron a ella. Me llamó la atención ver que tapaba su rostro con una máscara, pero supuse que no había problema si las ordenadas confiaban en ella.

[tab=15]Los caminos de Minsorran estaban plagados de peligros, tanto que caí una vez presa de las heridas debido a mi inexperiencia, pues todo era muy alejado de la teoría: es muy fácil leer cómo funcionan las armas de los enemigos, pero también lo es ponerse nervioso ante un conflicto. La elfa enmascarada consiguió sanar mis heridas, y con ello ya disipé toda la duda que pudiera tener sobre ella y su rostro oculto.

[tab=15]Nuestros pasos nos llevaron a una cueva muy oscura, y fue allí donde tuve mi primer contacto con la no-muerte: las historias de mi madre no eran nada comparado con ver de cerca a esos seres. Nos abrimos paso por los túneles y agradecí estar rodeado de gente tan competente, porque de lo contrario mi viaje habría sido efímero.

[tab=15]Decidimos ir a Caravasar cuando por fin salimos, ciudad que yo no conocía en absoluto, pero que pudimos visitar con rapidez gracias a uno de los dones que Dhaunae poseía. La conversación llevó a comentar un poco sobre mi pasado y mi familia, y Carla dijo que yo poseía «determinación y coraje»; habiendo demostrado lo segundo, y alegando que llegaría a lo primero al haber tomado un camino tan difícil como el de la teúrgia.

[tab=15]Finalmente, nuestros caminos volvieron a separarse y no me quedaba otra cosa que una jornada más de reflexión.
 

Manny_LoneWolf

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Libro de Juicios - Hoja 1: El caso de Randal

[tab=15]Quién me iba a decir a mí que en tan solo unas semanas en Amn, ya iba a tener que escribir mi primera entrada en el Libro de Juicios.

[tab=15]Paseando tranquilamente por la capital y de camino a salir de ella para ver algo de naturaleza, di con un gran revuelo en las Puertas Este, pues allí estaban ajusticiando a varios reos. Al principio pensé en marcharme para no presenciar algunas de las atrocidades gratuitas que se cometen sobre ellos, pero al final decidí quedarme, y fue ahí donde aprendí una valiosa lección y que iba a desembocar en todo lo que acontece a esta entrada del Libro de Juicios.

[tab=15]En aquel momento, un grupo de variopintos personajes nos dimos cuenta de que uno de los presos parecía decir la verdad sobre su inocencia, a pesar de que la muchedumbre estaba encantada con que se acabara con él. Este alegaba ser inocente, utilizando sus últimas y valiosas palabras en expresar que había sido engañado y que iba a pagar por un crimen que no había cometido. No tenía muy claro el por qué, pero supuse que mi madre se refería a este tipo de cosas cuando hablaba de tener un buen instinto, y algo me decía que había que hacer algo para salvar a ese hombre. Al final, unido a los gritos del grupo mencionado antes, conseguimos que detuvieran la ejecución del hombre y que nos aceptaran investigar su caso, no sin antes pagar la fianza. En ese momento conocí a Rhiannon, que decía ser magistrada, y además una miembro de la Orden del Radiante Corazón, al igual que Carla. Con ella también estaba Lufram y Taleno, aunque de estos poco más pude averiguar.

[tab=15]Nuestro punto de inicio nos llevó al cuartel de la Guardia y allí nos pusimos en contacto con el cabo Marzer y la cabo Mia, que desde entonces harían por acompañarnos en toda la investigación; y juntos bajamos a las celdas para poder hablar con el sujeto en cuestión, que respondía al nombre de Randal. Este nos explicó que había sido detenido y acusado de intento de asesinato contra los Lurraxol al poseer en su bodega dos barriles de pólvora de humo, pero que desconocía cómo habían llegado hasta ahí. Me pareció bastante curioso, y con ello empecé a dibujar un poco la idea de que le habían tendido una trampa, ya que el señor Randal tenía un negocio de venta de grano y para nada era posible que pudiera costearse algo tan caro como dos barriles de pólvora de humo, que es de naturaleza mágica. Continuando con el interrogatorio, pudimos averiguar que el acceso a la bodega también lo tenía un tal Heri, trabajador de allí, y la esposa de Randal. Quiso añadir que Heri llevaba una dekhana especialmente callado, con lo que le hizo un claro sujeta de sospecha. Ya, sin mucho más que obtener de Randal, decidimos ir a investigar al lugar del negocio por si podíamos encontrar más pistas.

[tab=15]Los pasos nos llevaron hasta el lugar del negocio de Randal, acercándonos más al final del misterio que teníamos entre las manos. Allí pudimos encontrar sacos de granos que empezaban a estar en mal estado, y revisando los papeles pudimos averiguar que efectivamente; los barriles de pólvora de humo habían sido metidos allí a hurtadillas, ya que no figuraban en el libro contable, pero sí se había puesto una página de más donde indicaba que venían de Lantan. Era una prueba falsa, un paso más a poder demostrar la inocencia del hombre, más cuando me di cuenta tras revisar la contabilidad de que era imposible comprar todo eso con lo poco que ganaba en el negocio del grano.


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[tab=15]En una de las habitaciones pudimos dar con un acceso a las alcantarillas, por la que todos sospechamos que había sido la entrada para poder colocar los barriles de pólvora en el almacén. La cabo Mia se deslizó escaleras abajo tras que Lufram abriera la reja, pero a simple vista no encontró nada relevante, salvo algún que otro hombre-rata a lo lejos devorando restos de algún saco de grano que probablemente habían robado del almacén.

[tab=15]Ahondando en la búsqueda, pudimos dar con una puerta secreta detrás de los sacos de grano que ya empezaban a estar rancios; y tras abrirla, cayó un joven atado de pies y manos, incluso amordazado. Nos dijo tras su liberación que era Heri, el contable que Randal ya nos había mencionado desde su celda que trabajaba para el negocio, pero toda la información que iba relatando en nuestro interrogatorio no hacía más que volverlo todavía más sospechoso. La sorpresa no se hizo esperar y tras increpar que éramos unos entrometidos, la cabeza del joven estalló para que pudiéramos ver cómo del interior de esta aparecía un Devorador de Intelectos, que además decidió atacarnos sin contemplaciones.

[tab=15]Los designios fueron buenos y me enseñaron que siempre es mejor ir bien acompañado, porque de no haber ido con el resto de integrantes del grupo: seguramente habría muerto. El ser no llegó a alcanzarme, pero de no haber estado los demás, no hubiera podido ofrecerle mucha resistencia. Al final pude salir de mi fascinación por dicho ser cuando este cayó preso de todas las heridas, y aunque hubiera sido un digno ejemplar de estudio, decidimos dejarlo de lado.

[tab=15]Por desgracia, la investigación no había acabado y debíamos esclarecer un poco más los hechos, a pesar de tener motivos suficientes para liberar a Randal y declararlo inocente. Fue por ello por lo que decidimos bajar hasta las alcantarillas por el acceso que habíamos encontrado, y allí pudimos hablar con algunos hombres-rata que se tornaron sociables por el hecho de regalarles el grano sobrante que había arriba y que estaba poniéndose en mal estado. Confesaron entonces que habían ayudado bajo amenaza de muerte al «perro cerebro», que así era cómo habían decidido ellos llamar al Devorador de Intelectos, con todo el asunto de colocar los barriles de pólvora dentro del negocio de Randal. No pudimos averiguar el motivo que tenía el malvado ser, pero por lo menos los hombres-rata estuvieron predispuestos a llevarnos hasta el lugar donde lo habían visto llegar, y no era nada más ni nada menos que una entrada a lo que parecía ser la Infraoscuridad.


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[tab=15]Sin mucho más que poder hacer, decidimos retirarnos y proceder con la liberación de Randal, que con las pruebas obtenidas y el testimonio de los dos cabos de la Guardia presentes: se había hecho Justicia.

[tab=15]Como reflexión personal ante todo lo acontecido, me gustaría remarcar para mis futuras vivencias que no hay que dejar nada a las suposiciones y siempre hay que perseguir la verdad, tal y como hace referencia el dogma de El Justo: «Revela la verdad, castiga al culpable, deshaz los entuertos y sé siempre acertado y justo en tus acciones».


Offtopic :
Guiada de Dm Ymir
 

Manny_LoneWolf

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Tomo de Estudios - Página 1: El Devorador

[tab=15]A pesar de ser hijo de una familia noble menor, mis padres siempre decían que se tenía que trabajar duro para obtener algo. En mis primeros días por Amn y alejado de los lujos, no me iba a venir mal obtener algunas monedas para dejar de aprovecharme de manera indirecta de los buenos servicios del Hospicio.

[tab=15]Cerca de ahí, unos montaraces me hablaron de una bestia que atacaba a los más descuidados que decidían ir más hacia el sur, o incluso, a las granjas de las cercanías. Le llamaban «el Devorador», y la vaga descripción de este: no era más que la de un lobo muchísimo más grande de lo habitual. Me ofrecieron una cuantiosa recompensa por demostrar que el animal dejaría de molestar, y aunque soy partidario de no molestar a la naturaleza, sí me veía obligado a tomar cartas en el asunto al haber vidas inocentes en peligro. También, no iba a perder la oportunidad de averiguar de qué tipo de criatura se trataba al ser algo fuera de lo común, en mi búsqueda por el conocimiento.


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[tab=15]Ya bien pasado el Hospicio con el bosque a mano izquierda y la costa a la derecha, el camino continuaba dirección al límite protegido por la guardia, aunque sin llegar a traspasarlo. Pude encontrar una pequeña obertura natural entre tanto árbol, adentrándose en la espesura, y algunos gruñidos se pudieron escuchar al dar los primeros pasos por esa zona. Tomé el sello de Tyr al temer por mi vida, pero pude pronunciar un salmo tras sacar valor y conjurar de ese modo un compañero que pudiera luchar a mi lado. Varios lobos nos atacaron, pero pudimos con ellos, y siguiendo un poco más, pudimos dar con la entrada una cueva con una obertura bastante grande.

[tab=15]Dentro de la cueva nos encontramos con más resistencia, pero los animales tenían una ferocidad fuera de lo normal; no parecían simplemente estar defendiendo su territorio y sí algo alentados de manera sobrenatural. Vimos restos de algún viajero incauto o quizá alguna presa secuestrada por los lobos, y al final de la cueva por fin dimos con el famoso Devorador: medía algo más de dos metros y medio de largo, y en sus fauces habría cabido perfectamente la mitad de mi cuerpo.


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[tab=15]Llegado el momento de pedir perdón a Mystra por «pintar» en la Urdimbre, tuve que esforzarme al máximo para proteger mi vida con prácticamente todos los sortilegios que había memorizado, y la de mi compañero, que por fortuna para mí estuvo aguantando las embestidas y mordiscos de tan intimidante ser. Al final, lo que se escuchó y resonó por las paredes de la cueva fue mi profundo suspiro tras ver al ser caer.

[tab=15]Con la cueva en silencio, pude permitirme el lujo de examinar el cadáver antes de tomar la muestra, escribiendo algunas anotaciones con prisa, aunque tuve que dejar prácticamente todo en manos de mi memoria eidética para evitar correr más peligro.
 

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Diario de Vivencias - Entrada 3: El Inicio en la Orden

[tab=15]Las dekhanas habían pasado y ya había tenido unas cuantas y diferentes vivencias. Todo lo que Carla y sus compañeros me habían comentado era cierto: el mal rondaba en cualquier lugar de estas tierras, fuera no-muerte, un buen puñado de bandidos o incluso criaturas que disfrutaban simplemente de hacer el máximo daño posible a los inocentes. Además, yo lo había comprobado desde primera línea cuando tuve que investigar el crimen que Randal no había cometido y que eso iba a hacer que injustamente sufriera una de las peores muertes.

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[tab=15]También hicieron eco en mí las palabras con Allen y Charlotte sobre que en la Orden habían encontrado una familia, y me sorprendía que gente tan dispar se pudiera unir por los objetivos comunes, pero en realidad no era más de lo que yo hubiera esperado encontrar en mi hogar.

[tab=15]Habiendo aceptado al fin la oferta de Carla por unirme a la Orden del Radiante Corazón, conocí entonces a Sir Erik y Lady Roxanne; el primero uno de los caballeros más veteranos y la segunda: la maestre. Ambos tenían un porte fuera de lo común, con un magnetismo tan atrayente y reconfortante que podía dar cobijo al más necesitado, pero pavor a aquel que tuviera malas intenciones. En el resto de la comitiva también iban otros miembros como Gwynian, un aasimar bastante pomposo, pero con un sentido inquebrantable del honor; y también Adellian, la sacerdotisa de Illmater que parecía no llamar demasiado la atención a simple vista, pero que eso mismo provocaba el efecto adverso, siendo atractiva para lo que los ojos no podrían ver.

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[tab=15]Nuestro camino hacia Nashkell fue interrumpido varias veces por el clima y los ataques constantes de unas criaturas enormes de gran pelaje blanco. Con todo ello, el trayecto terminó en la Fuente del Buen Samaritano, que era el objetivo y lugar para pasar mi primera prueba. Allí mismo, la maestre se encargó de oficiar la ceremonia y me explicó la historia del lugar. La Fuente del Buen Samaritano era el sitio por donde todos los ordenados habían pasado por primera vez, bebiendo de las aguas que los dioses habían bendecido, estas con capacidad para determinar si alguien tenía un corazón apto para servir a los propósitos que ellos nos encomiendan. No podría negar que en el aquel momento dudé cuando Roxanne hizo un pequeño cuenco con sus propias manos para albergar el agua, pero finalmente tomé esta, no sin antes mencionar «Justicia para todos» en voz alta.

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[tab=15]El agua de la fuente calentó todo mi cuerpo y me generó una sensación enorme de paz, reconfortándome por completo. Nunca había sentido nada igual y me dio fuerzas para poder continuar con mi cometido. ¿Debía interpretar el caso como que los dioses me habían bendecido? Supongo que era un gran paso para avanzar.
 

Manny_LoneWolf

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Libro de Juicios - Hoja 2: La sacralización a La Eterna Melodía


[tab=15]La maestre nos informó de que el famoso grupo La Eterna Melodía necesitaba que la Orden realizara una sacralización de su sede. Pude obtener algunos trazos de información sobre dicha organización en el pequeño lapso que tuve antes de partir, y al parecer, se trataba de un colectivo de artistas de gran renombre con sede en la ciudad de Crimmor. En mi primer mandato oficial, iba a ir acompañado de Roxanne, Charlotte y Maryam. Aunque poco podía hacer en ese momento debido a mi pequeño avance en la fe, sí estaba dispuesto a aprender de la maestre y mi compañera escudera, otorgándoles también apoyo en todo lo que hiciera falta.

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[tab=15]Ya fuera, y a la espera de que nos hicieran entrar a la sede, quedé fascinado con el gran escenario del que disponían, y más aún con las tres esculturas de Laira, Milil y Sune perfectamente elaboradas. Pronto nos hicieron pasar y entonces pude ojear la gran y lujosa estancia, conociendo entonces a la dama Madeleine y a la dama Astrid, ambas reconocidas cabezas del grupo artístico, y que yo recordaba de haberlas visto en la ceremonia de ascenso a caballero de Maryam. Después de las presentaciones pudimos pasar a una sala grande y allí teníamos preparado un buen refrigerio, con diversas bebidas y muchos pasteles. Aprovechando que había cedido el asiento a todas las presentes para poder quedarme de pie a propósito, eche un vistazo a las estanterías para ver qué tipo de libros tenían, y me sorprendió ver la amplia variedad de estos sobre estudios bárdicos, mágicos, leyendas y hasta cuentos. La maestre dio buena rienda suelta sobre los pasteles mientras comentaba los preparativos, y Charlotte también probó alguno que otro. Finalmente, decidieron dar una vuelta por todo el edificio para ver lo que íbamos a abarcar con el conjuro de protección, y entonces fue cuando quedé más sorprendido si cabía al ver la exposición con la que contaban: un buen puñado de objetos mágicos cada uno con su historia. Con lo visto, caí en la cuenta de que quizá la pareja de artistas pudiera conocer a quien dirigía la universidad que había en Edive, y efectivamente, pudieron darme el nombre de Numina, una de las maestras de allí.

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[tab=15]Cortésmente, por fin la maestre expuso que debíamos empezar la tarea por la cual habíamos ido allí. Abrió su bolsa y sacó un libro de oraciones con remaches dorados y el filo de sus hojas a juego, varias hierbas e incluso un frasco de aceite. Acto seguido, se encargó de posicionarnos a mí y a Charlotte, y yo sería el encargado de pasear el incensario mientras ellas se centrarían en mantener la plegaria.

[tab=15]Las horas pasaban y empezaba a notar el cansancio. La noción del tiempo era algo que empezaba a perder y no podía quitar ojo a Roxanne ni a Charlotte, que claramente estaban demostrando tener una fuerza de voluntad increíble. Comprendí el afán de la maestre por atiborrarse a pasteles, pues eso le sirvió para aguantar con el estómago lleno durante tantas horas mientras yo cada vez me sentía más débil por solo haber comido algo antes de llegar a la sede. El tiempo continuó pasando hasta ver los primeros rayos del alba, momento en el cual Charlotte y Roxanne por fin acabaron, aunque con claros signos de cansancio por haber mantenido los rezos durante tantas horas: una tarea muy loable. Por suerte para nosotros, Madeleine y Astrid habían preparado camas para que pudiéramos descansar y así decidimos hacerlo como recompensa por un buen trabajo.

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[tab=15]Al día siguiente y cuando me dispuse a escribir esta entrada, tenía claro que la reflexión iría sobre la fuerza de voluntad, la entereza y también la previsión: cosas que había aprendido indirectamente con tan solo observar el trabajo de Roxanne.
 

Manny_LoneWolf

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Diario de Vivencias - Entrada 4: Entrevista con Numina


[tab=15]Había visitado la Universidad de Myrdon Salasker varias veces, pero no había podido dar con algún maestro. No los culpaba, pues si mi padre siempre era un hombre extremadamente ocupado, la cosa no podía ser diferente con los maestros de una universidad tan prestigiosa en estas tierras. Sin embargo, los dioses me sonrieron, y pude obtener un nombre que me haría de enlace y sería la puerta de entrada a mi futuro estudiantil cuando hicimos la sacralización de la sede de La Eterna Melodía: la dama Madeleine mencionó que conocía Numina, una de las profesoras de la universidad.

[tab=15]De vuelta a Edive pude pasar de nuevo por la sede de la institución y entonces dejar una carta directa para la maestra, pidiendo una cita para poder tener mi ingreso. Ansioso en la espera de respuesta, por fin pude verme con Numina y proceder entonces con la entrevista.

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[tab=15]La maestra, a pesar de ser una persona pequeña, disponía de un presencia magnífica y sobrenatural como la que había percibido en otros innatos antes, pero en esta ocasión incluso yendo u paso más allá, pudiendo ver en ella claramente que se trataba de una persona muy experimentada.

[tab=15]Las preguntas fueron encaminadas a obtener un poco de información básica y entonces pude explicarle que había dado mis primeros pasos gracias a las enseñanzas de mi padre, y que, aunque yo por mi parte trataba de avanzar, requería igualmente de maestros de los cuáles aprender. Mi padre me había adoctrinado con que en la enseñanza y aprendizaje siempre se había de ser humilde, y la verdad es que estaba de acuerdo con él: era algo que abría muchas puertas. También le comenté que formaba parte de la Orden del Radiante Corazón, explicándole que seguía el camino de la teúrgia, pero que ello no iba a impedir estudiar en la universidad; a parte, también y por mi cuenta, buscaba explorar cuantos más lugares mejor en busca de conocimientos perdidos. Para finalizar, la maestra me indicó que debía rellenar el formulario de ingreso y con eso ya podría acceder a las clases, incluso tenía opción de pedir alguna en concreto de algo que fuera de gran interés para mí.

[tab=15]Se había abierto una gran puerta hacia el conocimiento y no podía estar más contento por ello.
 

Manny_LoneWolf

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Retazos del Pasado - Recuerdo 1: El Hurto


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[tab=15]El sol calentaba con ganas tras la misa de mediodía. El pequeño Raylock había estado en uno de los lados del templo observando con curiosidad todo lo que había ocurrido, y finalmente, fue con su madre para marchar juntos de la mano. Horas más tarde, Diana volvió con su hijo de diez años y se encontraron con la suma sacerdotisa en su despacho. Elhara, que así se llamaba, estaba con una de las manos en la cabeza y tenía delante suya todas las donaciones desparramadas por la mesa.
—Suma sacerdotisa, ¿qué es lo que os aflige? —preguntó Diana tras cerrar la puerta con cuidado para soltar después la mano de su hijo.
—No lo entiendo, Diana —negó con la cabeza antes de mirar a la paladín, que en esta ocasión vestía con un bonito vestido blanco que dejaba sus brazos al aire y sin apenas adornos—, desde el altar me pareció ver que habíamos recogido más donaciones.

[tab=15]Raylock, suelto de su madre, caminó hasta el borde de la mesa y puso sus manitas ahí para mirar todo lo que había encima.
—Quizá sea un problema de percepción —comentó Diana antes de preguntar—, ¿queréis que os ayude a contar?
—Se me lleven los dioses si ya me estáis llamando anciana, querida mía, y si después de tantos años juntas ya creéis que nos soy capaz de hacer mi faena —dijo la suma sacerdotisa con una sonrisa en su rostro y un tono simpático.
—No es eso, dama Elhara. Pero quizá…
—Madre —interrumpió Raylock alzando la mirada de sus ojillos hacia su progenitora—, faltan ochenta y siete monedas.
—Raylock, ¿pero qué…? —parpadeó varias veces Diana, perpleja y sin poder continuar con la frase.

[tab=15]Elhara se giró hacia el pequeño y lo miró con firmeza, pero luego, ojeó el contenido de lo que había en la mesa para posar de nuevo la mirada en él.
—Eso son muchas monedas, joven —asintió la suma sacerdotisa, sin quitarle la mirada—, ¿qué os hace pensar que faltan tantas? —pasó el reverso de una de sus manos por encima de las donaciones.

[tab=15]El pequeño Raylock miró a la suma sacerdotisa y luego a su madre, como si pidiera permiso para poder hablar. Diana, por su parte, asintió a su hijo.
—Conté todas las monedas conforme se iban entregando, dama Elhara —repuso tras mirar de nuevo a la señora.
—¿Y te faltan todas esas, joven?
—Así es —asintió algo inquieto tras responder—. Las he vuelto a contar ahora.
—¿Quién estaba recogiendo los donativos, dama Elhara? —preguntó entonces la madre.

[tab=15]La suma sacerdotisa echó hacia atrás su cuerpo para tomar una postura más relajada y luego se llevó una mano a la cara, para frotársela un poco, todo ello como expresión reflexiva.
—Yareli, la nueva novicia —contestó finalmente, tras haberse permitido el lujo de una larga pausa y fijando después la vista en Diana—. A decir verdad, no es el primer día que me descuadran las cuentas, pero esta vez se me antojaba que era demasiado, no me preguntéis por qué…

[tab=15]Raylock paseó sus ojillos por su madre, la mesa y luego por Elhara, sin embargo, después miró a la pared que tenía delante para quedar algo absorto. La paladín se pinzó el puente de la nariz y decidió tomar la palabra.
—¿Esto empezó desde la entrada de Yareli? —preguntó.
—No estoy segura, pero podría ser, sí —asintió la suma sacerdotisa—. Puede ser que otros días haya faltado alguna moneda, pero esta vez parece algo más llamativo.
—¿Y qué es lo que sabemos de ella?
—Poca cosa —negó con la cabeza—. Se ofreció para aprender nuestro camino y ayudar en el templo. Creo que sus padres no pueden trabajar y también tiene un hermano pequeño.

[tab=15]Raylock frunció levemente el ceño, como si algo de lo dicho por la Elhana le hubiera sacado de su ensimismamiento.
—Madre, creo que conozco al hermano, lo he visto alguna vez jugando con niños de aquí cerca —miró a Diana, aunque ahora tenía ambas cejas levantadas.
—¿Por aquí? ¿En esta zona? —preguntó su madre con suspicacia a la vez que se cruzaba de brazos— ¿Estás seguro, cielo?
—Así es, madre —asintió el pequeño—. Y una vez lo vi hablar con la señorita Yareli y esta le alborotaba un poco el pelo, dándole después una pequeña bolsita.

[tab=15]Las mujeres se miraron la una a la otra por unos instantes, haciendo el efecto de como si estuvieran intercambiando ideas a través de sus mentes.
—Haré llamar a Yareli y le preguntaré al respecto —sentenció la suma sacerdotisa.
—¿Necesitáis ayuda con ello, dama Elhara? —preguntó Diana de manera cortés.
—No, no os preocupéis —alzó un poco su mano izquierda—. Hablaremos con ella y le daremos la oportunidad de que nos cuente la verdad y decidiremos entonces qué determinación tomar.

[tab=15]La paladín asintió lentamente con la cabeza y luego se despidió de la otra mujer, marchándose junto con su hijo. Ya fuera, y habiendo caminado varios metros, Diana pudo percibir claramente como Raylock estaba algo nervioso. Por eso mismo, la mujer decidió detenerse un momento y doblar una rodilla para quedar prácticamente cara a cara de él.
—¿Ocurre algo, Ray? —preguntó mirándole fijamente a los ojos pero a la vez con una mano en el brazo de él para no perder el contacto físico.
—Es solo… —el pequeño negó con la cabeza e hizo acopio de valor para preguntar a su madre— ¿Qué le va a ocurrir a la señorita Yareli?
—Oh, cariño mío —acarició el cabello de su hijo—, ¿estás preocupado por eso? —La mujer tomó aire antes de continuar— No le va a pasar nada malo, pero tampoco podemos dejar que este acto salga impune.
—Pero la señorita tiene familia y un hermano pequeño —la preocupación pudo verse claramente en su rostro.
—Así es, Raylock, y lo que debería de haber hecho es pedir ayuda en vez de hurtar, porque lo primero bien se lo habríamos otorgado, pero… no podemos hacernos responsables de que haya tomado una mala decisión tras haberle dado cobijo. Su acto es claramente una falta de respeto a nuestro templo, nosotros, y lo peor: a nuestro dios.

[tab=15]Los ojos del pequeño se tornaron vidriosos, aún sin estar tranquilo al pensar en las palabras que su madre le estaba diciendo.
—Has obrado bien, mi pequeño Ray, pues nosotros buscamos la verdad y la honestidad: y eso es precisamente lo que vamos a conseguir con lo que has dicho.

[tab=15]Diana abrazó con ternura a su hijo para dar por zanjada la conversación, agradeciendo a los dioses desde sus adentros por el hecho de que la hubieran bendecido con un niño como él.
 

Manny_LoneWolf

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Libro de Juicios - Hoja 3: Los Pilares


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[tab=15]Había llegado tarde a la clase de los Pilares impartida por Erik, y el caballero me fulminó con la mirada por ello. Impropio de mí, había sido preso del desorden al estar tratando de ubicarme en el castillo y en las nuevas rutinas. Tenía muy claro que no iba a volver a ocurrirme.

[tab=15]Jared, Gwynian y Allen también estaban allí, y Erik estaba explicando el pilar de la Justicia en ese momento. Por lo menos Tyr había sido misericordioso conmigo y me había hecho llegar en el mejor momento.

[tab=15]El caballero expuso que la justicia no era otra cosa que la equidad y la proporcionalidad de nuestros actos, y luego hizo un ejemplo con sus manos, como si estas fueran una balanza; en un lado estaba el agravio, delito, o aquello que necesitara nuestra intervención, y por lo tanto nuestra decisión al respecto tenía que mantener el equilibrio de esta. Estaba de acuerdo con él, tal y como dijo después: no necesitaba la misma respuesta un robo de una hogaza de pan que un asesinato.

[tab=15]Después continuó con el pilar de la Templanza, preguntándome qué significaba y le contesté que para mí era mantener la cabeza fría ante la adversidad y así poder tomar la mejor decisión. Asintió entonces para añadir algo más, habiendo mencionado que no solo era eso, y es que el pilar nos hablaba de tener en cuenta todas opciones posibles y valorar las consecuencias de cada una de ellas; que nos hablaba de reflexión, pero también de mesura, siendo tan importante el control de las emociones como el impedimento de las distracciones mundanas que pueden desviarnos de nuestro propósito.

[tab=15]Tras finalizar aquel, decidió continuar con el pilar de la Humildad. Erik lo definió rápidamente como la antítesis de la soberbia; implicando actuar dentro de la modestia, sin buscar elogio o reconocimiento personal, yendo muy de la mano con conocer las limitaciones propias y sin menospreciar jamás a quien tengamos delante: sea aliado u enemigo.

[tab=15]Acto seguido, el paladín de Torm prosiguió con el pilar del Valor, el cual mencionó que era uno de sus favoritos. Preguntó a todos cual era la idea que teníamos sobre este y al final, en su conjunto y con su explicación, la definición quedó con que lo más importante a tener presente es que el valor no significa que no tengamos miedo; que aquel que no tiene miedo es un imbécil y no un valiente, y que este último es el que logra sobreponerse y cumplir su cometido a pesar del miedo.

[tab=15]El caballero pasó a hablar del pilar de la Generosidad. Instó en que era tan importante ser generosos con los necesitados como con el resto de los hermanos, alegando que, si alguno de nosotros no se esforzaba lo suficiente, otro debería de esforzarse el doble para cubrir esa carencia; no obstante, la generosidad también implicaba alimentar al hambriento, y dar de beber al sediento.

[tab=15]Llegó el último pilar en el orden, aunque no para mí, ya que me había saltado los primeros: este era el de la Nobleza. Comentó que cuando un ordenado juraba a este pilar, debía de hacer gala de una serie de principios de comportamiento, fundamentalmente el honor y la cortesía; tratando siempre a todo el mundo con el respeto que merece, sea este aliado u enemigo, sin valerse del engaño o la mentira para obtener ventaja: independientemente de si era en la palabra o en el campo de batalla.

[tab=15]Acabada la clase con Erik, y por haber llegado tarde, me quedaron pendientes en ese momento los demás pilares. Sin embargo, y gracias a Carla, pude retomar las clases a los pocos días, ya que se ofreció a darme la tutela.


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[tab=15]Mi caballero empezó por el pilar de la Fe. Para ella, es el comienzo de todo, aquello que nos une y nos guía; siendo todos hombres y mujeres de férrea fe, pero también de fe entre los hermanos, a sabiendas de que no faltaríamos ni fallaríamos en nuestra misión.

[tab=15]La paladín continuó entonces con el pilar de la Lealtad, la base del dogma de su señor Torm. Expuse que, para mí, la lealtad era algo parecido a poder echarte hacia atrás y esperar que alguien estaría detrás para cogerte. Ella añadió que primero hemos de ser la palabra y después el acto, que jamás se podía quebrar esta primera y que nuestras acciones no podían contradecirse; que lo importante no era fallar o no fallar, más bien que si algún día uno se desviaba de su senda, pudiera volverá esta por lealtad.

[tab=15]Después, Carla prosiguió con el pilar de la Defensa. Este pilar hablaba de alzar la palabra, no solo el metal, para custodiar a quien se somete por aquel que tiene cierto poder, o al menos trata de ejercerlo contra este. La verdad es que fue interesante el hecho que comentó sobre este pilar, pues no solo se debería de defender a un campesino de un alzado, por ejemplo, también a un enemigo de un hermano lleno de ira que pudiera llegar al camino de la tortura; Defensa era morir por un hermano, pero también enfrentarlo si se diera el caso.

[tab=15]Realmente, las clases habían sido muy instructivas y esperaba con ganas la siguiente. Los pilares me habían parecido algo fundamental y habría que ponerlos en práctica.
 

Manny_LoneWolf

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Tomo de Estudios - Página 2: Clase sobre Componentes


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[tab=15]Estaba algo nervioso con mi primera clase en la Universidad de Myrdon Salasker. Conocí a dos maestros más, uno llamado Arthal y otro Rokwen, aunque el primero sería el encargado de dar clase aquel día. Nunca había estudiado con otros alumnos ya que tomaba clases particulares con mi padre, y en aquel momento conocí a Salathar y Celegorm, que serían compañeros desde ese momento y en adelante. Tras las presentaciones nos pusimos en materia y esta vez tocaba hablar sobre los Componentes. Me gustaba la manera de explicar de Arthal, que lo hacía con paciencia y además probaba a los alumnos a base de preguntas en más de una ocasión, haciendo la clase dinámica y participativa.

[tab=15]Se comenzó definiendo que los componentes eran los elementos, o más concretamente las fórmulas necesarias para poder desencadenar el efecto de un conjuro; sin embargo, dichas, se desarrollan en la fase de pronunciamiento, cuando extraemos la energía mágica para traducirla por medio de la manipulación de la urdimbre.

[tab=15]Luego, el maestro comentó algo muy interesante y habló de la teoría que no todos comparten, la del componente previo que se suele denominar «componente intelectual previo» o «metacomponente». Ese supuesto componente se corresponde a la «fase de preparación del conjuro», constituida esta por una especie de ejecución previa que nos permite establecer «el camino» en nuestra mente, o los requisitos que posteriormente deberemos ejecutar a la hora de realizar el pronunciamiento del conjuro. Esta ejecución previa o metaejecución del conjuro, consiste en el repaso y memorización de todo el procedimiento de lanzamiento del conjuro que tenemos escrito en nuestro libro, y la cuál será más rápida a medida que nuestra capacidad de aprender un conjuro aumente con la experiencia y el conocimiento. Lo que llamamos los eruditos como la «memorización del conjuro», su lectura y relectura trae consigo algo más objetivo; la asunción mágica en nuestro cuerpo de alguna forma de poder latente o una especie de «energía potencial» que espera a ser desencadenada llegado el momento oportuno, y ese sería el «componente intelectual» en sentido estricto. Arthal comentó que cuando preparamos un conjuro, todos guardamos una parte de energía mágica, visible esta con conjuros como vista arcana u otros.

[tab=15]El maestro prosiguió la clase hablando de los componentes materiales, uno de los tres básicos y universales. Dependiendo del tipo de conjuro el cuál se debe de realizar de una forma específica, los distintos materiales pueden ir desde los más sencillos como gravilla o polvos de azufre, hasta los más caros como podrían ser gemas u otros objetos de alto valor o raros de encontrar. No obstante, la realización de estos materiales no se tenía que confundir con el componente somático a pesar de que el componente material se podría tratar de algo como espolvorear azufre, disolver un terrón de azúcar en el recipiente de alguna sustancia o sencillamente deshacer una madeja de hilo; teniendo en cuenta que, el componente material se consumiría a la hora de realizar el conjuro. Arthal, de manera inteligente, preguntó a todos si considerábamos los focos como un componente material, y tras un conjunto de opiniones y la explicación pertinente, se llegó a la conclusión de que no lo era; pues es imposible abstenerse de este, estando igualmente separados con «m» de material y «f» de foco en la parte que definen los componentes necesarios en la descripción de un conjuro, y que la gran diferencia clave era que el foco jamás se consumía, así como el material sí. Era importante tener en cuenta que un foco divino estaría escrito como «fd».

[tab=15]A continuación, pasó al componente verbal, consistiendo este en la verbalización de las formulas arcanas. La mayoría de los conjuradores empleamos el idioma dracónico pero muchos otros emplean sus propios idiomas, como podría ser los elfos, y es que el primero está directamente enlazado al conocimiento antiguo; pues muchos textos están en ese idioma y es bien sabido que los seres como los dragones utilizan muy bien la magia. Este componente puede consistir en la vocalización de algunas palabras y otras de recitación más extensa como complejos versículos.

[tab=15]Para finalizar, Arthal decidió explicar el componente somático. Este se basaba en los aspavientos y movimientos necesarios para canalizar la energía mágica pura, como podría ser espolvorear un círculo sobre nuestras cabezas del material necesario o la realización mediante gestos de fórmulas matemáticas representadas en algún tipo de forma geométrica. Mencionó también otras formas menos complejas o hasta más artísticas, como podría ser algún tipo de danza en un ritual.

[tab=15]Sorprendidos todos y pensando que la clase había acabado, el maestro nos sorprendió al hablar del componente espiritual. Algunos conjuros que por su complejidad o por otros motivos requieren de un tipo de componente especial, como podrían ser «permanencia» o los archiconocidos «deseo» o «milagro», requieren de algo intrínseco del conjurador; por eso muchos arcanos han manifestado sentir mermadas sus capacidades físicas e intelectuales, algo más allá de lo que sería el simple cansancio que a todos nos azota tras cualquier conjuración. Para tener en cuenta también, era algo que se producía al crear objetos mágicos como cuando se inscriben pergaminos o se imbuyen varitas.

[tab=15]Para acabar realmente con la clase, Arthal expresó y habló sobre los límites de la magia. Nos comentó una advertencia moral sobre la cerrazón mental a la hora de utilizar determinados conceptos, cerrazón que según él compartían muchos compañeros arcanos; que se debía porque en el fondo un mago sabe que al fin y al cabo todo es magia, desde la materia de nuestro plano más cercano hasta las deidades que se encuentran en los planos exteriores. Todo era magia y por lo tanto susceptible de ser analizado y manipulado desde nuestros conocimientos, por ello: el único límite que encuentra un mago en una vida dedicada al estudio es la moral.
 

Manny_LoneWolf

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Retazos del Pasado - Recuerdo 2: «M»



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[tab=15]La luz de la luna se filtraba por la gran claraboya del techo, con tanta fuerza que no era complicado leer incluso sin tener ninguna otra fuente de iluminación. El pequeño Raylock se encontraba tumbado justo en el centro de la biblioteca de su padre, aprovechando así de ese modo toda la claridad que entraba, pasando páginas de un libro conforme deslizaba su vista por las palabras.

[tab=15]Un ruido alertó al pequeño y sabía qué era, pues otra vez se le había hecho tarde al haberse quedado abstraído con la lectura, y lo que había oído no era nada más ni nada menos que su padre llegando a casa.

[tab=15]Raylock se levantó del suelo con rapidez, no sin antes tomar el libro con cuidado de que no le pasara nada. Entonces, y tras tratar de ocultarse bajo el escritorio de su padre, no pudo evitar golpearse un poco con uno de los cantos y con ello tirar uno de los candelabros que había encima. El ruido no fue algo muy estruendoso, pero sí lo suficiente como para llamar la atención de cualquiera que estuviera cerca, pues, no debía de escucharse nada siendo pasada la medianoche y con toda la gente de la casa durmiendo.

[tab=15]Aferrado al libro, el pequeño se encogió sobre sí mismo pensando para sus adentros e incluso rezando para que su padre no hubiera escuchado nada. Por desgracia, Hanscroft no era tan solo un gran y prestigioso arcano, también era un hombre al que no se le pasaban los detalles y que ello le había servido en más de una ocasión para cerrar buenos tratos; por tanto, el pomo de la puerta que daba a la biblioteca no tardó en girar para que acto seguido esta se abriera, y fue entonces cuando Raylock pudo ver como su padre cruzaba el umbral.

[tab=15]El hombre avanzó unos pasos hasta el centro, alerta, pues su hogar en Aguas Profundas no tenía que ser menos que el resto y algún criminal podría haber tratado de colarse para cometer algún hurto, o algo peor. Echó un vistazo por toda la estancia y posó su mirada en la primera de las estanterías, viendo que en la «M» faltaba uno de sus libros; y luego, algo que no le pasó desapercibido: se percató de que se había caído uno de los candelabros de su escritorio.

[tab=15]Sin más, Hanscroft sonrió con lentitud para avanzar del mismo modo hasta el objeto que se había caído, y una vez frente a este, dobló una de las rodillas para tomarlo con sus manos y mirar bajo el mueble.
El pequeño Raylock, que solo había podido mirar todo desde su escondite, tembló un poco más cuando vio las piernas de su padre tan cerca, y más todavía cuando sus ojos se cruzaron con los de él.

—¿Otra vez colándote a hurtadillas, hijo? —preguntó Hanscroft, aunque lejos de parecer severo y asemejándose más una pregunta retórica. Después, estiró el brazo para ayudar a su hijo a salir del escondite.
—Yo… lo siento, padre —se disculpó el niño, aunque algo más tranquilo al ver el gesto que le habría ofrecido Hanscroft.
—Ay, qué voy a hacer contigo… —terminó por suspirar el hombre no sin antes alborotarle algo el cabello a su hijo— Vamos, ven.

[tab=15]Hanscroft dejó el candelabro en su sitio mientras tiraba gentilmente de la mano de su hijo y con ello, posteriormente, lo invitó a sentarse en la silla para quedar bien frente al escritorio. Por su parte, el hombre, levantó una pierna para sentarse de un lado y como buenamente pudo en el borde del mueble.

—¿Qué llevabas ahí? —preguntó, señalando el libro.

[tab=15]Raylock estiró sus brazos para entregar el objeto a su padre. Hanscroft, entonces, acarició el lomo del libro y luego la portada, viendo claramente que era el libro que faltaba en su biblioteca ya que se titulaba «Mystra».

—Ah, qué interesante, Mystra —asintió el hombre tras abrir el libro y pasar algunas páginas con cuidado—. ¿Qué te ha parecido?
—Todavía no lo he acabado, padre —contestó Raylock con algo de timidez.
—Entiendo.
Hanscroft dejó el libro sobre el escritorio con sumo cuidado y lo deslizó un poco hasta las manos de su hijo.
—Padre, ¿cómo es Mystra?

[tab=15]El hombre no pudo evitar sonreír un poco sorprendido ante la pregunta. Después y sin mencionar nada, se limitó a sacar una pipa de uno de los cajones que tenía tan cerca.

—Menuda pregunta, ¿no, hijo? —Dijo Hanscroft mientras se cercioraba si le quedaba algo a la pipa, aunque no le impidió regalar una sonrisa cálida al pequeño—. Bien, a decir verdad, como diosa que es, Mystra es capaz de mostrarse como le parezca. Hay quien dice que es una dama de cabellos largos y oscuros, de mirada profunda, que…
—¿Es como mamá? —preguntó Raylock a la vez que enarcaba una de sus pequeñas cejas, interrumpiendo por completo.
Hanscroft rio, aunque pronto se dio cuenta de que eran altas horas de la noche y convenía no hacer mucho ruido, por lo que, decidió colocar su mano en la boca y ahogar por completo el gesto.
—Quién sabe, podría ser, sí —asintió el hombre antes de chasquear los dedos y utilizar un atisbo de magia para encender el tabaco del interior de la pipa, pudiendo dar entonces una profunda calada.
Se hizo un pequeño silencio en el que Hanscroft pareció quedar absorto e inmerso en sus pensamientos, pero poco después tomó la palabra de nuevo.
—¿Quieres perder la emoción de acabar de leer el libro? —Preguntó con simpatía a su hijo— ¿No prefieres averiguarlo por ti mismo?
—Ah, claro que sí, papá —meneó varias Raylock la cabeza en señal de afirmación.
—El libro te enseñará muchas cosas, Ray —señaló el tomo con la misma mano que sostenía la pipa—, como por ejemplo que debemos hacer un uso responsable de la magia.
—¿A qué os referís?
—El ejemplo lo tienes delante: he utilizado la magia para prender el tabaco cuando podría haber utilizado perfectamente una ramita yesquera. —Hanscroft se permitió el lujo de dar una calada—. La magia es un regalo y hemos de ser respetuosos con ello, pues Mystra es capaz de quitarnos ese favor si hacemos mal uso. Es obvio que no creo que ella se enfade con lo que he hecho, o incluso que no me haya visto, pero igualmente le pido perdón con antelación. Ella nos dice que es muy importante saber cuándo no hemos de conjurar, y estoy completamente de acuerdo, de hecho, es lo más complicado que debe de aprender un arcano en toda su carrera por la obtención el conocimiento.

[tab=15]El pequeño perdió la mirada intentando asimilar dichas palabras, y la puerta se abrió de manera repentina justo cuando iba a articular palabra. Diana apareció de tal manera que la puerta podría haber salido casi disparada de la fuerza que empleó, y tapada con su batín y el cabello despeinado, no pudo hacer más que mirar mal a su marido mientras sujetaba el pomo de la puerta.

—Ah, querida aquí estás… —esbozó una amplia sonrisa el marido, no obstante.
—¿Hanscroft pero qué estás haciendo? —Interrumpió Diana, avanzando un poco tras el umbral de la puerta—. ¿Eres consciente de las horas que son?
—Diana, cariño, Raylock no podía dormir y se vino a leer, tan solo…
—¿Qué no podía dormir? ¿Por qué no podía dormir? —La mujer avanzó rauda hasta el escritorio para poder mirar de cerca al pequeño—. Ray, cielo, ¿qué te pasa? ¿Estás enfermo?
—Madre, estoy bien, yo no…
—Diana, por favor, lo estás asustando… él solo estaba leyendo. No es necesario que…
—¿Pero qué estás diciendo? —Diana se dirigió a su marido pero luego hizo lo mismo hacia Raylock—. Ve a la cama inmediatamente, cielo.

[tab=15]El pequeño se bajó de la silla se marchó con rapidez con el libro bajo el brazo, arrastrando tan rápido los pies desnudos que pareció un espectro.

—¿Qué son estas horas de llegar? —preguntó Diana algo inquisitiva.
—Ya te avisé que Dhurgream se marcha de la ciudad y queríamos despedirnos de él, la cosa solo se ha alargado un poco más de la cuenta.
—Haz el favor de apagar eso y vamos a dormir, que al final despertaremos a todos.
—¿Por qué estás de mal humor? —Frunció levemente el ceño—. Oye, la biblioteca es mía y puedo fumar dentro si me apetece, ¿no? —acabó por comentar el hombre algo molesto.

[tab=15]Diana miró a su marido a punto de volver a mencionar algo, esta vez algo iracunda, pero dentro de sus pensamientos sabía que no era una buena idea porque prefería seguir luchando por evitar que el resto de la casa se despertara por el ruido. Finalmente, tomó algo de aire y lo echó lentamente por la nariz antes de pronunciarse.
—¿Sabes qué?
—¿Qué? —Preguntó Hanscroft manteniéndose firme.
—Quédate aquí a fumar, y es más —señaló el centro de la biblioteca con el anverso de una de las manos—, mira todo el sitio que tienes para tumbarte y dormir ahí en medio.
El hombre emitió un profundo suspiro y la mujer solo dio media vuelta para marcharse sin mirar atrás.
—Diana, ¿no crees que estás sacando las cosas de quicio?

[tab=15]Lo último que se pudo oír fue la puerta cerrarse con ganas.
 

Manny_LoneWolf

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Libro de Juicios - Hoja 4: La Paz



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[tab=15]Había coincidido con Adellian cerca de la capital de Amn. No era la primera charla filosófica que habíamos tenido, pero esta me parecía necesaria de ser escrita en el Libro de Juicios.

[tab=15]Esta vez el tema comentado era sobre la Paz, y la sacerdotisa de Illmater decidió llevarme a recorrer la otra orilla del río tras cruzar los páramos. Al final, accedimos a un pequeño y precioso lugar con varios guardianes de la naturaleza, algo parecido a un santuario sin apenas haber sido tocado por la civilización. En el centro del sitio, había un grandioso libro disponible para todos aquellos que quisieran empaparse de su sabiduría.

[tab=15]Adellian se pronunció claramente para decirme que me había traído al lugar para que leyera el dogma escrito en el gran tomo, y preso de mi sed de conocimiento y curiosidad, no pude hacer más que dejarme llevar. Así estaba escrito, y así decidí transcribirlo a mi Libro de Juicios:

La paz solo viene de sí misma y no puede ser enseñada ni impuesta. Planta árboles y seres de hojas verdes y atiéndelos cuando lo necesiten, donde quiera que estén. Cuida y da auxilio, no límites ni castigues. Utiliza la violencia solo para defenderte, y no mates a ningún ser del bosque salvo para evitar que se maten a ellos mismos o a otros bajo tu protección. Jura no tomar ninguna vida inteligente salvo en la más terrible necesidad. Comparte con todos los seres las cosas beneficiosas que crecen o vienen de la corriente para que todos conozcan y alaben a Eldat.

[tab=15]El texto, aunque en parte algo dirigido, en realidad era extrapolable a la mayoría de los hechos de nuestras vidas. Y era por ello, por lo que creí importante dejar una entrada específica en el diario. Comenté a la caballero que para mí la paz era parte de la armonía, y ella se dirigió a mí para decir que ciertamente, la antítesis de la paz era el conflicto, y que este era contradicción y disonancia: lo opuesto a la armonía.

[tab=15]Después, la sacerdotisa me explicó que había tomado el voto por la paz desde que había pisado las tierras de Amn; que según ella era de los más difíciles de llevar, no solo por lo que imponía, si no también por entender su significado. Durante años no llevó arma alguna con ella, pero la experiencia le había enseñado que no podría defender los frutos del amor, de la amabilidad y de la paz si ella se encontraba indefensa. Adellian, había intentado resolver un conflicto apelando a la confianza y los buenos sentimientos, y con ello había permitido sin saberlo que docenas de personas acabaran asesinadas, sintiéndose así traicionada. Para acabar, me dijo algo muy importante, y es que debemos depositar esperanza en todos y todas, y con ello querer tocar el punto de luz que hay incluso en los corazones más negros; no obstante, continuó con firmeza, diciendo que no me dejara cegar como lo hizo ella: que no apostara la vida de la gente en mi fe por las personas que no la merecen.
 

Manny_LoneWolf

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Relatos Inconexos - Adiós, Carla


[tab=15]Raylock podía contar con los dedos de una mano las veces que había podido conversar a solas con Carla. Las señales ya eran tan obvias, que el teúrgo era incapaz de mirar hacia otro lado; por lo que, le había propuesto y sin tapujos el ir a conversar de manera privada, alejados de los posibles oídos indiscretos.

[tab=15]Después de pedir perdón a Mystra para poder viajar con magia hacia Púrskul, el hombre pagó por la mejor habitación y una jarra de agua fría con un par de tazas. De reojo, Raylock observaba a Carla, que demostraba claramente fatiga por falta de sueño, habiendo perdido también gran parte del porte que siempre la acompañaba y mostrándose algo esquiva y quizá hasta insegura: todo eran cosas que no auguraban nada bueno.

[tab=15]Una vez dentro, el teúrgo se quitó la capa y la dobló con cariño para dejarla un poco colgada en el respaldo de una de las dos sillas, haciendo alarde entonces de una extraordinaria calma. Al otro lado de la habitación, se podía apreciar a una Carla inquieta, siendo incapaz si quiera de mirar a los ojos de aquel que durante mucho tiempo fue su escudero.

—Siéntate, pareces cansada —Raylock rompió el silencio mientras echaba agua en ambas tazas, una detrás de otra.
—Así estoy mejor —dijo Carla, siguiendo sin mirar al hombre.
—Está bien. ¿Quieres agua? —Raylock tomó uno de los recipientes y se lo mostró, con un gesto vago.
—No, gracias —contestó con rapidez—. ¿Qué necesitas hablar? —se apresuró ella entonces para formular la pregunta.
Raylock dejó las tazas, ni siquiera él bebió. Luego tomó algo de aire para echarlo lentamente, dirigiéndose de nuevo a su antigua mentora.
—Nada en concreto. Me pregunto por qué te veo últimamente sin el tabardo, y, estoy preocupado por si te pasa algo —el hombre apartó la mirada para tomar la venda que utilizaba cuando vestía como sacerdote de Tyr de entre sus cosas, colocándosela en los ojos después, con el objetivo de que Carla dejara de estar incómoda al tener que evitar mantener contacto visual.
—Raylock, he dejado la Orden.

[tab=15]Al teúrgo no le hizo falta cerrar los ojos, ya que los tenía sumidos en la más profunda oscuridad gracias a la tela que los envolvía. En su mente, y bajo el yugo de su memoria eidética que él siempre mencionaba como «su maldición», esas palabras tan sencillas que ella había mencionado le habían traído un montón de recuerdos.

[tab=15]Recordó entonces sus pocos días en Amn, recién llegado de Aguas Profundas, cuando se encontró por primera vez con Carla en Hospicio. Esta, que paseaba por ahí repartiendo comida, se acercó a un Raylock novato y le ofreció un buñuelo, ¿qué gesto más bondadoso podía existir a parte de ofrecer ayuda a un desconocido? Su mente viajó de nuevo y recordó cuando ella se apiadó de él, para continuar con la clase de Pilares a pesar de que el teúrgo había llegado tarde, dándole entonces la gran oportunidad de que no quedara rezagado con el resto de los escuderos. Otro recuerdo le llevó a las oscuras cuevas, donde en unas prácticas tuvieron la mala fortuna de darse de bruces con una liche, avanzando Carla con firmeza y quedando delante del ser para proteger con gran valor a los escuderos que tenía detrás. Y por último y no por ello menos importante, cuando la paladín presentó a Raylock como un «maestro arcano» a unos desconocidos, siendo el hombre alguien que solo había dado sus primeros pasos alejados de las enseñanzas de su padre. Él se preguntaba, aunque realmente y ya tiempo atrás había encontrado la respuesta: ¿cómo era posible que se hubiera enamorado de ella? Carla poseía rasgos muy parecidos a los de Diana, la madre de Raylock, valores como el cariño a pesar de ser estricta, una gran voluntad, pero flexible cuando se requería, y la capacidad de darlo todo por el resto aceptando todas las consecuencias.

[tab=15]El hombre tomó aire. Lo que en su cabeza le habían parecido minutos, en realidad no habían sido más que segundos. Asintió lentamente tras salir de su estado de abstracción y luego tomó la palabra de nuevo, no sin antes girar su rostro hacia el lugar donde había escuchado la voz de Carla por última vez.

—¿Estás bien? —le preguntó directo.
—Prefiero no hablar de ello, Raylock. —Contestó ella, denotando claramente su quebrada voz—. Estaré mejor, ya está.
—No voy a juzgarte, Carla. Pensaba que éramos amigos.
—Lo somos, también Erik es amigo mío y no he querido entrar en detalles. Mis asuntos son cosa mía.

[tab=15]Raylock estaba lejos de ser una persona estúpida y sin cabeza aunque muchas veces se hiciera pasar por ello, y sabía que continuar tirando del hilo solo iba a llegar a una situación con un mal desenlace. Se preguntaba qué era lo que podía haber roto a su antigua mentora y le daba vueltas, a punto de preguntar claramente si tenía algo que ver con Alain, pero antes de cometer un grave error y como bien había aprendido durante sus años leyendo tomos: nunca era una buena idea leer el final de un libro y juzgarlo por ello sin antes conocer todo el contenido.

—De acuerdo —dijo sin ánimo de preguntar algo más a ella.
—Yo… Mira, Raylock, habla con Erik. Aunque no tiene más —sentenció, echándose hacia atrás el cabello, algo nerviosa.

[tab=15]El teúrgo deshizo el nudo que tenía tras su cabeza, liberando entonces la presión de la venda, y dando de ese modo por finalizada lo poco que pudiera quedar de la conversación. Volvió a recordar entonces su primer desamor, por ella, cuando en el momento que por fin obtuvo el valor para declararle sus sentimientos ello fue truncado por enterarse de que había encontrado a otro hombre con el que pasar su tiempo. Raylock tragó con todo sin hablar con alguien y se refugió en sus libros, leyendo día y noche, tratando de que su mente se centrara en el olvido; haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para seguir con su vida y poder ver a Carla tan solo como la antigua mentora que había sido y una compañera formidable en la lucha contra el mal.

—Claro que tiene más, Carla. Pero no quieres decirlo y lo respeto —comentó sin girarse hacia la paladín, para dejar de incomodarla.
—Dame unas semanas, o quizá un mes. Avísame siempre que necesites algo.

[tab=15]Raylock negó con la cabeza antes de articular palabra de nuevo.

—Solo puedo decirte que, si algún día necesitas ayuda, grites tan fuerte, por favor, como para que pueda oírte desde cualquier lugar.
—Cuídate mucho, Raylock —la voz de Carla se tornó aún más nerviosa, algo contrariada, incluso quebrada de nuevo.

[tab=15]«Cuídate mucho, Raylock», resonó en su mente. Pero Raylock hizo balance de su vida en ese mismo momento. Bajó la vista y observó su guantelete con el que hacía honor al dios Manco como caballero de la Orden, luego desvió esta misma hacia su grimorio y algunas hojas sueltas sobre su primera tesis aprobada en la universidad; y finalmente una ligera brisa que entró por la ventana le recordó a Shiphae, que había recogido su alma rota para recomponerla de nuevo de manera natural e inconsciente, habiéndole hecho recuperar la felicidad. Con todo ello, entonces, dijo una última frase a su antigua mentora y compañera.

—Cuídate tú, Carla: yo estoy bien.
 

Manny_LoneWolf

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Relatos Inconexos - El enemigo dentro



[tab=15]Raylock se tumbó en la cama de la celda y miró al techo. Sabía que le iba a ser imposible dormir, pues su cuerpo ardía por dentro, eufórico, con energía, siendo muy complicado alcanzar cualquier intento de relajación. Su cabeza estaba igual, no paraba de darle vuelta a las cosas, a los hechos, tratando no solo de entender si no también de luchar contra lo que tenía dentro. En realidad, y en el fondo, quería darle un suspiro a Erik y Tada, los encargados de velar por él en aquella noche.

[tab=15]Trató de ordenar la información en su mente, aunque esta vez le estaba siendo muy complicado, alejado de lo que solía ser para él. Recordó entonces los pentagramas, los cuerpos supurando sangre de las heridas abiertas, todo tan grotesco y explícito. Sabía que lo de las enfermedades y maldiciones se tenía que resolver, y para llegar al final de las cosas es necesario investigarlas, aunque a veces se tengan que hacer sacrificios. Cuando trató de entender más sobre las runas e inscripciones, y a pesar de estar protegido, no pudo evitar que algo le alcanzara y penetrara su ser. Ahora, en la visión, en el recuerdo, ese idioma que no pudo entender sin necesitar de un conjuro era capaz de leerlo a la perfección, pues lo que tenía dentro le había dado la capacidad para entender e incluso hablar en esas oscuras lenguas.

«El trono de la sangre y el hueso, será heredado por todos. Que los ríos de sangre corran, que todo sea consumido. Gloria a Grezgoux.

Que los ríos de sangre corran, que todo sea consumido, cuando la luna de la sangre esté entre nosotros, nuestro heraldo nacerá.»


[tab=15]Resonó en su cabeza.

[tab=15]El teúrgo levantó sus brazos, aún con la mirada en el techo. Observó estos entonces, viendo las marcas y runas que los recubrían, todo cosas inconexas. Su mente divagó de nuevo, viendo aquel ser que casi los mata a todos, que se atrevió a decir que Raylock era uno de los seguidores que ayudaría a tomar el trono. Y luego, cuando la criatura por fin cayó, su propia explosión hizo que el puente que había bajo los Ordenados se hiciera pedazos, pero Charlotte no pudo reaccionar a tiempo y se precipitó rápidamente hacia el abismo a través de la bruma, donde nadie sabía a qué altura estaría el suelo.

—¡Charlotte! —recordó su exclamación cuando estiró sus brazos a sabiendas de que no podría alcanzarla.

[tab=15]Los nervios se apoderaron de los cansados seguidores del bien, y cualquier movimiento iba a ser crucial para la vida de la que había caído. Así que Raylock, sin pensarlo dos veces, conjuró algo que le permitiría volar, para precipitarse hacia su compañera a pesar de apenas poder ver nada.

—¿Quieres salvarla? Yo la puedo salvar… —fueron las palabras que él mismo escuchó en su cabeza, sin ni siquiera saber de quién eran— Podemos salvarla... solo acepta, y la salvaremos juntos...
—¡No! —exclamó el hombre— ¡Te arrancaré los huesos si le haces algo!
Entonces dio con ella, pero de bruces, trató de agarrarla como buenamente pudo, pero no lo consiguió, y con ello ambos se precipitaron aún más deprisa hacia el vacío. Raylock se maldijo a sí mismo y apretó los dientes en pura impotencia y desesperación.
—Fallarás, es culpa tuya que ella estuviera ahí. ¿Seguro que no deseas salvarla? Yo puedo hacer que lo logremos…
Las palabras fueron punzantes, ya no por estar metidas en su mente, si no también por la realidad de estas. El tiempo se acababa para ambos.
—¿Có… cómo? —preguntó el teúrgo mientras unas lágrimas brotaban de su rostro, siendo consciente de lo que estaba preguntando.
—Solo acepta. Di «Soy la sangre, y el trono será nuestro» y la salvaremos, nada malo le ocurrirá, tienes mi palabra.

[tab=15]Todo iba demasiado rápido, no había tiempo. ¿Pero qué debía hacer? Charlotte había sido su compañera, su mejor amiga, aquella que a pesar de haberle declarado sus sentimientos y él la había rechazado, seguía ahí, demostrándole que la amistad es una lealtad que no se puede pagar, y seguía cuidándolo como siempre. No podía dejarla morir, más bien no quería que ella muriera, Raylock podía ser uno de los hombres más inteligentes, pero en cuanto a salvar al resto, siempre antepondría la vida de los demás a la suya; porque eso es lo que decía su madre de él, que tenía un corazón tan grande que jamás le cabría en el pecho.

—Soy la sangre, y el trono será nuestro —dijo claramente el hombre, mientras las lágrimas recorrían su rostro y las punzadas en el corazón le quitaban el aliento poco a poco.

[tab=15]Gracias a ello, y tras escuchar una risa gutural en su interior, el cuerpo de Raylock cambió. Alas de aspecto siniestro brotaron de su espalda y sus ojos se volvieron brillantes, pudiendo ver entre la bruma por fin, y con ello, dar con el cuerpo de Charlotte aplastado entre algunas rocas. Con todo ello, le fue de suma facilidad maniobrar y poder acercarse de manera ágil hasta el cuerpo de su compañera caída. Después, lo tomó entre sus brazos y vio como las runas ya se había apoderado de toda su piel, aquellas que tan solo le habían ocupado una parte hasta entonces. Acto seguido, se impulsó y en un momento alcanzó el lugar donde estaban Erik, Roxanne, Ecthelion y Tada. Y allí, entonces, clavó ambas rodillas al suelo y los miró, imposible de contener las lágrimas, decepcionado por completo consigo mismo, pero esperando a que la antigua maestre pudiera devolver la vida a Charlotte. Y así fue, pues su compañera pudo regresar, por lo que quien fuera que le hizo la promesa de palabra a Raylock, así lo cumplió.

[tab=15]De vuelta a la celda, dejó caer los brazos al abandonar el recuerdo. Y sin poder conciliar el sueño, se sentó en el borde para llevarse las manos a la cara. Pensó entonces en su familia, en sus padres, en sus hermanos, en los Howles. Aferró el colgante con la sortija de Tyr que le había regalado su madre y añoró el grimorio que su padre le había hecho, pero que para evitar problemas él mismo se lo había arrebatado para no conjurar dentro de la celda.

[tab=15]Vio a Diana entonces, a la madre de la familia, como la recordaba, con su tez dura pero siempre tierna con su hijo pequeño. Pero frunció el ceño, y a su lado estaba la hermana de Raylock también.

—Eres una deshonra. Nos abandonaste, nos dejaste a nuestra suerte. ¿Es así como nos lo pagas? Eras el que cuidaba de todos, y aun así decidiste marcharte. ¡Y mírate! ¡Mira en lo que te has convertido! ¡Quiero que te corten la cabeza! ¡No mereces que el Justo te mire siquiera!

[tab=15]El teúrgo giró el rostro y vio a Hanscroft, su padre, junto a su hermano, ambos mirando de manera inquisitiva.

—Eres completamente idiota. ¿Pero qué has hecho? ¿Por qué sacrificarte por alguien que no vale la pena? ¡Tienes que ser más inteligente! ¡No puedes tirar tu vida por estupideces! ¡Solo avergüenzas a nuestro apellido!

[tab=15]A Raylock le dio la sensación de que la sortija de Tyr le quemó las manos, así que las apartó rápidamente. Estas temblaron, y apretando los dientes no pudo sin más sollozar un poco.

—Por favor, no me abandones… Lo siento...

[tab=15]Se levantó entonces y caminó al centro de la celda, dejándose caer, abatido. Vio entonces como sus compañeros de la Orden estaban ahí, rodeándolo. Lo miraban de manera acusadora, incluso Charlotte, sonreían, pero al final, se mostraban serios. Todos lo juzgaban, lo señalaban, se llevaban las manos a las armas. Raylock dejó caer su cabeza y puso ambas manos en el frío suelo, rascando este con sus uñas, haciéndose daño, cubierto por la impotencia y el dolor.

—No… No me abandonéis…

[tab=15]Y entonces escuchó una voz, la voz de la brisa que le volvió a dar la vida. Y su rostro fue alzado, tomado por el mentón, y allí estaba Shiphae. La vio, sonriente, recordándola como el día en el que se dieron el primer beso bajo el puente. Pero de repente su sonrisa se desvanecía para que de la comisura de sus labios saliera un hilo de sangre, y de su cuello un chorro, desplomándose como un peso muerto en el suelo de la pequeña estancia. Raylock se miró las manos, cubiertas de sangre, pues le había cortado la garganta sin ni tan siquiera saber cómo.

—Te dije que la mataría… —escuchó la voz de nuevo, dentro de su cabeza.
—No, no, no… Shiphae… No…

[tab=15]El hombre trató de tomar el cuerpo de ella, en vano, pues había desaparecido del mismo modo que vino. Y entonces, Raylock quiso gritar entre lágrimas, entre dolor, entre la locura de lo que le estaba sumiendo, más bien consumiendo. Sentía el mal dentro de él con tanta fuerza que no sabía cuánto más iba a poder aguantar, pues sabiendo que su senda requería de una gran voluntad, aguantaría el duelo, pero… ¿hasta cuándo?

[tab=15]Raylock: estaba perdido.
 

Manny_LoneWolf

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Relatos Inconexos - Pesadillas recurrentes


[tab=15]Raylock cruzó la gran puerta del hogar de los Howles.

—¿Padre? ¿Madre? ¿Hermanos? —preguntó.

[tab=15]Alertado por unas manchas de color rojizo en el suelo, el hombre empezó a ponerse nervioso, pues estas formaban dos rastros: uno que iba hacia la pequeña capilla de Tyr y otro hacia la biblioteca.

[tab=15]Sin mucho tiempo para tomar una decisión, salió corriendo hacia el lugar donde creía que encontraría a su madre y su hermana, pues, tenía la certeza de que estas podrían ayudar en el caso de que hubiera que sanar a alguien. Sin embargo y tras abrir la puerta con toda su energía, lo que vio no fue para nada lo que esperaba.

[tab=15]Raylock vaciló, pero avanzó unos pasos. En el suelo estaba el cuerpo de su hermana encima de un charco de sangre, completamente inmóvil y con los ojos abiertos, la túnica blanca teñida en gran parte por el color rojo y una gran herida que le había abierto el vientre. La postura no era sin más la de alguien que había tirado el cuerpo ahí, sin ninguna contemplación. Pero el teúrgo alzó la vista, empezando a sentir náuseas, y ahí estaba su madre clavada en la pared con los brazos en cruz, como si su cuerpo fuera una balanza de columna. De sus muñecas claramente abiertas brotaba sangre, y esta caía como un hilo hacia un cuenco en cada lado, sostenidos por finas cadenas.

[tab=15]Horrorizado trató de acercarse más para intentar ayudarlas, hasta que escuchó una voz en su cabeza.

—Oh, vaya, qué bonito el equilibro… ¿no crees? —dijo una voz, muy parecida a la de él mismo, aunque ligeramente gutural.
—¡¿Dónde estás?! —preguntó Raylock mientras miraba hacia los lados.
—Ahí ya no, has llegado tarde. Y me temo que…

[tab=15]El hombre salió corriendo y cruzó el marco de la puerta, utilizando toda su energía para cruzar el pasillo a toda prisa y empujar la puerta de la biblioteca con todas sus ganas. Una vez allí, descubrió el cuerpo de su hermano completamente calcinado salvo por una de las manos, en la que perfectamente se podía ver el sello de los Howles como señal identificativa, pues cada miembro tenía el suyo propio.

—No… ¡No!

[tab=15]Avanzó un poco y cerca de ahí estaba su padre, con la mitad de su cuerpo deshecho en fina ceniza, más bien como si le hubieran sacado poco a poco y de manera quirúrgica trocitos de su cuerpo. El rostro de ojos abiertos al igual que la mandíbula, solo denotaba agonía y sufrimiento en sus últimos momentos. Raylock miró de manera alternativa ambos cuerpos tirados en el suelo, hasta que de nuevo escuchó la voz.

—Vaya…

[tab=15]El teúrgo se dirigió hacia esta, pues, en ese momento no había surgido de su mente, como la vez anterior. Entonces se vio a sí mismo unos metros más allá en la estancia, aunque en realidad, no era más que el Raylock con alas y brillantes ojos rojos, que posaba algo triunfal ante los actos que parecía haber cometido.

—Creo que las cosas se me han ido un poco las manos… —sentenció, esbozando una pérfida sonrisa al final.

[tab=15]Angustiado y sobresaltado, el hombre trató de recobrar el aliento. Se movió agitado, incluso se reincorporó y pudo ver que estaba en la cama. Miró sus manos y se pasó una de estas por la frente, viendo que estaba empapado de sudor.

—Raylock…

[tab=15]De pronto escuchó la voz de Shiphae.

—Tranquilo, tranquilo, estoy aquí…

[tab=15]La mujer rodeó el torso del hombre y luego le regaló una caricia en el rostro, tratando de que este pudiera volver a la realidad.

—Sí, perdona… —negó antes de tomar aire, tomando luego la mano de ella con cariño— Es solo que…

[tab=15]Ella llevó un dedo índice a los labios de él y luego le dedicó una cálida sonrisa para darle cobijo.

—Dijimos que velaríamos el uno por el otro, y así será.

[tab=15]Raylock asintió en silencio y finalmente sonrió, aunque fugaz. Tras unos segundos de pausa y volviendo a tumbarse ambos, por fin él pudo pronunciarse de nuevo.

—Yo… creo que vamos a tener que viajar antes de lo previsto…

[tab=15]La mujer, girada, apoyó su cabeza en la mano para poder mirarle mejor. Sin embargo, y sin mediar palabra, tan solo le dedicó una de las mejores sonrisas para luego depositarle un suave y reconfortante beso en los labios.
 

Manny_LoneWolf

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Tomo de Estudios - Página 37: El linaje

El viento soplaba con suavidad por los grandes ventanales de la mansión, abiertos en su gran mayoría. Tumbado en el diván, Raylock daba vueltas a la información en su cabeza, tratando de resolver el rompecabezas. El teúrgo abrió uno de sus ojos tras salir del pequeño trance que había acabado consumiéndole, y pudo ver, desde su posición, como la noche ya había llegado.

Primero llevó uno de sus pies al suelo, seguido después del otro, no sin antes tomar el libro que le había quedado abierto encima del pecho. Una vez erguido, paseó su mirada por la gran estancia y analizó todos los libros y tomos que había tomado prestados para poder averiguar lo que estaba buscando, repartidos en varias zonas y lugares, quizá algo desordenado y alejado de su gusto. El hombre negó con la cabeza y sus pasos lo llevaron hasta la mesa más grande, donde, con cuidado cerró el libro que tenía entre sus manos y lo posó con cariño sobre los demás que ya había leído.

—Padre siempre decía que el diablo está en los detalles, Raylock —se dijo para sí mismo—, aunque actualmente no sé si es una expresión que me agrada demasiado —terminó por sonreír de manera fugaz.

La mirada del hombre fue desviada hasta la otra punta de la mesa al escuchar un sonido bastante amortiguado, pues Velzar, su familiar, había decidido hacer acto de presencia tras haber saltado desde el suelo hasta arriba. El pequeño felino de pelaje negro avanzó de manera rauda hasta quedar frente a Raylock, para luego lamerse una de las patas delanteras y darse con esta detrás de una de las orejas.

—Mira quién se ha dignado a aparecer, el rey de la casa —echó aire por la nariz, sonriendo de un lado.

El gato se quedó parado con la pata alzada mientras observaba al hombre con curiosidad, ladeando la cabeza incluso. Por su parte, Raylock, llevó su mano izquierda hasta el morro del animal para estirarle un poco de los bigotes, antes de regalarle un par de caricias bajo la barbilla.

El teúrgo masajeó su cuello y tomó la pipa de fumar que había dejado sobre la superficie de madera tantas horas atrás que ya ni recordaba, con la idea de aplacar su hambre y quizá agudizar un poco su ingenio. Sin más preámbulos, volvió a caminar con sus pies descalzos, pero esta vez hacia los ventanales más cercanos donde y tras prender el tabaco con una ramita yesquera, pudo dar una profunda calada y observar el horizonte nocturno, ese que parecía un oasis a la luz de la luna. Sus pensamientos volaron entonces a las palabras que había tenido con Anja.

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—Yo estoy aprendiendo a teleportarme entre hogueras, suena raro, sí, pero lo he conseguido —la norteña hizo una pequeña pausa—. ¿Sabes de qué hablo, Ray? Usar el fuego como portales.

—¿Tiene algo que ver con tu linaje? —preguntó él, posando su analítica y viva mirada en ella.

—No conozco aún mi linaje, y yo quiero saber si tendré alas de dragón. Es curioso porque si toco el fuego, me quemo, pero con ese conjuro ya no lo hago…

El hombre se dio un par de toques en la cabeza con uno de sus índices al volver al presente, para después girar sobre sus talones. Volvió con calma al centro de la estancia, todavía pipa en boca y sostenida con una de sus manos, dando otra calada después y permitir que el humo viajara libremente por su rostro.

—Dragones… Demonios… Diablos… Gigantes… Ifrits… —musitó y se masajeó los ojos con gesto cansado tras innumerables horas de lectura y apenas reposo.

Raylock volteó su cuerpo para situar de nuevo su vista hacia la mesa, momento en el que Velzar decidió saltar hacia el suelo tras haber acabado su limpieza, caminando algo vacilante hacia el humano. Una vez juntos, el familiar frotó su cuerpo contra los pies del teúrgo, y este último optó por dejar caer su cuerpo y quedar sentado, pudiendo regalar varios gestos de afecto al felino.

—Sí, ya… —suspiró— Yo también la echo de menos, ¿sabes? Probablemente más que tú —se dibujó una sonrisa en su rostro— Pero necesito… encontrar todas las piezas y resolver esto —volvió a ponerse serio.

El gato abrió su boca todo lo posible para bostezar de manera silenciosa, sacudiéndose después, con el objetivo final de tumbarse al lado de Raylock.

—No sé cuánto tiempo llevo aquí… cuántas… horas… —frunció el ceño entonces, como si hubiera reparado en algo antes de repetir la palabra— Horas…

Dio una profunda calada a la pipa y su vista se perdió hasta la abstracción, recordando de nuevo otro fragmento de conversación con Anja.

—Veamos… —tomó aire el teúrgo, preparándose para enumerar— Una hora para la tesis, una hora para conjuros nuevos, una hora para revisar informes, una hora para leer algo que no tenga nada que ver con la magia… y ahora, será una hora para investigar tu linaje.

—¿Cuentas el tiempo? —Preguntó ella— Qué triste —rio un poco al final.

—Ordeno mi tiempo, más bien —asintió—. No tiene nada de triste, se trata de buscar ser efectivo.

—Ah… Pues a mí me parece triste pensar en que el día terminará.

—Yo no pienso, pero el día pasa, y creo que lo importante es hacer algo útil con el tiempo.

—A veces duermo como quince horas, aunque no a diario. Me pasa cuando ya no puedo andar, mi mente dice sí, pero mi cuerpo dice basta, y entonces me quedo en estado de sueño profundo…

Raylock volvió a la realidad, abandonando el recuerdo. Arrugó su frente, reflexivo, y dejó la pipa en el suelo de manera repentina, ahí mismo, junto a Velzar. Por su parte, el felino, alzó la cabeza por un instante pero se recolocó rápidamente después para continuar con su descanso, ignorando al humano.

El teúrgo se apresuró para llegar a la mesa y allí empezó a hacer una criba de libros. Apartó uno a un lado, otro, al contrario, y así hasta dar con el que buscaba. Lo abrió aproximadamente por el medio y pasó páginas conforme su mirada leía las líneas de manera vertiginosa, repasando datos que ya había visto horas antes.

—Ella quería poder transformarse en un hada pequeña, por eso me pidió la varita de polimorfar…

Detuvo su dedo en un punto del libro, pero lo colocó en un hueco vacío de la mesa en lugar de seguir con la lectura.

Rápidamente, enlazó grandes pasos hasta llegar a la mesita junto al diván, para seleccionar de nuevo los tomos, tomando uno en concreto. Del mismo modo que el anterior, pasó la vista por las palabras con rapidez hasta llegar donde quería.

—Brillo de color verde ámbar…

Como un rayo, el teúrgo volvió a la mesa poniendo ambos libros abiertos uno al lado del otro. Esta vez, movió hojas y desvió alternativamente la mirada entre ellos.

—Personalidad huraña y despreocupada…

Sus dedos se detuvieron en seco, miró unas páginas, después las otras, su mente revolucionada juntaba toda la información. Al final, tomó aire y apartó sus manos hasta llevarlas a su propia cara, frotándose esta.

—Por los dioses... —susurró de manera casi imperceptible— No tenía nada que ver con el fuego…

Raylock perfiló una gran sonrisa de satisfacción.​
 

Manny_LoneWolf

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Retazos del Pasado - Recuerdo 3: Desconocidos

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Los últimos rayos del sol bañaban las calles de Aguas Profundas. El pequeño Raylock, cogido de la mano de Diana, su madre, caminaba junto a ella hacia el orfanato. La viva mirada del pequeño recorría prácticamente todo lo que iba viendo, ya que siempre le gustaba encontrar cosas nuevas. La paladín, por su parte, cargaba con un cesto algo pesado pero que no le suponía mucho problema debido a su entrenamiento marcial.

—Madre… —alzó la vista el pequeño— ¿Padre llegará tarde hoy?

La mujer, sin poder evitarlo, rio un poco antes de responder.

—El que tu padre llegue tarde no significa que te puedas colar a hurtadillas… —tomó aire— ¡Otra vez! —exhaló— Con la intención de fisgonear los libros…

Raylock frunció los labios al no estar convencido de la respuesta, planeando cómo dar el cambiazo de los libros que tenía bajo su cama y así poder leer de nuevos.

A los pocos minutos, ambos llegaron a las puertas del edificio y allí Diana pudo encontrarse con una de las hermanas encargadas del lugar. Ajeno de manera activa a lo que hacía su madre, el pequeño recorrió de nuevo las calles colindantes con sus ojos, deseando en gran parte satisfacer más todavía su curiosidad.

—Madre… —interrumpió, tirando de la manga de la paladín.

—Dime, cielo… —desvió la mirada hacia su hijo, después de tomar aire.

—¿Puedo ir hacia allí? —Señaló con uno de sus índices. —He visto alguna cosa…

—Sí, sí —contestó rápidamente antes de que Raylock pudiera explicarle. —Ve, pero no te alejes demasiado, ¿de acuerdo?

Contento, el pequeño se alejó corriendo y saltando, y justo al girar la primera esquina, dejó volar su imaginación: se dedicó a hacer gestos y sonidos, incluso trató de pronunciar alguna palabra en algún idioma no conocido o más bien inventado.

Al poco, una voz hizo que se sobresaltara por la sorpresa, pues no esperaba que hubiera nadie ahí, y mucho menos observándole.

—¿Qué haces? —preguntó alguien con una voz fina, infantil.

El niño miró hacia todos los lugares hasta que pudo centrarse en una zona más oscura debido a las sombras, desde la cual una niña hizo acto de presencia, dando a entender que había estado ahí escondida durante todo el tiempo.

—No sé… —se encogió levemente de hombros, algo inquieto— ¿Jugando?

—No estabas jugando, estabas haciendo cosas raras.

—¿Cosas raras?

La niña, aunque cautelosa, sí decidió adelantarse algunos pasos más para acortar distancias. Sin embargo, Raylock, hizo lo opuesto y retrocedió un poco.

—Sí, cosas raras. Estabas hablando solo y haciendo unos movimientos extraños…

—Yo, bueno… algún día me gustaría poder hacer magia, solo copiaba algunas cosas de mi padre.

La pequeña frunció el ceño.

—No parece que seas de por aquí, vas demasiado bien vestido.

—Ya, bueno, yo… —señaló hacia la parte abierta de la calle con el pulgar— vine con mi madre, que quiso traer unas cosas para ayudar al orfanato.

—Eso ya tiene más sentido, aunque no del todo. —La niña se llevó una mano al bolsillo y sacó un trozo de pan duro. —¿Cómo te llamas? —preguntó después.

—Perdóname, pero mi madre siempre me dice que tenga cuidado con los desconocidos.

La mirada de ella se desvió, como si por un momento se alejara de lugar, quizá algo perdida. Acto seguido, llevó su pequeña mano hacia el rubio y corto cabello echado hacia atrás por una diadema y se rascó un poco por la nuca.

—Bueno, pues entonces yo no te diré mi nombre, y así los dos seremos desconocidos. ¿No? —Tomó el trozo de pan con ambas manos, decidida, y se lo mostró abiertamente a Raylock. —¿Quieres pan?

Él, dubitativo, levantó la mano para disculparse.

—No, no hace falta… Mi madre me dice que no coja nada de los…

—Desconocidos. Ya lo dijiste. Pero somos desconocidos porque no quisiste decirme tu nombre.

—Ya, bueno… —Se llevó la mano al cuello, forzándose así el mirar hacia otro lado, aunque volvió a prestarle atención después. —¿Y qué haces tú por aquí?

—A veces me escapo del orfanato.

—¿Qué?

—Que a veces me escapo del orfanato —repuso, esta vez alzando un poco la voz.

—Pero eso… eso no es bueno.

—Ya, pero la gente no quiere estar conmigo, así que prefiero estar sola.

—Vaya, lo siento. Eso parece muy triste. Si quieres y si te apetece, podríamos…

Para sorpresa de ambos, alguien tiró del brazo de Raylock con todas sus fuerzas y de nuevo en la luz se pudo ver claramente que había sido Diana.

—¡Raylock! —exclamó algo agitada, separando abismalmente a la niña del pequeño— ¡Te dije que no te alejaras!

—Tranquila, madre, estoy bien… —agachó un poco la cabeza, más nervioso todavía.

La paladín miró a su hijo y luego a la desconocida que los miraba curiosa, como tratando de entender algo que escapaba por completo de su razonamiento.

—¿Te ha tocado? ¿Estás bien? ¿Qué habéis hecho? —se dirigió de nuevo a él.

La pequeña aprovechó para rodearlos y corrió alejándose todo lo posible, dirección al patio del orfanato. Diana suspiró entonces tras perderla de vista, centrándose luego y de nuevo en su hijo.

—Volvamos a casa, cielo. Nos hemos retrasado y se hace de noche.

Cogido de nuevo de la mano de su madre y tras salir de la calle, Raylock se giró para mirar en dirección donde aquella desconocida se había perdido, pensando si algún día volvería a encontrarse con ella y quizá saber quién era.​
 

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Relatos Inconexos - El viaje a Aguas Profundas, Parte I: Talia​


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El fuego de la chimenea crepitaba en el gran salón de los Howles, ofreciendo una luz cálida en la estancia ya bien entrada la noche.

Raylock aguardó hasta la hora en la que se había citado con su hermana mayor y el prometido de esta, y entonces atravesó el umbral tras pasar por el recibidor. Allí en la gran habitación, pudo ver como Talia y Tyler parecían charlar cómodamente sobre trivialidades aunque fueron interrumpidos por la presencia del teúrgo, haciendo que estos abandonaran sus asientos de sendas butacas para ponerse de pie.

—Hermanito —dijo Talia con suma afabilidad, dando grandes pasos hasta su hermano pequeño para terminar por darle un fuerte abrazo.

—Bienhallado, Raylock —dijo Tyler, a la vez que alzaba una de sus manos con intención de estrecharla con el recién llegado.

El joven estrechó la mano del sacerdote de Tyr como buenamente pudo aún preso del abrazo de su hermana, aunque también se acompañó de una fugaz sonrisa.

—Un placer volver a verte —Asinitó Raylock en dirección al prometido de su hermana cuando ya fue desprovisto de los brazos de esta.

Talia tomó los dedos de la mano de su hermano y lo llevó con un leve tirón hasta las proximidades de la chimenea, donde los tres quedaron cerca con la intención de conversar un poco. Tyler por su parte, cogió un libro dispuesto antes en una de las mesitas al lado de los reposabrazos de las butacas y posó la palma de una mano encima.

—Gracias por dejarme ojear tu Libro de Juicios —comentó antes de entregar este al teúrgo.

—¿Y qué te ha parecido? —Sonrió de un lado tras tomarlo con ambas manos.

—Parece ser que hay mucho trabajo ahí en el sur, o esa sensación me ha dado. Pero buen trabajo librando a ese pobre mercader de la horca.

—Hay leyes que retocadas un poco… quizá no estarían mal, per las hay de otras que son para echar de comer a parte a los que las han pensado —Asintió Raylock—. Si es que las han pensado… —Se atrevió a hacer un comentario gracioso antes de proseguir—. Son tierras… bastante complicadas y con muchas sombras en cada rincón.

Tyler mantuvo el gesto sereno, tomando algo de aire con la idea de pronunciarse de nuevo.

—Talia me comentó que has decidido seguir el camino de la teúrgia, algo que me ha sorprendido un poco dada tu vinculación con El Justo.

—Así es. Cuando marché de este hogar tenía en mente un objetivo distinto al que ahora pretendo alcanzar, pues me gustaría encontrar el conocimiento en todos los ámbitos posibles.

—La palabra de Tyr te necesita, Raylock, nunca es tarde para volcarse en cuerpo y alma en el clero.

—Permíteme, querido —tomó la palabra Talia entonces, posando una mano en el brazo de su prometido—. Entre los ámbitos que maneja nuestro señor Tyr, también está la sabiduría y la erudición…

—Pues al buen juicio también se llega con cuanto más sepamos de todo lo que nos rodea, para manteneros así vigilantes y provistos —terminó la frase Raylock, bastante interiorizada.

El sacerdote de Tyr alternó la mirada entre los Howles, asintiendo después como gesto de comprensión.

—Te ruego que me disculpes, pues no quería parecer intrusivo —Se excusó—. Pero no quiero falta de nuestra palabra allá donde vamos y me parecías alguien indicado para ello.

Raylock levantó un poco su mano para restar importancia al asunto.

—La palabra de Tyr va conmigo, no te preocupes.

Un breve silencio se hizo entre ellos, momento en el que Talia aprovechó para colocarse delante de su prometido y espaldas a él. Acto seguido, ambos entrelazaron los dedos de sus manos tras juntarlas.

—Sé que lo de nuestra noticia no te pilló de sorpresa, ya que madre no pudo aguantar la emoción —dijo Talia con una amplia sonrisa en su rostro—, pero sí hay algo que queremos que sepas y vas a ser el primero.

—Oh, estás… ¿Estáis?

La mujer rio un poco.

—No, todavía no —Nego—. Pero estamos en ello. Simplemente queremos dar otro paso más hacia adelante.

—Pero si apenas os conocéis…

Tyler enarcó una ceja ante el desafortunado comentario del teúrgo, pero la expresión fue borrada al instante al escuchar la risa incontenida de su prometida.

—¡Pero, Raylock! —exclamó la sacerdotisa, aún risueña.

—Yo, bueno… —Alzó ambas manos— No quería decir…

—Tranquilo, hermanito —Le sonrió—. Aunque nos hayamos prometido hace poco, es cierto que Tyler y yo nos conocemos de hace mucho tiempo, pues llevamos años trabajando juntos.

—Bueno, está bien, seguro que madre se pondrá muy contenta.

Amparados todavía por el calor de la chimenea, la amena charla los llevó hasta la hora del descanso nocturno.​
 
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Relatos Inconexos - El viaje a Aguas Profundas, Parte II: Diana

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El sol brillaba con fuerza ya bien entrado mediodía. Las calles principales estaban bien concurridas y no era difícil poder esperar cualquier cosa en la Ciudad de los Esplendores.

Raylock caminaba con su madre cogida del brazo, y a su vez, esta, se ayudaba de un bonito bastón que le llegaba por la cadera para poder enlazar los pasos sin ningún problema. Debido a ello, el trayecto desde el templo hasta la mansión de los Howles era más que un paseo por la imposibilidad de recorrer la distancia más deprisa.

—Raylock, cielo, necesito parar un poco —comentó Diana, señalando uno de los bancos más cercanos alrededor del mercado.

Ayudado por él, la mujer pudo tomar asiento y descansar en el respaldo, aferrándose después al bastón con ambas manos. Una apacible sonrisa se dibujó en sus labios tras soltarse de su hijo, contenta de tenerle ahí de nuevo.

—Tómate el tiempo que quieras, madre —Asintió.

—Ay, discúlpame, debes de estar hambriento —Se llevó la mano a la frente—. Menuda madre estoy hecha.

Raylock se quedó de pie y colocó una mano delante de la otra para reposar estas en el regazo mientras observaba también las idas y venidas de los transeúntes.

—No te preocupes —se dirigió a ella de nuevo—, si te soy franco… llevo un tiempo algo desganado —Terminó por sonreírle un poco.

Diana suspiró mirando al frente y luego negó con la cabeza.

—Mi Raylock… Mi pequeño Raylock.

—Madre, por favor, que ya tengo veintiún años —No pudo evitar reír un poco.

—Por la Triada, hijo mío, ¿cuántos años estuve buscando pretendientas para ti y siempre me decías alguna excusa?

El teúrgo desvió su mirada a un lado, obligado desde sus adentros a sonreír de manera sincera ante la pregunta retórica de su madre. Acto seguido, volvió a prestarle toda la atención.

—Oye, estoy totalmente intrigada por saber quién es esa mujer que ha conseguido sacarte de los libros —Golpeó el brazo de Raylock con el bastón, sin intención alguna de hacerle daño, pero sí para dar énfasis a su frase.

—Sigo mirando libros, madre.

—No te hagas el listo conmigo porque te daré más fuerte, ¿eh? Ya tengo bastante con tu padre y tu hermano. —Diana llevó una palma de su mano hasta su lado, dando un par de golpecitos sordos en el banco para incitar a que Raylock tomara asiento—. ¿Podrías sentarte?

El hombre asintió, dejando por completo su postura para colocarse junto a su madre.

—Estoy preocupada, Raylock.

—¿Qué es lo que te aflige, madre? —Tomó la mano de su progenitora—. Si es por lo de ella…

—No, cielo —Negó—. Sonríes como un idiota cuando hablas de ella —Le pellizcó la mejilla con ganas—, y verte contento no me produce otra cosa que no sea felicidad.

Raylock apartó la cara tras el pellizco y musitó un leve «¡Au!», para luego frotarse la cara un poco.

—Cuéntame, pues.

Diana paseó su mirada por toda la gente que recorría las calles, incluso sin parpadear. Finalmente, y tras unos instantes, cerró los ojos y apoyó su mentón en las manos, estas antes colocadas sobre la empuñadura del bastón.

—Sabes bien que estuve muchos años luchando contra el mal, hijo mío. Y mi retiro, realmente, no fue solo por vosotros. —Hizo una pausa—. —Que estés en la Orden del Radiante Corazón es un orgullo para mí, pues todos saben lo que hacen, pero en parte también me preocupa. Yo he estado en ese bando, Raylock, y el mal va a ir a por todas para acabar contigo.

—Soy consciente de ello, madre.

—Puede que sí, pero puede que no lo suficiente.

—¿Qué quieres decir? —Frunció levemente el ceño.

—Yo no dejé mi lucha con el nacimiento de mi primer hijo, pero mi miedo iba creciendo conforme os hacíais mayores. Nosotros vamos de cara, Raylock, pero el mal… —Negó con la cabeza— rara vez lo hace. Así que es difícil seguir adelante sin pensar en que puedas volver un día a tu casa y que le haya pasado algo desagradable a tu familia. La Triada me sonrió, pues estáis todos bien, pero he luchado junto a otras personas que han perdido todo: familia, amigos, hogares… —Tomó aire entonces—. Incluso he visto caer a gente que jamás lo creerías.

El teúrgo tragó saliva, comprendiendo sin problemas las palabras de su madre. Sus pensamientos divagaron entre todas las personas que había conocido y obtenido aprecio durante su corta estancia en las Tierras de Intriga. Con pesar, cerró sus ojos deseando que nada malo les ocurriera en su ausencia, pero ya había sufrido la pérdida de alguien que había dado su vida por él y hasta presenciado la extraña caída de un miembro de la Orden.

Diana abrió los ojos, corrigiendo su postura para descansar de nuevo en el respaldo. Después, con cariño, llevó su mano derecha hasta el cabello de su hijo, deleitándose, incluso, soltando alguna lágrima.

—Nuestra lucha nunca acabará, cielo —se dirigió de nuevo a Raylock—, y por ello debemos estar dispuestos a hacer sacrificios. Alzaría mi espada de nuevo por salvaros, aunque fuera por tan solo unos minutos y costándome mi ya maltrecha vida en ello.

—No es sencillo —Suspiró.

—No lo es, ni lo será. Hay una frase que así dicta, y que me gustaría que escucharas: «Al verdadero guerrero no se le ataca al cuerpo, o a la cabeza, sino al corazón».

—¿Y cómo se prepara uno contra eso? —Ladeó el rostro hacia la mujer.

—Conociendo nuestras virtudes y nuestros defectos, haciendo de estos últimos una bendición en vez de una carga. Raylock, has heredado la mente brillante de tu padre, también mi buen juicio, pero… lo que aquí te late —Deslizó la mano que acariciaba el cabello del hombre hasta el pecho de este—, es demasiado grande para estar encerrado. Une todo, encuentra el equilibrio, y ve un paso por delante de aquellos que quieran destruirte a ti y a los tuyos.

Raylock alzó la cabeza para asentir después, mirando como a su madre le caían varias lágrimas por el rostro.

—Sé… —Negó con la cabeza tras pasarse un dedo por debajo de los ojos, quitándose algunas gotas— Sé que no vas a ser como tu hermano, tampoco como tu hermana. No sé si es mi vínculo con Tyr, mi amor de madre, o simplemente intuición femenina… —Chasqueó la lengua, forzando una embarazosa sonrisa—. Por los dioses, pero qué estoy diciendo… —Rio algo inquieta.

—Tranquila, madre —Asintió él, dándole cobijo.

—Raylock, tu destino está por escribirse, pero sé que llegarás lejos y brillarás con fuerza. Te hemos tenido en esta prisión durante muchos años —Movió su brazo para señalar el horizonte de la ciudad, haciendo un arco—, pero está claro que no es lo que mereces.

—Bueno… A veces echo de menos comer con cubiertos —Se permitió el lujo de hacer una broma con el objetivo de relajar a su madre.

—Ah, ¿ya no los usas? —Enarcó una ceja Diana.

Ambos rieron forzando una pausa con ello.

—Va, ayúdame a levantarme y volvamos a casa, ¿quieres?

El teúrgo asintió y después ayudó a su madre para que ambos pudieran retomar su camino tras esa breve charla.​
 
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