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Las Cronicas de Sir Frederick

Lancelot

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A pesar de su algo avanzada edad, Sir Frederick no descanso ni al poco de llegar a la capital y a pesar de sus años como caballero sus capacidades y equipamiento eran insuficientes para lo que el futuro le avecina…
El Vasallo de la Ley

Aldea medieval bajo las murallas del castillo.png
Estos relatos contaran parte de las tantas historias que vivirá desde su llegada a Athkatla, mas no están escritas directamente por el.

Crónica I: El verdadero comienzo de Sir Frederick
Crónica II: En la búsqueda del Dragón Negro
Crónica III: Bajo el estandarte del Guantelete

Crónica IV: La defensa de Crimmor
Crónica V: Voces desde las catacumbas
 
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Crónica I: El verdadero comienzo de Sir Frederick

Cuando Frederick llegó a Athkatla, capital de Amn, dedicó sus primeros días a recorrer sus calles y contemplar sus maravillas. La ciudad era mil veces más vasta que aquella pequeña urbe que antaño había llamado hogar; sus bulliciosos mercados, imponentes edificios y muchedumbres habrían intimidado a más de un hombre. Frederick, sin embargo, no se dejó amedrentar y recorrió aquellos lares con la misma serenidad con la que afrontaba cualquier nuevo deber.

Fue durante uno de aquellos paseos cuando sus pasos lo condujeron hasta un lugar conocido como el *hospicio*. Al cruzar sus puertas, pronto advirtió el carácter religioso de aquella institución y, desde entonces, comenzó a frecuentarla asiduamente. Acudía en busca de pociones y momentos de oración, mas también ofrecía su ayuda allí donde era menester: mediante donaciones, labores de mantenimiento o atendiendo a los desamparados que acudían en busca de amparo.

Jinete ante la abadía medieval.png

Así, entre rezos y pequeños actos de servicio, Frederick comenzó a forjar su lugar en aquella gran ciudad.
 
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Crónica II: En la búsqueda del Dragón Negro

Poco tiempo después de su llegada a Athkatla, Frederick comenzó a trabar relación con diversas gentes, entre ellas el confiable Freolaff, el maese Burn, la señorita Cassandra y la vivaz Valariel. Junto a ellos participó en pequeñas expediciones, labores de exterminio de no-muertos y otros servicios en favor de la seguridad del reino.

Mas cierto día, un nutrido grupo se congregó en la taberna de Los Llanos para tratar un asunto de mayor gravedad. Según se expuso, un dragón negro amenazaba la seguridad de la región, pues, por razones aún inciertas, había abandonado su morada habitual y parecía haberse establecido en las costas de Athkatla.

Comitiva medieval ante las ruinas brumosas.png

Con el permiso de los generales del escuadrón, Frederick se unió a la expedición que partió hacia la costa en busca de indicios sobre la bestia. Sin embargo, antes de hallar rastro alguno del dragón, el grupo se encontró con varios kobolds alados. Tras una prolongada conversación, estos revelaron ser servidores de la criatura, enviados para comunicar que su señor pretendía resucitar a su consorte, cuya vida había sido arrebatada tiempo atrás por los aventureros.

Ante semejante revelación, la comitiva regresó a la capital. Frederick, acompañado por Tyberos, acudió entonces al enclave druídico para solicitar que sus exploradores investigasen los bosques y parajes cercanos a la costa, con la esperanza de reunir nuevas noticias sobre el dragón y sus propósitos.

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Crónica III: Bajo el estandarte del Guantelete​

Pocos días después de los sucesos acontecidos en la costa, Frederick se encaminaba hacia el cementerio con el propósito de dar caza a los muertos vivientes que infestaban aquel lugar. Mas, durante su tránsito por los Llanos, se topó con un hombre de brillante armadura que conversaba con un conocido suyo.

Al aproximarse, el caballero se presentó como Sir Kael, miembro de la Orden del Guantelete. Frederick pronto descubrió que ambos compartían la devoción por Torm, el Leal. Movido por el deseo de servir con mayor diligencia a su fe, proteger el reino y amparar a sus gentes, preguntó al caballero cómo podría ingresar en las filas de la Orden.

Sir Kael, en lugar de ofrecerle una respuesta inmediata, resolvió poner a prueba su valía. Juntos se dirigieron al cementerio, donde combatieron contra los muertos vivientes que allí moraban. Tras abatir con destreza a buena parte de aquellas criaturas, el caballero pareció satisfecho con lo demostrado y pidió a Frederick que lo acompañase.

Su destino fue un acantilado desde el que se contemplaba el mar en toda su inmensidad. Allí, bajo el cielo abierto y con el rumor de las olas como único testigo, dio comienzo la ceremonia. Tras pronunciar Sir Kael las palabras correspondientes, Frederick hubo de repetirlas, aceptando los deberes y las responsabilidades que habría de asumir desde aquel día.

Ceremonia de caballería al amanecer.png

Concluido el rito, Sir Kael consagró a Frederick como escudero de la Orden del Guantelete, dando comienzo oficial a su servicio bajo el estandarte de la Orden.

Así, junto a su fe en Torm y su voluntad inquebrantable de cumplir con el deber, Frederick encontró por fin un lugar desde el que servir a Athkatla y a sus habitantes. Aquel día no obtuvo gloria ni grandes riquezas, sino algo que siempre había considerado de mayor valor: un propósito al que consagrar su escudo y su palabra.

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Crónica IV: La defensa de Crimmor​

Una noche, mientras Sir Frederick revisaba el estado de su equipamiento, una noticia comenzó a propagarse por la capital: Crimmor, ciudad próxima a Athkatla, estaba siendo atacada. Los habitantes y soldados heridos comenzaban a retirarse de la urbe, trayendo consigo nuevas del peligro que se cernía sobre sus hogares.

Frederick era consciente de sus limitadas capacidades y de que aún tenía mucho que aprender. Mas no podía permanecer impasible mientras otros arriesgaban sus vidas, por lo que, tras consultar con los compañeros de la Orden disponibles, resolvió marchar en auxilio de la ciudad.

Una vez allí, se encontró con la señorita Cassandra, compañeros de la Orden como Olaff y numerosos combatientes más, con quienes se adentró en las alcantarillas para hacer frente a la amenaza. Allí descubrieron que el enemigo estaba compuesto por ratas de la no-muerte, criaturas feroces que pronto demostraron ser adversarios formidables. Consciente de que sus habilidades marciales no bastarían para enfrentarlas directamente, Frederick dedicó sus esfuerzos a atender las heridas de sus compañeros y mantenerlos con vida.

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La situación se tornó mucho más desesperada cuando la comitiva encontró a lo que parecía ser el líder de aquellas criaturas. Uno tras otro, los combatientes comenzaron a caer ante la embestida enemiga. Sin embargo, Frederick no abandonó su puesto. Allí donde encontraba a un compañero malherido, acudía en su auxilio, tratando de estabilizar a los caídos y devolverlos al combate cuando sus fuerzas lo permitían.

Finalmente, la amenaza fue contenida. Con los enemigos abatidos y los heridos estabilizados, Crimmor pudo recobrar la paz, al menos por el momento.

La contribución de Frederick quizá no fuese la más destacada de aquella defensa, ni su lanza la que más enemigos derribó. Mas permaneció firme cuando otros caían, prestando auxilio a quienes lo necesitaban y cumpliendo con el deber que había jurado asumir.

Pues no toda victoria se alcanza mediante la fuerza de las armas; algunas se logran evitando que quienes han caído queden abandonados en el campo de batalla.

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Crónica V: Voces desde las catacumbas​

Los sucesos extraños no tardaron en manifestarse. Por aquel entonces, Frederick aún distaba de ser el caballero experimentado que llegara a ser con el paso del tiempo. Fue durante una nueva incursión en las catacumbas del cementerio, acompañado por el maese Burn, cuando lo que parecía una jornada ordinaria de exterminio de no-muertos se tornó en algo mucho más inquietante.

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En las profundidades, ambos se toparon con criaturas de una fuerza inusitada, contra las cuales Frederick terminó cayendo en combate. El maese Burn, tratando de socorrerlo, atrajo la atención de los enemigos, para posteriormente sanar a su compañero. Mas, cuando todo parecía perdido, una extraña energía recorrió el cuerpo de Frederick, devolviéndole las fuerzas y permitiéndole incorporarse de nuevo.

Ante ellos se hallaba un liche, que exigía conocer el motivo por el cual sus guardianes esqueléticos habían sido destruidos. Sin embargo, aquello no fue lo más perturbador del encuentro: una voz claramente audible, aunque ajena a la del propio liche, resonó a través de Frederick. No parecía pertenecer al escudero, y su origen quedó envuelto en el misterio. Posteriormente aquel liche desapareció.

Sin buscar prolongar tan peligroso encuentro, Burn y Frederick abandonaron las catacumbas, llevando consigo más preguntas que respuestas.

Mas aquel no sería el último encuentro con semejante criatura. Poco después, Frederick, el maese Burn, Olaff y otros compañeros emprendieron una nueva expedición. Al pasar cerca del cementerio, el mismo liche volvió a aparecer, acompañado esta vez por lo que parecían ser vampiros o engendros vampíricos. La comitiva les hizo frente y, aunando sus fuerzas, logró derrotar a las criaturas invocadas.

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Con todo, la victoria apenas sirvió para disipar las dudas que se acumulaban. ¿Qué vínculo unía a Frederick con aquel liche? ¿Qué fue aquella energía que lo devolvió al combate, y por qué la voz del liche se pudo manifestar a través de él? Y, mientras las apariciones de criaturas vampíricas parecían multiplicarse por los alrededores de Athkatla, una última pregunta comenzaba a inquietar a quienes velaban por la seguridad de la región:

¿Guardaban todos estos sucesos relación entre sí, o se estaba gestando una amenaza mucho mayor bajo las sombras de la ciudad?
 

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