El señor Murete

Quien lo iba a decir. Que tras el combate, quedaría una entrada semi-bloqueada por el derrumbe no tan accidental de una casa. ¡Salvando el día, sin duda! Pero tras el combate, esa montaña de poco más que trozos de escombro, madera y chatarra solo eran un precario puesto de defensa contra las arremetidas de los alzados.
Pero nada que no se pudiera solucionar. ¡Algo habia que hacer, y sin duda, algo se hizo! Tras la contienda, un grupo de artesanos, además de héroes, con conocimientos de ingeniería, herrería y carpintería, se reunieron para solventarlo.
Todo empezó con un pequeño grupo de apenas cuatro integrantes. Rebuscando entre los escombros, un pequeño horno para fundir piezas de metal, poco tardaron en apañar algo sencillo con lo que crear clavos y barrotes ligeros y no tan ligeros. ¿Qué usar, cuando no se tiene casi nada? Siempre queda la posibilidad de reutilizar. ¡Ante una contienda, siempre hay bajas! Y tantas bajas que hubo, que había metal en forma de armas hechas trizas, armaduras hechas añicos y demases esparcidos por la zona.
Quien lo iba a decir. Que tras el combate, quedaría una entrada semi-bloqueada por el derrumbe no tan accidental de una casa. ¡Salvando el día, sin duda! Pero tras el combate, esa montaña de poco más que trozos de escombro, madera y chatarra solo eran un precario puesto de defensa contra las arremetidas de los alzados.
Pero nada que no se pudiera solucionar. ¡Algo había que hacer, y sin duda, algo se hizo! Tras la contienda, un grupo de artesanos, además de héroes, con conocimientos de ingeniería, herrería y carpintería, se reunieron para solventarlo.

Todo empezó con un pequeño grupo de apenas cuatro integrantes. Rebuscando entre los escombros, un pequeño horno para fundir piezas de metal, poco tardaron en apañar algo sencillo con lo que crear clavos y barrotes ligeros y no tan ligeros. ¿Qué usar, cuando no se tiene casi nada? Siempre queda la posibilidad de reutilizar. ¡Ante una contienda, siempre hay bajas! Y tantas bajas que hubo, que había metal en forma de armas hechas trizas, armaduras hechas añicos y demases esparcidos por la zona.
Lo que en principio fué un pequeño grupo de unos pocos, se vio rápidamente aumentado a un número considerable: Rainde, Elrid, Jamgon, Zhou, Vungrir , Steinn y hasta el vago de Hanneth se pusieron manos a la obra, aunque algunos solo miraban y daban instrucciones,
otros solo echaron una mano rápida, pero lo que importa, es que se hizo.

Con algo de arcilla, unos moldes se hicieron, y con algo de pasión y algo más que trabajo bruto, entre todos, Rainde recogiendo piezas de chatarra, Vungrir buscando madera entre los escombros, Zhou y Jamgon tomando la arcilla y la arena, para hacer alguna mezcla con lo que unirlo todo, y Elrid, como buen herrero, creando moldes y clavos, remaches y demáses piezas simples para reforzar lo que era un precario muro hecho de escombros, a algo bastante más funcional, útil, ¿Bonito? ¡Ni de broma! Pero eficaz.
Para terminar, usaron todo su ingenio. Desde el enano ingeniero colocando de manera eficiente los escombros, hasta el grupo usando los remaches y las varas de hierro creadas por Elrid, terminando todo asegurado bajo una capa de material fijador, parecido al hormigón, pero hecho de materiales mucho más sencillos.

¿Y al fnal? ¡La guinda del pastel? ¿Qué pasaria si algun alzado tratase de escalar el señor muro? ¡Quizás se encontraría un chispazo interesante! Dado que varias trampas y cables, así como métodos de señal de alarme se colocaron en la zona, con el fin de alertar de alguna intrusión...
¿Quizás aguante? ¿Quizás no? ¡A saber! Lo que es seguro es que se corre la voz de que ahora esa zona está trampeada, y se recomienda encarecidamente no acercarse a menos que se desee un chisporroteante saludo en forma de colleja electrizante.