Humedales y la Niebla
Aún me tiemblan las manos mientras sostengo la pluma, y no es por el frío de los humedales, sino por el alivio de sentir el tacto real del pergamino bajo mis dedos. Gracias a Ilmater, el Dios Roto, por permitirme estar aquí una noche más, bajo el techo seguro del Hospicio...