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Aravae Dispar

unhearted

Restos de un PJ de Aharadad
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El elfo entró entusiasmado por la puerta del anciano hojazul, descorrió las cortinas, para que entrara la luz, y empezó a meter las cosas que se llevaría en la mochila, preparándose aprisa para un viaje. Guardó su pequeña brújula en el bolsillo del zurrón, unos mapas, pergaminos y viandas para el camino.

Talindra Ádalmir, la hermosa elfa que vivía en el árbol hojazul, se acercó a ver qué sucedía y miró desconcertada a su hijo.

- Me voy de viaje -le sonrió exaltado Aravae.
- ¿A dónde? -preguntó con cierto temor ella. - ¿Lo has hecho?
- ¿Hablar con el Cónclave? -el joven elfo esbozó una hermosa sonrisa- Sí.
- ¿Y dónde te envían? ¿Te han exiliado?

Su hijo se echó a reír mientras continuaba metiendo cosas, apresurado, en su mochila.

- No, pero no proseguiré con la tarea de buscar aliados. He de irme con la dragona.

Talindra lo miró espantada:

- ¿Con la dragona…?

El elfo se detuvo un instante y asintió con un destello de esperanza en sus ojos.

- Vamos a buscar lo necesario para salvar al bosque y a la Ellesime.

El joven se dirigió a hacia los estantes, rebuscó entre los libros y tomó dos de ellos; los relatos más bellos de amor que recordaba haber leído. Escogió cuidadosamente los que trataban de historias de amor que desafiaban a la muerte y los empujó dentro de su zurrón.

- Eh, ¿pero qué pasa? -protestó Asterin desde dentro.
- Haz hueco, pesan mucho.
- ¿Novela romántica? Aggg ¿pero qué es esto?! Qué asco…
- Son para Arella.

Talindra se acercó a su hijo y le miró preocupada. Posó una mano en su pecho, sobre su corazón.

- Aravae… no sabes luchar.
- Pero sé hacerme invisible y conozco otros trucos. Sé espabilarme.

El semblante de preocupación no desapareció del rostro de la elfa pues sabía que su hijo no usaría jamás un conjuro de invisibilidad si sus compañeros permanecían batallando o estaban en peligro, lo consideraba cobarde.

- Te quiero, madre.

El elfo interrumpió sus pensamientos dándole un cariñoso abrazo.

- He de irme.

A Talindra no le dio tiempo de replicar. No sabía cómo retenerlo.

- Despídete de padre y de Laireth, no queda tiempo… Diles que es mi deber.

Pero Talindra sabía que era la aventura con la que el elfo había estado soñando toda su vida. La sangre bullía en sus venas de la emoción. Echándose la mochila al hombro y cogiendo todos sus pertrechos, corrió hasta la puerta y le dedicó una última sonrisa antes de partir.
 
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unhearted

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- Aunque se enamorara locamente de ti no dejaría que la montaras –dijo con naturalidad Asterin.
- No lo sabes. Puedo ser muy persuasivo. Podría convencerla con poesía, le cantaría canciones, le limaría las uñas, me haría cargo de su hija, le contaría una historia romántica cada noche…
- Te comería…
- No terminaría las historias. Así, dejándola con la intriga hasta el día siguiente…
- Te comería con más razón. Olvídalo. Confórmate con haberte subido a mi espalda cuando eras chico.
- Pero no es lo mismo…
-respondió decepcionado Aravae.
- Es mucho más digno abrir un portal que llevarte encima.
- Bah, abrir un portal…
-espetó el elfo como si eso pudiera hacerlo cualquiera.
- ¿Y qué esperabas?

El elfo guardó silencio. Irremediablemente se había hecho ilusiones, aunque estaba sobradamente probado que nada sucedía según su antojo y complacencia. Lo que esperaba y había deseado con todas sus fuerzas era algo aparentemente sencillo, al menos, de concebir en su mente.


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¡Deja de soñar despierto!¿Qué haces?
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¡Y ella tampoco debería aparecer ya en tus sueños!
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- Deja de soñar despierto –le volvió a decir Asterin. –El Centinela enmascarado está esperando.
- Le he dicho que iba a hacer pis.
- Por eso. ¿Qué va a pensar de los elfos si tardas tanto?
- Me da igual lo que piense.
- Fue idea tuya quedarte con él hasta que los demás vuelvan con la savia del Árbol Sagrado del Eldat.
- Sólo pretendía ser amable. No me pareció una muestra de buena hospitalidad dejarlo solo con los guardias Molfarar.
- Pues quizá prefiera estar solo.
- De haberlo sabido acompaño a la etrielle, a Líre y a los profesores a los páramos. Quizá hubiera visto a Anhol. Tenemos cosas pendientes…
-dijo en tono melancólico. Le echaba de menos, sobretodo en esas circunstancias.

Asterin pensó que, si en esos momentos hubiera aparecido alguien por ahí mostrándose un poco amable, el elfo le hubiera abrazado como un koala a un árbol.

- No me ha dejado ver la savia –explicó dolido Aravae a la rana. –No quiere que le hable. ¿Por qué no le gusto?
- ¿Cómo sabes que no le gustas?
- Toda su postura y su mirada lo dice: No me hables.

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- Psé.
- Lo noto
–concluyó convencido. Había estado a punto de echarse al suelo y rodar frente el centinela por sacarle alguna reacción.
- No te lo tomes como algo personal. Los druidas son extraños. Quizá se divierte desconcertando y exasperando a la gente con su quietud y hermetismo.
- Quizá por eso Anhol está así… Tiene mucho trato con ellos.
- Quizá.


Elfo y rana suspiraron. Luego volvieron con el druida custodio de la savia del Árbol Sagrado del Bosque de los Centinelas. Iba a ser una larga espera.
 

Zoroaster

Vampiro que no usa azules
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No sé con cual de los dibujos me he reído más, si con el de la dragona y el "¿¡Qué haces!?"o con el de Lissandra de enfermera... Aunque que sepas que generalmente se carga las manos de electricidad y las usa como desfibrilador, jajajaja.

Y lo de la rana y el portal... Me dejas en ascuas, pero en fin. ¿Qué hago yo metiendome al foro?

*lanza una bomba de humo y vuelve a su retiro vacacional*
 

unhearted

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Permanecía sentado en una de las balconadas más altas del Cor'zôn del Wéldazh, con las piernas colgando y los brazos apoyados en la barandilla, mientras esperaba noticias. El sentimiento de inquietud había dado lugar a la desazón y el aburrimiento.

Observó los ojos vidriosos de la rana de trapo, que pareció devolverle la mirada con entereza, cuando movió la mano que la sostenía.

- ¡Deja de hacer eso!! -dijo Asterin enfadada.

El elfo la miró:

- ¿El qué?
- Comunicarte con ella.
- ¿Estás celosa?

Aravae se echó a reír, pero Asterin se cruzó de brazos mirando el paisaje y las altas copas de los árboles.

- Es una marioneta -le dijo el elfo, sorprendido por su enfado.
- ¡Es ofensivo! -replicó ella.
- Oh, Asterin… es un buen número. Ya sabes cuánto les gusta.
- Psé -la rana se volvió un poco, dándole la espalda y mostrando agravio.
- Pero sabes que la anciana cuentacuentos tiene razón… por eso acepté ayudarla. Los niños no deben sufrir por todo lo que está pasando en el bosque, hay que distraerles… ¡Y les gusta mucho!
- Es vergonzoso… -murmuró Asterin.- Una maga de mi posición haciendo de títere con un aprendiz de titiritero panoli y su rana de trapo. Tendré que hablar con la dama Vlara.

El elfo la miró preocupado y le preguntó:

- ¿Quieres que volvamos a patrullar el bosque?
- Invisibles y sigilosos como espías y delincuentes… -respondió malhumorada.
- Pero no hay otra forma -le dijo Aravae, razonable.

Cuando llegaron al Wéldazh y aún no habían hablado con Arellaxerrontoal ni Hyldor le había dicho a Aravae que le aceptaba en su patrulla de guerreros y exploradores, Aravae y Asterin se habían pasado semanas explorando el bosque de Tetzhyr.

Muchos lugares les eran conocidos, aunque les resultó difícil reconocer aquellos sitios dónde la podredumbre se había apoderado de la vegetación, mustiando las plantas y envenenado el agua de los manantiales y los animales. Otros lugares los habían descubierto por primera vez.

A Aravae se le antojaba emocionante espiar, invisible y oculto, los moradores del bosque; las pixies, los centauros, los sátiros y la cría del dragón… con el afán de proponerles una alianza después. Y le había resultado igualmente estimulante esquivar de forma ingeniosa los peligros que suponían ahora los nuevos intrusos y las sombras que se cernían sobre el bosque. Pero Asterin pensaba que todas esas incursiones a lo profundo de la foresta les habían expuesto demasiado a peligros innecesarios y ahora daba gracias a los seldarine por estos momentos de espera hasta que trajeran la savia de los Tres Árboles Sagrados.

Guardaron silencio y el elfo se ensoñó recordando el día que llegaron hasta el claro del lago sagrado junto al altar de Hanali Celanil.


No había estado allí desde la fiesta en que había ido a dejar su ofrenda esperando encontrar a Lyriel, a quien había conocido en esos días. Esa jornada festiva terminó con la boda sorpresa de la etrielle Valanae y una batalla inesperada contra los fey'ris.

Ahora que el Wéldazh se moría, las aguas del lago permanecían quietas pero ya no con la calma que transmitía antes el lugar, sino opacas y oscuras, como si escondieran algo ominoso en lo profundo. La hierba del claro había ennegrecido y las flores se habían marchitado.

Aravae se había acercado a la orilla del lago. Y había recordado su ofrenda a Hanali; una bonita pero delicada flor de cristal, bella pero terriblemente frágil, como había sido su primer amor.

Por un extraño arrebato, había utilizado después un nenúfar como barquita y, depositando sobre este el lirio que había estado guardando tanto tiempo, le había dado impulso hacia el centro del lago. La flor aún parecía recién cortada gracias a los cuidados mágicos que le había prodigado. Pero, cuando el elfo se incorporó, pensó que el lirio no tardaría en marchitarse, en cuanto echara a faltar su dosis de magia curativa diaria. Suspiró mirando alrededor. No desentonaría mucho con el aspecto desolador del lugar.

Entonces reparó en el animal muerto. Estirado sobre la hierba marchita cuan largo era, yacía cerca un ciervo blanco. No mostraba heridas visibles y eso inquietó a Aravae, que miró las aguas con desconfianza. Luego el elfo apartó la mano sobresaltado cuando algo húmedo y peludo le rozó los dedos.



Ahora el morro se lo puso en la cara sacándole de su ensoñación. El elfo acarició la cabeza del pequeño ciervo y volvió a reparar en el mundo que le rodeaba. Las copas de los árboles del Wéldazh bajo sus pies, el murmullo y trajín del día de mercado del Suldanesellar a su espalda y su marioneta en forma de rana… Soltó una exclamación de estupor y frunció el ceño. ¡Le habían arrancado los ojos al muñeco!

Buscó a Asterin con la mirada, pero no la encontró. Se había ocultado en el zurrón dónde edificaba sus planes.


The Plan A

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unhearted

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El elfo, absorto, jugueteaba con una piedra entre sus dedos, mientras recordaba una imagen que fue impresa a fuego en su mente una noche en el bosque del Eldat, tiempo atrás: cuando, después de ver la banshee, ella se volvió con gesto noble y sus cabellos volaron a la par que el viento entre las hojas de los árboles, como finas hebras de plata bajo la luna. Entonces había grabado profundamente en su mente el movimiento de su cabello, a cámara lenta y 24 frames por segundos, y ahora podía y a veces se entretenía rememorando la escena, rebobinando y volviéndola a rememorar. De tanto que lo había hecho, ese recuerdo quedó nítidamente afianzado en su memoria para su complacencia y felicidad. Pero esta vez Asterin no le dejó disfrutar de él, aunque fuera gratis y no hiciera daño a nadie.

- ¡HOLA! ¿QUÉ HACES?
- Nada…
- Mientes - la rana saltó a su cabeza y se inclinó para mirar por el agujero de la puntiaguda oreja del elfo. -¿En qué estás pensando? Pensamientos inútiles. Deberías vaciar la mente de eso.
- Calla - Aravae levantó una mano, molesto, para quitársela de encima.

Pero la rana era rápida y le aspiró fastidiosamente en la oreja antes de que él pudiera zafarse.

- Maldita…
- ¡Eso no es amooor, es obsesión! - le canturreó burlona ya en el suelo y miró la piedra que el elfo acariciaba entre sus dedos. -¿Qué es eso?¿Es una piedra preciosa?

Él asintió y dijo:

- Es un regalo.

La rana sacó un monóculo de quién sabe dónde, se lo puso en el ojo y observó la piedra con atención y mirada de tasador.

- Es una baratija. Sería mejor un poema cursi de esos… -dijo, guardándose todo el tacto para otra ocasión.
- ¿Cómo podrían hacerle justicia las palabras de un poema? El regalo no es la piedra, es el conjuro que contiene -explicó el elfo feliz y con cierto orgullo.

Asterin miró a Aravae pero, como odiaba las veces qué el elfillo pretendía hacerse el misterioso con sus tonterías, no indagó, solo por fastidiar.

De todas formas, Asterin ya sabía que la piedra guardaba, con hechizo de Arpa fantasma y una palabra de mando, una melodía grabada.


 

unhearted

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[BBvideo 425,350:35wg7tjg]

El druida encapuchado desapareció en la espesura, marchando hacia la misma dirección por la que se había ido el lobo, y el elfo quedó de nuevo solo. Entonces se percató de los ruidos del bosque a su alrededor; el movimiento de las hojas en las copas de los árboles sobre él y la hierba que pisaba bajo sus pies. Aunque su corazón palpitaba acelerado aún y mil pensamientos rondaban en su cabeza, ahora se daba cuenta de lo mucho que había bajado la guardia. La disciplina que había conseguido aplicarse en las últimas dekhanas, fruto de la necesidad de estar atento en todo momento a los peligros del bosque, la había echado por tierra.

Acarició una pequeña piedra imbuida con un conjuro entre sus dedos, como si fuera un preciado talismán fuente de una suerte inalterable. Eso le calmó y le dio tranquilidad. Dejó escapar su aliento, más relajado, y encaminó sus pasos hacia dónde se había marchado ella, si no se había perdido, de vuelta al corazón del Suldanessellar. Pero Asterin apareció al momento. Saltó de su zurrón al suelo, se puso frente a él y preguntó, moviendo los brazos alterada:

- ¿Qué ha sido eso??!

El elfo trató de ordenar sus pensamientos para darle una respuesta, pero estaba demasiado confuso aún. Y desconcertado; le habían llamado hija del bosque dos veces. Necesitaba tiempo para pensar, y repitió:

- ¿Eso…?
- ¡Sí! ¡Eso!! Me despierto de un agradable sueño oyendo estremecedores aullidos de lobos y cuando me asomo pensando que ya te habían comido veo…¡eso!

Eso había sido él dándose de la mano con un encapuchado, un lobo blanco enorme que aullaba, un elfo salvaje semidesnudo que hacía lo mismo y Lyriel.

- Bueno… era un ritual de confianza.
- Un ritual de confianza -la rana se quedó reflexiva unos momentos.- ¿Un ritual de druidas?
- Eso creo -respondió Aravae.
- ¿Has hablado de más? -preguntó la rana, temiéndose lo peor- …con Lyriel y esa gente… ¿fueran quienes fueran?

El elfo asintió con la cabeza. De repente se sintió muy cansado. La rana no se sorprendió por la respuesta.

- Deberías haberme despertado-reprochó la rana.
- ¿Y qué habrías hecho tú? -preguntó el elfo.
- Decirles unas palabras de menos.
- Pero ellos… pueden ser buenos aliados. Sólo les he propuesto una alianza y responder en su nombre si aceptan hablar con el Cónclave para ayudarnos. Imagina, contar con el apoyo de los elfos salvajes que no responden ante ninguna de las casas… ¡y con una manada de lobos gigantes en la lucha!
- Sí, bueno… -reconoció la rana- dicho así no suena mal.

El elfo sonrió levemente.

- ¿Pero qué hacía ahí Lyriel? -preguntó la rana enarcando las dos cejas.
- Después de que volviéramos de la Puerta de los Seldarine, de poner conjuros de alarma por si a los seguidores del liche les da por viajar hacia el sur… ya sabes que quería terminar de copiar el libro para Arella.
- Arellaxerrontoal. Si te tomas confianzas te comerá -interrumpió Asterin, luego dejó que el elfo se continuara explicando.
- Pues me senté en un claro cerca del Suldanessellar para terminar de escribirlo, pero anocheció y se fue la luz. Así que decidí volver y en el camino de vuelta encontré a Lyriel. Estaba tocando su instrumento de viento, sentada debajo de uno de los árboles después de tanto tiempo, como si no hubiera sucedido nada. Luego hablamos, me explicó su aventura con los piratas en alta mar y yo le conté que quiero investigar los planos y… pues terminamos así.
- Dándoos de la mano y votos de confianza con un encapuchado sospechoso, un elfo sin camisa y un enorme lobo gigante -concluyó Asterin.

El elfo asintió y la rana también se sintió muy cansada.

- Me voy a dormir -decidió el batracio.
- Claro.
- Nada de aullidos.

El elfo negó con la cabeza y volvió a sacar la piedrecita mientras se encaminaba a casa. No era de extrañar que alguien como Madeleine le considerara un desequilibrado emocional. Madeleine era todo un misterio para él, siempre tan serena, tan sensata, tan calmada… El elfo se preguntaba cómo podía mostrarse siempre así.

Recordó en ese momento una pregunta suya: ¿Acaso cambia eso algo? ¿Acaso van a cambiar tus sentimientos?

- No. Nada cambia -se respondió. Y esa respuesta sincera suya le reconfortó.
 
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unhearted

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EL NACIMIENTO DE UN HÉROE
O THE CHICKENELF ORIGINS

PRIMERA PARTE

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-¿Otra vez pensando en eso? -preguntó la rana Asterin al elfo, pues compartía parte de sus pensamientos.

Aravae, que descansaba plácidamente tumbado sobre la hierba, con los ojos cerrados, recreando sus sueños de volar con la imaginación, respondió:
- Ya he terminado de copiar el libro para Arellaxerrontoal. Espero que le guste…
- Y esperas que se haga tu amiga y te deje volar sobre tu lomo. La gente no es tan simple, iluso. Y menos un dragón. Quizá piense que eres un interesado y la ofendas.
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El elfo guardó silencio unos instantes y luego dijo:
- Quizá algún día me consiga un grifo entonces.
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- Vi una vez un tipo que montaba uno.
- ¡Jaj! ¡Un grifo! -interrumpió de nuevo Asterin- Son muy costosos de mantener. Apenas si te llega para mantener a Ikwe, y tienes suerte de que el cervatillo coma hierba del suelo. No podrías pagar ni su alimento de tres días, al cuarto se volvería contra ti y te comería.
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- Bueno,… pues un pegaso.
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- ¡Jaj! Los pegasos no existen para que tú los montes.
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El elfo enmudeció de nuevo, la rana parecía tener razón. Se sintió precipitarse al vacío de la resignación. Con una aceleración de 9,81m/s2, aproximadamente.
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- Bueno, tendré que conseguir volar de alguna manera sin necesidad de montura.
La rana miró al elfo cabezón con consternación. Ya se lo había dicho muchas veces pero no conseguía quitarle esa idea de la cabeza.
- Aravae, el conjuro de volar no es precisamente fácil. Y no tienes suficiente potencial mágico.

Hasta Uko creía eso. El elfo meditó en silencio unos instantes. Pero su ánimo no decayó y, al cabo de unos minutos, abrió los ojos exclamando con entusiasmo:
- ¡Ya lo tengo!
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- No puedo aprender ese conjuro, pero con el conjuro menor que aprendí solo necesitaré un poco de ayuda.
- …
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-¡Oh, por favor! -exclamó la rana y recurrió a su recurso de distracción, que funcionaba más para estorbar su volición.- ¡Mira: naranjas!
 

Zoroaster

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¡QUÉ-GRANDE! Lo que me he podido reir, jajajaja, a ver cómo terminan los planes, espero que no en una caída al vacío...
 

unhearted

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THE CHICKENELF: LOS SUPERPODERES
SEGUNDA PARTE


El chickenelf posee varios poderes que pueden serle muy útiles según la ocasión. Pero algunos de estos superpoderes suponen también ciertas desventajas. Sus superpoderes más conocidos son los siguientes:

PODER DE VOLAR A MERCED DEL VIENTO: Superpoder de sobrevolar las cabezas del resto, mecido por la fuerza del viento, con aleatoriedad de dirección y velocidad. Este superpoder surgió de una combinación del hechizo caída de pluma, una brisa bondadosa y una pizca de temeridad.
Debilidades: Entraña ciertos riesgos físicos.
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SUPERPODER DE VISIÓN VERDADERA: VER DESNUDOS
Superpoder de visualizar vívidamente objetivos humanoides sin ropa.
Debilidades: A veces puede generar desagradable sensaciones y sentimientos de repulsión. Los personajes de carisma más 20 son inmunes a este poder. La utilización de este poder con personajes de carisma superior a 20 produce el efecto secundario de bloqueo mental y ceguera psicológica temporal. Ver ejemplo:
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SUPERPODER DE RESALTAR ANTE LOS ENEMIGOS (atributo cláseo de arcanista)
El héroe destaca de forma incomprensible ante los enemigos aumentando la hostilidad hacia él. Esto otorga una ventajosa bonificación defensiva a sus a sus aliados, que pasarán desapercibidos mientras el modo esté activo. También aumenta las posibilidades de golpe crítico a los pícaros combatientes que formen parte del grupo.
Debilidades: Sólo funciona con objetivos hostiles. Aumenta considerablemente el riesgo de muerte terrible y puede generar el desprecio de los aliados si el héroe tiende a morir fácilmente. Si esto sucede, recibe penalizaciones en la reputación.

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Anthala

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Jajajajaja me encantan. Como me rio con las cosas de Aravae :D
 

unhearted

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- Cada vez se acerca más a las murallas de la ciudad maldita por el liche cuando ronda las fronteras del norte poniendo conjuros de alarma. Se ha vuelto temerario al patrullar e incluso se ha enfrentado a algunos enemigos sin tomar precauciones.

Talindra Ádalmir posó las manos sobre la mesa con suavidad, descubriendo su rostro preocupado, y miró a su amiga.

A su vera, otro elfo de pelo cano, envejecido prematuramente, escuchaba de pie, junto a los estantes, con un libro entre las manos. Aunque hacía ver que no prestaba atención.

- ¿Qué podemos hacer? - preguntó la elfa con inquietud.
- Dejádmelo a mi - respondió su amiga de inconfundible voz rugosa mostrando confianza.

La hermosa elfa sintió cierto alivio al oír esa respuesta, a pesar de que quién se lo dijo tenía el aspecto de una rana de charca verdosa, con una taza de té entre las manos.

En ese momento llegó su hijo. Todos guardaron un silencio reflexivo durante unos segundos, aunque él no se dio cuenta. Acudió a dar un beso cariñoso a su madre y luego se acercó a su padre. Posó una mano sobre su hombro y el elfo más anciano le revolvió el cabello como si eso le hiciera feliz de alguna manera.

- Voy a cambiarme de ropa. Ahora vuelvo.

Talindra y la rana intercambiaron entonces una mirada. Se conocían desde hacía ya muchas décadas y había nacido una complicidad entre ellas que hacía que las palabras resultaran innecesarias en ocasiones.

La rana bajó al suelo de un salto y fue tras el elfo.

En su cuarto, Aravae, tras guardar los broches de Tymora y de la Arcanum que llevaba en la solapa, se quitó la sucia armadura que había sido blanca y dejó caer el jubón al suelo. Entonces reparó en la presencia de Asterin en el umbral de la puerta.

- Ven, quiero enseñarte una cosa - dijo la rana.

El elfo se extrañó pero siguió al batracio a través de la cocina y el pequeño trastero hasta el pie de las escaleras de mano que llevaban al desván.

- ¿Quieres subir ahí? - preguntó.
- Sí, súbeme.

El elfo cogió a la rana y, acomodándola sobre su cabeza, empezó a ascender por la destartalada escalerilla. Al llegar a lo alto y alzar la trampilla, la rana saltó al piso con agilidad.

El desván estaba en penumbras, tenuemente iluminado por la luz que entraba por un par de pequeñas ventanas y el leve resplandor que emitía la madera del propio árbol. Al joven elfo ese lugar siempre le había parecido mágico. En lo más alto del hojazul el interior del hogar abandonaba su forma de base circular y el techo se abría en multitud de cavidades allí dónde las ramas se separaban del tronco hueco.

- Cógeme esa caja - pidió la rana Asterin al elfo señalando una caja de madera que había en lo alto de un armario lleno de trastos.

El elfo alzó las cejas sorprendido.

- Nunca me has dejado ver eso.
- Porque es muy caro. -Respondió la rana con suficiencia.- Pero de aquí a una deckhana cumplirás la mayoría de edad. Confío en que no lo dejarás caer…

Aravae miró la caja con curiosidad, la cogió con sumo cuidado y la posó sobre el escritorio que había en la buhardilla, mientras la rana hacía sitio apartando las cosas de alrededor. Luego, el elfo quitó la capa de polvo que se había acumulado encima y la abrió para descubrir con asombro su contenido.

En el interior había una esfera de bronce de unos 20 centímetros de diámetro con dibujos inscritos en todas sus superficies.

- ¡Un sextante de los planos!
- No funciona - se apresuró a aclarar la rana. -Pero aún así, podrás ver uno de cerca.

El elfo asintió emocionado. Que no funcionara no le restó interés. Observó con detenimiento la esfera de metal pulido y se percató de una pequeña ranura que se podía hacer girar.

Aravae consultó a la rana con la mirada.

- Vamos, dale cuerda -le animó esta.



La esfera empezó a abrirse poco a poco, como una flor en primavera, desplegando una serie de aros de metal, multitud de palanquitas de control y una complicada sucesión de engranajes. El complejo mecanismo incluía también numerosas lentes de cristal de varias opacidades y dioptrías, una miríada de botones de confusa utilidad y varias esferas más pequeñas, que parecían réplicas de la principal. Era un dispositivo difícil de comprender, sin instrucciones y de mágico funcionamiento.

El elfo lo miraba maravillado.

-Siempre has querido conocer los planos -dijo la rana. - Investígalos. Ve a esa escuela. Pide la beca… quizá te la concedan. Decías que algún día viajaríamos juntos por otros mundos, bajo otros cielos.
- El mercader mercano de Esmeltaran dice que antes de eso he de conocer los secretos de mi mundo y hacerme rico -contestó el chico sin apartar la mirada del sextante.

La rana rió:
- No es mal consejo.
- ¿Qué es esto?- preguntó el elfo señalando lo que parecía una pequeña lupa.
- Una puerta a otro mundo.

Aravae miró a la rana durante unos segundos y una sonrisa de emoción fue dibujándose en su rostro. Luego volvió a mirar el complicado artefacto con entusiasmo.

Algo semejante a una sonrisa se dibujó también en el rostro del batracio. Al cabo del rato Asterin habló:
- No mueras en el Wéldazh. Has hecho todo lo que has podido. Ya no está en tu mano. Déjaselo a los más grandes.

Asterin se refería a los dendravoz, los héroes, a los grandes guerreros y sabios de su pueblo. Aravae asintió en silencio mientras las varillas del sextante seguían moviéndose y las pequeñas esferas girando en órbita.

- Recuerda dónde naciste.
 
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unhearted

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Volví a Athkatla. Me escapé. Usé el anillo mágico teletransportador que me había dado Líre para las emergencias. Quería saber si Lomir estaba bien, porque lo que Uko me había explicado en su carta me preocupó.
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Me hubiera gustado ver a Lissandra.
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Y pensé en aprovechar para celebrar mi mayoría de edad bebiendo con Anhol. Así que fui a buscarle al Eldat.
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Traté de encontrar también a la dama Céfira para hablar de la petición de la beca de investigación a la Arcanum Scholla.
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Pero no encontré a nadie ni hice nada de eso. Acabé participando en un curioso torneo de criaturas mágicas del que había oído hablar.
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Desde entonces tengo pesadillas.
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Pero la cana no había salido ni de esperar la Savia Sagrada ni por la edad. Fue por culpa de la muñeca Inocencia.
 

Zoroaster

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Maldito Aravae, es la genialidad personificada :D :D :D Como siempre genial el relato, tranqui que dentro de poco verá a Lissandra :p
 

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Como en un apasionado tango, envuelto en repetitiva cadencia, fluyendo sus movimientos en harmonia con los de ella, sintiendo ya el cosquilleo en el estómago de volar por los aires, la miró amoroso y le dio un beso. La escoba no se inmutó porque no tenía sentimientos. Y en ese momento, en el momento más álgido de su íntima y acaramelada relación, despertó de su ensoñación espontánea.

Sintió un terrible dolor en los dedos como si se los hubieran amputado. Pero ella aún seguía allí, fiel, en sus manos. Su escoba.

Había intentado no ensoñarse. No sin despedirse de Lyriel y su maestro. Pero no lo había podido evitar.

Demasiadas emociones juntas tras demasiado tiempo de patrullas en soledad por las agrestes fronteras del norte del Wéldazh; la preocupación por la noticia del paradero de Arabela y la funesta amenaza que se cernía sobre la gente que apreciaba del círculo; el Lobo, lady Astraia, su amigo Anhol… Tenía que ver a Anhol. La desagradable sensación de equivocarse continuamente y hacerlo todo mal por mucho que se esforzara intentando ayudar, tras la charla con la etrielle y la dendravoz Líre. El temor cuando decidió volver a espiar al cochero fantasma a los pies de las murallas del Caravasar. La adrenalina de escapar de una furiosa manada de sátiros. El reencuentro con su amigo Uko, y con Lyriel. El malestar al escuchar la terrible historia de sangre y visceras de su maestro...

Pero lo que realmente desencadenó la ensoñación fue la emoción de recibir el regalo. Cuando pudo empezar a mover los dedos, que se le habían quedado dolorosamente agarrotados del tiempo que había aferrado la escoba ausente y ensoñado, miró ese presente aún con más ilusión.

Se había olvidado de preguntarle a Uko cuanto podría volar sin descansar. Pero confiaba en poder llegar a la capital sobre ella. Tenía que salvar a Anhol. Entonó unos versos para darse valor.

Cuando las nubes oculten el sol,
y el camino derrote a tus pies,
cuando el fragor de la lucha escuchéis,
o si ves al amigo caer...


[BBvideo 425,50:7bbvksi7]

Luego, sin demorarse más, se fue a buscar el elixir que había robado a las hadas y que servía para dormir gente. Y a pedir prestado un arnés, un casco y unos mitones, como le había prometido a Uko, para partir de viaje.
 
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unhearted

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El sonido de la lluvia al caer sonaba triste en los Páramos. El cielo estaba encapotado y el bosque permanecía en penumbras.

Aguardaba de pie sobre una rama, oculto entre las hojas del árbol, lo suficientemente lejos del Bastión como para ver sus murallas, pero con la esperanza de no ser visto. Esperaba… algo. Una señal divina o el momento adecuado. Y mientras esperaba se le ocurrían infinidad de planes de rescate; desde secuestrar a la cabra de la Legión para intercambiar rehenes, hasta pactar con un dragón en un duelo de acertijos para obtener su ayuda o ir a buscar al presunto falso rey por el que estaban asesinando inocentes. La mayoría eran disparatados, ninguno bueno.

- Si supiera dónde pretenden condenarlos y cúando…
- ¿Qué? -dijo Asterin asomando - No puedes hacer nada. Has intentado ayudar a Tremain y menuda chapuza ha salido.
- Por esas humanas entrometidas - replicó enfadado.- Humanos entrometidos… pero cuando tienen miedo se vuelven ciegos aunque estén cometiendo la mayor injusticia ante de sus ojos.
- Una era mediana -dijo Austerin, aunque esta vez no pretendía fastidiar.
- Bueh… medianas… Portadoras de la calamidad.

El elfo, que seguía traumado con su experiencia con las medianas, volvió a mirar el Bastión, ansiando encontrar una ventana abierta, un boquete en la piedra… cualquier cosa.
- Si tratan de ejecutarlo al aire libre usaré la escoba. Me acercaré invisible hasta ellos y me lo llevaré volando. Está comprobado que aguanta mucho peso.
- ¿Pero si es más de uno? -preguntó la rana, aunque tampoco pretendía ser bicho de mal agüero esta vez. - ¿A quién vas a escoger, eh? Siempre dices que hay que salvar a las damas primero.
- Voy a ir a la Arcanum y compraré pergaminos de convocar criaturas, unas águilas voladoras para llevármelos a todos. -improvisó- Y un conjuro de invisibilidad mejorada en grupo.
- No vas a poder hacer frente a esos encapuchados… - susurró el batracio con tristeza.
- No se esperan que les plante cara. Y tengo un cargamento de bombas de humo. Voy a comprar también fuegos de artificios de los que usa Lomir. Cuento con el factor sorpresa.
- Los elfos que mueren en desgracia no van al Arvandor…

El elfo miró a la rana.
- Reithar también murió en desgracia por lo que creía. Es lo mismo. Es lo mismo luchar contra un mal aunque sea un mal enmascarado, sutil y helado que la gente no ve.

Un atisbo de temor asomó en los ojos de la rana que ya no sabía cómo controlar al joven elfo. Aravae se dio cuenta de su miedo y le sonrió levemente, tranquilizador, diciendo:

- Le pediré a Liss si puedes quedarte con ella unos días. Cuidará de ti, estoy seguro.
- Quién desea estar a la vera de esa elfa más que nada en el mundo eres tú, no yo -respondió la rana con sequedad.

Aravae permaneció en silencio unos segundos pensativo. No lo atraparían con vida, porqué sabía como robarían sus recuerdos y inculparían a las personas que amaba. No lo harían.

Miró por última vez la silueta de las murallas del Bastión en la lejanía y dijo con rabia:
- Si fuera poderoso... si fuera un dragón como Arella les achicharraría... por traidores. Ellos sí son traidores. Arabella cocinaba para ellos. Hacía peladillas...

Se colocó su casco de Rocketter, porque eso le hacía sentirse más valiente, tomó su preciada escoba y se dejó caer al suelo con suavidad, usando un conjuro de Caída de Pluma. Y, a través de la hierba mojada, y el suelo encharcado, encaminó sus pasos hacia la tienda de la Arcanum Scholla para pertrecharse bien.
 

unhearted

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[BBvideo 425,350:32g9z1e6]


Gran cielo. El cielo era inmenso sobre él. Esa tierra muy pequeña.

Empezaba a comprender porqué en Amn, la tierra de las oportunidades, decían que todo tiene un precio. Sin darte cuenta, podía comprar fácilmente tu integridad y despojarte de ella.

Al alejarse de las altas murallas del Bastión de la Legión varios pájaros alzaron el vuelo por encima de las copas de los árboles. Le pareció que el bosque mostraba un aspecto sombrío ahora que no estaban los druidas.

- No somos esto –le había dicho la compradora de hierbas del gremio señalando su frente. Luego le había acariciado con suavidad la mejilla y se había marchado. Se había sentido desconcertado, aunque empezaba a acostumbrarse a esas muestras de cariño maternales que mostraban hacia él incluso las desconocidas. Le inquietó bastante llevar colgado en su frente un cartel que pusiera: pardillo.

La mujer no se había quedado a escuchar su respuesta:
- No somos eso, pero a veces es necesario usarlo para continuar siendo lo que somos o debemos ser.

Debía mostrarse audaz, ahora lo sabía. Había sido demasiado ingenuo y no podía cometer errores en esto. No era un elfo tonto y, aunque había tenido muy poco tiempo de conocer la naturaleza humana, tenía que empezar a moverse con sus reglas en su territorio.

Siempre había querido ser como su madre que, en sus tiempos de juventud, en un reino muy lejano había formado parte en secreto de las filas de los arpistas. Sería como ella, al menos una vez, desconfiado y despierto. Utilizaría su ingenio. Así podría salvar a Anhol.

Se sentía un poco satisfecho consigo mismo, porqué las puertas del Bastión se habían abierto fácilmente, de acuerdo a su propósito; examinar el lugar de dónde Anhol estaba preso. Con apenas dos frases de respuesta de los responsables de la Arcanum Scholla, gracias al convenio de colaboración entre ambas instituciones, le habían dejado entrar.

Mientras se dirigía de vuelta a la posada, Aravae pensó en el amable centurión que le había mostrado las instalaciones. Estaba convencido de que podrían haber sido buenos compañeros si las cosas hubieran sido diferentes, tiempo atrás, cuando aún no había aprendido que es difícil defender grandes ideales bajo la sombra de una bandera. El mundo se le mostraba ahora más complejo, sutil y veleidoso. Debía proceder con cautela, pues quizá era cierto que a veces es preciso mentir y engañar por esos mismos ideales.

Cuando llegó a la Luz del Alandor, el elfo preguntó por Liss al posadero. Kalm le respondió que no estaba allí y por un momento sintió vacilar su ánimo. Pero otra parte de él, más generosa, dio gracias a los Seldarine porque no se inmiscuyera en eso y porque ella no hubiera podido corresponder su amor.
 
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unhearted

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En lo alto de una rama…
de un bosquecillo cercano a la capital, pero que no es el Eldat porque la arboleda de los Páramos lo había inundado, un elfo de bosque se acomodaba para ensoñar.

Este elfo guardó sus cosas en un hueco seco del tronco del árbol que había sido hogar de ardillas antaño y buscó la rama más ancha para no caer mientras descansaba. Nadie sabía que el elfo había convertido ese árbol en un polvorín ya que entre las pertenencias que había ocultado dentro del tronco habían grandes cantidades de fuego de alquimista, maraña, frascos de ácido concentrado, piedras de trueno, abrojos… y más de una docena de palomas mágicas suicidas en una bolsa de contención mágica.

El elfo se acomodó y pensó en los sucesos de las últimas horas.
La entrevista con el centurión Drasus no había dado tan buenos frutos como esperaba. Aunque se hubiera rapado el pelo y se hubiera puesto un tatuaje de amor de madre por su amigo Anhol, de momento no sería necesario. No le llamarían a filas hasta que decidieran partir a luchar contra el ejército de no muertos del liche. Ningún alumno de la Arcanum se había presentado antes que él en la Legión a razón del convenio y le dijeron que no estaban preparados para dar instrucción a un arcano que quisiera convertirse en mago de guerra.

Le hicieron preguntas. Algunas comprometidas sobre los "bastardos traidores" y el "usurpador", con bastante suspicacia. Pero no tenían suficientes razones para sospechar y él respondió a todas esas preguntas con la parte de verdad que guiaba su comportamiento y le infundía coraje. Les dijo que nunca daría apoyo a un rey que se esconde mientras asesinan a gente por su causa y que prefería estar allí y no luchando entre las filas de los elfos del Suldanesellar por amor a una chica que trabajaba en Athkatla. Parecieron contentarse con esto.

Cuando salió del Bastión había tomado una decisión. Aunque no le llamarían pronto, podría acercarse sin levantar sospechas. Había visto las instalaciones y podía hacerse una idea de dónde escondían a los druidas presos. Pero necesitaba fuego de alquimista o algo parecido para derretir los barrotes de una celda o derruir un muro.

Volvió a Athkatla porqué tenía que dejar a Asterin a cargo de alguien para garantizar su seguridad. Había hecho la promesa de que la mantendría a salvo, pues era su guardián y custodio. Debía buscarle un lugar seguro durante unos días al menos y sabía quién era la persona más adecuada para cuidarla.

Lhyta accedió, aunque no tenía experiencia cuidando ranas. Le prometió a Aravae que no juntaría a Asterin con ningún kobold ni le haría pasar mucho calor. Pero cuando Lhyta preguntó al elfo qué pensaba hacer y él le explicó que iba a ingresar en la Legión, ella le contó cómo habían trasladado a Anhol hasta el edificio de la guardia en la ciudad. Aravae se sintió algo contrariado, pues habían desbaratado sus planes, pero no iba echarse atrás.

Escuchó con preocupación como ella también había tomado sus riesgos y había conseguido hablar con Anhol, que creía que lo dejarían libre en unos días. Aunque esa era una buena noticia que ambos querían creer, Lhyta no estaba tan segura de ello. Así que el elfo pidió referencias y decidió buscar en los barrios bajos el vendedor que le ayudaría a acabar de pertrecharse.

Le costó muchísimo separarse de Asterin, aunque sabía que la dejaba en buenas manos, pues prácticamente toda su vida la había pasado junto a ella. Sus pensamientos siempre habían estado al alcance de su amiga, que siempre que lo había necesitado le había regalado un comentario sereno, unas palabras sabias o de consuelo. Nunca había estado solo realmente. Y al alejarse de ella y diluirse el vínculo sintió, por primera vez, el peso de la soledad a la que no estaba acostumbrado.

Compró tantos explosivos y materiales de contrabando en aquellas callejuelas de los barrios bajos, que cuando salió de la ciudad parecía haber engordado varias libras bajo la capa con bolsillos dónde los escondía.

Consideró que debía esperar unos días a ver qué sucedía, por si Anhol estaba en lo cierto. Y cómo era de naturaleza cándida, a pesar de que se había convertido en un elfo bomba ambulante, creyó honrado saldar la deudas con aquella que le había prestado tanto dinero para los explosivos sin saberlo. Se dirigió a un bosquecillo cercano a la capital para recoger las brisas que le debía en contraprestación.

La pesadumbre y la desesperanza inundaban el corazón del elfo, cuando por una de esas casualidades milagrosas que los Seldarine otorgan, se encontró con Lyriel que paseaba por el bosque alegremente con una amiga suya que había conocido años atrás.

En lo alto de una rama…
de un bosquecillo cercano a la capital, pero que no es el Eldat porque la arboleda de los Páramos lo había inundado, un elfo de bosque que se acomoda para ensoñar murmuraba:

- Su amiga ha contado chistes y hemos reído mucho. Yo les he cantado la canción del Regresa a casa, que últimamente siempre me viene a la cabeza. Lyriel me ha regalado unas flores. Es fácil recordar porqué me enamoré de ella la primera vez; siempre tan alegre y tan divertida… con lo difícil que es. Es fácil enamorarse… He sido un poco egoísta y le he pedido que venga a ensoñar aquí a mi vera… porque no quiero estar solo.

Estaba tan cansado que no recordaba que no estaba Asterin a su lado para escucharle. Pero no tardó en quedarse ensoñado.
 

unhearted

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Esa noche el elfo se ensoñó. Pero fue la última ensoñación en muchos días. Luego la ausencia de Asterin empezó a afectarle de un modo que no había imaginado.

Como sucede con los ancianos que pierden a su conyugue tras una vida entera compartida de relación inseparable, el elfo empezó a hablar como si ella continuara allí a su vera. Y cómo el anciano viudo que guarda el hueco en el sillón de su amada ya difunta y aún le pide consejo, así Aravae continuó guardando hueco en el árbol a su lado, visualizándola allá junto a él y hablándole como si allí estuviera.

No era senilidad, sino los efectos de casi un centenar de años juntos compartiendo sentimientos, emociones y vivencias. Y a pesar de que el elfo no era consciente de su locura (las personas normales no hablan con una rana ausente), esos días fueron seguramente los que, sin saberlo, más honró a su deidad, Erevan, el loco y el truhán.

Aravae continuó rondando el edificio de la guardia de Athkatla y valorando todas las posibilidades de rescate de Anhol. Y cuando no patrullaba perfeccionando su plan, se acercaba a un pequeño bosquecillo al sur de la ciudad para darse paz. Pero no lograba descansar. Y a medida que se sucedían los días sin ensoñar, los síntomas de locura empeoraron y empezó a percibir la imagen de Asterin en las sombras de las rocas, a verla en los perfiles que dibujaban las nubes y creía oír su particular voz rugosa en los susurros del viento de tramontana.

Veía Asterines por todas partes.​
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No sólo echaba de menos a Asterin; su corazón suspiraba por ver a Lissandra. Y aunque el mismo día que ideó su plan de rescate, el elfo se prometió no volverla a ver para no involucrarla en sus proyectos terroristas, después de varios días sin ensoñar su voluntad empezó a ceder inconscientemente a la flaqueza de sus deseos.

Independientemente de sus benévolas intenciones de mantenerla al margen y alejada de su persona, su cerebro, falto de descanso y ensoñación, empezó a trabajar por su cuenta, buscando excusas para encontrarse de nuevo con ella. No volver a verla y no poder viajar con ella para ayudarla a recobrar su pasado era uno de los temores que más le angustiaban cuando se planteaba el valiente intento de rescatar a su amigo.

En esas circunstancias, con el cerebro fundido, su ingenio apuntó al quor, la comunión entre los elfos cuando confían plenamente entre ellos. Y creyó que si Lissandra llevaba a cabo la comunión mental con Lomir, quizá este podría desenterrar alguno de sus recuerdos olvidados. Aravae se había descartado en cuanto concibió la idea, pues no iba a dejar que ella hurgara en su mente y viera la preciada colección de escenas que había ido recopilando en su memoria sin pedirle derechos de imagen. Su cerebro parecía las paredes de la habitación de un adolescente empapeladas con las fotos del amor platónico idolatrado y sentía horror de solo pensar en el rechazo si ella lo descubría.

Tras una ronda de investigación infructuosa por las calles de la zona oriental de la capital, el elfo se alejó a los llanos. Y fue en ese estado de locura tan peculiar en el que encontró a Lomir, apodado el Loco por algunos, y también a Liss.

Aravae les comentó que quería hablar con ellos, con la intención de exponerles su idea. Pero le costó concentrarse en la conversación y tenía más dificultades de lo habitual para seguir las bromas de Lomir.

Oyó que una gnoma en el campamento, cerca de ellos, decía sentirse sola por no estar con sus amigos. Al oír esto se sintió terriblemente identificado con ella que tampoco podía contar con una Asterin. Aunque gnoma o hin eran siempre, según él, portadoras de augurios, malos o buenos, y el anuncio de que algo importante o una calamidad iba a acontecer, sintió empatía por ella. También la oyó hablar de una rana.

No pudo resistirse y Aravae se acercó a la gnoma, que parecía ser inventora. Por decirle algo, el elfo le pidió explosivos, que podían serle de utilidad. Ella se negó en banda y le recordó aún más a Asterin; siempre tan decidida y que no vacilaba ni un ápice a la hora de regalar rotundas negativas ignorando por completo los deseos del elfo.

Aravae volvió junto a sus amigos y se quitó la capucha, mostrando su rostro ojeroso, cuando se dio cuenta de que no estaba siendo cortés. Trató de redimirse dándole bayas dulces a Lissandra y ella salió apresurada hacia la posada recordando algo. Le había hecho un pastel. El caos mental del elfo se amplificó y creyó sentir una sinfonía triunfal en su momento más álgido dentro de su cabeza.

Cuando Sam, el marido de Lhyta, apareció por los llanos, con su barba y porte elegante, y Aravae pensó que Asterin estaba cerca de él, una envidia maleja e insana que jamás antes había experimentado, empezó a corroerle al elfo por dentro. La gnoma volvió a hablar de una rana y, en su cerebro, como mecanismo autoprotector, empezó a dotarla de la apariencia de su amiga ausente.

En el momento en que Liss le entregó el pastel, Aravae recordó que aún no había celebrado la mayoría de edad con sus amigos. Y, a pesar de todo… a pesar de los tremendos huecos de aquellos que faltaban, creyó oportuno compartir el pastel y la inesperada alegría que sentía de nuevo a causa de esa muestra de afecto.

Aprovechó para invitar también a la gnoma. Y, cuando lo hizo, la visualizó ya con cara de sapo y agraciada con un bonito color verde.

Así vió Aravae a los amigos con los que compartió el pastel en el bosquecillo al sur de Athkatla.​
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Lo siguiente lo vivió como si se hubiera comido una ración de setas alucinógenas y se encontrara en medio de extraño paisaje onírico. Todo alrededor parecía salido de un sueño extraño; Liss con su preciosa sonrisa como insignia de su propia alegría, herejías a la tradición élfica, una encapuchada saludando amnericano, el culillo de un enclenque escarabajo gigante, el curioso olor indescriptible de un pastel intragable al principio y delicioso al final, el Lomirín asomando como un desviacionista por un lado del taparrabos, la misteriosa prótesis del brazo del sucedáneo de Asterin que su mente visualizaba, la pelirroja Greta tratando de poner orden para que se procediera a la repartición del pastel y la feliz aparición de Uko.

Lo último que podría recordar después con nitidez sería el momento en que Asterin se acercó al río para lavar el plato y él le preguntó, con cariño:
- ¿Quieres remojarte?

Luego, por fin, pudo ensoñar.
 

gineu

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jajajajajajajaja la gnoma rana con el brazo metralleta jajajajajaja _risa2 _risa2 _risa2 _risa2 _risa2 _risa2 buenisimo JAJAJAJAJAJA

Y un genial relato a la par que divertido!!!! ;)
 

unhearted

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Gracias, Guineu!


Esperaba a Lissandra en el campamento de los llanos. Sólo estaban allí los aventureros de costumbre y Devlyn el comerciante, con quién nunca había tenido el gusto de conversar.

Mientras aguardaba, se acercó a curiosear en sus mercancías, aunque pocas veces el elfo se entretenía a mirar las tiendas porque apenas tenía dinero que gastar. Compró un par de vendas, que podían ser de utilidad y le preguntó al comerciante si no se aburría estando allí en esos momentos en que no se acercan clientes. Devlyn respondió que aprovechaba el tiempo haciendo cuentas y leyendo, y el elfo, que era amante de los libros, continuó entonces hablando, como si le hubieran dado cuerda.

-¿ Qué tipo de libros le gustan?

El comerciante confesó que le gustaban los libros de historia, y cuando le preguntó si él compartía el gusto seguramente no esperaba que el elfo se extendiera tanto en su negativa, con palabras que ni siquiera era consciente de que no eran propias:

- La historia no es más que un cuadro de crímenes y desdichas. La multitud de hombres inocentes y pacíficos siempre desaparece en esos bastos escenarios. Los personajes no son más que ambiciosos y perversos. Parece que la historia sólo gusta como gusta la tragedia, que decae si no está animada por las pasiones, las fechorías y los grandes infortunios.
- ¿Entonces prefiere la ficción?

Aravae asintió.
- O la historia que se haya oculta. - respondió, aunque debería haber hablado de historias en plural. Pero no le dio tiempo de más explicaciones porque entonces apareció Liss.

Ella quería que fueran de viaje y le dijo que sería una especie de regalo de cumpleaños. Viajar con ella era de las cosas que más deseaba. Y aunque el elfo no se sintiera en su mejor momento pronto aceptó la propuesta y partieron hacia Purskul.

Allí se sintió en la obligación de aceptar sus presentes, un anillo y una capucha, que guardaba aún el olor de ella y que pasaría a suplantar a Almohadilla la valiente.

- Porque huele a ti. - Dijo Aravae y ella cambió bruscamente de tema.
- ¿Te gusta el pescado?

Aravae se desconcertó. Le costaba mantener el hilo de las conversaciones porque la sola presencia de ella aceleraba frenéticamente el ritmo de los latidos del corazón y la visión de su bella imagen le nublaba la razón. No sabría decir con seguridad como fue el derrotero de la conversación hasta llegar al momento en que ella le preguntó:

- ¿Es por Anhol, verdad?

Aravae se sintió turbado, pues le incomodaba que leyeran tan fácilmente en su corazón, y que ella adivinara lo que pasaba por su cabeza.

- Piensa en los que aún seguimos aquí. Piensa también en Lhyta, en Madeleine, en Lomir… -le había dicho.

Y el elfo pensó y pensó. Sabía que aunque disfrutara a su vera, aunque fuera increíblemente feliz con ella, esa punzada de tristeza seguiría ahí si no era honesto consigo mismo. Antes de encaminar sus pasos hacia el sur, escribiría tan solo dos misivas.

Una fue enviada a Aguas profundas, al hogar de una familia que jamás había visitado.

Querido Uko,
Espero que no te enfades por esta decisión. Pero he hecho como aquella vez me dijiste. He puesto la mano sobre mi pecho y esta es la respuesta que he obtenido. He de seguir los designios de mi corazón y alejarme de esta tierra que mancilla mi alma con ira y rencor. Iré hacia al sur. Hay nuevas aventuras aguardando y empezaré mi investigación sobre los planos. Quizá algún día viaje a Aguas Profundas y puedas presentarme a Lynn.
Puedo devolverte mi regalo , si estás molesto.
Eres un buen amigo y mi mejor maestro. Siempre tendrás mi gratitud.
Aravae


La siguiente era para Lissandra.

Querida Liss,
Me ha resultado muy duro tomar esta decisión, por todo lo que me veo obligado a renunciar. Pero lo hago consciente de lo que me dijiste y creo que esta es la manera de causaros menos daño. Si me quedo en la capital terminaré lanzándome de cabeza contra las murallas del consejo con todos los explosivos que compré. Pero sólo serviría para que ellos escriban el final de mi historia a su antojo y no es eso lo que quiero.
No quiero que esto te ponga triste. No te imaginas lo importante que eres para mí. Y si hiciera caso a mis deseos te escribiría una carta cada día, o te secuestraría para que te vinieras conmigo. Y si me voy seguiré vivo y puedo venir a verte siempre que quieras, si tu quieres...
Ojalá tuviera algún presente digno que regalarte. No es así y ni si quiera me salen buenos versos ahora, pero es lo único que tengo.

Entre el deber y el deseo
mi corazón torturado,
ahora ha de escoger alejarse
de lo que más ha deseado.
Por ti, y por nosotros,
por el mal menor.
Porqué no puedo cerrar mis ojos
como si nada hubiera pasado.
Mi voz no puede hablar en falso,
ni sentir alegría a expensas del olvido.
Capaz no soy de empuñar la ira
contra la impunidad y la injusticia,
ni quiero llevar a mi espalda la pena
de ser cómplice silencioso.
En mi amor hacia ti
no había agravio,
Liss,
aunque temieras aceptarlo.
Ahora he de partir,
por ti y por mí,
y por el mal menor.

Te estaré pensando,
Aravae



FIN​
 

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