Durante las noches que siguieron a la reunión en el ayuntamiento, el soldado Matt Hauton se retiraba a un rincón del campamento, donde pasaba largas horas meditando en silencio. Lejos de simplemente reflexionar, dedicaba ese tiempo a aprender a manejar aquella energía que fluía en su interior, una fuerza que apenas comenzaba a comprender. Aunque no era el más disciplinado, este esfuerzo se entrelazaba con un entrenamiento arduo que realizaba a regañadientes, consciente de que las circunstancias no le dejaban otra opción.
Quienes compartían el campamento con él notaban un cambio en su actitud: una determinación silenciosa y poco usual en alguien como él. Matt no era de los que buscaban el peligro, pero entendía que alguien debía enfrentarlo. Por eso, cuando escuchó sobre la decisión de Alice Valdor de formar parte del grupo de la discordia, no pudo evitar sentir admiración y el deber de acompañarla. Sabía que no era el más fuerte ni el más hábil, pero estaba dispuesto a caminar ese sendero junto a ella, dispuesto a usar todo lo que había aprendido para estar a la altura. Al fin y al cabo, alguien debía asumir la carga junto a ella.