farraces
Bug de oscuridad
- Registrado
- 19/9/06
- Mensajes
- 591
Aún me tiemblan las manos mientras sostengo la pluma, y no es por el frío de los humedales, sino por el alivio de sentir el tacto real del pergamino bajo mis dedos. Gracias a Ilmater, el Dios Roto, por permitirme estar aquí una noche más, bajo el techo seguro del Hospicio.
EL día comenzó con la rutina del deber. Acompañamos al mediano Balus a las vetas de los humedales en busca de oro. Tras cumplir con su parte, él regresó a la ciudad, pero nosotros seguimos adelante.
La mediana Miria Largasiesta buscaba un árbol de tronco grueso, un propósito sencillo que pronto se transformó en una pesadilla tejida por esa maldita niebla que todo lo rodea.
Iban con nosotros los señores Kharram Crestarroca y Eddie. Los humedales siempre son traicioneros, pero ayer estaban especialmente feroces. Sufrimos emboscadas terribles de bandidos y orcos que nos llevaron al límite. Hubo bajas, la sangre tiñó el barro, pero como Obispo de Ilmater, mi juramento es claro, no dejar que el sufrimiento se lleve a los míos. Con el favor divino, logré traer de vuelta a aquellos que la muerte ya reclamaba.
Pero lo peor no fue el acero de los orcos. Fue la niebla.
De repente, el aire se volvió denso. Vimos unos espantapájaros, parecían simples trastos de paja, quizás algo dejado por los orcos, pero sus ojos... sus ojos nos seguían. Sentí un escalofrío que no era natural. Cuando la oscuridad se hizo total, uno de ellos saltó sobre nosotros con una fuerza que no pertenecía a este mundo. El acero de mis compañeros no le hacía nada, era como golpear el viento. Tuve que alzar mi voz y pedir ayuda al Dios Roto. Solo el fuego divino, la magia sagrada, logró quebrar a la criatura y dispersar la negrura por un momento.
Pero no despertamos en el bosque. Al irse la oscuridad, estábamos en un laberinto de setos altos. Sabíamos que era una ilusión de la niebla, un truco mental, pero los sentidos no mienten tan fácil cuando el miedo aprieta.
Allí apareció un jardinero sombrío que nos condenaba al fracaso, asegurando que Miria jamás nos sacaría de allí. Luego, la niebla golpeó donde más me duele, mi labor en el hospicio. Un niño apareció de la nada, acusándome con voz quebrada de haberlo abandonado, preguntándome si era malo por haberlo dejado solo. Sentí un puñal en el pecho, sé que son visiones, pero la duda es el arma favorita del mal.
Intenté mantener la calma para que Miria pudiera rastrear una salida, pero la niebla no tenía piedad. Usó la voz de su prometido, pidiendo ayuda a gritos. La pobre mediana casi pierde el juicio corriendo tras un fantasma. Tuvimos que contenerla, recordarle que nada de lo que oía era real.
Incluso intentaron pararnos con un muro de fuego mágico. Convencido de que era otra mentira, di un paso al frente y lo atravesé. Por un instante, el horror fue absoluto, sentí cómo mi túnica ardía, cómo el fuego me devoraba la piel. Me tiré al suelo gritando, desesperado, mientras mis compañeros miraban horrorizados sin poder cruzar. Y de repente... nada. La ropa estaba intacta. El dolor era una sombra. Otra mentira más.
Al final, intentaron seducirnos con el descanso. Encontramos un campamento de enanos ofreciendo cerveza y comida. Kharram, por su sangre, estuvo a punto de caer. Tuve que gritar hasta desgarrarme la garganta para que no probaran nada. La niebla quería que nos quedáramos allí para siempre, alimentando nuestras debilidades.
En el último tramo, el jardinero volvió a aparecer. Nos ofreció todo lo que siempre habíamos deseado. Bienestar, paz, una vida sin dolor. Fue una lucha mental agotadora, pero mi fe en Ilmater es más fuerte que sus promesas vacías. Ya conozco a la niebla, sé cómo muerde el alma. No nos rendimos.
Un rayo de luz cegador cayó del cielo y todo se volvió negro.
Desperté aquí, en mi cama del hospicio. Una de las hermanas de San Annur me explicó que unos aventureros nos encontraron inconscientes en el barro y nos trajeron de vuelta. Al verla, al sentir el abrazo de una hermana real y no un susurro de la niebla, no pude evitar llorar de gratitud.
Estamos vivos. Pero la niebla sigue ahí fuera, esperando a que bajemos la guardia. Ilmater nos proteja, porque la batalla por nuestra cordura no ha acabado.
EL día comenzó con la rutina del deber. Acompañamos al mediano Balus a las vetas de los humedales en busca de oro. Tras cumplir con su parte, él regresó a la ciudad, pero nosotros seguimos adelante.
La mediana Miria Largasiesta buscaba un árbol de tronco grueso, un propósito sencillo que pronto se transformó en una pesadilla tejida por esa maldita niebla que todo lo rodea.
Iban con nosotros los señores Kharram Crestarroca y Eddie. Los humedales siempre son traicioneros, pero ayer estaban especialmente feroces. Sufrimos emboscadas terribles de bandidos y orcos que nos llevaron al límite. Hubo bajas, la sangre tiñó el barro, pero como Obispo de Ilmater, mi juramento es claro, no dejar que el sufrimiento se lleve a los míos. Con el favor divino, logré traer de vuelta a aquellos que la muerte ya reclamaba.
Pero lo peor no fue el acero de los orcos. Fue la niebla.
De repente, el aire se volvió denso. Vimos unos espantapájaros, parecían simples trastos de paja, quizás algo dejado por los orcos, pero sus ojos... sus ojos nos seguían. Sentí un escalofrío que no era natural. Cuando la oscuridad se hizo total, uno de ellos saltó sobre nosotros con una fuerza que no pertenecía a este mundo. El acero de mis compañeros no le hacía nada, era como golpear el viento. Tuve que alzar mi voz y pedir ayuda al Dios Roto. Solo el fuego divino, la magia sagrada, logró quebrar a la criatura y dispersar la negrura por un momento.
Pero no despertamos en el bosque. Al irse la oscuridad, estábamos en un laberinto de setos altos. Sabíamos que era una ilusión de la niebla, un truco mental, pero los sentidos no mienten tan fácil cuando el miedo aprieta.
Allí apareció un jardinero sombrío que nos condenaba al fracaso, asegurando que Miria jamás nos sacaría de allí. Luego, la niebla golpeó donde más me duele, mi labor en el hospicio. Un niño apareció de la nada, acusándome con voz quebrada de haberlo abandonado, preguntándome si era malo por haberlo dejado solo. Sentí un puñal en el pecho, sé que son visiones, pero la duda es el arma favorita del mal.
Intenté mantener la calma para que Miria pudiera rastrear una salida, pero la niebla no tenía piedad. Usó la voz de su prometido, pidiendo ayuda a gritos. La pobre mediana casi pierde el juicio corriendo tras un fantasma. Tuvimos que contenerla, recordarle que nada de lo que oía era real.
Incluso intentaron pararnos con un muro de fuego mágico. Convencido de que era otra mentira, di un paso al frente y lo atravesé. Por un instante, el horror fue absoluto, sentí cómo mi túnica ardía, cómo el fuego me devoraba la piel. Me tiré al suelo gritando, desesperado, mientras mis compañeros miraban horrorizados sin poder cruzar. Y de repente... nada. La ropa estaba intacta. El dolor era una sombra. Otra mentira más.
Al final, intentaron seducirnos con el descanso. Encontramos un campamento de enanos ofreciendo cerveza y comida. Kharram, por su sangre, estuvo a punto de caer. Tuve que gritar hasta desgarrarme la garganta para que no probaran nada. La niebla quería que nos quedáramos allí para siempre, alimentando nuestras debilidades.
En el último tramo, el jardinero volvió a aparecer. Nos ofreció todo lo que siempre habíamos deseado. Bienestar, paz, una vida sin dolor. Fue una lucha mental agotadora, pero mi fe en Ilmater es más fuerte que sus promesas vacías. Ya conozco a la niebla, sé cómo muerde el alma. No nos rendimos.
Un rayo de luz cegador cayó del cielo y todo se volvió negro.
Desperté aquí, en mi cama del hospicio. Una de las hermanas de San Annur me explicó que unos aventureros nos encontraron inconscientes en el barro y nos trajeron de vuelta. Al verla, al sentir el abrazo de una hermana real y no un susurro de la niebla, no pude evitar llorar de gratitud.
Estamos vivos. Pero la niebla sigue ahí fuera, esperando a que bajemos la guardia. Ilmater nos proteja, porque la batalla por nuestra cordura no ha acabado.
Offtopic :
Grande @DM Khaof estuvo genial, muchas gracias


























