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[El Retorno de los Dragones - Rumor] - El Tributo.

Imperator Furiosa

La más cara de las máscaras de Máscara
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Un recadero, aún imberbe, irrumpió en la tienda de campaña que la Casa Gáldrim había levantado dentro de las murallas de la ciudad de Imnescar para dar cobijo a su intendencia.

Sentada sobre una incómoda silla de madera, con los pies sobre una mesa repleta de mapas, informes y cigarros a medio consumir, Talivia Ha'valen dormitaba al tórrido mediodía todo lo que nunca lograba descansar de noche. Era una simple mortal, con dos ojos al frente, incapaces de abarcar toda la locura desatada a su alrededor. Por eso miraba hacia Murann y por eso no pudo ver al muchacho que, medroso de llevarse una mala contestación, se aproximaba a ella por la espalda, carraspeando para anunciarse.

Talivia no lo vio, pero sí lo escuchó. Puede que sólo tuviera dos ojos, pero tal vez, también, oídos en todas partes.

Tras recuperar de la mesa un danter enterrado entre informes, estiró el brazo hacia atrás e intercambió la moneda por la carta que el mensajero sostenía en su mano derecha. Luego lo despachó con un gesto.

Rasgó el sobre con la calma fatídica de quién lleva décadas sufriendo por un país tendente a lavar sus heridas con sal y vinagre. Noticias de la capital. El despacho llegaba con varios días de demora. Para cuando ya no quedaran más que ceniza y cascotes en Athkatla, el Templo de Selûne volvió a desmoronarse en la cabeza de Talivia.

"La guerra nunca cambia", pensó. "Pero cambia a las personas".

 
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_Miau_The_Return_

El que aplaude en los discursos Zhent
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Oir aquel rumor a voces, a las puertas de la defensa de Imnescar ante Murann, pesó como una enorme losa ante la Sacerdotisa.

- No es simplemente por ese acto descabellado, de la supuesta "Protectora de Amn", atacando un lugar de aquella ciudad que había dicho proteger. Sino, otra vez, por la inútil y estéril destrucción de algo sublime y bello.-

Sabía, escuchando el continuo palpitar de su corazón, que aquello traería consecuencias. Graves consecuencias.

- Ahora nuestro lugar está aquí, pero volveremos a Athkatla, y esa Dragona se enterará de lo que es el Poder del Amor.-
 

Zio

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Las noticias llegaron a él tan rapido como el tronar de la tormenta.

Iryklathagra había quebrado el Velo Crepuscular.

La autoproclamada Reina de Amn, aquella que había jurado proteger a la región de fuerzas externas a cambio de tributo había atacado a una de las fés que tenían fuerza y presencia no solo en Athlaka, también en la propia Amn debido a... ¿La victoria del Norte sobre las huestes de la dragona negra?

Aquella noticia le vino como un jarro de agua fría por varios motivos.

Primero:
El Capitulo de la Rosa, si bien era una facción o grupo dentro de la propia iglesia de Selune y esta estaba apoyando al Norte en su causa no hablaba por toda la Iglesia. Las propias autoridades con poder de la fé de la Dama de Plata habían clamado a todo el mundo que su posición era neutral. No estaban a favor ni en contra del conflicto, siendo un santuario para todo aquel que necesitase amparo y protección.

Segundo:
Iryklathagra había atacado uno de los pilares de la fe de Amn. Quizá no fuere el más importante si lo comparábamos con el Waukinar, pero el mensaje había sido claro.
"Haré lo que sea necesario para someteros."
Nada garantizaba que no fuese a hacer lo mismo con otra fe, o contra otro grupo que desobedeciese sus ordenes. No le había importado atacar un refugio no solo de aquellos que promulgaban las palabras de la Dama de Plata, si no de civiles ajenos al conflicto. ¿A que más estaría dispuesta de ser el caso?

Sin embargo aquel movimiento parecía llevado a cabo por alguien desesperado mas que por alguien frio y calculador como debía ser una sierpe anciana... ¿Se estaba asustando? ¿O bien había alguien susurrando al oido de la Tormenta? Sea como fuere ahora todas las miradas estaban dispuestas en Imnescar.

Con aquella línea de pensamiento, el alado se había encaminado hacía la salida del Umbral.
 

Rokhen

Gerardo de Amn
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"Pequeños", "Inutiles", "Siervos de los dragones", tales eran las palabras que resonaban en la mente del kobold, un constante recordatorio de como eran vistos por una gran parte de otras razas más las noticias del ataque de la dragona azul, hizo que por primera vez su mente quedase en silencio. Recuerdos de su tribu comenzaron a pasar por su mente, el miedo constante a los dragones, la brutalidad de los cromáticos para someter a otros, la esclavitud desechable que predicaban por su mera egolatría. Aquello hizo que algo en su mente chasquease de la misma manera que lo hacia el hueso de una estirge que estaba masticando en aquel momento.

Con un gruñido seco, el pequeño kobold se puso en pie, tomando en silencio su cimitarra para salir del refugio que era la base de aquella extraña Alianza del Norte, donde hasta un pequeño grupo de los suyos era bien recibido. Hasta el momento se había dejado llevar por la corriente para ver como actuaban aquellos de piel suave, pero la crueldad de la autoproclamada sierpe fue algo que le impulsó a caminar hacia los túneles de debajo del Alandor cimitarra en mano.

Si aquella sierpe y sus seguidores buscaban un sometimiento total, él mismo se encargaría de no dejar túnel, caverna o madriguera en la que esconderse de la autentica justicia. Decidido a marcar una diferencia, el pequeño kobold se decidio con tales noticias a llevar a cabo un plan que había pospuesto desde hacia semanas.

La dragona quería una guerra y era hora de mostrarle que no solo las sierpes poseen la sangre de los antiguos dragones corriendo por sus despreciables venas.

"Desean sometimiento, verán unión.

Buscan atemorizar, observaran la cimitarra degollar.
Quieren sangre... La suya se derramara."


Con ese juramento resonando en su mente, los pasos del kobold le dirigieron a los túneles de Amn, dispuesto a acabar con aquellos simpatizantes de la dragona y a reclutar a todo kobold que quisiera ser libre de la esclavitud. Esta vez, los siervos del dragón no volverían a caminar sin miedo.
 

Nyra

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*Se podría ver a la tiefling azul cantar por el bosque del Alándor y también tomando el riesgo de ir a los caminos amnianos para repetir la canción. Cantando por levantar los ánimos tras la caída del templo y por la victoria en el bosque. Una canción de esperanza, no tanto de guerra.*

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Kriell cantando.jpeg

Si tienes Fe


Cada noche oré,
No se si alguien me escuchó
En el alma una canción
Qué nunca entendí
No hay miedo en mi interior
Aunque haya tanto qué temer
Moverás montañas

Porque en ti está el poder
Habrá milagros hoy
Si tienes fe
La ilusión no ha de morir
Un gran milagro hoy
Al fin veré
Si tienes fe
Lo lograrás
Podrás si tienes fe...

Malos tiempos son
Ni la oración ayuda ya
La esperanza puede huir
Cuál pájaro y volar
Más hoy yo sigo aquí
Creciendo en gozo y en amor
Con la fe y la devoción
Qué nunca imaginé

Habrá milagros hoy
Si tienes fe
La ilusión no ha de morir
Un gran milagro hoy
Al fin veré
Si tienes fe
Lo lograrás
Podrás si tienes fe...

Cantaré a la Dama
Porque ha triunfado
Cantaré a la Dama
Porque ha triunfado
¿Quién cómo tu entre los dioses Dama?
¿Quién cómo tu magnífica divinidad?
Nos ha librado con su gracia
Y a su pueblo ha salvado
Nos ha librado con su gracia
Y a su pueblo ha salvado.
Cantaré, cantaré, cantaré.

Cantaré a la Dama
Porque ha triunfado
Cantaré a la Dama
Porque ha triunfado
¿Quién cómo tu entre los dioses Dama?
¿Quién cómo tu magnífica divinidad?
Nos ha librado con su gracia
Y a su pueblo ha salvado
Nos ha librado con su gracia
Y a su pueblo ha salvado.
Cantaré, cantaré, cantaré.

Habrá milagros hoy
Si tienes fe
La ilusión no ha de morir
Un gran milagro hoy
Al fin veré
Si tienes fe
Lo lograrás
Podrás si tienes fe...


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Alu alu, una cancioncita de la marinera y tiefling, la original es de la película El Príncipe de Egipto: Si tienes Fe, pero adaptada para el servidor y el propósito. Canción
 

Aett

Receta de Noctis
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Dicen que una caravana partió de Athkatla hace unos días, avanzando en silencio hacia el norte. Llevan consigo una bandera amniana: fondo rojo, un águila de alas abiertas, antigua, de las que ya no se ven en los estandartes oficiales.

Algunos aseguran haber visto al viejo Héroe de Amn, Asqel Sabyr, al frente de la columna, montado y en silencio, guiando a los suyos con la mirada fija más allá del horizonte.

Entre los viajeros van hombres y mujeres de toda condición —rostros curtidos, miradas decididas, pasos medidos— y entre ellos algunos portan armas, otros solo baúles o niños dormidos. Se les vio cruzar Crimmor al amanecer, sin detenerse, tomando la Carretera Mordida como quien sigue un plan largamente pensado.

No son pocos, y no han buscado ocultarse. El polvo de su marcha aún flota en el aire.


Offtopic :
Rumor validado por DM Faker
 

Kcayzer

Karonte está escribiendo...
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Entre el calor de la forja y el retumbar del metal tomando forma, llegan las noticias a los oídos de la genasi de aire.
La calma con la que suele trabajas se la llevo una ráfaga de rabia en forma de golpes tempestuosos contra el metal que tomaba forma en sus manos.
Lo que tenia que ser una simple barra, prontamente se transformo en una perfecta y delgada lamina.
Como llegó, la rabia se fue.
Al recuperar la calma, la herrera inspecciono su trabajo, dio un par de golpes y dejo la lamina en la pila de estas, para luego ir a buscar un nuevo lingote.
Esa jornada, se colaron 4 laminas perfecta dentro de la producción de barras.​
 

Itsurake

Seguidor del Podcast de Karonte
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Corre el rumor de que una comitiva habría llegado a los puertos muranís, esta comitiva formada por un caballero y dos escuderos sería algo peculiar, pues sus armaduras, antiguas y pulidas poseerían el símbolo de un Dragón Sangriento, también los escuderos portarían dicho y curioso estandarte, parece ser que buscan parlamentar con el consejo muranní, el aura que les rodea es una lúgubre, su presencia y rasgos crueles y duros expresan que están versados en la batalla y que vienen en nombre de un poderoso Señor.

ZakS05O.png
Offtopic :
//Rumor e imagen validados por DM Ofnir


 

Teiglin

8º Nombre extraño de Onyxia
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El calor envolvía a la criatura que estaba rodeada por un aura de maldad, el diablo se sostenía sobre una roca tras haber sobrevolado la enorme extensión donde se encontraban apostadas las tropas, trabajando hasta la extenuación y los cadáveres adornaban el enorme valle entre las montañas lo que hacía que el estilizado cornugón se deleitase con la visión.

Un pinchazo atravesó su mente, le impelía a obedecer el pacto. Alzó el vuelo y prosiguió sobrevolando los campos de batalla de los Dientecillos entre Amn y Murann.

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Aprobado por DM Faker
 
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Alpha

Admirador del brazo de Sune
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Los informes iban llegando al cuartel del Imperio. Reportes de una enorme criatura sobrevolando las defensas y los campamentos de las montañas.

—Hm... No, no me suena que sea nuestro. ¿Tanto quieren el pueblo pesquero como para negociar con esa criatura?

Órdenes fueron dadas. Las bestias se movilizaban nuevamente ante la aparición del demonio, aunque no estaba muy claro qué planeaban ahora.
 

Krul

Otaku del Viento
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En el interior de una remota gruta del territorio Amniano o así era el aspecto que tenía aquel extraño lugar, la Teniente de la División de la Nube Alice Valdor, pasaba la mayoría de sus noches en vela en el escritorio que habían dispuesto en aquel oscuro lugar para que pudiera cumplir con sus deberes y obligaciones.

Tras aquel escritorio una basta cantidad de libros aguardaban ser leídos por la Teniente y aquellos que sintieran interés en sus escritos, pues se trataban de recuentos históricos y batallas que se habían librado bien lejos de Amn.

Los libros se apilaban a un lado de la mesa formando una montaña, uno a uno los limpiaba de forma cuidadosa cuando los tomaba, usando un pañuelo de tela con el bordado de un caballo rojo en una de las caras del mismo, símbolo que se repetía en las pertenencias de Alice.

La cera de las velas se derretía al mismo ritmo que la pila de libros iba reduciendo su tamaño, guardando de forma diligente cada libro en el lugar que había sido sustraído de la biblioteca para no perder el orden. Sobre la mesa otros documentos habían aparecido, conforme pasaban las horas, escritos de la propia Alice llenaban aquellos pergaminos sobre anotaciones y estrategias en base a lo que habría podido estudiar del contenido de los libros.

Tras ordenar los apuntes y pasarlos a limpio, tomaría descanso en la propia silla hasta que la llamada del deber o algún soldado volviera a despertarla unas horas más tarde.
 

Juan

Donante voluntario de sangre
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Más de una decana hacía que los barcos con alimentos provenientes de Purskul y las granjas del Camino del Orco no cruzaban el Río Alandor hacia el norte. No se había dado un aviso, no hubo un anuncio público, pero las fuerzas del orden y los astilleros tenían claras órdenes por parte del Comandantes del las Huestes de Colmillos Afilados.

El río, fuertemente vigilado en toda su extensión con patrullas tanto a pie como de río, engañaba con la calma de sus aguas y el relajante sonido de sus chapoteos a la real tensión que en la zona se vivía, habiendo visto reflejadas en sus aguas los enormes incendios y batallas que en días anteriores se habían dado en sus cercanías.

El decreto ahora se extendía a la Mancomunidad de Gambiton, tras haber rendido pleitesía a Colmillos Afilados, la ya sin lugar a dudas dirigente de la defensa de la Capital tras el comunicado del Consejo de los Seis. Y la duda era, ¿cuanto aguantarían los rebeldes sin el sustento que tanto tiempo llevan sin recibir del sur? ¿Seguirían empecinados en que el Consejo de los Seis había sido secuestrado en su burdo intento de alimentar su ego y ganar poder a costa de inocentes?

El golpe de estado que estaban intentando dar pronto llegaría a su punto álgido, y ni los más versados profetas o adivinadores se atreven a mirar qué pasará.
 

Zio

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Tras el dantesco espectáculo en las murallas de la ciudad por parte de la Reina de Amn, el Avariel había pasado parte de su tiempo estudiando... Y una gran parte del mismo pensando. En su ensueño resonaban los chillidos de agonia y muerte de aquellos que habían sido asesinados por el relampago de la dragona azul. El olor de sus cuerpos carbonizados y su expresión de dolor era algo que no iba a poder olvidar.

Pero también recordaba su determinación.

Mientras las palabras intercambiaban entre la dragona y las voces del Norte, vio como todos aquellos que sabían iban a morir se mostraban con el mentón alto. Firmes y orgullosos. Decididos.

Aquello... Le inspiró.

Hizo mano de un papiro en blanco y sacó su pluma, cogiéndola esta vez para escribir por su propia mano.


__________________________________________

Apenas un par de dias tras la ultima proclama del Consejo del Trueno, unos papiros habrían aparecido colgados en varios tablones de anuncios de la ciudad y las afueras. Habría ocurrido en hora punta de bullicio, cuando mas gente caminaba por sus calles en sus idas y venidas diarias.

Sobre quienes los han colocado... Nadie está seguro.



"A aquellos que nos llaman 'Traidores'.

A aquellos que nos señalan como 'Rebeldes'.

A aquellos que nada quieren tener que ver con la guerra entre ideales y fronteras.

Al Pueblo Gentil se nos ha ofrecido la mano para "Instar deponer las armas y recobrar la cordura" en este conflicto que a todos independientemente de nuestra fe, raza o estatus social nos afecta de igual forma. Bien es sabido por todo el pueblo llano que los bosques desde que floreciese lo que nosotros llamamos El Arbol de la Vida, hemos trabajado codo con codo por el bienestar de la región. Y cuando hemos tenido que afrontar las consecuencias de acciones ajenas a nuestro control, así lo hemos hecho por el bien no solo nuestro, si no por el de nuestros vecinos.

Habremos cometido errores, pero nuestras acciones hablan por nosotros mismos y nuestro buen hacer.

En esta guerra que asola a nuestros vecinos...

El bosque ha sido una de las primeras victimas en sentir el peso del conflicto.

Cuando Icehauptannarthanyx volaba buscando presas en las montañas entre los pueblos barbaros del Norte, Sarvhylarewanyn expandia su territorio en el Bosque del Alandor, emponzoñando también los rios que dan vida a la propia ciudad de Athlaka y los campos de cultivo que vivian en las lindes del bosque hasta Crimmor. Dragona que voló con un objeto robado de El Norte como tributo a la Dragona Azul buscando cobijo entre sus alas. Cuando los Tel'Quessir nos mostramos contrarios a los tratos con Colmillos Afilados y estas acciones, sin hacer sufrir al pueblo llano con escasez de recursos manteniendo el honor del comercio al Waukinar, se nos tendió la mano. Mis palabras fueron claras hacía el Capitán Ewan: "No podeis darme garantias, ni yo a vos. Pero si la miasma retrocede del terreno conquistado, será un comienzo para mejores relaciones."

Cuando recibimos una visita del propio Senescal a parlamento con el Pueblo, lo que recibimos a cambio no fue acciones o respuestas, si no mas palabras y promesas. Promesas de que la dragona negra, que acataría las ordenes del Consejo del Trueno como una esclava de guerra, retiraría su ponzoña a cambio de que traicionásemos nuestro compromiso con nuestros vecinos, desertores del norte. Bajo sus palabras implicito queda: Podían haber retirado la ponzoña en cualquier momento, pero decidieron tomar como rehenes a aquellos afectados por el mal que Sarvhylarewanyn había golpeado con su codícia expansionista.

Nos llaman Traidores.

A día de hoy, aun no hemos podido enterrar a nuestros muertos. Padres, madres, hermanos y hermanas. Miembros del Enclave de Tethyr y del Enclave Esmeralda fueron atacados a traición por las huestes de Sarvhylarewanyn mientras El Consejo del Trueno llamaba a la unidad. Mientras nos llamaban desertores, fue el Norte y el Capitulo de la Rosa de Plata quienes lucharon -y murieron- junto a aquellos que defendemos el equilibrio natural en pos de extirpar un mal que había anidado demasiado tiempo.

Vencimos.

La cabeza de la serpiente, cercenada. Nuestro hogar, a salvo. La ponzoña que asola tanto al bosque, camino del rio y Crimmor deshaciendose para que la vida pueda volver a dar lugar. Para elfos y humanos por igual.

¿Y cual es la respuesta de la Tirana del Trueno?

Atacan una de las fes mas importantes de Amn. No un Capitulo, no una celula. La Fe. Tras atacar el templo de Selune en la capital y secuestrar a inocentes que solo buscaban huir y buscar refugio de la guerra e incendiar con su ira centelleante parte del bosque que juramos proteger, vuestra Reina y Soberana ejecuta a diez inocentes cada día entre mofas e insultos hacía aquellos que vemos con atrocidad sus acciones para que nos sometamos.

Nuestros bosques, envenenados.
Nuestro pueblo, muriendo y sangrando.
Nuestros arboles, calcinados.
Inocentes asesinados.

Y no contentos con eso, toman afrenta contra el sentido del comercio y lo que significa el Waukinar para Amn en un intento de ahogar nuestras reservas al
bloquear el comercio... ¿Pero que hay de aquellos que viven del comercio mutuo que aun sosteníamos nosotros en estos tiempos de conflicto?

Y nos tienden la mano los que nos llaman 'Traidores' a 'recobrar la cordura'.

A todos aquellos que lean mis palabras os hago una sola pregunta.
Si estuvierais en nuestro lugar:



¿Cuál seria vuestra respuesta?


Vys Faerkerym.
Portavoz del Enclave de Terhyr.
Guardían del Norte.
"
 

El Espino Blanco

Legionario del Hielo
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Era una mañana lluviosa, como todas las anteriores desde que la tormenta se apodero de Athkatla. El cielo totalmente poblado de nubarrones oscuros amenazaba con poder electrico incipiente. Bajo aquellas nubes tan oscuras el dorado no brillaba tanto.

La Syndar paseo ante el batallón de Aureos formando ante los escalones del gran templo. Destellos color cobalto brotaban de sus armaduras doradas con cada relámpago que escindía el cielo en su caída. La mujer los miraba apenada ataviada con una armadura aun mas cargada, con una capa de león teñida de rojo y dorado a su espalda.

- Otra vez Murann, Nos robaron Caravasar, peleamos por ella y Amn se la vendió a los genios por no salir "Económica" una guerra contra su enemigo mas acérrimo.- Inspiro un segundo cerrando los ojos - Aquí estamos nosotros...Otra vez, a la brecha. ¿Si perdemos venderán Kalathyr a unos demonios? ¿Si ganamos las murallas de Muran conoceran por fin la guerra? Poco nos importa hermanos y hermanas, por que nosotros no somos Amn, somos el waukinar. Defendemos lo nuestro, el comercio, las prosperidad y la abundancia. Nosotros no entendemos de fronteras, solo de numeros...Asi que es hora de reducir la poblacion de Muran. ¡Waukin protege!

Tras saludar elevando el puño se dirigio a su caballo junto al que esperaba un pequeño sequito que sujetaba sombrillas sobre la cabeza de la primera de las furias, Aurelia Ventriria.

- Eminencia que honor que vengais a despedirnos. - Dijo Arianne con una profunda inclinacion.
- Que menos partiendo hacia donde y por lo que partis

Arianne subio a su caballo aceptando la ayuda de su guardia personal y sonrio a la Orosupremo.

- Es curioso ¿No creeis? - La expresion de la Furia era clara demostracion de que no sabia a que se referia y que no le gustaba su fugaz ignorancia - Quiero decir, yo parto a la guerra, quizas a mi muerte...Pero voz que os quedais aqui, lo teneis mucho peor. Tantas lineas comerciales cerradas...No es algo que honre a la Aursima ¿Verdad?
- Eres muy joven para saber como honrar a la diosa, Syndar Brillalba
- Mis disculpas, solo queria decir que nos os envidio por quedaros aqui entre los dragones y los puñales.

Un paso atras y una mirada de la Orosupremo de confidencia, desagrado o simplemente su mirada agria de siempre dejaron claro a la Obispo que era hora de partir.

- Aureos, tenemos una deuda con esas bestias...¡¡A cobrar!!



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Sariel

Enano sin acento ruso
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Un modesto habitante de la Ciudad de la Moneda se presentó, sin ostentación alguna, ante los altos portones del Palacio de los Seis. En sus manos portaba un pergamino cuidadosamente sellado, y al ser interrogado por los Custodios de la Tormenta, declaró con voz firme que la misiva provenía de la Alta Sacerdotisa de Selûne a la cual se había encontrado en el bosque y estaba dirigida a la Sierpe Azul en persona.

Para certificar su autenticidad, el lacre que cerraba el mensaje ostentaba el símbolo sagrado de los Ojos de Selûne, rodeados por un halo de siete estrellas resplandecientes.

Cumplida su misión, y sin esperar retribución ni reconocimiento, el mensajero inclinó la cabeza con respeto, dejó el documento en custodia de los guardias y se retiró con paso ligero, como quien regresa a sus humildes quehaceres tras haber cumplido su encargo.

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A la atención de la Sierpe Azul, Iryklathagra:

Sea esta la primera y última ocasión en que mis palabras hacia ti guarden la más leve cortesía.

He querido que estas líneas lleguen a ti escritas de mi propia mano, para que no te quede duda del juicio que sobre ti pesa. Eres fuerza y eres miedo, y no porque el mundo así te lo haya otorgado, sino porque has hecho del temor tu único instrumento. Es cierto que tu poder es vasto, y con él has doblegado voluntades y sembrado ruina, mas no eres invencible. Bien lo sabes tú, pues no es secreto que has conocido la derrota más de una vez.

Hoy temes. Es evidente. Tus actos lo delatan. Al principio creí que deseabas hacernos temer, mas pronto entendí la verdad: actuaste por frustración. Tus designios se deshilachan, y eso, pese a todo lo ocurrido... no evita que me infundas cierta lástima, criatura. Llegué a pensar que aún podrías enmendar tu camino, que podrías retornar a la oscuridad de tu caverna -o al abismo del cual emergiste-, y que todo esto no sería sino una pesadilla que el alba disiparía.

Mas desde el día en que te vi segar la vida de mis hermanos y hermanas sobre aquella muralla, y arrojar sus cuerpos al vacío sin asomo de piedad, mi juicio se tornó inamovible. Mi fe enseña que todo ser merece una segunda oportunidad... si la busca con humildad. Pero tú, Sierpe Azul, estás lejos de buscar redención. Aun así, en obediencia a las enseñanzas de mi diosa, Selûne, te extiendo una última ocasión para apartarte del camino de la sombra.

Abandona Amn. Si anhelas un reino sobre el cual imponerte, vuela a Murann y prueba si allí te reciben con los brazos que aquí alzaron las armas. Rehúsa esta oferta y que sepa el mundo que por todo lo puro, sagrado e inocente que aún respira en este plano, no cejaré hasta verte muerta.

Por cada fiel que ha muerto bajo tu crueldad, la luna brillará sobre tu cadáver inerte durante un año, como testimonio eterno de que al mal, la tiranía y la injusticia se les vence con coraje, hermandad y, sobre todo, con fe. Juro que vigilaré tus restos día tras día, para que generaciones por venir recuerden que hasta las bestias más temidas pueden ser doblegadas por la luna y la justicia.

Con esto me despido, Iryklathagra. Pues la próxima vez que nuestros caminos se crucen, será para aceptar tu rendición… o para entregarte la muerte que mereces.
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Offtopic :
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Arrakis

Copia defectuosa de Kronobot
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Paseaba con calma por los llanos de nuevo, recorriendo el camino mientras la vida continuaba. Los comerciantes continuaban con sus quehaceres diarios, ajenos a los problemas que se alzaban sobre ellos. O quizás, simplemente, aceptando la vida como les venía, incapaces de comprender el por qué un grupo de disidentes habían declarado la guerra a sus propios dirigentes. Observaba en silencio sus gestos, sus miradas. Sus pasos.Nada se adentraba en las ciudades sin pasar por sus ojos. En Athkala además, todo documento era revisado antes de circular por sus calles, una seguridad que se había visto reforzada por la inclusión del ejercito de la Tomenta, los Ladrones de las Sombras y los Magos rojos. Las calles estaban tranquilas. Sus paredes impolutas de proclamas. El abuso de poder que muchos habían anunciado nunca habia llegado. Solo el orden. Almenos de forma aparente.

Y con él, la tranquilidad.


Offtopic :
Breve post para los roles que Eclipse, Khamul, Khazan y yo misma hemos estado haciendo tanto en Crimmor como en Athkala.


Offtopic :
Edit de Kronos:
Buenas. Los jugadores no pueden rolear por los NPCs solo expresar su sentir o percepción. Si este post es resultado de una ambientación DM pedidle al DM que represente él a los NPCs y su sentir general.
 

Juan

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Palabras en los Llanos de Athkatla

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Una vez más, el elfo amniano se presentaba ante el pueblo, pero esta vez estaba más firme, decidido, incluso en momentos apenado pero, sobre todo, implacable.

Comenzó su discurso, como siempre, agradeciendo a los presentes y mostrando lo decepcionante que son quienes se dedican a esparcir panfletos desinformantes y divisorios.

Hizo saber a los ciudadanos que se acercaron a escucharle que, por última vez, tendían la mano al entendimiento a la autodenominda Alianza del Norte y enemigos de Amn. El Consejo de los Seis finalmente había hablado destrozando así la columna vertebral de su rebelión, la cual era promulgar que el consejo estaba secuestrado o incluso muertos a manos de la Protectora Azul, dejando entrever la verdad que en sus actos se escondía: obtener poder.

Un golpe de estado que juró no iba a permitir, se les daba una última oportunidad para recular y unirse ante el verdadero enemigo, el que incendia, saquea y destruye, el cual desde el sur avanzaba. Y de no tomar esta considerada oportunidad por el bien de Amn y los amnianos, serían firmes, contundentes y la clemencia desaparecería de su vocabulario.

Algunos ciudadanos se mostraba fieles a Colmillos Afilados y el Consejo de los Seis, otros promulgaban ser fieles al capitán y vitoreaban por Amn, pero un insurrecto apareció para lanzar una botella al comandante de las huestes azules. Fue herido, una brecha en su frente le hizo sangrar, pero ni un ápice de determinación perdió su mirada. Haciendo ver a los ciudadanos de bien que allí se congregaban los efectos que los rebeldes tenían en algunos, se preocupó por su estado mientras Khazan de la Promesa del Relámpago redujo al tipo con ayuda del consejero Eclipse y lo trasladó a los calabozos.

Tras finalizar, se pudo ver como una mujer le dio un pañuelo para que limpiara la sangre de su frente y como entregó con palabras de aliento unas monedas a unos niños, dejando claro el mensaje de que la lucha es de todos, con esfuerzo y unidad como armas, mientras que las Fuerzas del Orden con sudor y sangre defenderán Amn y a los amnianos hasta las últimas consecuencias.

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Offtopic :
Las acciones descritas de los PNJ fueron roleadas por DM en la ambientación de la escena.
 

Teiglin

8º Nombre extraño de Onyxia
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39

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La presencia de Obara Alghul y su séquito era difícil de ubicar conforme avanzaban los días, parecía casi como si un clon de si mismo estuviese repartido por los distintos frentes y quizá incluso fuese cierto. Los Magos Rojos avanzaban en todas partes mientras mantenian una férrea vigilancia arcana en Athkatla junto a los magos de la Arcanum Schola.

Pero sobretodo el gran khazark había sido visto en el sur, tanto en Kalathyr como acompañando a las tropas de defensaa de Imnescar. Algunos lo habían visto tomando la forma de un dragón de escamas azules, y otros la forma de un enorme demonio alado.

También fue visto en Crimmor, y junto a él siempre estaban sus sombras en esta guerra, Vraska Alghul y Khamul Alghul eran los más destacados miembros de su guardia personal y su circulo más próximo.

¿Cuándo estallaría la conflagración y donde estaría el archimago? Muchos se preguntaban esto, ya la tensión era mayúscula así como la sed de sangre en todos los bandos implicados.
 

DMT Faker

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LA ÚLTIMA VOLUNTAD
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Hace cuatro días...

Los zarcillos de tormenta que recorrían el cielo más allá de las vidrieras teñían de azul eléctrico las sombras de la estancia. Un silencio sordo palpitaba en el aire: la calma que precede a la tempestad.

Iryklathagra, en su forma humana, se mantenía erguida sobre una plataforma de mármol tallada en forma de garra. Su silueta desnuda brillaba en el dorado de las dunas de Calimshan bajo los reflejos bruñidos de los espejos encantados que cubrían el techo y las paredes. Cada uno devolvía su imagen con una ligera distorsión: en uno, alas; en otro, fauces; en todos, la presencia mayestática de una reina.

Mientras dos de sus esclavos colocaban sobre su cuerpo las telas interiores en lino gris perla, el Arconte aguardaba a su espalda. Brazos cruzados. Silencio absoluto. En sus manos, un cilindro de bronce con el sello aún intacto: los Ojos de Selûne, hechos lacre y arrogancia.

Iryklathagra rompió el sello como quien desgarra la piel ya muerta. Leyó sin moverse. Solo sus ojos, afilados como pedernal, se deslizaban por las líneas con la paciencia de quien espera un error.
Mientras los esclavos seguían con su hacer, la dragona leía en voz alta con cierta sorna y desdén, para sí misma o tal vez para su fiel qayadin.

—"Sea esta la primera y última ocasión en que mis palabras hacia ti guarden la más leve cortesía..."
Cuánta prisa tienen los justos en advertir que han sido pacientes. Qué necesidad constante de recordarse virtuosos. Ya desde la primra línea, se traiciona.

La carta continuaba. Palabras cuidadosas, tejidas con furia contenida. Acusaciones. Súplicas veladas. Amenazas apenas disfrazadas bajo el ropaje de la fe.

—"Has hecho del temor tu único instrumento..."
No. He hecho del miedo una moneda de curso. Y a diferencia de los rezos, siempre se paga con ella. Qué ironía, por cierto, que lo diga alguien cuyo culto florece en la noche y que adora a una Deidad que nunca mira de frente.

A su alrededor, los esclavos se disiparon y abandonaron la estancia, siempre inclinados con el torso entero, nunca dándole la espalda hasta que sus cuerpos habían desaparecido de la vista de Colmillos.
Entonces, los pasos pesados del Arconte se acercaron a ella. Las enormes garras portaban con respeto las piezas de la armadura ceremonial de la Gran Sierpe Azul.

—Con vuestro permiso, Qysara.

Tras una devota reverencia, el Arconte comenzó a asistirla en silencio, vistiéndola como si gada gesto fuera un juramento cargado de ferviente fanatismo. El metal bruñido brillaba como tormenta contenida.

—"Tus designios se deshilachan, y eso, pese a todo lo ocurrido... No evita que me infundas cierta lástima..."
Lástima. El consuelo menor que los débiles ofrecen a aquellos que les superan. Es la palabra que el justo escupe cuando se ve incapaz de vencer sin abandonar sus principios. ¿Es por la visión de la que hablan nuestros hombres, Arconte? ¿Aquella en la que alguien me abate en los cielos? —La risa de Iryklathagra retumbó en las paredes de espejo—. Qué frágil es la estructura emocional de los Selûnitas. Una ilusión para infundirles confianza y cabalgan directos a las fauces de la muerte.

Las garras del qayadin dieron un delicado pero fuerte tirón a las correas de la armadura y la coraza se cerró con un "clic". El manto descendió sobre sus hombros. Azul medianoche, casi negro. como la profundidad del mar antes de ser azotado por la implacable tempestad que sacude sus mareas.

—"Llegué a pensar que aún podrías enmendar tu camino..."
Siempre piensan eso. Porque si aceptan que hay quien no quiere redención, su fe se tambalea. Pero aquí estoy. Íntegra. indómita. Inquebrantable.
Y eso, por supuesto, es lo que les aterra.

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El Arconte se inclinó. Ajustó sus grebas con el tacto de un amante. Luego recorrió sus brazos ajustándole los guanteletes. Cada pieza como un eco de antiguos pactos y cadáveres calientes. Cada cierre como un clavo más en el futuro ataúd de sus enemigos, aquellos que llamaban a su compasión.
—"Te extiendo una última oportunidad para apartarde del camino de la sombra..."
¿Una última oportunidad? ¿A estas alturas? Qué gracioso resulta ver cómo los clérigos se creen emisarios de la piedad cuando ya han cimentado el camino de todos sus fieles al patíbulo.

—"Abandona Amn. Si anhelas un reino sobre el cual imponerte, vuela a Muran..."
¿Murann? Las bestias no son dignas de mi presencia, ni de mi protección.

Finalmente, el Arconte se alejó unos instantes. A su regreso, sobre un cojín azul medianoche, portaba la corona de su soberana. Era pesada. Un legado arrebatado al tiempo. Una reliquia imperial de los Shoon, repujada con la arrogancia de mil años de conquista. La base sigue siendo la del antiguo Qysar, aunque se ha moldeado el resto de su forma, acomodándola a su nueva portadora.

Forjada en eléctrum bruñido —una aleación pálida y áurea que alguna vez fue símbolo de pureza y majestuosidad— pero que ahora resplandece con un fulgor frío, casi lunar, como si el oro hubiese aprendido a mentir. Otra de sus burlas.
En su estructura conserva los siete pináculos originales, que representaban las siete provincias del Imperio Shoon. Pero donde antes remataban en estilizadas torres de marfil y sol, ahora culminan en puntas angulosas, como colmillos de cristal y zafiro. Uno de ellos —el más alto— contiene una piedra de shoonyte azul oscuro, opaca, que vibra poderosamente con energía telúrica: de dice que fue arrancada del corazón palpitante del Primer Emperador.

En la cabeza de Iryklathagra, su Qysara, no parecía simplemente un regio adorno cargado con el significado de las eras; era, simplemente, como una extensión de sí misma; como si nunca hubiera pertenecido a nadie más.

—El propósito ha sido cumplido, qayadin; la Alianza del Norte ve su moral minada y su actuar se tiñe de desesperación, tal y como habíamos augurado.
—Sí, mi Qysara. Partiré ahora a Kalathyr, como...
—No.
—¿Qysara...?
—A Kalathyr no. Debemos responder a esta misiva, ¿hm? No devolver palabra sería indigno de alguien de mi posición. Hay que mantener los modales ante todo, qayadin...

El Arconte dedicó una dubitativa mirada a su Reina, confuso. Iryklathagra se mantuvo en silencio, pensativa. Sus ojos, medio minuto después, refulgieron con una malicia que pronto se trasladó a un esbozo de sonrisa.

—¿Cómo había dicho el prisionero que se llamaba esa mujer...? La mojigata del sombrero.
—Gwenaëlle, su Majestad; Gwenaëlle de Argluna.
—Gwenaëlle de Argluna... —repitió la Sierpe Azul, paladeando cada sílaba—. Encuéntrala. Y envíale mi respuesta a través de ella, con mis más sentidas condolencias.​
 
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DMT Faker

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POR IRA, HOLOCAUSTO Y ROJO AMANECER
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Hace cuatro días, con el sol aún entre brumas de azufre y el mar dormido, los grandes portones de Athkatla se abrieron como las fauces de un gran coloso arcaico. El chirrido de sus goznes fue ahogado por los tambores de guerra, pues la ciudad —corazón del sur y joya de Amn— había hecho su elección. Por su arteria principal marchó gran parte de los Testigos de la Tormenta y, al frente de ellos como un baluarte de esperanza, el enorme y Ascendido dracónido alado de escamas tan azules ahora como las de la propia Iryklathagra.
Ésta, por el momento, no les acompañaba en su marcha, pues siendo aún desconocida la ubicación de Bálagos y con algunos rumores recientes, la Protectora de Amn quería asegurarse de que nada le pasara a los suyos, ahora que otros les habían abandonado.

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No eran los grandes estandartes en plata y azul que portaban los Testigos; no era la grotesca pero imponente figura del Arconte de la Tormenta; lo que más llamaba la atención de aquella comitiva iba colgado a la espalda de este último. Envuelto en una coraza pálida que devoraba la luz, el Arconte portaba un enorme escudo esculpido íntegramente en diamante, cuyo fulgor no era celestial, sino insondable y ominoso. Algunos dijeron sentir su corazón detenerse al verlo; otros oyeron un zumbido grave, como si una garganta olvidada susurrara desde el Abismo. Eruditos y oráculos han identificado la pieza: no es obra mortal. Es uno de los tesoros del alijo personal de Iryklathagra, la Gran Sierpe Azul, y su poder —se dice— podría hacer que los Dioses contuvieran la respiración.

Y aún así, no era solo el escudo lo que pesaba sobre los hombros del dracónido, sino la mirada del pueblo, la expectativa de aquellos que habían pasado de fieles a fanáticos, la carga de la fe. Los portadores de estandartes abrían camino entre la polvareda, y cada símbolo sagrado ondeaba como una advertencia en la brisa, ahora gélida por la tormenta, del sur. Los Testigos marchaban en perfecta formación, sus pasos al unísono resonaban como un único latido: el del corazón de Athkatla, dispuesto a arrancarse el pecho para recibir el primer golpe, si así era necesario.

Los cielos, que hasta entonces solo se habían encapotado en la capital, comenzaron a oscurecer al paso del ejército. Algunos afirman que un ojo titánico se dibujó entre las nubes breves instantes antes de que se disiparan en espirales. otros juran que los caballos no dejaban huellas, que el polvo temía posarse allí donde marchaba el Arconte.

Lo cierto es que algo antiguo se ha puesto en marcha y ya no se puede detener.
El Arconte y su comitiva avanzan hacia Crimmor, sin ocultar ni sus pasos ni su presencia, donde esperará hasta que, por una linde u otra, vea aparecer a su nueva presa.

Por la Qysara y por la Tormenta.

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Desde el Norte, entre los árboles calcinados del Álandor, un nuevo silencio es posado sobre la tierra. El campamento de la Alianza del Norte, otrora hervidero de estandartes y juramentados, ha sido desmontado por ellos mismos. Las hogueras se han apagado, los pendones enrrollados y las huellas de pezuñas y ruedas cubren la hierba muerta como cicatrices.
Esto solo puede significar una cosa: El General Puñomaza ha movido sus piezas. La División de la Nube marcha con él. Pero, ¿hacia dónde? Nadie lo sabe. ¿Es repliegue? ¿Ha aceptado la Alianza del Norte la Rendición? ¿Es flanqueo, es emboscada? solo una figura parece caminar con propósito claro: muchos afirman haber visto, cruzando las fronteras aún turbias de la tormenta, a Sarynthalyss, la dragona dorada de Ansalon en su forma humana. Su mera presencia ha provocado una ola de rumores y temores dentro de Athkatla, dicen...

Algunos centauros de las Cuadrillas Libres aseguran haber visto un gran estandarte erigido en un claro abandonado, con una marca nueva: un creciente lunar atrevesado por una lanza rota. Lo tomaron por una señal de los elfos de las colinas, pero el símbolo no responde a ningún blasón conocido. ¿Es vigía o testigo del jucio venidero?

Sea cual fuere esta su respuesta, Colmillos Afilados tiene la mirada puesta en ella.

Más al sur, Imnescar, la cuidadosa neutral, guarda su silencio con más armas que palabras. pese a sus proclamas de no inmiscuirse, sus murallas han sido reforzadas y un número creciente de soldados patrullas los caminos como lobos sin descanso. ¿Temen a Bálagos, cuyo escondite permanece una incógnita para todos? ¿O temen a Colmillos, cuya sombra eléctrica amenaza con caer incluso sobre los que no se han alineado con ningún ideal?

La tensión es tan densa como la humedad antes de una tormenta, y en Imnescar lo saben: No hay frontera lo bastante ancha para ocultarse de la mirada de un dragón.

Sin embargo, pocas nuevas provienen desde la ciudad y su cercana abadía —para muchos, bastión inexpugnable—.

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Donde las colinas se endurecen y los vientos traen olor a acero y sangre, Kalathyr se alza como un coloso en guardia. sus almenas se engalanan con las banderas de la División Occidental y el Ejército de la Tormenta, cuyas tropas se despliegan con eficiencia férrea. Pero no están solos.
Magisters de la Arcanum Schola y Magos Rojos de Thay —aliados improbables, pero necesarios— conjuran protecciones arcanas, sellos de contención, barreras contra todo lo impío que podría avecinarse desde el Imperio de las Bestias. El aire cruje con sortilegios recién grabados, las piedras huelen a alquimia.

Y más allá, como un muro de carne y fanatismo, se levanta el Campamento Negro de Perdición, cuyas picas están teñidas de sangre reciente y adornadas con cabezas de infectas criaturas de Murannheim. Desde allí, la Guantelete Negro de Bane, Agarathea Narteha, comanda sin titubeos. Ha hecho quemar las banderas de los saboteadores capturados, y sus tropas han repelido, uno por uno, los intentos de infiltración hasta la fecha.
Las piras de vigilancia no se han apagado desde hace días.

Así comienza.
Los dados han sido lanzados. El cielo acumula voltaje. Los nombres se alzan como estandartes y, los errores, se pagarán en fuego y en sangre.

Que los bardos escriban pronto el primero verso de esta guerra, pues el acero de las espadas pronto comenzará a cantar y ningún oído quedará indiferente.​
 
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