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En Clave de Sol

Zoroaster

Vampiro que no usa azules
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El relato es simplemente brutal, no es que haya tocado la fibra sensible, sino que la ha estrujado y zarandeado sin piedad. Muy buena, Quetza :)
 

unhearted

Restos de un PJ de Aharadad
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A mi también me ha encantado Quetza. Eres grande!! ...y te tengo que pedir un préstamo.
*Aprovecha para lanzarle una soga al cuello a Anhol* Venteunavisitica hombre...
 

Quetzalcoatl

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LXXXVI. De las doradas arenas de Calisham (primera parte).​

”La llegada del otoño produce hojas de oro
Un manto apropiado para los reyes silvanos
Las ninfas del bosque derraman frías lágrimas de dolor
Y aún así Hamagess entona su canto”
​

Hermosos versos del afamado Mintiper Platalunar que en nada recuerdan a las tierras que horado estos días. Si acaso, el dorado de las arenas de Calisham se podría confundir con el manto de esas “hojas de oro” propias del otoño amniano. Pero Amn queda a muchas millas al norte y, curiosamente, alejarme del lugar que me ha acogido en estas tres décadas de vida me ha ayudado a recuperar el anhelo por escribir una historia.

Esta aventura comienza con un viaje en caravana hacia tierras meridionales atravesando bosques y praderas, y continúa sobre las olas del océano hasta arribar en la soleada Puerto Cálim, ciudad de elegantes minaretes, exóticas mercancías y gentío de aguda verborrea – y también de hábiles manos, como lo atestigua mi bolsa de oro algo menos pesada que hace unos días -. ¿Qué buscaban allí? Ahora lo sabréis.


Capítulo uno. Puerto Cálim.​

Cuando las crecientes sombras anunciaban la llegada de la noche, desembarcó en Puerto Cálim un variopinto grupo de extranjeros que buscaba un lugar muy concreto: la sede de la Liga de la Bota y el Sendero, una agrupación de trotamundos y viajeros establecida en ciudades de medio Toril. La mediana que lideraba esta comitiva procedente de la esplendorosa nación amniana contaba con muchos viajes a sus espaldas, aventuras todas ellas que la habían convertido en una mujer muy peculiar. Mezclaba en su carácter el buen hacer y la sensatez de alguien experimentado, la curiosidad propia del bardo y la constante e insistente necesidad de llenarse la barriga con las más deliciosas viandas. Se rumoreaba que entre sus pertenencias se encontraba un libro mágico que podía hablar y que devoraba historias, pero posiblemente fueran sólo eso, rumores.

Ella fue la primera en pisar tierra y la primera en dirigirse a los dos guardias del puerto que registraban las entradas de personas y mercancías en la ciudad.

- Buenas noches, somos un grupo en calidad de visitantes. Me llamo Lilimel Saltasombras y en nombre de la Liga de la Bota y el Sendero me hago responsable de mis compañeros.

Ambos guardias observaron detenidamente a Lilimel y a sus acompañantes durante un largo minuto, con el ceño fruncido. Finalmente uno de ellos se dirigió a la mediana.

- ¿Athkatla? Gente de ahí viste así... - el marcado acento calishita abarcó cada sílaba de cada palabra - Vosotros extranjeros, pagáis tasas. Quinientas persona, ¿si?

Tras pagar las tasas de aduana, que bien podrían haberse inventado ambos tipos, y pedir las indicaciones adecuadas, los amnianos en tierra extraña se internaron en las calles de la capital de Calisham siguiendo a quien mejor sabía guiarse de todos ellos, una elfa conocida como Mirriel. Mujer avezada en la exploración, el sigilo y la batalla, engañaba a primera vista por su manera de expresarse más propia de un infante que de una persona adulta y por su fijación por el mundo felino.

Mirriel, sin dejar de aconsejar a sus compañeros que debían guardar bien las bolsas de oro bajo los ropajes, les condujo a través de las calles del puerto, abarrotadas aún de gente y mercancías a pesar de las horas. Evitando los callejones y las calles poco iluminadas, poco a poco fueron alejándose de la brisa del mar y entrando en un barrio diferente donde el murmullo de una gran masa de gente llamó su atención.

Ante ellos se abría un gigantesco mercado. Aquí y allá los tenderos anunciaban los productos alzando sus voces por encima de las de sus competidores, y miles de aromas y colores embriagaban los sentidos de los transeúntes.


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Sumergirse en ese mar de gente y de sensaciones fue todo un reto. A cada recodo algo llamaba su atención, ya fueran exquisitos alimentos, objetos de uso desconocido o brillantes y caras joyas. Algunos vendedores les hablaban en común al reconocerles como extranjeros, creyendo que esa noche llenarían sus arcas gracias a la curiosidad de unos amnianos. Mas para su desgracia, ese dia sólo obtendrían de ellos unos pocos cobres a cambio de unos bollos con carne de cordero, arroz y mil especias diferentes.

- Hay que tener cuidado con lo que comemos – era Madeleine quien hablaba, una joven humana de oscuros cabellos y ojos azules e inteligentes. - No estamos acostumbrados a las formas de tratar los alimentos de estas tierras.

- Mi estómago puede con todo – fue la concisa respuesta de Lilimel antes de comenzar a mordisquear su bollo. Junto a ella, otra mediana llamada Nysia daba cuenta del suyo sin sonreír apenas, como era costumbre en ella, escondidas sus pequeñas manos bajo las amplias mangas de su traje de corte oriental. Lock Nahar y Erilet, los otros dos miembros de la compañía que habían desembarcado, insistían en continuar y llegar a su destino antes de que la noche se cerniera completamente sobre ellos.

Así, las maravillas del mercado quedaron finalmente atrás y comenzaron a recorrer calles más tranquilas. Aunque algunos de los edificios y viviendas presentaban un aspecto cuidado, sobre todo los almacenes, otras casas mostraban signos palpables de deterioro con las paredes agrietadas y apuntaladas o los techos quemados.

No tardaron en leer el cartel que anunciaba la llegada a su destino.


Capítulo dos. Bobby Grantrono.​

La sede de la Liga de la Bota y el Sendero era un pequeño edificio de dos plantas situado en una de las vías principales que partían del mercado, construido entre un bloque de viviendas en buen estado y lo que parecía ser una diminuta taberna a esas horas ya cerrada.

Dentro, en una estancia que hacia las veces de comedor, biblioteca y alcoba, les esperaba Bobby Grantrono. Sí, era mediano. Y sí, estaba sentado en un trono.

- Hooooola, hola – el anciano Bobby empezó a agitar los brazos desde su inmenso sitial, saludándoles, y una amable sonrisa se dibujó en sus labios. Parecía más diminuto de lo que era - ¿Qué os trae ante Grantrono? ¿Qué petición debéis realizarme, eh?


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- Somos de la Liga de la Bota y el Sendero de Amn – replicó Lilimel mientras ofrecía al mediano un presente compuesto por dulces y galletas.

- Oh, entonces venís a rendirme pleitesía. Se ha corrido rápido la voz de que soy el nuevo rey... ¡Soy el dueño de trono! - el mediano asintió complacido y acarició los brazos del trono, forrados de seda - Acepto vuestro tributo.

- ¿De dónde puñetas has sacado ese trono? - intervino Mirriel, que había decidido tumbarse boca abajo en uno de los camastros de la sala sin siquiera pedir permiso.

El hombrecillo río de buena gana - ¡Del Muzad!, ¿de dónde si no? De esto ya no queda, con el terremoto del otro día...

- Pues... - Lilimel sonrió – casualmente hemos venido a preguntaros qué nos podéis contar del Muzad.

- Del Muzad ya no sé mucho – Bobby encogió los hombros y su corto cuello desapareció. - Antes teníamos una entrada en un almacén cercano, pero se vino abajo con el terremoto. Hubo temblores hace unos tres días.

- Mirriel espera que el terremoto ese no se repita – la elfa se tumbó de costado en el catre para poder observarles mejor. - Suelen repetirse, Mirriel sabe.

- Lo cierto es que teníamos intención de explorarlo - comentó Lock.

- ¡Ah! Entonces os puedo enviar a ver a un ex-compañero, je. Se llama Sonrisa, bueno, era su mote. El caso es que se conoce las entradas del distrito como la palma de su mano. Se le puede encontrar en “La Sirena Mojada”¡Pero os aviso! - Bobby se metió una galleta en la boca antes de continuar. Pequeños trozos de ella volaron sobre la mesa. - Egh Muzagg eeg un gitio gueligojo...

- ¿Pero qué es exactamente? - Lilimel se sentó junto al anciano y se inclinó hacia él, interesada. - ¿Una especie de mazmorra? ¿Unas cavernas?

- Güegno... - la galleta terminó de ser deglutida y Bobby respondió. - Ah... No, es lo que hay debajo de esta ciudad. Cuando un edificio se derrumba o arde, se construye encima suyo. Así no hay que perder el tiempo quitando escombros.

Lilimel torció el gesto, confundida, sin hacerse a la idea de lo que podía ser el Muzad. - Pero entonces... apenas debe ser accesible... Lo imaginaba como una especie de sótanos.

- ¡Que va! Hay algunas partes que son fabulosas. Es como tener tu propia ciudad, hasta que un otyugh te intenta comer, claro – dicho esto, agarró otra galleta, que fue devorada en segundos, y prosiguió. - Otras veces encuentras una vieja cárcel con almas torturadas o una de las torres de los Genios... bueno, hay de todo. Lugares más feos, lugares más bonitos.

Madeleine carraspeó, intentando llamar la atención – Disculpad buen Bobby, ¿podríais hacernos alguna especie de mapa de las zonas que conocéis para indicarnos cuáles son las peligrosas?

Bobby les mostró un mapa bastante simple de las zonas que había recorrido, coloreadas en rojo aquellas zonas que no eran de su agrado y dibujadas en tono azul los accesos existentes a los subterráneos de la ciudad, al menos los que él conocía, fueran ya utilizables o no.


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Tuvieron suficiente tiempo para estudiarlo antes de salir de nuevo a las calles de Puerto Calim, dispuestos a encontrar la “Sirena Mojada” y a su dueño, el tal Sonrisas.

... continuará...
 

Quetzalcoatl

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LXXXVII. De la canción a la D'Arnisse.​

*Tal y como prometió, Madeleine escribió en un pergamino suelto unos versos destinados a ensalzar las bondades de una de las herederas de la rica familia purskulita de los D'Arnisse. El pergamino se halla doblado entre varias hojas de su diario.*

A la bella Nalia, de los D'Arnisse,
por Madeleine Sweeny

De entre las más bellas flores
nació una tierna magnolia
llamada Nalia D'Arnisse
de esbeltas y largas hojas
de tallo enjuto y flexible
y un collar de frescas gotas
que el rocío de la noche
regaló a tan bella flora.

Cada día despertaba
y sus pestañas mecían
una brisa de mañana
que al corazón sonreía
mientras era serenata
de dulces notas su risa
y todo el que la miraba
sentía un mar de alegría.

Sus pétalos rojo fuego
llameaban bajo el sol
cual fulgurantes cabellos
de la deidad del amor
y protegían el néctar
que guardaba en su interior
una miel dulce y sabrosa
para el paladar de un dios.

Aquella hermosa magnolia
siempre afable y educada
era la envidia de todas
las flores que allí moraban
y pedían su consejo
al sentirla la más sabia.

¡Nalia, Nalia!, le decían
¡Nalia, Nalia! la llamaban.

Y ella les atendía
muy correcta e ilustrada.

En las noches con la luna
entonaba una sonata
cantábale a las estrellas
sobre ninfas, sobre hadas
sobre algún amor prohibido
sobre la magia del alma
y terminaba durmiendo
por sus versos acunada.

Nadie pudo hacerle sombra
a una flor tan agraciada
y eran tantas las virtudes
de aquella pequeña planta
que las deidades del bosque
la convirtieron humana
así es como Nalia D'Arnisse
hoy por hoy nos acompaña.



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Quetzalcoatl

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LXXXVIII. Del teatro con dedicatoria: para Adara.​

*El borrador ocupa varias páginas del diario de Madeleine, escrito con cuidado en la elegante letra de la bardo.*

Una historia de caballeros.
Palantir, Lord Meilond y Lady Rosamoon.

Por Madeleine Sweeny.

Para mi estimada sobrina
cuyos ojos siempre brillan
aunque las discordantes notas de la vida
a veces no te sonrían.

Para ti, Adara, por no perder nunca la sonrisa ni olvidar tus ideales.
​

Prólogo. Breve nota histórica.

El nombre de Palantir Moonwhisper, aasimar sirviente de Ilmáter, comienza a brillar con fuerza en los anales de la historia de Amn a partir del año 1.373 del C.V., fecha en la que el paladín obtiene el liderazgo de la Orden del Muy Radiante Corazón tras una crisis interna que supuso la destitución de la anterior mandataria, la sacerdotisa Lyena. Es precisamente ella, Lyena, quien varios años antes se había hecho cargo de Lord Meilond a su llegada a Athkatla, y quien había decidido que fuera Palantir quien educara al joven paladín en la doctrina ilmatari. Meilond no tardaría en convertirse en caballero de la Orden y prometerse a una sacerdotisa de Tyr de sangre divina, Rosamoon de Limath.

El ascenso de Palantir como cabeza del Radiante Corazón implicaba una necesidad de limpiar la institución de todo rastro de corrupción y vicio tras la mala fama ganada en los momentos finales del mandato de Lyena. Pero la forma que tenía Palantir de comprender y atajar el problema no era compartida por su discípulo Meilond, lo que posiblemente ocasionara más de un encontronazo entre ambos paladines. Además, las crónicas mencionan frecuentemente los rumores de vida disoluta que siempre rodearon al aasimar.

Es en este contexto cuando en 1.376 del C.V. Meilond y Rosamoon contraen matrimonio en una ceremonia oficiada por el mismísimo Palantir. Aprovechando la presencia de los miembros más importantes de la Orden, Meilond les traiciona y envenena los alimentos del banquete con alguna sustancia que sume a todos ellos, incluida su esposa, en un profundo estado de sueño. Meilond se descubre públicamente como un fiel servidor de Cyric, declarándosele enemigo de la nación y poniéndose un precio a su cabeza. Los Ordenados tardarían varios meses en despertar gracias a la intervención de alguno de los círculos druídicos de los bosques amnianos, meses en los que Meilond fue reuniendo un poderoso ejército en contra de Amn

El año 1.378 del C.V. supone un nuevo revés para Palantir y la Orden. A la presión ejercida por la traición de Meilond se unen el inesperado embarazo de Rosamoon y los rumores que otorgan la paternidad de ese hijo a Palantir. Todo ello lleva a que, por un lado, la sacerdotisa contraiga matrimonio con otro caballero, Khantal Greysword, y por otro, a que Palantir dimita a finales de ese año como líder de la Orden y elija como sucesora de tan importante cargo a Rosamoon.

La guerra iniciada con Tezhyr en 1.381 del C.V. distrae la atención de Meilond y sus planes. Éste consigue llegar a las puertas de Athkatla en el llamado “año de la Sangre Derramada”, el 1.382 del C.V., dejando tras de sí un rastro de destrucción que tardaría años en borrarse. Meilond ofrece a Palantir la ciudad si le derrota en un duelo a muerte, y Palantir acepta. En este extracto de una entrevista realizada por La Verdad de Amn en el año 1.421 del C.V. a Daubih, sacerdote de Kélemvor y héroe de Amn, se narra cómo sucedió aquella última batalla.

“A mí me tocó liderar la defensa en la puerta Este de la ciudad. Fue muy duro, necesitábamos varios hombres para hacer frente a los fuertes y despiadados ogros. Muchos de mis compañeros y amigos, dejaron allí su vida. [...] Tuvimos la suerte de que no consiguieran entrar por el este de la ciudad. [...] Mas para nuestra sorpresa, escuchamos gritos dentro de la ciudad, tras nuestras espaldas eran tantos que habían asediado la ciudad. Tras ordenar al resto que permaneciera allí, decidí adentrarme en la ciudad, intentando ayudar en lo que pudiera. Aún guardaba algunas fuerzas y no pensaba en absoluto reservarlas. Al poco se hizo un silencio absoluto. Ya no se escuchaban los irritantes gritos orcos. Parece que tras todo aquello había otro enemigo. Una luz inmensamente potente salió del distrito del cementerio. Acudí allí lo más rápido que pude. Tuve la suerte o la desgracia de presenciar uno de los duelos con más relevancia en toda la historia. Estaban frente a frente, el héroe sire Palantír Moonwishper y el temido Lord Meilond. [...] El vencedor de aquel combate, se iba a hacer con la ciudad. Los pocos que estábamos allí apenas sabíamos de lo que ambos eran capaces. Cuando ambos estaban preparados, comenzó la dura batalla. [...] Cada golpe asestado por Palantiír nos daba un respiro, pero cada vez que recibía uno, parecía dolernos tanto como a él. El combate se torció, parecía que todo estaba perdido. Lord Meilond no iba a dejar escapar la oportunidad de acabar con quien fue su maestro. Pero afortunadamente encontró el aasimar las fuerzas para asestar un último golpe, el golpe que traería la felicidad y descanso a la capital de Amn. Herido de muerte, acabó con la vida del no muerto, aunque sacrificó para ello la suya propia.”

Tras la caída del Elegido de Cyric, sus tropas serían derrotadas y se iniciaría la reconstrucción de la ciudad y de la propia Orden - sede que no se vería terminada hasta varios años después –, al frente de la cual seguiría Lady Rosamoon hasta el día de su fallecimiento, acaecido en el año 1.450 del C.V.



Una historia de caballeros. Palantir, Lord Meilond y Lady Rosamoon.
Por Madeleine Sweeny.
​

Protagonistas:
Narrador
Palantir
Lord Meilond
Lady Rosamoon
Anciano, enviado de una deidad maligna

- Narrador: Hace muchos años, vivieron en nuestra amada Athkatla dos ilustres caballeros. Eran dos hombres de honor, ambos convencidos sirvientes de deidades de la Luz. Palantir y Meilond, maestro y alumno y a la vez grandes amigos, combatían el mal de nuestra nación con la Fe que sólo los dioses entregan a sus más fervientes seguidores.

*Tras el narrador, Palantir y Meilond están uno junto al otro, conversando amistosamente*

- Palantir: Has de tener Fe y no perder la esperanza por más que el destino coloque obstáculos en nuestro camino, y siempre has de creer en ti mismo y en tus verdaderos amigos.

- Meilond: Sí, maestro *se inclina con respeto* Sois sabio como ninguno.

- Palantir: Sólo soy un tutor que desea transmitir sus conocimientos a alguien de valía. Tú me seguirás y limpiaremos esta tierra de toda injusticia.

*Los caballeros salen de escena caminando con paso firme*

- Narrador: Mas no sólo existían grandes caballeros entre los varones, una dama de renombre y con sangre divina acogió en su corazón los principios de la caballería. Lady Rosamoon.

*Llega Rosamoon, y junto a ella, aparece Meilond*

- Narrador: El pupilo quedó prendado por la pureza del alma de la dama y el amor floreció.

*Meilond y Rosamoon se abrazan, luego se alejan*

- Narrador: Los años pasaron, años en los que lord Meilond fue nombrado caballero, años en los que el amor entre él y Rosamoon creció y se fortaleció, pero también fueron años de guerras y conflictos que mermaron la voluntad de todos ellos, sobre todo de uno. Y alguien quiso aprovecharse de esa debilidad.

*Regresa Meilond, cabizbajo, paseando intranquilo de un lado a otro*

- Meilond: Qué dura es la vida del caballero, nunca te detienes, nunca descansas... tanta iniquidad, ¡tanta tropelía! ¿y siempre actuamos como debemos? A veces tengo tantas dudas...

*Detrás de él aparece una figura anciana que camina apoyándose un bastón*

- Enviado de una deidad maligna: Vaya, vaya... ¿qué atribula el alma de tan famoso caballero?

- Meilond: *Le mira algo sorprendido, deteniendo su andar. No se esperaba al anciano*

- Enviado de una deidad maligna: Yo sé lo que te ocurre... *le señala con su bastón estrechando la mirada* En todo el tiempo que llevas siendo caballero has oído hablar de valores, honor y justicia, pero has comprobado que muchas veces tanta palabrería se difumina como la niebla golpeada por el viento. Pierde su consistencia frente a la realidad que vivimos.

- Meilond: Anciano, existe el mal en este mundo y algunas veces...

- Enviado de una deidad maligna: *Le interrumpe* ¡Ah! ¿Algunas veces qué? Algunas veces esas palabras suenan a falacias.

- Meilond: ¡Pero qué decís! *frunce el ceño con intención de responderle, pero las dudas le asaltan*

- Enviado de una deidad maligna: Incluso quienes las corean como gallos de corral no se las creen ni las respetan... ni respetan a sus amigos *el anciano se pasea por delante de Meilond, hace un pase de manos sin que el Meilond le vea y aparecen como en un sueño Palantir y Rosamoon abrazados como amantes.* Parece que en pocos puedes confiar. Ni siquiera en ellos.

- Meilond: *Su mirada muestra una gran sorpresa* No... pero.. no puede ser... es... mentira...

- Enviado de una deidad maligna: ¿Crees que tus ojos te engañan?

- Meilond: *Aprieta los puños y su mirada se vuelve oscura, cegado por las palabras del anciano y por lo que cree contemplar. Se deja engañar por el ser.* Todo mentiras...

- Enviado de una deidad maligna: Hay una manera de terminar con la enfermedad que sufre tu Orden de Caballeros. Yo te ofrezco los medios, te ofrezco el poder para hacer lo que deseas. Te guiaré en tu camino, pero has de entregarme algo a cambio. ¿Aceptas?

*El anciano, que en realidad es un enviado de Cyric, le ofrece la mano y Meilond la toma. Ambos desaparecen de escena*

- Narrador: Así, aquel sirviente del Señor de las Mentiras utilizó sus engaños y corrompió un corazón justo y noble aprovechando sus dudas. Meilond trazó sus planes en la sombra, hilo a hilo, en secreto. Y nadie supo de aquello hasta que un día muy importante...

*Aparece Rosamoon con vestido de novia y Meilond junto a ella, sonrientes ambos. A su lado, algo más apartado, Palantir, que parece orgulloso de la pareja, oficia la ceremonia.*

- Rosamoon: Hoy unimos nuestras vidas a la vista de todos los dioses, nuestros corazones rebosan dicha y sólo nos separará la muerte.

- Meilond: No anhelo más que pasar toda mi vida junto a ti, amor mío. Ni aunque el mismísimo sol quemara mis retinas me olvidaría de la hermosura de tus ojos o de la dulzura de tu mirada.

*Tras los votos matrimoniales, Palantir felicita a los esposos y consagra la unión.*

- Palantir: Que las deidades de la Luz iluminen este enlace y que su amor nunca termine.

*Los novios se abrazan y todos brindan. Tras un rato, Palantir y Rosamoon parecen mareados*

- Rosamoon: Algo me ha sentado mal...

- Palantir: No me encuentro bien...

- Meilond: Será la comida... *sonríe de manera macabra y termina por reír con marcada maldad.*

*Palantir y Rosamoon no dan crédito al escucharle reír, aunque poco pueden hacer. Caen desmayados.*

- Narrador: Todos los invitados a la boda sucumbieron al efecto del veneno del Señor de las mentiras, que cayeron en un profundo sueño. Durante ese tiempo, lord Meilond aprovechó para reunir oscuros ejércitos aliados en contra Amn.

*Aparecen el siervo de Cyric y Meilond, con una armadura con los colores del dios de las mentiras*

- Enviado de una deidad maligna: Los planes están saliendo como esperabas, mi señor.

- Meilond: Pronto libraré a estas tierras de quienes no la merecen y eliminaré la podredumbre que emponzoña la Orden de Caballeros y ensucia a sus miembros hasta su misma alma.

- Enviado de una deidad maligna: Por supuesto, mi señor... *se frota las manos con sonrisa maligna* Por supuesto.

*Salen de escena*

- Narrador: Pero no todo está perdido, finalmente se encuentra un antídoto para los dormidos. Entonces se ordena la busca y captura de lord Meilond por toda Amn, y no sólo le buscan quienes desean meterlo entre rejas.

*Aparece Rosamoon por un lado del escenario, Meilond por el otro lado. Corren hasta encontrarse y se abrazan. Cuando se separan, se miran a los ojos*

- Meilond: Perdóname, perdóname...

- Rosamoon: Sí, amor, sí... *dice entre lágrimas* Pero... ¿por qué? ¿por qué has perdido la Fe? ¿por qué...? *es detenida por Meilond, que coloca uno de sus dedos sobre los labios de ella.*

- Meilond: Ssssh... ahora no, hay demasiado que explicar... sólo quiero estar contigo y disfrutarte cada día hasta que deje este mundo..

- Rosamoon: Pero no podemos vivir nuestro amor ante los ojos de los demás, no lo entenderían... te juzgarían, me juzgarían. ¡Nos separarían!

- Meilond: ¡Vivámoslo en secreto!

*Ella asiente, conforme, y ambos se toman de la mano, quedándose de momento en el escenario.*

- Narrador: Aunque Rosamoon intentó entender a su amado lord Meilond, las diferencias entre sus creencias crearon un abismo insondable.

*Ahora la pareja se separa, alargando las manos hacia el otro pero alejándose hacia distintos lados del escenario hasta que salen de él.*

- Narrador: Los rumores sobre el fallecimiento de lord Meilond recorren Amn, pero no tarda en descubrirse la verdad. El Elegido del Señor de las Mentiras lleva su ejército de bestias hasta las puertas de Athkalta. ¡Es la guerra!

*Lord Meilond regresa espada en mano, con su rostro lleno de maldad, presto para pelear. Aparece también Palantir en defensa de la ciudad con la espada en alto

- Meilond: *Estrecha la mirada* Antaño quisiste robarme lo que era mío y ahora te presentas ante mí para impedirme conseguir lo que me merezco.

- Palantir: Has sido engañado, tú no eras así... ¡recuerda tus enseñanzas, recuerda lo que eras y a quién amas!

- Meilond: Sé lo que soy ahora y lo que quiero en realidad *empuña su arma para enfrentarse a él*.* Quien venza este duelo se quedará con Athkatla.

- Palantir: Así sea... *suspira resignado y comienza la batalla entre Palantir y Meilond. Al final Palantir hiere de muerte a Meilond, pero cuando se creía con la victoria, Meilond arremete contra él de manera artera*

- Narrador: Así fue como el mal emponzoñó el alma de un virtuoso caballero y así fue como la mano de otro justo y honorable caballero dio fin con su propia vida a tanto terror y salvó Athkatla de la devastación. Y así fue como tres leyendas, Palantir Moonwhisper, su alumno Lord Meilond y la bondadosa Lady Rosamoon, grabaron sus nombres con letras de fuego en la historia de Amn.


Fin.​
 

Anthala

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Quetzalcoatl":2mre2m6o dijo:
LXXXVIII. Del teatro con dedicatoria: para Adara.​



Una historia de caballeros.
Palantir, Lord Meilond y Lady Rosamoon.

Por Madeleine Sweeny.

Para mi estimada sobrina
cuyos ojos siempre brillan
aunque las discordantes notas de la vida
a veces no te sonrían.

Para ti, Adara, por no perder nunca la sonrisa ni olvidar tus ideales.
​


Muchas gracias Tia Maddy. :)
 

JoShakuras

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*Dylan aplaude hasta que se le caen las uñas*
 

Zoroaster

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Por fin me lo he podido leer entero. GRANDE la barda y ENORME el jugador :) :) :)
 

Quetzalcoatl

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LXXXIX. De las doradas tierras de Calisham (segunda parte).​

Capítulo tres. En “La Sirena Mojada”.​

No había duda de que al Sonrisas el negocio le iba viento en popa. ”La Sirena Mojada” era un lugar fresco y oscuro atestado de clientes, un amplio local en buenas condiciones con las paredes pintadas de azul niebla y el eco del fluir del agua reverberando plácidamente en el oído. La costosa decoración y los mármoles de las columnas mostraban a los visitantes imágenes apacibles de escenas cotidianas. No hizo falta estar mucho tiempo en el establecimiento para darse cuenta, por el contraste entre la gran cantidad de clientes de sexo masculino y la poca ropa que llevaban allí las damas, de cual era una de los servicios que ofrecían en “La Sirena Mojada”.

El Sonrisas, como no podía ser de otro modo, les recibió con una amplia sonrisa dibujada en su arrugado y moreno rostro desde detrás del mostrador.


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-Bienvenidos a mi humilde local, ¿venís a vender?

-Venimos a verle a usted, señor Sonrisas - Lilimel le devolvió la sonrisa, tanto por educación como por la dicha de haber dejado atrás el sofocante calor del exterior.

-Ah, que ni las medianas ni la elfa son esclavas... bien, bien, ¿así que turistas?

Nysia frunció suavemente el ceño y Mirriel pareció perder el interés en la conversación prácticamente nada más comenzar ésta, separándose del grupo unos pasos y observando el local con curiosidad. Madeleine, por otra parte, se mantenía al lado de Lilimel con gesto un tanto incómodo sin dejar de abanicarse con la mano, y junto a ellas Lock alegraba la vista aprovechando la poca tela que cubría los cuerpos de las fulanas. Erilet había partido hacía rato de regreso al barco.

-Somos de la Liga de la Bota y el Sendero y venimos para pedirle algunas referencias – unas monedas de plata tintinearon sobre la superficie del mostrador. - El viejo Bobby nos ha dicho que puede indicarnos algunas entradas al Muzad.

-Oh, ese maldito Bobby... - la sonrisa del Sonrisas se desdibujó en una mueca de contrariedad - ¿Qué os ha dicho ya? ¡No quiero que vaya diciendo eso, luego me busca lios!

Las quejas no impidieron que se agenciara todas y cada una de las brillantes monedas plateadas.

-Ha dicho que es un hombre honorable que conoce cada paso de esta ciudad – la mediana endulzó sus palabras dejando caer alguna moneda más que no tardaron en unirse a las anteriores en alguno de los bolsillos del Sonrisas.

-No sabéis para qué se suele usar el Muzad, ¿eh? – el rostro del antiguo miembro de la Liga adoptó un gesto furtivo, miró a ambos lados con desconfianza y se inclinó hacia Lilimel - Ahí las cofradías hacen sus negocios sucios, en la parte más superficial. Lo emplean como túneles para acceder de un punto a otro de la ciudad. ¡Y por eso no me gusta que me pregunten, luego vienen a partirme los huesos pensando que les delato, y yo ya estoy muy viejo!

-No hablaremos del señor sonrisas. Ni sonreiremos, Mirriel promete que Lilimel aún menos – la elfa, como siempre, estaba al tanto de todo aunque no lo pareciera.

El Sonrisas sopesó las opciones brevemente.

-Venga, cinco mil monedas de ésas que usáis los norteños y os menciono una de las pocas entradas que quedan en pie. O eso o devolverme mi trono... – el Sonrisas frotó la superficie del mostrador enérgicamente con un paño mojado, insistiendo en un punto concreto como si una de las manchas fuera imposible de limpiar. - Maldito Bobby... El muy... mediano se lo quedó cuando dejé la Liga.

-Tres mil y nos das la información – regateó el elfo una vez perdido su interés por las humanas semidesnudas.

-¿Tres mil? ¡y un cuerno! - el viejo Sonrisas abrió los ojos de par en par, simulando desconcierto - ¡Como mínimo tres mil cincuenta!

-¡Hecho!

Cuando regresaron a las calles de Puerto Calim con la nueva información, las sombras no sólo prometían la llegada del agradable frescor propio de la noche calishita, sino algo mucho más inquietante. Con paso prudente pero decidido comenzaron a avanzar hacia su nuevo destino: “La Promesa Negra”, un tugurio bajo tierra desde el que supuestamente se podía acceder a los túneles subterráneos conocidos como el Muzad.

Continuará...
 

Quetzalcoatl

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XC. De trovas al alba.​

*Dos pergaminos, plegados con cuidado y ocultos entre las páginas del diario, esconden sendas canciones dedicadas al amanecer y al período más caluroso del año. *

Madeleine":3pqbbve1 dijo:
Bienvenida al Alba.
Por Madeleine Sweeny

El oscuro horizonte
se tiñe de cierta luz
que ya clarea los montes.

Es el alba,
que amanece.
Es Lathánder
que ya viene.

¡Bienvenida seas, mañana!
Saludad un nuevo día
con esta Canción al Alba.

Mil rayos de oro puro
despegan las sombras
de la piel del mundo.

Mil cálidos dedos
de melodía etérea
y fulgor risueño.

La noche se vuelve día
Sêlune ya no es tu guía
Lathánder la reemplaza
murmurándole un “descansa”.

Y duerme la luna eterna
sobre su colchón de estrellas
mientras el Sol deambula
junto a las nubes de azúcar.

Atravesando los cielos
celestes tras ese beso
de lucero y resplandor
como sólo besa el Sol.

¡Bienvenida seas, mañana!
Saludad al nuevo día,
siempre nos trae esperanza.

amanecer-en-el-campello_6592031.jpg
Madeleine":3pqbbve1 dijo:
El Baile del Estival.
Por Madeleine Sweeny

¡Es la noche de Estival!
¡es la noche de Estival!
Tenemos que festejar.

Los dioses hoy nos sonríen
las hadas hoy nos animan
a disfrutar de la vida.

¡Es la noche de Estival!
¡es la noche de Estival!
Es el momento de amar.

Ya los calores aprietan
bebe todo lo que quieras
y no pierdas la alegría.

¡Es la noche de Estival!
¡es la noche de Estival!
Olvidemos el pesar.

Baila toda la noche
lo que tus pies aguanten
sin perder una sonrisa.

¡Es la noche de Estival!
¡es la noche de Estival!
Nada puede irnos mal.

Que las nubes no lloren
que los vientos no griten
hoy sólo queremos risas.

¡Es la noche de Estival!
¡es la noche de Estival!
Que el festejo empiece ya...

arte-barroco-caracteristicas2.jpg
​
 

Quetzalcoatl

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XCI. De una canción de cumpleaños.​

*Aunque no rellena nuevas páginas de su diario, Madeleine guarda entre sus hojas pergaminos sueltos donde escribe poemas o trovas. Esta vez se trata de una canción que fue interpretada por ella en el cumpleaños de una amiga, hace unos meses.*

Una belleza morena
de suave tez de canela
ojos de esbelta silueta
y un aroma que marea.

Ése es su olor a manzana
que a diario le acompaña
ya sea noche o mañana
como si fuera su marca.

¿Quién será esa joven,
quién osará darle un nombre?

Procedente de Tashluta
y de exótica hermosura
su mirada es tan astuta
que a todos los hombres embruja.

Recta y disciplinada
témela en la batalla
y cual jinete montada
es tormenta desatada...

¡Rendíos ante su encanto!
¡pues ha cumplido sus años!

Veintidos primaveras,
cuenta ya nuestra mozuela.

¡Felicidades, maestra Koe!
Te dedicamos, de mil amores
esta melodía que ahora oyes...
con la mejor de las intenciones.
​
 

Quetzalcoatl

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XCII. Del arpa maravillosa.​

*Madeleine nuevamente amplía sus escritos en el diario con unos versos que cantó en el evento de narraciones mágicas que la Eterna Melodía organizó a petición de Armeís. Los cantó fuera de concurso y acompañada al arpa por Azalaea, y cuentan, no de manera totalmente veraz, una historia real que vivieron Armeís, Astrid y ella misma hace algo más de un año.*

Oda al arpa maravillosa.
Por Madeleine Sweeny

Esta bardo que os observa
os va a contar una historia
tal vez sea una leyenda
escrita como una oda
que palabra tras palabra
nacerá desde mi boca
para escucha de cualquiera
que atendiera a mi persona.

Dícese que se encontraban
tres amigos disfrutando
eran tres aventureros
a la magia acostumbrados
las dos mujeres artistas
el caballero un arcano
y de cena en la posada
quisieron pasar el rato.

Deleitaban sus manjares
con la música de bardo
que del arpa procedía
de una artista entre sus manos
y tocaba, interpretaba
melodías con encanto
hasta que una luz extraña
apareció como un halo.

¿Que de dónde procedía?
Del arpa que el bardo trajo
que era mágico instrumento
con secretos encerrados
entre sus cuerdas de plata
guardados como oro en paño
mas que ese día concreto
quiso mostrar con agrado.

Dícese que aquel destello
echó el vuelo cual paloma
y digo paloma porque
era mensaje cual nota
que lleva ave mensajera
y hasta el destino transporta
guiando a los tres amigos
a una gruta silenciosa.

Allí moraba una ninfa
con las mejillas llorosas
delicado era su porte
su piel cubierta de hojas
y ensortijada en sus brazos
la hiedra engendraba formas
de preciosa geometría
y particular aroma.

“¿Qué os ocurre hermosa dama?
Qué mancha con tristes horas
la alegría de una ninfa...
¿Acaso os sentís muy sola?”

El bello ser de los bosques
respondió con voz tristona.
“Algo malo ha sucedido
mi hogar la vida abandona
y es por culpa de un engendro
que me envidia y que me odia”.
Y en efecto que así era
no había musgo ni en la roca.

La partida hizo camino
dirigiendo sin demora
sus pasos al objetivo
donde la maldad aflora
varios peligros saldaron
con artes habilidosas
utilizando su magia
de manera muy juiciosa.

Un castillo contemplaron
cuando cayeron las sombras
habitábale un demonio
que, rugiendo cual las olas
en un mar embravecido
alzó sus garras furiosas
con perversas intenciones
de acabar con nuestra tropa.

Sonó una cuerda del arpa
tañeron después las otras
conformando melodía
de inspiración trovadora
una mágica tonada
de mil luminosas notas
que atraparon al demonio
como la araña a la mosca.

La risa volvió a la ninfa
la vida creció gozosa
de nuevo en aquella gruta
con fuerza tempestuosa
y fue gracias a la magia
de un arpa y su trovadora
y del talento de arcanos
de voluntades honrosas.
​
 

Quetzalcoatl

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XCIII. Del significado de los sueños (II).​

*No ha amanecido aún en Purskul, pero Madeleine permanece despierta, pluma en mano, en un intento de plasmar en su diario la pesadilla que ha oscurecido su descanso. Alza un momento la mirada de aquellas páginas que atesoran tantos y tantos recuerdos y observa a Greta, que aún duerme a pesar de que su sueño también fue inquieto. Suspirando levemente, la bardo presta de nuevo atención a la labor que la mantiene en vela.*

Despierto de un sueño.

Mis sentidos se avivan, paulatinamente alentados por cada estímulo que reciben de aquel paradisíaco paraje. Mi piel percibe el roce de los cálidos rayos del sol y la suavidad de la fina arena de aquella playa. El rumor de las olas en su aventura tierra adentro reverbera entre las palmeras, que se dejan mecer por la brisa procedente de aquel vasto océano que se abre ante nosotras. Greta canta, a mi lado, canta con su espléndida melena rojiza agitándose a su espalda. Las palabras nacen de sus labios pero no las comprendo, sólo adivino las notas de la melodía.

Nada ocurre durante unos minutos, o quizás horas, no lo sé. Nada cambia. Disfruto de aquella paz, lejos de los problemas y de las responsabilidades. Greta sonríe, parece muy feliz. Silenciada su melodía, contempla el horizonte azul lavanda que aparece manchado aquí y allá por alguna nota de blanco en forma de nube.


o73ses.jpg

Greta señala hacia el mar. Las olas siguen mojando la arena y la brisa sigue jugueteando con mis cabellos, mas ya no estamos solas. Tuerzo el gesto en un principio, temiendo que aquella quietud se desvanezca, pero pronto sonrío al darme cuenta de quiénes van a compartir aquel deleite con nosotras.

El imponente director de la Arcanum Scholla, un hombre serio y disciplinado, viste su larga túnica de miembro de la Orden del Bastión, pero los bordes de su prenda están húmedos y cubiertos de arena. Con las mangas remangadas ríe, ríe como pocas veces se le ha escuchado reír en los últimos tiempos, con la risa de quien carece de grandes obligaciones o compromisos, con ganas, abiertamente. No hay rastro de la quemadura que mancillaba su rostro, aquella marca que no sólo ensuciaba su piel. Parece de nuevo aquel alumno inocente, jovial, deseoso de absorber cada pizca de conocimiento y cada nueva experiencia.

A su vera, tres profesores comparten risas y comentarios con Armeís. No entiendo lo que dicen, pero el tono de sus voces es relajado y alegre. Tesla no pierde esa sonrisa bribona de quien está cavilando sobre una nueva travesura, como un niño. Está despeinado, y de sus ropajes y cabellos se desprenden gotas de agua cada vez que carcajea. Lysebeth, siempre radiante, refulge con más brillo si cabe cuando el sol incide directamente en sus cabellos plateados y sobre las níveas telas que la cubren. Gaius me busca con la mirada, yo le sonrío y él me corresponde, y su sonrisa sé que implica algo más que una simple amistad.

Tras ellos, dos alas blancas acunan la brisa. Sereno e imperturbable, Ryan Stewart vigila el horizonte embutido en su magnífica armadura a la espera de... ¿de qué? ¿qué podría alterar esta maravillosa armonía?

Intento llamar su atención, me mira un momento, no responde. Observa un punto concreto, lejos, muy lejos, sus ojos brillan de una forma especial y quiero saber qué es lo que examinan con tanta intensidad. Sigo su mirada aunque no percibo más que el leve balanceo del mar.

Las risas continúan, pero algo cambia.

Lo noto en el ausente peregrinaje de la brisa, en los mudos graznidos de las gaviotas, en la repentina debilidad de los colores que delinean cada rincón de aquel lugar.

Y es entonces cuando lo oigo.


... MISERABLES MORTALES, MIL AÑOS HACE QUE NO ATRAVIESO EL VELO...
... ¿CÓMO OSÁIS ENFRENTARME? ...
​

Cesan las risas, el cielo se enturbia, la oscuridad crece. Algo se agita en el mar y la voz, una voz áspera, iracunda, perversa... pronuncia severas palabras en mi mente.

... MI MUERTE SOLO ES EL PRELUDIO DE VUESTRO TORMENTO, MISERABLES MORTALES ...​

El océano ruge enfurecido. Borbotones rojos emergen de las aguas, geiseres carmesí que inundan la playa con su tacto viscoso. Es un mar de sangre... ¡y nos rodea!

259ga6f.jpg

Tomo la mano de Greta y huyo. Me hundo en la arena, o tal vez sea la marea de sangre que quiere tragarme. ¿Dónde están los demás?

Giro mi rostro buscándoles. Plumas blancas perladas de rojo en un último aleteo, un hermoso vestido albo que desaparece entre rubíes, un huracán escarlata que cubre mazas divinas y báculos mystrenses. Y el grito del arcano antes de derrumbarse en el fango bermejo.


¡¡¡BAATOR'KRUHNKTAJ!!!​

Creo tener a Greta a mi lado, pero Greta ya no está. Sus cabellos pelirrojos se sumergen y se funden en aquella infinidad púrpura. Miro mis manos, húmedas de sangre y cierro los ojos, entre sollozos, esperando el final...

Pero el final no llega. Y cuando abro mis ojos veo...


... dos luceros verdes ...​

Offtopic :
Bueh, aquí mi visión, o mejor dicho, mi forma de explicar los sucesos que ocurrieron no hace mucho y que causarán durante algún tiempo sus buenas pesadillas en Madeleine (precioso fallo crítico en la tirada de voluntad que me comí xD).

Gracias a DM Asyel por la escena (¡menudos FX!) y a los compis por su buen rol ^^.
 

Skunkz

Lanzador de Deseos que no funcionan así
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Muy chulo el enfoque que le has dado al relato de la escena... Escribes como un bardo nivel 20 alto macho :D Yo en el momento en que se quedaron todos paralizados y el bicho suelto, empecé a aceptar eso como un fin más o menos digno de nuestros PJ's xD Benditos palacas guaperas


Quetzalcoatl":acjopd81 dijo:
XCIII. Del significado de los sueños (II).​

*No ha amanecido aún en Purskul, pero Madeleine permanece despierta, pluma en mano, en un intento de plasmar en su diario la pesadilla que ha oscurecido su descanso. Alza un momento la mirada de aquellas páginas que atesoran tantos y tantos recuerdos y observa a Greta, que aún duerme a pesar de que su sueño también fue inquieto. Suspirando levemente, la bardo presta de nuevo atención a la labor que la mantiene en vela.*

Despierto de un sueño.

Mis sentidos se avivan, paulatinamente alentados por cada estímulo que reciben de aquel paradisíaco paraje. Mi piel percibe el roce de los cálidos rayos del sol y la suavidad de la fina arena de aquella playa. El rumor de las olas en su aventura tierra adentro reverbera entre las palmeras, que se dejan mecer por la brisa procedente de aquel vasto océano que se abre ante nosotras. Greta canta, a mi lado, canta con su espléndida melena rojiza agitándose a su espalda. Las palabras nacen de sus labios pero no las comprendo, sólo adivino las notas de la melodía.

Nada ocurre durante unos minutos, o quizás horas, no lo sé. Nada cambia. Disfruto de aquella paz, lejos de los problemas y de las responsabilidades. Greta sonríe, parece muy feliz. Silenciada su melodía, contempla el horizonte azul lavanda que aparece manchado aquí y allá por alguna nota de blanco en forma de nube.


o73ses.jpg

Greta señala hacia el mar. Las olas siguen mojando la arena y la brisa sigue jugueteando con mis cabellos, mas ya no estamos solas. Tuerzo el gesto en un principio, temiendo que aquella quietud se desvanezca, pero pronto sonrío al darme cuenta de quiénes van a compartir aquel deleite con nosotras.

El imponente director de la Arcanum Scholla, un hombre serio y disciplinado, viste su larga túnica de miembro de la Orden del Bastión, pero los bordes de su prenda están húmedos y cubiertos de arena. Con las mangas remangadas ríe, ríe como pocas veces se le ha escuchado reír en los últimos tiempos, con la risa de quien carece de grandes obligaciones o compromisos, con ganas, abiertamente. No hay rastro de la quemadura que mancillaba su rostro, aquella marca que no sólo ensuciaba su piel. Parece de nuevo aquel alumno inocente, jovial, deseoso de absorber cada pizca de conocimiento y cada nueva experiencia.

A su vera, tres profesores comparten risas y comentarios con Armeís. No entiendo lo que dicen, pero el tono de sus voces es relajado y alegre. Tesla no pierde esa sonrisa bribona de quien está cavilando sobre una nueva travesura, como un niño. Está despeinado, y de sus ropajes y cabellos se desprenden gotas de agua cada vez que carcajea. Lysebeth, siempre radiante, refulge con más brillo si cabe cuando el sol incide directamente en sus cabellos plateados y sobre las níveas telas que la cubren. Gaius me busca con la mirada, yo le sonrío y él me corresponde, y su sonrisa sé que implica algo más que una simple amistad.

Tras ellos, dos alas blancas acunan la brisa. Sereno e imperturbable, Ryan Stewart vigila el horizonte embutido en su magnífica armadura a la espera de... ¿de qué? ¿qué podría alterar esta maravillosa armonía?

Intento llamar su atención, me mira un momento, no responde. Observa un punto concreto, lejos, muy lejos, sus ojos brillan de una forma especial y quiero saber qué es lo que examinan con tanta intensidad. Sigo su mirada aunque no percibo más que el leve balanceo del mar.

Las risas continúan, pero algo cambia.

Lo noto en el ausente peregrinaje de la brisa, en los mudos graznidos de las gaviotas, en la repentina debilidad de los colores que delinean cada rincón de aquel lugar.

Y es entonces cuando lo oigo.


... MISERABLES MORTALES, MIL AÑOS HACE QUE NO ATRAVIESO EL VELO...
... ¿CÓMO OSÁIS ENFRENTARME? ...
​

Cesan las risas, el cielo se enturbia, la oscuridad crece. Algo se agita en el mar y la voz, una voz áspera, iracunda, perversa... pronuncia severas palabras en mi mente.

... MI MUERTE SOLO ES EL PRELUDIO DE VUESTRO TORMENTO, MISERABLES MORTALES ...​

El océano ruge enfurecido. Borbotones rojos emergen de las aguas, geiseres carmesí que inundan la playa con su tacto viscoso. Es un mar de sangre... ¡y nos rodea!

259ga6f.jpg

Tomo la mano de Greta y huyo. Me hundo en la arena, o tal vez sea la marea de sangre que quiere tragarme. ¿Dónde están los demás?

Giro mi rostro buscándoles. Plumas blancas perladas de rojo en un último aleteo, un hermoso vestido albo que desaparece entre rubíes, un huracán escarlata que cubre mazas divinas y báculos mystrenses. Y el grito del arcano antes de derrumbarse en el fango bermejo.


¡¡¡BAATOR'KRUHNKTAJ!!!​

Creo tener a Greta a mi lado, pero Greta ya no está. Sus cabellos pelirrojos se sumergen y se funden en aquella infinidad púrpura. Miro mis manos, húmedas de sangre y cierro los ojos, entre sollozos, esperando el final...

Pero el final no llega. Y cuando abro mis ojos veo...


... dos luceros verdes ...​

Offtopic :
Bueh, aquí mi visión, o mejor dicho, mi forma de explicar los sucesos que ocurrieron no hace mucho y que causarán durante algún tiempo sus buenas pesadillas en Madeleine (precioso fallo crítico en la tirada de voluntad que me comí xD).

Gracias a DM Asyel por la escena (¡menudos FX!) y a los compis por su buen rol ^^.
 

gineu

Llanero del brasero
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Guau que pasada de relato!!! _mequitoelsombrero _mequitoelsombrero _mequitoelsombrero _olee _olee _olee 8)
 

Quetzalcoatl

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XCIV. De una obra realizada en Edive.​

*Para cumplir con la petición de Frederic Tesla, compañero en El Orbe Eterno, Madeleine escribe una comedia teatral para ser representada en Edive, basándose en leyendas calishitas sobre fuentes, magia y transformaciones.*

Madeleine":3a3l018o dijo:
Noche de cambios​

Guión adaptado de un relato tradicional calishita, por Madeleine Sweeny.

Protagonistas:
-Él
-Ella
-Desconocido

(En el escenario aparece representado un paradisíaco lugar en cuyo centro se erige una fuente de la que mana agua. Entran en escena la pareja de enamorados, cogidos de la mano.)

Ella: ¡Qué lugar tan bonito!
¡Esto es el paraíso!
(Canturrea llevando de la mano a Él) Laalaralaritoo...

Él: Lo más hermoso para la más hermosa
¡Te envidiarán hasta las rosas!

Ella: (Le guía hasta que ambos se sientan en el borde de la fuente y suspira, contenta, sin dejar de fijarse en cada detalle del lugar, las flores, los árboles, etc)
¿Cómo no descubrimos antes
estas praderas, estos parajes?
¡Qué suerte que me acercaste
donde nunca hicimos antes!

Él: (Observa más a la mujer que a otra cosa, con cara de deseo y va acercando sus labios a los de ella, poco a poco)
¡Así es, mi señora!
Elegimos en buena hora
pasearnos por aquestas lomas
donde podremos estar a solas
para disfrutar del roce de nuestras boc...

(Ella se levanta y él se tropieza con la fuente y no termina la frase)

Ella: (Le mira un segundo) ¿Qué decías, amado mío?
Creo que no te he oído...

Él: Seguramente algún sinsentido... (suspira, un tanto resignado)
O tal vez es que no he comido
y tengo en mi interior un rugido... (se pone la mano en el estómago)

Ella: Prueba el agua de ese manantial
que el hambre no calmará
mas un poco sí tu otro mal...
¡La melodía estomacal!
(Ríe un poco mientras echa a correr por la pradera)

Él: (Para sí, mientras mira a la mujer)
Adormeceré pues un deseo
que el otro está que echa fuego
y veo que apagarlo no puedo...

(Él bebe de la fuente y de repente se transforma en una mujer, con ropajes femeninos y todo. Ella no ve la transformación y él de momento no se da cuenta)

Ella: (Se gira y ve a su amado que ahora es una desconocida)
¿Quién sois vos, dama?
¿Dónde fue quien conmigo estaba?

Él: ¿Cómo que dama?
¡Dejaos de..! (Se da cuenta de la voz femenina que tiene) De... ¿chanzas?
(Se palpa por todas partes)
¡Por todos los dioses habidos y por haber!
¡No tengo lo que debería de tener!

Ella: ¿Qué magia es ésta?
¡Ahora “él” es “ella”!

Él: (Muy preocupado, casi llorando)
No hay nada de lo que tuve
y ahora me cuelgan estas dos ubr...

(Antes de terminar, aparece un tipo que le empuja y no termina la frase)

Desconocido: ¡Uy, perdón, perdón!
Siento mucho el empujón...

Él: Ay, ay, qué dolor...

Desconocido: ¿Es que el golpe os ha dolido?

Él: ¡Es que no me quiere el destino!

Desconocido: ¡A que del agua habéis bebido! (señala la fuente)

(Él asiente llorando ya)

Desconocido: Pues ya no tiene arreglo...
Antes del mostacho negro
y de tener pelo en el pecho
¡yo era mujer de un molinero!

Él: No puede ser, no puede ser...
¡No quiero ser una mujer! (corre hacia la fuente para beber de nuevo)
¡No quiero dos piernas sino tr...! (se tropieza y cae dentro de la fuente. A pesar del chapuzón y del agua que se traga, no cambia.)

Desconocido: No funcionará
¡nada cambiará! (se aleja y sale del escenario)

Ella: (Corre hacia Él y le ayuda a salir de la fuente) ¡Oh, amor imperfecto!
¡Oh, amor caprichoso!
¿qué será ahora de nosotros?

Él: Lo mejor es que me dejéis solo...

Ella: Será sola.

Él: Como sea la cosa...

Ella: ¡No lo dejaré así!
O amo o me dejo morir.
(Ella bebe de la fuente y se transforma en hombre. Tras palparse y darse cuenta de que ha funcionado, abre los brazos y habla con voz masculina)
¡Ven a mis fuertes brazos!

(Se abrazan y se separan)

Él: ¡Todo esto es tan extraño!
pero tendremos que aceptarlo (encoge los hombros con una suave sonrisa)

Ella: Ésta es nuestra fortuna
Una es uno (se señala),
y uno es una (señala a Él).
Al menos seguimos juntos
y el amor perdura!

Él: (Parece ir aceptándolo, sonríe más)
Disfrutemos entonces de este lugar
¡yo lo que quiero es bailar!

Ella: Y yo lo que deseo ahora (intenta besar a Él acercándose poco a poco)
es probar esa boc...

Él: ¡Oh¡ Creo que he visto
un precioso animalillo
en aquel claro de allá...

(Él le deja con la palabra en la boca, corriendo y saliendo de escena)

Ella: Me da que poco voy a catar...

(Ella termina por salir de escena. Fin)
 

Quetzalcoatl

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XCV. De oraciones en Minsor.​

*Nuevas letras ilustran una de las hojas del diario de Made, unos versos a petición de Dominicus de la Orden del Fénix para "Las bodas de la Comunión" celebradas en Minsor.*

Aria a los Cinco

Alzando mi voz a los cielos
Dejo volar las palabras
De esta oración hecha en verso
A cinco dioses ofrendada
Cuyos nombres ahora os miento
Con devoción y esperanza.

Siamorfhe e Ilmater
Tyr, Helmo y Torm
Cinco divinas presencias
Defensoras del Honor
Amantes de la Justicia
Leales de corazón
Adalides de Luz y Vida
De los débiles su Protección.

¡Oh, Tyr! La Mano Firme
Que no duda en sus sentencias
Invariablemente ecuánime
Ante ti el culpable tiembla.

Ilmáter, El Dios Quebrado
Sostienes el dolor del mundo
Hasta el más exiguo llanto
Terminas por hacerlo tuyo.

Torm, el Dios Leal,
Aliado de los Justos
Un símbolo de Lealtad
Destructor de los corruptos.

Helmo, el Vigilante
Guardián de los oprimidos
Espada afilada y brillante
Siempre cumple su cometido.

Siamorfhe, el Cáliz de Plata
Su misión: el justo gobierno
La política es su mejor baza
Para obtener el bien del pueblo.

Alzando mi voz a los cielos
Con una sonrisa en la cara
Recito este humilde rezo
Anhelando que mi aria
Sea escuchada por ellos
Y bendigan esta velada.​

Madeleine Sweeny​
 

Vikinga

Duodécima excusa de Zeratul
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_olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee _olee

*ss* Quetza a este paso igualas al post para camperos ¿eh?
 

Quetzalcoatl

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XCVI. Del encierro en el Sanatorio.​

Otra vez encerrada. ¿Y por qué razón? Por los magos.

De nuevo.

Eso es lo que le diría Astrid. Se la podía imaginar regañándola, brazos en jarra y meneando su morena melena mientras la pluma del sombrero acompañaba el balanceo con un suave subir y bajar.

Eso es lo que le diría Astrid… si lograban escapar de su prisión, claro.

Lo más seguro es que Anhol hubiera estado totalmente de acuerdo con la marinera, intentando convencer a Madeleine de que la magia es el mayor mal de nuestro mundo y de que todos los magos – los magos, que no las magas – deberían desaparecer. ¡Qué divertido habría sido presenciar esa escena, Anhol y Astrid de acuerdo en una cosa!

Ah, cómo les echaba de menos. A Astrid, a Anhol, a sus chicos de La Eterna Melodía, a Lilimel, a... no sé, a tantos… Qué habrían pasado… ¿tres, cuatro días a lo sumo? Daba igual, Madeleine sentía el peso de la eternidad sobre sus hombros, sobre todo en las jornadas de vigilancia o durante el tiempo que había dedicado a conjurar magia positiva para no perder a Hal. En uno de esos momentos en los que se encontraba sentada junto al cuerpo inconsciente del hombre malherido, sin nadie en el campamento, se permitió llorar en silencio y dejó escapar las emociones y los pensamientos funestos que se agolpaban en su mente y en su corazón. Las lágrimas inundaron sus ojos y resbalaron por su piel, apaciguando al menos mínimamente la sensación de agobio.

Pensó en sus padres. Su querida Madre fue su inspiración, su musa en los días de infancia cuando sus mayores preocupaciones eran las clases con sus maestros o colarse con Greta en el Teatro de la Alegría para presenciar clandestinamente los ensayos de los bardos más importantes de aquella época.

Madeleine inhaló profundamente aquel aire cálido que les rodeaba, expulsándolo con lentitud para alejar la nostalgia. Observó el campamento, por el que sus compañeros iban y venían, cada uno dedicado a sus tareas. Al menos no estaba sola. Tener a su lado a sus amigos de El Orbe Eterno era un alivio, confiaba en ellos y eran un gran apoyo… excepto Roxx, debido a su “problema”. Se fijó unos instantes en Draconeo, sintiendo verdadera lástima por él. Tanta inteligencia y tanto saber encerrados en una mente que no se permitía ver más allá de los límites de odio y desprecio que él mismo se había impuesto.

Alejó esos pensamientos de su mente y su mirada se posó en su bolsa de viaje. Dubitativa, la acercó a su regazo. Finalmente, decidió dar utilidad a la maravillosa arpa que descansaba entre sus pertenencias, un instrumento imbuido por la esencia de ninfas, liches y djinnes, un arpa que halló durante sus viajes con la Liga de la Bota y el Sendero con una historia que esa vez no sería contada ni cantada, mas sí habría otra canción. Tras afinarla metódicamente – Ruran siempre le recordaba lo cuidadosa que era en ese sentido - cerró los ojos y dejó que su voz cincelase los versos de una melodía.


En verdes prados me encuentro
No tengo miedo ni hay llanto
Un arroyo canta lejos
Para inspiración de esta bardo.

Las nubes de terciopelo
Abrazan al rey de los astros
Que sonríe desde el cielo
Cuando percibe mi canto.

En la hierba me recuesto
Dejando que el verde manto
Que con amor mece el viento
Acoja mi cuerpo cansado.

En verdes prados me encuentro
Mis ojos su mar han secado
La dicha ríe en mis adentros
Y mi alma se ha liberado.


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