XXIII. Del mal uso de la magia y de sus consecuencias.
Aunque creo que el control que hay en
Amn sobre la utilización de las aptitudes mágicas puede ser excesivo, estos días he entendido que en gran parte es muy necesario. No abogo por un control férreo, yo también soy usuaria de la Urdimbre, pero aquellos que no saben utilizarla con sensatez deberían aprender o dejar de hacerlo.
¿Y por qué pienso esto? Escribiré tres ejemplos.
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Primer ejemplo. De cómo un conjuro en principio inofensivo puede acarrear graves consecuencias.
Hace unas lunas,
Greta y yo viajábamos tranquilamente a pie hacia
Crimmor para tomar el túnel del
Clan Rompecráneos y visitar
Purskul. Ante la llegada de la
Fiesta de la Cosecha que patrocina la
Casa Galdrim,
Greta y yo teníamos pensado buscar el mejor lugar para la realización de los juegos. Un anciano mago de nombre
Fell Snyden se nos unió en el camino del río. Hasta aquí todo normal.
A las puertas del túnel de los enanos, el anciano arcano consideró que sería más conveniente utilizar un conjuro para llegar a nuestro destino. Quién nos mandaría a
Greta y a mí aceptar su ofrecimiento.
El mago desató la magia haciendo bailar sus manos y canturreando una letanía. Todo se tornó en oscuridad durante unos instantes, me mareé y cerré los ojos. Creí que nos habíamos desvanecido para siempre, pero de pronto noté humedad en los pantalones y escuché un extraño sonido de chapoteo.
Cuando abrí los ojos contemplé roca, arena, agua, y una bestia oculta bajo ésta con una hilera de dientes decorando su sonrisa animal.
Corrimos, vaya que si corrimos, pero nos habíamos materializado en el fondo de lo que a primera vista nos pareció un estrecho desfiladero, y el agua nos llegaba hasta las rodillas reduciendo nuestra velocidad.
Greta descubrió una senda que ascendía por la pared rocosa, pero yo era la que más cerca estaba de ese animal monstruoso y no tuve tiempo de huir. El ser me agarró de la bota y tiró y tiró de mí para hundirme bajo el agua, ¡qué fuerza tenía, carajo!
Desenvainé el estoque como pude, intentando que no me derribase. Agarré la empuñadura con ambas manos, giré el filo con la punta mirando a la cabeza del animal y me dejé caer. ¡Lo maté! Pero los peligros no habian acabado.
Cuando llegamos a zonas altas, nos dimos cuenta de que aquel lugar era un castillo perteneciente a la familia
D'Arnise, la misma que fletó aquel barco hundido,
"El orgullo de Brinley". Sus guardianes parecían estar guerreando con un grupo de trasgos que queria asaltar las murallas. Las flechas silbaban a nuestro alrededor y una masa de aceite hirviendo y en llamas llovió sobre nosotros, golpeando el suelo cerca de
Greta. Pobre
Greta, casi muere allí. Pero no, no murió, escapamos de aquel infierno y en
Amnagua sanaron sus heridas y quemaduras.
Este es un buen ejemplo del por qué es necesario saber lo que se hace en cuestiones mágicas si no quieres salir mal parado.
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Segundo ejemplo. De magos y bolas de fuego.
Gunthard, compañero de clases en la
Arcanum Scholla, parece dado a buscar la compañía de ogros y trolls y cocinar con ellos. Y no sólo con ellos, no, también con todo aquél que se le acerque. Algo así como
"venid, acercaos a mí, dadme la mano y...¡kabum!". Me explico.
Paseaba con mi
Zafiro por el camino del río cuando noté a lo lejos la presencia de ogros, que parecían muy alterados. Desenvainé el estoque y sali al trote, suponiendo que algo pasaba y preparándome para ello. Por cierto, ¡gracias maestro
Axel y gracias
Vlad por vuestras clases!
Entonces... ¡kabum! Una poderosa bola de fuego se estrelló a pocos pasos de mí.
Casi caigo al suelo cuando
Zafiro se encabritó, asustado. Seguro que grité del susto, pero ya no lo recuerdo. Cuando descubrí el origen del hechizo mi sorpresa fue enorme. Ahí estaba
Gunthard, cercado por varios ogros y conjurando bolas de fuego sin importarle lo que se quemara en el proceso. Su compañero de viaje (no sé su nombre pues no nos presentamos) mantenía sabiamente las distancias.
Pensé en ir a ayudarle pero los ogros no tardaron en ser ceniza gris y sin vida. En un primer momento no me pareció raro, tal vez se vio rodeado y los nervios le traicionaron, por lo que conjuró las bolas de fuego para sobrevivir. ¡Pero qué equivocada estaba! A lo lejos, otro ogro pedía venganza entre gritos de furia e insultos hacia
Gunthard. El mago, muy tranquilo, canalizó un encantamiento que paralizó al ogro y se dirigió hacia él, con tan mala suerte de verse nuevamente rodeado de más ogros y de una partida de trolls. ¿Y qué hizo entonces?
¡Conjurar más bolas de fuego, y sobre sí mismo!
Uh... no me contuve y le llamé loco, tanto por esa manera tan caótica de usar la magia como por la tranquilidad con la que arriesgaba su vida.
Y algo ha tenido que hacer, porque hoy mismo, mientras presenciaba lo que ocurría en las puertas de
Athkatla, le he visto acompañado de un Encapuchado que no le quitaba ojo de encima... lo que me lleva al último ejemplo.
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Tercer ejemplo. De golems activados con magia cuya finalidad y uso nos son desconocidos.
Un gran alboroto llamó mi atención esta mañana cuando paseaba por los llanos. Justo frente a las puertas de la ciudad descansaba un gigantesco golem de metal totalmente inerte. ¡Era grandioso, más alto que las mismas murallas!
Según lo que escuché comentar, el golem estaba animado con magia y podría haber venido de muy lejos, atravesando el océano. Las algas y el rastro que había dejado confirmaban ese hecho. Los Encapuchados no sabían bien qué hacer, y las magias de prisión y barrera que sobre él conjuraban no surtían efecto.
¿Quién habrá dotado de vida a ese golem? ¿quién poseerá semejante poder?
Espero que si es algún tipo de máquina de guerra sepan desactivarla a tiempo, no me gustaría ver el Teatro de las
Cinco Jarras hecho escombros, o el Templo de
Oghma, ¡o la
Universidad de los Oficios!
Yo, por si acaso, pasaré unos días en
Purskul con mi querida
Greta, que si algo pasa en
Athkatla, ya nos enteraremos.