La primera prueba: el laberinto de los acertijos
Madeleine abrió los ojos. Tardó unos instantes en acostumbrarse a la penumbra que la rodeaba. Vio rocas a su alrededor, arriba y a los lados. Estamos en una cueva, se dijo a sí misma. Aspiró un penetrante olor a humedad y tosió. Tumbada en el frío suelo de roca se sentía extrañamente cansada, como si algo drenara su energía. Junto a ella,
Kara gimió despertando también.
-
¿Donde estamos? -
Maddy no se atrevió a alzar la voz, pero las palabras reverberaron en aquel lugar desconocido.
-
Ha sido ese maldito humo... algo nos ha traído aquí. Es, quizás... ¿una ilusión?
Al ponerse en pie, la mano de
Kara se posó en una de las paredes de la cueva. Sintió algo parecido a la gelatina y no tardó en retirarla con gesto de asco. -
Pero qué...
Maddy también notó la extraña textura de las rocas, incluso el suelo les pareció blando cuando se decidieron a caminar por el túnel que se abría frente a ellas.
El lejano sonido se una voz masculina llamó la atención de las alumnas.
-
Ésto está chupao. De ésta me retiroaaaaaghaghaghagh... - la voz se esfumó con un sonido líquido.
Eso no anunciaba nada bueno. Las bardos avanzaron con precaución y llegaron hasta una bifurcación de dos caminos. Una de las direcciones conducía hacia una puerta mágica que brillaba a lo lejos envuelta en un mar de chispas y runas arcanas. La otra dirección apestaba a podrido y a muerte. Al fondo, un brillo verdoso dejaba entrever la presencia de un ser nacido de la magia, un golem fabricado con esmeraldas y alimentado con magia que se mecía hacia adelante y hacia atrás sin moverse del sitio.
Y en el silencio reinante, se escuchó una nueva voz.
"conjurad Ver lo invisible y veréis el cadáver..."
"¡la codicia mató al aventurero...!"
Indecisas, caminaron en dirección al gólem. Cerca de él crecía un tulipán, algo imposible en una cueva pero sí, había echado raíces sobre la misma roca gelatinosa como recordándoles que vivían una pesadilla mágica. Las jóvenes observaron el lugar. Aparte del golem y de la flor no había nada raro, pero el olor a muerte inundaba sus fosas nasales obligándoles a respirar por la boca.
-
Kara, no tengo ganas de ver cadáveres, pero... ¿conoces "Ver lo invisible"?
La rubia asintió y ambas desataron la magia del conjuro sobre sus ojos, una susurrando versos arcanos y la otra con la melodía de una ocarina. No tardaron en ver el cadáver en avanzado estado de descomposición que yacía recostado sobre la pared, con la boca entreabierta y los ojos sin vida fijos en ellas.
-
Seguro que los maestros Aztaroth y Sével se estarán mofando de nosotras... -
Kara apretó los dientes.
-
Por eso crean flores para nosotras, seguramente... - comentó
Maddy -
ni que fuéramos unas niñas dulces y estúpidas.
-
Voy a acercarme al cadáver - dijo
Kara, dando un paso hacia delante. En ese instante, el golem corrió hacia el cuerpo sin vida quedando a unos centímetros de él.
-
Ay dioses, parece que no quiere que nos acerquemos... - los rubios cabellos de la semielfa caían en mechones sobre su rostro, pero no lograban ocultar la preocupación que bailaba en sus ojos. Miró la flor. -
Y sí... - echó un vistazo al golem. -
¿Y si le entregamos esa flor?
Madeleine tomó dubitativa la flor. La observó un momento, un tulipán normal y corriente, o eso parecía a simple vista. Desprendía el agradable olor de las flores pero era insuficiente para mitigar la peste a putrefacción. -
Usa "Detectar magia" sobre ella, quién sabe si es una llave para esa puerta que hemos dejado atrás.
Kara entonó los versos centrándose en el tulipán, focalizándolo mentalmente, y el conjuro se desató. ¿Quién es tan tonto como para conjurar
"Detectar magia" en un lugar creado por la magia?
Respuesta: dos alumnas nerviosas en su prueba de graduación.
El brillo fue intenso para los ojos de
Kara . Todo era mágico: la flor, el golem, las rocas, el cadáver, el mismo aire. Todo era una ilusión.
-
¡Mis ojos! - gritó la trovadora, aturdida, frotándose la cara con insistencia. -
¡Me he quedado ciega!
Madeleine corrió al lado de su compañera, observándola intranquila. El golem la siguió.
Maddy notó el movimiento y se giró. Tragó saliva. La pared de verde esmeralda se levantaba justo frente a ella.
-
Le voy a dar la flor y que sea lo que los dioses quieran... - alzó la mano temblorosa, colocándola como un escudo entre
Kara, ella y el golem. Inexplicablemente, el constructo cogió la flor con aire timido y delicado y... se deshizo. Unas gemas verdes rodaron por el suelo.
-
¡Kara! -
Madeleine cogió aire y se giró hacia su amiga, tomándole la mano y hablando deprisa, contenta de seguir con vida -
El golem ya no está, ha desaparecido, y hay unas esmeraldas en el suelo.
-
Deberíamos cogerlas y registrar el cadáver, - dijo
Kara mientras se restregaba los ojos con los puños cerrados -
puede sernos de utilidad.
-
¿Sigues sin ver? -
Maddy se aclaro la garganta -
Veamos si esto te ayuda.
La suave y dulce voz de la trovadora entonó una de las melodías de bardo, la conocida como
"Canción de Libertad". Cada nota purificaba, cada acorde sonaba a sanación y cura.
Kara parpadeó, mirando en derredor hasta fijar la vista en
Maddy, sonriendo.
-
Veo algo mejor, pero aún veo borroso y los ojos me duelen. Venga, no te preocupes más por mi vista y continuemos.
Habían pasado ya algunas horas desde que había comenzado la prueba y el aire se había vuelto más denso y agobiante.
Kara tomó las esmeraldas del suelo y
Madeleine revisó un cadáver que en realidad era un simple muñeco con una cara sonriente mal dibujada. La obra de un bromista.
El único camino posible era la puerta mágica que habían dejado atrás, así que retrocedieron por el túnel. Decorada con un árbol en su parte central y centelleando con el fulgor de la magia, no mostraba otros signos o pistas destacables.
Oyeron una voz femenina.
"Para esta puerta atravesar,
conocimiento habreis de descifrar.
Sin prisa
y con una sonrisa...
decidme, cada una, dos canciones de bardo.
Si os equivocais, el castigo puede ser pardo"
Al fin encontraban preguntas cuya respuesta era sencilla. Eran trovadoras con experiencia de años y la puerta se abrió ante ellas con un suave quejido. Atravesarla les condujo a un nuevo túnel que continuaba adentrándose en la oscuridad. Lo siguieron con precaución notando cómo el ambiente se volvía más opresivo. Tal vez estaban tardando demasiado en realizar el examen y el tiempo se agotaba, pensó
Madeleine. Se obligó a concentrarse.
Kara casi se quedaba ciega por su culpa, no podían permitirse más errores.
El túnel terminó por desembocar en una nueva bifurcación. En una de las direcciones se apreciaba lo que parecía ser una bolsa de cuero abandonada. Unas runas brillaban en el suelo, a su alrededor, tal vez partes de una trampa que esperaba a ser activada.
-
Son runas mágicas, pero no las entiendo... - dijo
Maddy frunciendo el ceño. Por más que las mirara no entendía el significado, como si fuera un lenguaje desconocido para ella o quizás habían sido dispuestas de manera incoherente. Otra broma de sus profesores.
-
Uhmm... -
Kara se agachó para observarlas mejor -
Vamos a hacerlo a la vieja usanza. A ver si responden a trampas o no. Las trampas son trampas, sean mágicas o con resortes y contrapesos.
Mientras la rubia buscaba guijarros de textura gelatinosa y estudiaba las runas, un extraño brillo llamó la atención de su compañera morena. Procedía del túnel que habían dejado detrás.
Maddy ahogó un grito cuando se dio cuenta de qué era lo que lo originaba.
-
Los ojos, ¡los ojos!
El resplandor carmesí de los ojos de aquellas sombras atravesaban la penumbra del túnel, mirando a las trovadoras. Se desplazaban lentamente ocupando las paredes, el suelo y el techo del túnel. Por allí ya no había escapatoria.
-
¡Corre, Kara, corre!
Maddy conjuró una
"Luz" intentando mantenerlas a raya. Las sombras, sorprendidas, se lanzaron hacia
Kara. La mujer se vio rodeada y se concentró. Las sombras eran su don, anidaban en su ser, las conocía. Se convirtió en una de ellas y atravesó la distancia hasta aparecer junto a
Madeleine.
-
¡Corre! - le dijo a
Maddy, que, aunque sabia de su habilidad, le había pillado por sorpresa. -
¡Vamos, corre! - tiró de ella, alejándola de las sombras que volvían a la carga en su busca.
Corrieron a lo largo de túneles y más túneles seguidas de cerca por las sombras. A veces creían haberlas despistado pero el fulgor rojizo siempre aparecía a su espalda. El cansancio se iba apoderando de ellas no sólo por la carrera, cada vez costaba más llenar los pulmones de aire. El tiempo corría en su contra.
Finalmente toparon con otra puerta mágica. Las sombras retrocedieron cuando una voz femenina preguntó.
"Para los bardos dos escuelas,
amigas son las primeras.
Ilusión y encantamiento
os serán útiles ¡No os miento!
De ellas hay subescuelas,
que teneis que conocer.
¿Podeis explicarlas,
que las quiero entender?"
Maddy y
Kara suspiraron aliviadas. De nuevo se encontraban con preguntas propias de un examen común y corriente. Respondieron correctamente y atraveron el portal hasta un nuevo pasadizo. Parecía que los túneles nunca iban a acabar. Antes de cerrarse el portón tras ellas, escucharon la voz de
Aztaroth.
-
Una última pregunta general... si tengo dos manzanas, una más grande y otra más pequeñita... - la voz se apagó antes de conocer el enunciado completo de la cuestión.
-
¿De qué iría la pregunta del subdirector? - comentó
Maddy, mirando un momento atrás.
-
Lo más importante es... -
Kara sonrió, divertida -
¿qué manzana es la grande y cuál la pequeña, la dorada o la morena?
Las mujeres se miraron con complicidad, distraidas por unos momentos de la prueba. Pero otra voz llamó de nuevo su atención.
"Si unos pergaminos quereis tomar,
este portal solo debeis atravesar"
Un portal mágico apareció ante sus narices, con un breve destello de magia. Había pues dos opciones, seguir por los túneles o penetrar en el portal.
-
Ya sabemos lo qué nos espera tras el portal, y seguro que hay cepos y trampas cuando intentemos cogerlos - dijo
Kara, suspirando. -
Entremos.
-
Uh... ¿usamos la "Invisibilidad" antes? -
Maddy señaló hacia el portón cerrado que se elevaba tras ellas -
Recuerda lo que la voz nos dijo, la ilusión y el encantamiento nos serán útiles.
Accediendo a la Urdimbre cada una a su manera, las trovadoras desataron la magia de ilusión ocultando su presencia a la vista de cualquiera y accedieron al portal. La cautela fue recompensada. Los seres que las esperaban no notaron su llegada.
Espectros de huesos deslucidos y armaduras destrozadas custodiaban con sus espadas de filos oxidados y sus rostros descarnados la nada. No había pergamino alguno. Otra broma de los profesores o quizás una manera de enseñar a sus alumnas que lo que parece gratis siempre tiene un precio. Al menos, la
"Invisibilidad" las protegió de cualquier ataque y continuaron su marcha por más túneles vacíos y oscuros. Las horas pasaron lentamente y el aire cada vez era más denso.
-
Hay que encontrar la salida... -
Maddy hablaba asfixiada.
Kara señaló al frente. -
Mira, una cavern... - antes de acabar su frase,
Kara tiró de
Madeleine, ocultándose ambas en un recoveco del camino. Se escuchó otra voz, ¿cuántas iban ya?
-
Eeehcuuuchaaaadd... iiinseennnsaaataassh.... - la voz se expresaba irritantemente despacio -
Voosooootraaashh doooshhh... os siennntoo...
Madeleine tuvo el valor de asomarse y lo que vio le dejó sin habla.
Aquello era grande, muy grande. Se asemejaba a una tortuga gigante pero posiblemente no lo fuera. Flotaba unos metros por encima del suelo con la enorme concha rozando el techo y unos largos colmillos asomaban de la grieta que parecía ser su boca. Las miraba sin ver, como si poseyera alguna especie de sentido ciego. La
"Invisibilidad" no serviría esta vez.
- La saangreee ooos voy a chupaaar, a meeenoos que me ssepais contestaar... - la saliva se le escapaba al hablar y goteaba por sus colmillos hasta el suelo, con la vista fija allí donde las jóvenes se escondían.
-
Esa cosa nos ve... - terminó diciendo
Maddy.
-
Maldita sea, siempre tienes razón.
Mientras dejaban su escondite, la entidad siguió hablando.
-
¿Quéee commponente es essssencial... si de oscuridad... quieres el ambiente llennnnar?
Así que el examen continuaba. ¿Si erraban la respuesta ese ser las devoraría? ¿podrían derrotarlo? Éstas y más preguntas se agolpaban en las mentes de las trovadoras. Entre tanto y sin que se dieran cuenta, la oscuridad avanzaba bloqueando los túneles tras ellas.
-
Piensa, Maddy, piensa...
-
Creo que se necesitaba carbón y... - la morena no podía dejar de mirar al ser que tenía delante.
-
Eran varios... -
Kara chasqueó los dedos -
¡ya sé! Pelo de murciélago, ¡o alas!
-
¡Carbón y alas de murciélago! - gritó
Maddy.
El "bichotortugaloquefuera" gorgoteó. -
Ootraa oportunidaaadd teendráss, ni uunaaa másss...
Algo fallaba...
-
¡Lo tengo! -la morena alzó de nuevo la voz, mirando a
Kara al fin -
Nos hemos confundido, no habla de ingredientes, habla de componentes.
-
Eso es... ¡eso es! - las energías las abandonaron cuando la oscuridad las rodeó.
Kara hizo un último esfuerzo -
¡Ver...verbal y material!
Desvanecidas, no opusieron resistencia cuando una fuerza tiró de ellas en dirección al horrible ser.