Quetzalcoatl
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XCVII. Del encierro en el Sanatorio II.
Cuando la consciencia regresó, lo primero que sintió fue la pegajosa humedad que recubría la piel de su frente y el tenue calor que desprendía el suelo sobre el que estaba tendida, boca abajo. Sus ojos se abrieron, aletargados aún, observando desorientados el lugar donde se hallaba. Lentamente volvía a la realidad, su mente despertaba y con ella el dolor, un dolor que latía en sus sienes como si de un tambor se tratara.
Con evidente esfuerzo, logró arrastrase hasta una pared de roca retorcida que se levantaba a su izquierda y apoyó la espalda sobre ella. La niebla de sus ojos comenzaba a desaparecer, y cuando sus dedos se posaron en aquella humedad que le caía por el rostro supo de inmediato que se trataba de sangre. Suya, probablemente, aunque no recordaba aún cómo se había golpeado en la cabeza. Una explosión cercana la sobresaltó, y los sonidos de los gritos de sus compañeros estimularon el regreso de sus recuerdos.
"Estoy en el interior del Sanatorio, una prisión para arcanos construida por los Magos Encapuchados de Amn. Estoy aquí buscando respuestas, intentando averiguar el porqué de la desaparición de los componentes de esta orden arcana. Tesla, Andros... ¿Jade? Sí, ella también está atrapada aquí... y los elfos, y Hal, Obtus... y Roxx..."
Al acordarse del Guardián de El Orbe Eterno un escalofrío recorrió su cuerpo maltrecho y cada recuerdo de las últimas horas golpeó su memoria con la crudeza de la verdad.
“Permanecí en el campamento para vigilar al pelirrojo mientras los demás buscaban la última de las cuatro esencias necesarias para escapar de aquí. Roxx ya no era Roxx. Una presencia diabólica había penetrado en su cuerpo y la transformación casi había concluido. Tesla tuvo un enfrentamiento con él y Roxx terminó maniatado, malherido e inconsciente. Se me advirtió sobre su comportamiento, sobre sus amenazas de violarnos y asesinarnos, así que preparé un conjuro de comunicación con Tesla por si la guardia se complicaba… como así ocurrió.”
Apretó los dientes y se obligó a ponerse en pie, desgranando después un conjuro de energía positiva que cerró la herida aún sangrante de su frente y suavizó las molestias que sentía.
”Algo gigantesco se acercaba al campamento. Pude escuchar sus pasos en la lejanía, retumbando por cada pasillo y por cada estancia, un eco aterrador de maldad y destrucción. Era el tañido de la muerte. Avisé a Tesla, mis palabras aceleradas no acertaron a pronunciar el nombre de la criatura que me amenazaba... era... un Diablo de la Sima.”
Notaba sus ropas mojadas en sudor, producto de las emociones y la inquietud, y de ese calor incesante y extremo al que constantemente se veían sometidos. Los esfuerzos de Tesla por asearlas cada cierto tiempo con un conjuro de Prestidigitación en esos instantes parecían en vano, aunque la sensación de sentirse limpia aunque fuera sólo por un rato era increíblemente reconfortante. Era en las peores situaciones cuando uno valoraba los pequeños placeres de la vida.
”El Diablo se acercaba y sabía que no era rival para un ser de aquel poder. Pero no podía dejar a Roxx a su merced, así que me acerqué al pelirrojo con la intención de llevármelo conmigo. En mi cabeza se iban ordenando con rapidez las piezas de un plan, requeriría de la ayuda de la magia y algo de tiempo, pero podría sacar a Roxx de allí. Cuando estaba comprobando que las ataduras de Roxx seguían firmes, sus ojos se abrieron.”
Algo más centrada, observó detenidamente lo que la rodeaba. Se encontraba en una oquedad no muy profunda, uno de los muchos socavones que la invasión de los siervos de Belmar había provocado en el interior del Sanatorio. No muy lejos de donde se hallaba, su apreciado bastón descansaba sobre el suelo esperando a que su dueña tomara de nuevo posesión de él. Y a su lado, una bolsa cerrada.
”Los ojos de Roxx se abrieron, pero no eran sus ojos. No como los recordaba. Iluminados por un brillo de perversión que nunca antes habían poseído, me miró con odio, con deseo, con augurios de dolor y tortura como nunca antes había conocido. Retrocedí asustada, me había enfrentado ya a engendros de todo tipo pero los peores siempre se ocultaban en los rostros de tus amigos.”
Era hora de regresar. No podía estar muy lejos del campamento o de los laboratorios, o de donde quiera que se encontraran sus compañeros de encierro. Escuchaba sus excitadas voces, que sonaban cada vez más audibles por encima de otro clamor que no supo distinguir.
”Roxx comenzaba a deshacerse de sus ataduras. Su mirada seguía fija en mí, atendiendo a todos mis movimientos por el campamento. Se retorcía, ansioso por liberarse. No podía llevármelo así, no podría retenerle yo sola. Mi mejor baza era buscar al resto, así que cogí la bolsa que me entregó Soloturn, aquel Encapuchado, conjuré una Invisibilidad y salí corriendo en dirección a los laboratorios, dejando atrás aquella promesa de infierno. ”
Aquella bolsa era la que contenía la esencia en forma de polvo de momia milenaria para la consecución del hechizo que confinaría al Duque Belmar en una prisión eterna.
”No recuerdo cómo ocurrió, pero debí tropezar y caí, perdiendo el conocimiento... hasta ahora.”
Sí, era hora de regresar. Madeleine tomó con decisión su bastón y aquella bolsa tan importante, conjuró Portal dimensional para ascender hasta el borde del socavón y echó a correr. Esta vez no huía del infierno, corría directamente hacia él.