Manny_LoneWolf
Donante voluntario de sangre
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Presente XXXIII - La senda de la pureza, devoción y belleza
El campamento de la Alianza era un revoltijo importante, tan extraño y pintoresco como seguramente en otras ocasiones de la historia se habría visto, ante eventos tan cataclísmicos como el que Faerûn y más allá se estaba viendo envuelta.
La lanza para acabar con el mal era una realidad y entre los murmullos debía de salir alguien para portarla. Dudas, palabras más altas que otras, gestos altivos... Era lo que se vio y Fery esperaba de tanta mezcla de personalidades, tanto de Amn como de Murann. Portarla iba a ser decisivo, pero de igual modo un gran peligro para aquel o aquella que se hiciera cargo, con un destino que podría llegar a ser peor que la muerte.
Pero ella no dudó. Y se ofreció voluntaria para el juicio de la gran dragona por si sería digna de portar tan magnífica arma, pero mejor aún, pues de no serlo, ese juicio la haría ver en qué posición se encontraba en relación a la senda que había seguido desde que había obtenido el abrazo de la Dama del Amor. Cuando Calendil le dijo que pensara en Brizaelinth, Sune sí bien sabía que la paladina había pensado y repensado en su amada. Pero aun así, lo tenía claro, pues de sus labios solo salió: «Si Brizaelinth estuviera aquí, ella misma se presentaría voluntaria: pues es una oportunidad para poder salvar a todo el mundo». Y no había ninguna mentira, pues la elfa oscura tenía un corazón tan bondadoso como bello y ya se había sacrificado de manera altruista en numerosas ocasiones.
Los voluntarios fueron pasando para escuchar el juicio de la enorme y sabia criatura donde no faltaron los semblantes serios, de decepción, e incluso las pérfidas sonrisas, pues al fin y al cabo, mucho eran enemigos acérrimos que simplemente habían acabado como aliados por necesidad ante un mal que superaba lo visto antes. Cosa que, a esas alturas, todavía parecían no entender de que «todos estaban en el mismo barco».
Cuando fue el turno de la mestiza, que había esperado pacientemente a ser prácticamente la última, optó por doblar una rodilla para clavar la otra en tierra a la vez que tomaba su capa con el símbolo de Sune con un brazo a la espalda, con intención de que esta no tocara el suelo. Gesto que había hecho cabizbaja por respeto, siendo entones cuando se vio con el valor de articular palabra, no porque le faltara, si no porque jamás había estado tan cerca de un ser como el que tenía delante en aquel mismo momento.
—Me presento ante vos, pues mi nombre es Fery. No haré ostentación de cargos ni méritos, pues lo que veis es lo que soy.
Sus palabras sonaron solemnes ante el silencio cercano, pero no así los susurros de las personas más atrasadas. Después, la paladina levantó la cabeza para por fin mirar a la dragona a los ojos.
—Empecé y acabaré del mismo modo, utilizando la palabra y la espada para hacer del mundo un lugar mejor y por eso estoy aquí. Pues con solo una oportunidad para hacer frente a lo que tenemos delante, no puedo mirar hacia otro lado; el valor se ha de medir por las vidas que salvar, y esta tierra merece ser salvada, incluso aunque eso cueste el fin de mi senda: pues no será en vano si otros pueden quedar cuando yo no esté.
Fery tomó aire, con calma, dispuesta a decir lo poco que le faltaba.
—No tengo nada más que decir —continuó—, y la decisión os pertenece. Aceptaré vuestras palabras, pues sé que serán justas, honradas y lo más importante: veraces.
La dragona observó a la mestiza con unos ojos que parecían arder, posándose fijos en la pequeña figura que era para ella. Acto seguido movió su cuerpo y cuello lo suficiente para quedar un poco más a una altura que provocara un acercamiento, y decidió abrir sus fauces para hablar.
—Fery Krill, de Sune —dijo para empezar, como una leve presentación real para ella misma y para todos los que no conocieran a la susodicha—. Krilge, hija de Xunag, de los Sangreardiente. De dos linajes. Has caminado por dos sendas marcadas para ti, y de ambas, has forjado tu propio sendero.
La paladina levantó sus cejas en sorpresa, pues aunque no sentía miedo, había descubierto el gran poder de aquella que tenía delante al demostrar que realmente la conocía bien.
—De la crueldad, has aprendido compasión —prosiguió, retumbando su voz de manera severa—. De la violencia, la paz. Llegado el momento, la Reina de la Oscuridad usará su arma más poderosa contra cualquiera que intente combatirla: las propias dudas de su espíritu. No hay pecado en tu sangre. No si la abrazas y aceptas como parte de ti, pues no somos aquello como lo que nacemos... si no aquello en lo que luchamos para convertirnos: pues no hay mejora sin un gran sufrimiento.
Se hizo un pequeño silencio, en el que, de nuevo, los susurros seguían escuchándose en las partes más atrasadas del gentío.
—Somos a su vez el artista, y el mármol esculpido —sentenció, bajando su mirada después para aguardar el siguiente.
Fery sonrió de manera genuina, incluso contenta con lo que había oído. Después se puso en pie con la misma calma con la que había doblado la rodilla y se retiró sin apartar la vista de la dragona en puro gesto de respeto y hasta admiración.
No sabía si sería portadora de tan magnífica arma, pero... las palabras habían hecho tanto eco en ella que por fin podían brotar de sus ojos lágrimas de alegría y de honesta verdad. Aunque se había mantenido siempre fiel y creyente en ella misma, en su camino y en seguir adelante: este juicio había sido un soplo de aire fresco tan alentador que lo recordaría hasta el fin de su camino. ¿Cuánto años habían pasado? Muchos. Pero ahora sí: Fery sabía que seguía en línea recta por la senda de la pureza, devoción y belleza, y eso la iba a dar fuerzas para el enfrentamiento final.
El campamento de la Alianza era un revoltijo importante, tan extraño y pintoresco como seguramente en otras ocasiones de la historia se habría visto, ante eventos tan cataclísmicos como el que Faerûn y más allá se estaba viendo envuelta.
La lanza para acabar con el mal era una realidad y entre los murmullos debía de salir alguien para portarla. Dudas, palabras más altas que otras, gestos altivos... Era lo que se vio y Fery esperaba de tanta mezcla de personalidades, tanto de Amn como de Murann. Portarla iba a ser decisivo, pero de igual modo un gran peligro para aquel o aquella que se hiciera cargo, con un destino que podría llegar a ser peor que la muerte.
Pero ella no dudó. Y se ofreció voluntaria para el juicio de la gran dragona por si sería digna de portar tan magnífica arma, pero mejor aún, pues de no serlo, ese juicio la haría ver en qué posición se encontraba en relación a la senda que había seguido desde que había obtenido el abrazo de la Dama del Amor. Cuando Calendil le dijo que pensara en Brizaelinth, Sune sí bien sabía que la paladina había pensado y repensado en su amada. Pero aun así, lo tenía claro, pues de sus labios solo salió: «Si Brizaelinth estuviera aquí, ella misma se presentaría voluntaria: pues es una oportunidad para poder salvar a todo el mundo». Y no había ninguna mentira, pues la elfa oscura tenía un corazón tan bondadoso como bello y ya se había sacrificado de manera altruista en numerosas ocasiones.
Los voluntarios fueron pasando para escuchar el juicio de la enorme y sabia criatura donde no faltaron los semblantes serios, de decepción, e incluso las pérfidas sonrisas, pues al fin y al cabo, mucho eran enemigos acérrimos que simplemente habían acabado como aliados por necesidad ante un mal que superaba lo visto antes. Cosa que, a esas alturas, todavía parecían no entender de que «todos estaban en el mismo barco».
Cuando fue el turno de la mestiza, que había esperado pacientemente a ser prácticamente la última, optó por doblar una rodilla para clavar la otra en tierra a la vez que tomaba su capa con el símbolo de Sune con un brazo a la espalda, con intención de que esta no tocara el suelo. Gesto que había hecho cabizbaja por respeto, siendo entones cuando se vio con el valor de articular palabra, no porque le faltara, si no porque jamás había estado tan cerca de un ser como el que tenía delante en aquel mismo momento.
—Me presento ante vos, pues mi nombre es Fery. No haré ostentación de cargos ni méritos, pues lo que veis es lo que soy.
Sus palabras sonaron solemnes ante el silencio cercano, pero no así los susurros de las personas más atrasadas. Después, la paladina levantó la cabeza para por fin mirar a la dragona a los ojos.
—Empecé y acabaré del mismo modo, utilizando la palabra y la espada para hacer del mundo un lugar mejor y por eso estoy aquí. Pues con solo una oportunidad para hacer frente a lo que tenemos delante, no puedo mirar hacia otro lado; el valor se ha de medir por las vidas que salvar, y esta tierra merece ser salvada, incluso aunque eso cueste el fin de mi senda: pues no será en vano si otros pueden quedar cuando yo no esté.
Fery tomó aire, con calma, dispuesta a decir lo poco que le faltaba.
—No tengo nada más que decir —continuó—, y la decisión os pertenece. Aceptaré vuestras palabras, pues sé que serán justas, honradas y lo más importante: veraces.
La dragona observó a la mestiza con unos ojos que parecían arder, posándose fijos en la pequeña figura que era para ella. Acto seguido movió su cuerpo y cuello lo suficiente para quedar un poco más a una altura que provocara un acercamiento, y decidió abrir sus fauces para hablar.
—Fery Krill, de Sune —dijo para empezar, como una leve presentación real para ella misma y para todos los que no conocieran a la susodicha—. Krilge, hija de Xunag, de los Sangreardiente. De dos linajes. Has caminado por dos sendas marcadas para ti, y de ambas, has forjado tu propio sendero.
La paladina levantó sus cejas en sorpresa, pues aunque no sentía miedo, había descubierto el gran poder de aquella que tenía delante al demostrar que realmente la conocía bien.
—De la crueldad, has aprendido compasión —prosiguió, retumbando su voz de manera severa—. De la violencia, la paz. Llegado el momento, la Reina de la Oscuridad usará su arma más poderosa contra cualquiera que intente combatirla: las propias dudas de su espíritu. No hay pecado en tu sangre. No si la abrazas y aceptas como parte de ti, pues no somos aquello como lo que nacemos... si no aquello en lo que luchamos para convertirnos: pues no hay mejora sin un gran sufrimiento.
Se hizo un pequeño silencio, en el que, de nuevo, los susurros seguían escuchándose en las partes más atrasadas del gentío.
—Somos a su vez el artista, y el mármol esculpido —sentenció, bajando su mirada después para aguardar el siguiente.
Fery sonrió de manera genuina, incluso contenta con lo que había oído. Después se puso en pie con la misma calma con la que había doblado la rodilla y se retiró sin apartar la vista de la dragona en puro gesto de respeto y hasta admiración.
No sabía si sería portadora de tan magnífica arma, pero... las palabras habían hecho tanto eco en ella que por fin podían brotar de sus ojos lágrimas de alegría y de honesta verdad. Aunque se había mantenido siempre fiel y creyente en ella misma, en su camino y en seguir adelante: este juicio había sido un soplo de aire fresco tan alentador que lo recordaría hasta el fin de su camino. ¿Cuánto años habían pasado? Muchos. Pero ahora sí: Fery sabía que seguía en línea recta por la senda de la pureza, devoción y belleza, y eso la iba a dar fuerzas para el enfrentamiento final.
Offtopic :
Gracias @DM Ofnir por tan magnífico momento. 
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