Un gigante de las colinas, imponente y colosal, avanzaba con paso retumbante. Uno de sus ojos, derramado y cubierto por una cicatriz, le confería un aspecto aún más aterrador. Sobre sus hombros, como aves de rapiña, se aferraban dos goblins, cada uno empuñando una ballesta y riendo con malicia...